Skip to content

De pasos a producción y otras peripecias (I)

Hoy se me ha ocurrido pensar que un paso a producción es casi casi como un examen. Y para los que no seáis de informática y os parezca que hablo en chino, no os preocupéis que empiezo por el principio.

Tal como está ahora el mundo, las empresas dependen completamente de sus sistemas informáticos; cada vez se llevan a cabo más gestiones de manera automática, y un simple fallo puede llegar a suponer grandes pérdidas, ya sean monetarias o de otro tipo. Por eso los sistemas de producción de las empresas son (¡o deberían ser!) entornos estables y de acceso muy controlado.

Para conseguir ese nivel de control lo que se hace es no dejar a casi nadie tocar en el entorno de producción (que es donde las cosas ocurren "de verdad"), y a cambio mantener uno o más entornos "de mentira" donde desarrollar apicaciones, hacer pruebas, ensayar cambios, etc.

Os hablo de aplicaciones porque es en lo que yo trabajo, pero esto que estoy contando se aplica a bases de datos, servidores y todo lo que se os ocurra. En total, lo suyo es que haya al menos tres entornos con los que trabajar:

- Desarrollo: es donde se construyen y se empiezan a probar las nuevas aplicaciones. Como los datos que hay ahí son sólo para pruebas, si las cosas fallan no pasa nada, se puede acceder tranquilamente y retocar todo lo que haga falta.

- Preproducción: debería ser una copia lo más parecida posible a producción, para lo que se "refresca" (se copian los datos de producción) cada relativamente poco. Es donde se hace el "ensayo general": se instala la nueva aplicación y se estudia su comportamiento en situaciones "casi reales", se hacen pruebas más exhaustivas, y si falla algo todavía se está a tiempo de arreglarlo (con la diferencia de que hay que pedir permiso para tocar cualquier cosa, lo que en la práctica es un engorro, y además tu jefe se entera siempre de si algo falla, así que más vale hacerlo bien)

- Producción: es el entorno "de verdad", el "pata negra", al que los desarrolladores no tienen acceso (o si acaso lo tienen sólo para leer datos). Todos los cambios en producción tienen que estar aprobados previamente por un responsable, y sólo los pueden realizar determinadas personas; es tarea de los desarrolladores preparar unos scripts de instalación y unas instrucciones detalladas para que el instalador siempre sepa qué pasos tiene que seguir, incluyendo cómo dar marcha atrás si algo va mal.

A eso es a lo que llamamos paso a producción, al momento de instalar la nueva aplicación en el entorno real. En la preparación de ese momento hay que tener en cuenta muchos detalles (cómo afectará el cambio a otros sistemas, o a los usuarios, si habrá que interrumpir temporalmente el servicio, etc.), y todo lo que pueda fallar tiene que estar ya previsto, para eso precisamente sirve instalar primero en el entorno de preproducción.

Pero como todos conocemos ya la ley de Murphy y sabemos que no se puede preverlo absolutamente todo (y menos si hablamos de informática), los días que hay paso a producción se tienen unos nervios parecidos a los del día de un examen, o al menos a mí me pasa: cruzas los dedos, respiras hondo y piensas "Dios mío, que salga todo bien".

Viernes ""casual""

En todas las empresas en las que he trabajado, incluyendo la actual, los viernes se puede vestir de manera un poco más informal; esto es a lo que llaman vestir de casual, y tiene toda la pinta de ser una idea copiada de los estadounidenses.

Claro, que en el caso de mi empresa actual debería más bien decir que los viernes se viste de manera todavía más informal; teniendo en cuenta que de lunes a jueves nadie aparece por la oficina con traje (y digo nadie, tenga el cargo que tenga, doy fe), los viernes lo habitual es ver a los compañeros con vaqueros y camiseta.

¿Y sabéis qué? Que me gusta. Me da la sensación de que con ello se pretende que la gente se encuentre a gusto en su trabajo, en lugar de preocuparse por mantener la fachada y aparentar. Claro que también ayuda que nuestro trabajo no sea de cara al cliente, por supuesto, no es como si estuviéramos hablando de consultoría (donde todo lo que cuenta es la fachada porque al fin y al cabo lo importante es "venderle la moto" al cliente)

Además, me parece que la vestimenta informal sirve también para romper un poco con la sensación de jerarquía de la oficina. Cuando yo veo a mi jefe llegar el viernes por la mañana con sus vaqueros y su camiseta del Chelsea no sólo no le pierdo el respeto, sino todo lo contrario: veo que también él está deseando que se acabe la jornada laboral para disfrutar del fin de semana, como los demás.

Por cierto, que yo también me voy adaptando a este ritmo irlandés: los viernes suelo ir a trabajr en vaqueros, por ejemplo, y en cuanto llega la hora, ¡a disfrutar del fin de semana!

Sigo leyendo en el autobús

Lo siento chicos, para hoy no tengo post preparado porque me he pasado el viaje de ida y el de vuelta leyendo.

Desde siempre me ha encantado leer, desde que era pequeñita, pero desde que empecé a trabajar he tenido temporadas en las que no encontraba tiempo. Normalmente dependía del proyecto que me tocara: si tenía que ir en metro aprovechaba para leer, y si me tocaba irme fuera de Madrid (a Barcelona, Bilbao, Zaragoza...) podía leer todavía más, entre viajes y ratos libres; otras temporadas el cliente estaba más cerca y podía ir andando a trabajar, lo cual era todo un lujo para Madrid y además estaba muy bien porque hacía más ejercicio, pero a cambio leía mucho menos.

