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Recuerdos de verano

Hoy escribo desde la casa donde pasé todos los veranos de mi infancia; cada mes de junio al acabar el curso nos "mudábamos" aquí, y yo muchas veces no volvía a la casa de Cáceres hasta que empezaban otra vez las clases en septiembre, ¡y eso que no hay más de doce kilómetros entre un sitio y el otro! :-D

Pero cuando eres pequeña cualquier cosa se te hace un mundo, y a esa edad un verano entero te parece casi como media vida... Luego fuimos creciendo mis hermanos y yo y fuimos empezando a venir menos, aunque siempre pasábamos por aquí en algún momento del verano; el año pasado fue el primero que no pude venir ni siquiera un día, y ahora al volver me doy cuenta aún más de lo afortunada que he sido de poder disfrutar tanto aquí durante tantos años (supongo que los no-veranos irlandeses contribuyen bastante a esa sensación)

Ahora los que más lo están disfrutando son ya nuestros hijos, los de la siguiente generación; ellos se llevarán para casa sus recuerdos y nosotros conservaremos aún los nuestros...

- Levantarnos tarde, sin prisas, con todo el día por delante.
- Jugar "a la pelota" con mis hermanos en la piscina (la pelota era yo, por cierto, no veáis cómo volaba :-D)
- Darnos crema Nivea para que no se nos resecara la piel (¿protección solar? ¿qué es eso?)
- Dar "carreritas" al salir del agua para que se nos quitara el frío.
- Escuchar los cuarenta principales mientras limpiábamos la piscina.
- Salir corriendo a recibir a mi padre y abrirle la puerta de la cochera.
- Comer todos juntos en el comedor, que apenas cabíamos a la mesa, y ayudar a recoger después.
- Leer libros a la hora de la siesta, y por la noche hasta bien tarde.
- Merendar un vaso de leche con colacao bien fresquito.
- Ver a mis hermanos marcharse o llegar en aquel coche amarillo que fue de mi abuelo, levantando polvo por los caminos.
- Pasar el rato en La roca-casa, escenario de mis juegos imaginarios.
- Hacer de recogepelotas cuando mis hermanos jugaban al tenis.
- Llenar los cubos de agua para que mi padre regara los árboles.
- Ver los colores del atardecer y las puesta de sol desde la piscina (preciosas)
- Salir por la noche a tomar el fresco, a oscuras, y ver el maravilloso cielo estrellado.
- Dormir a pierna suelta, sin preocupaciones... y al día siguiente, vuelta a empezar.

Y el recuerdo más curioso de todos, lo que cantábamos todos los años sin falta en septiembre: el final del verano :-)