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Mi segundo día

Hoy tenía pensado escribir mi entrada para el blog desde el autobús, y así aprovechar el tiempo del viaje, pero PDA tenía otros planes y esta mañana decidió bloquearse nada más empezar. Chasco.

Claro, que tenía un cuaderno y un boli... pero preferí no arriesgarme, y para que os hagáis una idea de porqué, os contaré que mi amigo Hernán dice que soy una suertuda porque voy todos los días a trabajar en montaña rusa.

Así que hoy sólo os voy a hacer un resumen: el madrugón bien (sorprendentemente no me está costando nada levantarme temprano), el día de trabajo ya más animadillo, aprendiendo a qué se dedica el equipo en el que estoy y tal, y la gente muy maja (aunque a veces todavía hay frases que no pillo). El ritmo es tranquilillo: break a las diez para desayunar y comida a la una, y a las cinco y algo todos para casa. Pero el tiempo que se está trabajando se está trabajando.

Con el trabajo estoy muy contenta, la verdad. Lo que no me hace tanta ilusión (más bien es que me da pereza) es que ahora tenemos que ponernos a buscar un piso/apartamento/loquesea que nos pille algo más cerca, y estamos hechos un lío con las distintas opciones... pero en fin, ya se verá.

Mañana más (sobre todo si la PDA quiere)