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Cómo cambia tu viaje cuando le pones música

Bueno, chicos, el post anterior en realidad era de ayer, pero la PDA se había vuelto a poner en huelga y se negaba a sincronizar, así que no lo pude pasarlo al blog en su momento.

Hoy la novedad principal es que me he puesto música para viajar en el bus. No lo había hecho hasta ahora porque nos habíamos dejado en Madrid los dos reproductores de MP3 que teníamos, pero ahora Fredi me ha instalado un programita de música en la PDA (qué partido le estamos sacando a la PDA, mira tú), y esto ya es otra cosa. Hoy he ido escuchando la banda sonora de la serie Sex & the City, que tiene un poco de todo y es bastante marchosilla.

Es curioso cómo cambia el panorama cuando le pones música de fondo. Me estoy acordando ahora de una escena de la película Tesis que me pareció muy curiosa: la protagonista (Ana Torrent) está en la universidad, ahora mismo no recuerdo si en la biblioteca o la cafetería, escuchando música clásica con los auriculares, y se le acerca desde lejos un desconocido, otro de los protas (Fele Martínez) que también lleva auriculares, pero está escuchando música guitarrera a todo volumen. La cámara va cambiando entre lo que ve ella (a él acercándose) y lo que ve él (a ella cada vez más cerca), cambiando la música cada vez, y al espectador le da la sensación de que a pesar de estar en la misma habitación viven en mundos completamente distintos.

A partir de que vi esa película me paro a fijarme muchas veces en la música de fondo que le ponen a las escenas en la tele o en el cine, y a preguntarme en qué cambiaría la historia si la lo que sonara por detrás fuera completamente distinto. Seguramente, cambiaría bastante. Y si queréis, haced la prueba: a próxima vez que vayáis escuchando música en el coche, o por la calle en vuestros reproductores de MP3, mirad a vuestro alrededor y daos cuenta de cómo lo que estáis escuchando influye en la forma en la que lo veis todo.

Bueno, al menos a mí me pasa eso...

Detallitos

Como tercera parte de la miniserie "cosas chulas que me he encontrado al llegar a este trabajo", y ya para terminar con el tema (de momento), os cuento unos cuantos detalles que he observado en estos primeros días.

Para empezar, los empleados trabajan sus horas, ni más ni menos. Quiero decir con esto que nadie se queda después de las cinco a no ser por una necesidad puntual, pero también que las horas que se trabajan se trabajan de verdad, y son productivas. Reina un gran ambiente de concentración.

Además, concretamente donde estoy yo me da la impresión de que están bastante bien organizados. Por ejemplo: ahora que he llegado yo nueva, varias personas del equipo se han ido sentando conmigo a ratos a enseñarme cosas; pues bien, he visto que tienen en un documento impreso una tabla con todas las cosas que me tienen que ir contando, y probablemente también quién tiene que contarme cada cosa. Y además no esperan que lo pille todo a la primera, porque es un sistema complicado, y ya cuentan con que tardaré unas semanas (¡semanas!) en asimilarlo todo. Por supuesto, ésa es la forma lógica de hacerlo, pero acostumbrada como estoy a llegar a los proyectos y andar siempre "a prisas y a carreras", esta tranquilidad me ha sorprendido muy gratamente.

Bueno, chicos, ya no tenía nada más escrito para hoy. Ahora toca descansar, ¡buen fin de semana!

La mesa de trabajo

Siguiendo con el tema de ayer, otra cosa que me encontré al llegar a trabajar el primer día fue:

2) Mi mesa de trabajo preparada.

Parece de cajón, ¿verdad? Y sin embargo hasta ahora mi media era de aproximadamente medio día perdido al principio de cada proyecto realizando estas... Llamémoslas "tareas iniciales", como por ejemplo, encontrar un puesto libre donde sentarme/un ordenador libre, en sus diferentes verslones:

- "De momento te vamos a poner en este PC de aquí mientras te preparamos otro" (siendo el susodicho PC poco menos que una patata con teclado)

- "Te hemos asignado el portátil de Fulanito,que se aca de ir de la empresa". El portátil tiene todavía lo que guardó Fulanito en su día (y el software que se le ocurrió instalar) y no le funcionan ni la tecla SUPR ni la del cursor hacia abajo (intentad algún día programar sin ellas, es muy divertido)

- En verano: "de momento puedes usar el PC de Menganito, que está de vacaciones". A la semana siguiente Menganito vuelve y te toca mover todo lo tuyo al PC de Zutanito, que es el que ahora está de vacaciones, y así sucesivamente hasta el punto de que te recorres cuatro puestos distintos en un mes.