Al llegar a Dublín empecé a leer más otra vez (en inglés, of course), pero luego encontré trabajo y otra vez perdí el hilo, y Fredi igual... así que ahora tenemos un montón de libros esperando, haciendo cola en la estantería (bueno, digo estantería por decir, que todavía no tenemos estantería donde ponerlos, para ser más exactos están repartidos de mala manera entre el armario, la mesa del salón y una maleta)

A ver cuánto me dura el libro con el que estoy ahora, yo calculo que del fin de semana no pasa :-)

¿Has hecho ya los deberes?

Yo de pequeñita, como todos los niños, pensaba que era un rollo ser pequeñita: yo quería ser mayor.

Las cosas que hacían los mayores eran siempre mucho más guays; yo veía a mis hermanos y hermanas (soy la pequeña de cinco), que por aquella época eran adolescentes o universitarios, y me entraban unas ganas tremendas de crecer y ser como ellos. Supongo que pensaba como Miguelito, el amigo de Mafalda: "¿y para qué cuernos quiero yo ser grande cuando sea grande? ¡Yo quiero ser grande ahora!"

Pero más allá de eso, yo es que le veía un montón de ventajas a eso de ser mayor, aparte de la obvia, que era que "te dejaban" hacer muchas más cosas que de pequeño. Por ejemplo: siempre pensé que los mayores eran unos suertudos porque al llegar del trabajo no tenían que hacer deberes.

Así de simple. Yo tenía a mi madre toda la tarde detrás de mi diciendo "veeenga, los debeeeres" (porque yo, por supuesto, me dedicaba a ver la tele y lo dejaba siempre todo para última hora), mientras mi padre pasaba el rato leyendo tranquilamente en el salón.

Y hay que ver lo sencillos que son nuestros razonamientos cuando somos niños, son de una lógica aplastante... Pero luego cuando crecemos resulta que nuestras teorías fallan: venga, ya soy mayor, ya acabé el cole,.ahora salgo por la tarde del trabajo y... ¿dónde está mi tiempo para leer tranquilamente?

Porque ahora "los deberes" se llaman ir a la compra, fregar los platos, pasar el aspirador, lavar la ropa, ¡planchar! (uf) y un largo etcétera.

Ahora me doy cuenta de que no todos los padres son funcionarios (como el mío), ni todas las madres se quedan "en la sombra" trabajando para que todo en casa esté perfecto (como la mía), ni todos los trabajos pillan cerca de casa, ni todas las jornadas laborales son de ocho horas.

Ahora soy yo misma la que tengo que repetirme de vez en cuando: "veeenga, los debeeeres", y racionarme el tiempo de ver la tele, porque si no...

Cincuenta flexiones más

Esto de tener gimnasio en la empresa es una gozada: puedes desconectar un rato a mediodía (en mi caso dos veces por semana), hacer ejercicio, relajarte y empezar la tarde mucho más despejado. En Madrid también llegué a hacerlo una temporada, pero me resultaba más estresante porque tenía que darme una carrera para llegar al gimnasio, que estaba un poco lejos.

Ahora voy normalmente los lunes y los viernes, un día a yoga para principiantes y otro a pilates, y en las dos clases me pasa lo mismo; los ejercicios de flexibilidad no se me dan mal (de algo tenían que servirme tantos años de ballet), los de equilibrio y los abdominales más o menos los llevo bien, pero cuando toca sostenerse con los brazos me derrumbo por completo: no tengo naaada (pero naaada) de fuerza en los brazos.

Y la verdad es que, haciendo memoria, me doy cuenta de que siempre me ha pasado eso. Nunca he sido una chica deportista, lo mío era bailar, y aunque los bailarines de verdad tienen unos músculos muy fuertes (aunque no lo parezca) en los brazos también, yo nunca llegué a fortalecer mucho los míos. Resultado: en primero de B.U.P. los compañeros me llamaban "la mujer de goma" porque según ellos me doblaba como un chicle, pero por contra las flexiones siempre fueron mi pesadilla, a la tercera o cuarta acababa tirada por el suelo. Y por cierto, ahora que recuerdo, en aquello de hacer "el pino" sin apoyar la cabeza también era desastrosa.

Muchos años después, ya en Madrid, me dio una vez por apuntarme al Holiday Gim y empezar con una tabla de ejercicios de ésas con pesas, máquinas, etc. Duré aproximadamente dos semanas y a la tercera me aburrí y dejé de ir; lo único que seguí aprovechando un poco más (no mucho) de mi flamante abono anual fueron la máquina de remo y las clases de "stretching" de los sábados por la mañana... hasta que me acabé volviendo todavía más vaga y dejé de ir definitivamente.

En fin... Volviendo al presente, hoy he probado la clase intermedia de yoga, que me habían dicho que era algo durilla, a ver qué tal. Y ha ido bastante bien: me ha gustado, era un nivel algo más alto pero no imposible, y a ratos hasta me he sentido como en los viejos tiempos de las clases de danza... hasta que me he dado cuenta de que en estos últimos años he perdido la forma por completo, y de que me costará bastante recuperarla, y me ha dado un poco de rabia.

Pero qué le vamos a hacer, al fin y al cabo... ¡lo importante es participar! ;-)