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Rutina

Muchas veces hablamos de la rutina como si fuese algo malo o deprimente, supongo que porque a la mayoría nos parece aburrido hacer todos los días las mismas cosas a las mismas horas... como en el día de la marmota.

Y la verdad es que si buscamos en el diccionario, la definición de rutina no es que sea muy alentadora:

rutina.

(Del fr. routine, de route, ruta).

1. f. Costumbre inveterada, hábito adquirido de hacer las cosas por mera práctica y sin razonarlas.

2. f. Inform. Secuencia invariable de instrucciones que forma parte de un programa y se puede utilizar repetidamente.


Sin embargo, yo creo que a todos nos viene bien un cierto grado de rutina en nuestras vidas, un cierto orden para poder sacarle partido a nuestro día. Eso se nota mucho en los bebés, por ejemplo: necesitan de la rutina para sentirse seguros, aprender a conocer los diferentes momentos del día y anticipar lo que sigue a continuación de cada cosa.

Pues bien, poco a poco vamos rellenando huecos en la rutina diaria de Irene. Empezamos hace ya tiempo fijando la parte del final del día: hacia las ocho empezamos con el baño, después la cena, luego un ratito de juego tranquilo, y hacia las nueve, ¡a dormir! Luego por la noche ella se las apaña para despertarse más o menos a las mismas horas para las tomas nocturnas: hacia las dos o dos y media y hacia las cinco o cinco y media... seguramente siga despertándose para comer por la noche hasta que tenga más o menos seis meses (es lo que tiene la lactancia materna exclusiva, que los bebés no aguantan tantas horas como con el biberón, pero no importa, ya nos hemos acostumbrado)

Por la mañana Irene se despierta en algún momento entre las siete y las ocho, según el día, aunque la cosa ha mejorado mucho desde que pusimos una cortina oscura en la ventana (gracias Bea y Txm por la idea); la primera toma de la mañana suele ser hacia las ocho y media, y luego el resto del día antes era diferente cada vez, con tomas más o menos a las mismas horas y siestas en el cochecito, pero a veces en casa y a veces fuera, según lo que tuviéramos que hacer ese día.

Pero a partir de hoy me he puesto un poco más seria con las siestas y he empezado a acostarla en su cuna, porque ya la pobre casi no cabe en el cochecito y no está nada cómoda. La primera siesta ha sido de unos 45 minutos, un rato después del desayuno, y la segunda de casi dos horas, de una a tres. Después habíamos quedado con Magda y Sofía para ir a dar un paseo, así que la tercera siesta, la de la tarde, le ha pillado en el maxi-cosi, pero bueno, al menos hemos logrado dos de tres, ya iremos mejorando.

Y a medida que Irene va entrando en la rutina diaria, yo me voy centrando un poco más también, lo cual me viene estupendamente. Estoy intentando levantarme y acostarme todos los días a la misma hora: levantarme a las siete para estar preparada cuando Irene se despierte, y acostarme entre las diez y las once... ¡vaya, pero si ya son las once menos dos minutos! Pues nada, a la camita, hasta mañana :-)

El Tetris y la vida

¿Quién no conoce el juego del Tetris? Desde siempre ha sido uno de mis juegos favoritos, recuerdo que se me pasaban las horas jugando en mi (por entonces modernísima) Gameboy.

Pues hoy leyendo este post de Kwin me ha dado por seguir el enlace a la entrada del Tetris en la Wikipedia, ¿y qué me encuentro al final del artículo? Una comparación entre el tetris y la vida, no os lo perdáis:

El Tetris, aparte de ser un juego fácilmente practicable por cualquier persona, se puede comparar con la vida:

- En el Tetris, al igual que en la vida nos entregan los mismos materiales que a todos, es tarea de nosotros usarlos de la manera más benefactora, ordenarlos para formar más líneas horizontales y por lo tanto, ganar más puntos.

- En el Tetris y en la vida no hay gandores, nadie cuando termina la vida o el juego dice "lo logré", lo único que es posible hacer es ponerse una meta (2000 puntos, por ejemplo, o formar una familia) y tratar de superarlo. Siempre en el Tetris como en la vida lo podemos hacer mejor.

- Esperar una pieza determinada es como esperar un milagro, que nos saliera la barra recta que anhelamos, pero no nos conviene ansiarla, ya que seguimos apilando las otras piezas a un costado y decimos "Ahí viene", pero la barra recta no llega. Mejor es valerse y ocupar lo que tenemos y arreglárnoslas que con eso nada más.

- Poco a poco la tensión aumenta. La rapidez con la que debes reaccionar es comparable con las responsabilidades que vamos adquiriendo con el pasar de los años, mantener un trabajo, una familia, entre otras cosas. La velocidad aumenta y llega un punto en el que somos incapaces de reaccionar a tal velocidad. De súbito cometemos un error (giramos una vez más de lo que debíamos, no nos movimos a la izquierda lo suficientemente rápido, sea cual sea el error lo pagamos caro, y de pronto nos vemos inútiles para enmendar ese error, no sólo porque no nos sale la pieza adecuada, sino también por que no pensamos tan rápidos como deberíamos. Y un error conlleva a otro, y éste a otros. En ese momento hay sólo dos cosas que hacer, o bien sacar los dedos de los botones para ver como se amontonan las piezas hasta llegar a la cúspide (lo que se considera comparable con el suicidio) o tratar de movernos y pensar tan rápido como no sabíamos que podíamos hacerlo, seguir luchando hasta el final, aunque tal vez sea inútil, pero tenemos esa pseuda-satisfacción en el pecho de "No me rendí".


Definitivamente, hay gente por ahí que tiene mucho, pero mucho tiempo libre :-D