- "Bueno, en esta zona estamos un poco justos de espacio, pero te vamos a poner aquí para que estés con tus compañeros". Estar un poco justos de espacio significa estar tres personas en dos mesas/dos personas por mesa, según el caso.

- Una variante de la anterior: "junto a tu compañeros no hay sitio, así que te toca sentarte en esta esquinita de la mesa del cliente" (eso es lo que se llama trabajar codo con codo, literalmente)

Todos estos son casos verídicos que me han ocurrido a mí, algunos más de una vez. Y eso sólo para conseguir el PC y la silla; el siguiente paso, conectarse, suele ser una odisea todavía mayor: que si no hay puntos de red libres, que si el cable, que si la IP, que si el usuario de red, etc.

Por eso me alegró tanto el lunes llegar y encontrar mi cubículo preparadito, ¡con una mesa esquinera sólo para mí! Y un buen ordenador con conexión, y mi usuario de red preparado, y hasta una estantería con cuaderno, boli, lápiz, rotulador fluorescente, post-its y grapadora. ¡Era maravilloso!

No estoy diciendo que aquí sea todo perfecto, ni mucho menos, también hay cosas que fallan. Por ejemplo, mi cuenta de email estaba mal creada (la habían puesto como minombre.misegundoapellido@laempresa en lugar de minombre.miprimerapellido@laempresa) Pero cuando fallan se arreglan, y rápido además, al menos en este caso.

Mañana más ;-)

El blog del autobús

Vaya, hoy parece que la PDA está de mejor humor y me deja escribir.

Lo que quería contaros ayer son las diferencias que he encontrado entre mi primer día en este trabajo y otros primeros días anteriores (que han sido unos cuantos, entre consultoras nuevas y proyectos nuevos, donde te cambia el lugar de trabajo, el sistema y hasta los compañeros)

Esas diferencias se deben a varios factores que han cambiado a la vez. Por un lado, lógicamente, estoy en un país distinto; por otro, ahora estoy en un puesto fijo en un departamento y no saltando de cliente en cliente (y de subcontrata en subcontrata). Y además la empresa es de Estados Unidos, donde ya sabéis que son mucho más "peliculeros" con esto de los valores de empresa (en España lo intentan, o hacen como que lo intentan, la gente no se lo cree, y con razón, porque allí muchas veces es sólo fachada)

Lo que yo me encontré al llegar a la empresa fue:

1) Una charla de introducción, donde vinieron como seis o siete personas de distintos departamentos a contarnos cómo funciona la empresa, desde las nóminas hasta los horarios de la cafetería. Dice Fredi que él también tuvo una charla igual, supongo que es bastante normal en empresas de cierto tamaño.

Yo en Madrid lo más parecido que recuerdo fue la "charla de entrada" en una de las consultoras (que no fue el primer día, el primer día ibas directamente a proyecto, fue una tarde fuera de horario más o menos al principio de estar en la empresa). Pero la presentación fue más del tipo "somos estupendos y maravillosos y nuestros proyectos se distinguen por su excelencia"... Claro, que no podían hablarnos de nada en concreto, porque estábamos todos repartidos por distintos proyectos y con circunstancias completamente distintas.

Lo cual, por cierto, es uno de los grandes problemas que veo yo en las consultoras españolas: que por muy buenas intenciones que tengan (o digan tener) en cuanto a las condiclones de trabajo, todo queda supeditado a "lo que diga el cliente" donde estás asignado. Conclusión: hay clientes donde se vive bien (y uno querría que el proyecto fuera eterno, pero se acaba muy pronto) y hay proyectos donde se vive mal (y uno querría que el proyecto se acabara pronto, pero se vuelve eterno... o recurrente, que es casi peor). ¿Adivináis cuál de los dos tipos abunda más?

Buff, me estoy extendiendo un montón... mejor os sigo contando mañana.