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Halloween y la caja de monstruos

Este fin de semana se celebra Halloween, y tengo que reconocer que no es una "fiesta" que me haga mucha gracia... vamos, que en general intento evitarla en la medida de lo posible, aunque sí que hay algunos detalles que me gustan, como nuestra nueva tradición familiar de vaciar y decorar una calabaza (sólo es el segundo año que lo hacemos, pero espero que dure), y preparar chocolatinas para dar a los niños del barrio que vengan a decirnos: trick or treat!

En la guarde de Irene y Alicia, la fiesta de Halloween fue el viernes pasado, y allá que fueron las dos disfrazadas de Peppa Pig... o bueno, no exactamente, porque Alicia no tenía ninguna gana de ponerse su disfraz, así que lo llevamos en una bolsa, pero para cuando fuimos a buscarla por la tarde sí que lo llevaba puesto :-D

El caso es que aquel día debieron de estar contando historias "de miedo" en la guarde, y tal vez los disfraces de algunos niños o niñas mayores dieran también un poco de miedo, porque al parecer Irene prefirió no quedarse escuchando y dedicarse a ayudar a Rachel, una de las cuidadoras, a cuidar de los pequeños. Y desde entonces, curiosamente, ha aumentado bastante el número de monstruos y leones (sí sí, leones) que se va encontrando Irene cuando se queda sola en alguna habitación; antes aparecía alguno de vez en cuando, pero bastaba con decirle que se fuera ya a su casa (que su mamá le estaría buscando) para que desapareciera y no incordiara más. Lo malo es que últimamente no se iban ni aunque se lo pidieras, así que hemos decidido cambiar de estrategia y elaborar nuestra propia caja de monstruos.

De momento llevamos metidos tres monstruos en la caja, dos dibujados por Irene y uno por Alicia, y parece que está funcionando muy bien (¡gracias, SuperTitaMamen!). Ahora la única pega es que claro, el tema de los monstruos está solucionado, pero como preguntaba Irene esa mañana: ¿y los leones?



Un lustro

La palabra lustro siempre me ha parecido muy curiosa; de pequeña no sé de dónde saqué la idea (yo diría que de los cómics de Mortadelo y Filemón) de que un lustro equivalía a una barbaridad de años... luego me enteré de que eran sólo cinco.

O tal vez es que cuando eres una niña pequeña, cinco años te parecen tanto como media vida, y luego a medida que te vas haciendo mayor los años pasan cada vez más deprisa.

El caso es que exactamente un lustro, o "sólo" cinco años, es el tiempo que ha pasado desde que llegamos Fredi y yo, cargados de maletas, a esta isla verde que llaman Irlanda. Y en cierto modo sí que se siente como media vida ;-)

Vacaciones otoñales (I)

Estos días andamos de vacaciones por España, disfrutando del sol... y de la lluvia, es lo que tiene venir en otoño.

Volamos desde Dublín el jueves pasado; llegamos a Barajas con un par de horas de retraso y un sobrino postizo llamado Miguel (long story...), alquilamos un coche y nos fuimos para Alcorcón, donde habíamos quedado para cenar rápidamente con unos amigos antes de salir para Cáceres. A Cáceres llegamos ya de madrugada; los abuelos Ángel y Mari Carmen nos estaban esperando con todo preparado: saludos, besos, ¡y a dormir! (O más bien a seguir durmiendo, que habíamos venido las tres fritas en el coche)

De viernes a domingo nos quedamos en Cáceres, ¡y era verano! Fue una gozada lo de poder sentarnos el viernes en una terracita a tomar algo con los amigos, a algunos no los veíamos desde hacía varios años... y me hizo mucha ilusión ver a Irene y Alicia jugando con su amiguita Daniela y sus primos en el Bombo de Cánovas, donde jugaba yo con mis amigas cuando era pequeña. El sábado celebramos el cumpleaños de la prima Isabel con una comida familiar, y luego los peques pasaron la tarde en un parque de ésos de piscinas de bolas, os podéis imaginar lo mucho que se aburrieron :-D

El domingo ya se estropeó el tiempo y estuvo lloviendo al estilo irlandés, y otra vez tuvimos comida familiar multitudinaria (ya sólo entre abuelos, tíos, tías, primos y primas sumamos veintiuno). Aprovechamos para hacer la tradicional foto de todos los primos: Ana, Blanca, Ángel, Javier, Alberto, Isabel, Irene, Pablo, Alicia y Andrés; la foto cada vez es más difícil de hacer, esta vez era Alicia la que estaba un poco protestona, pero al final lo conseguimos (muchas gracias a los primos mayores por su paciencia y colaboración ;-))

El lunes cogimos otra vez el coche y nos enfilamos la Ruta de la Plata arriba camino de León, pero parando primero en Salamanca para hacerles una visita a Jorge, Carlota, Jimena y Aldara. Pillamos a Jimena recién salida del cole, fuimos a comer a su casa y luego un rato al parque a jugar, y ya por la tarde volvimos a montarnos en el coche. Las niñas se echaron una buena siesta, y para cuando se despertaron, ¡ya estábamos en León!

Y hasta aquí la primera parte de nuestras vacaciones otoñales, la segunda parte en nuestro próximo episodio.