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Todo es relativo

De vez en cuando hay un día de esos en los que parece que todo te sale mal... bueno, en realidad no es que TODO te salga mal, pero te desanimas porque te han salido mal unas cuantas cosas y sólo te fijas en esas, en lugar de fijarte en las que han salido bien. Cuando tienes un día de esos, lo mejor que puedes hacer es respirar hondo... y acordarse de que todo es relativo.

Llegaba yo hoy a casa dándole vueltas a varias cosas que me están pasando en el trabajo (ando un poco frustrada porque tengo mil tareas pendientes y parece que avanzo a paso de tortuga), y Fredi llegaba despotricando del maravilloso clima irlandés y su igualmente maravilloso sistema de transporte público... pero pronto se nos olvidó todo eso porque al ir a abrir el grifo para preparar la cena de las niñas, ¡zas! Vimos que nos habían cortado el agua. Inmediatamente cambió nuestra visión de las cosas, o al menos la mía: me di cuenta una vez más de cómo damos por supuestas tantas comodidades que tenemos hoy en día, comodidades que no existían hace unas pocas décadas pero que hoy en día consideramos poco menos que imprescindibles.

Pero todavía el día me tenía otra sorpresa preparada, el enterarme por casualidad de que un conocido del trabajo está pasando por una enfermedad muy grave... y de nuevo toda la perspectiva ha vuelto a cambiar, ahora ya no me importa tanto que nos hayan cortado el agua (aunque sigue siendo un engorro, que conste), porque no puedo por menos que estar agradecida por mi vida tal y como es ahora mismo. Como dicen por ahí, que esto sea lo peor que nos pase ;-)