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De puertas para adentro

En estos últimos meses he ido perdiendo (otra vez) la costumbre de escribir en el blog, y me da pena, y una vez más me propongo retomarlo, porque no es que no tenga nada que contar, es más bien al contrario: me da pereza sentarme a escribir porque podría empezar y no parar...

Así que hoy he inaugurado una nueva rutina: para terminar el día con buen sabor de boca, me he preparado una infusión calentita y aquí estoy sentada frente al ordenador; en verano en lugar de una infusión será algo fresquito, quién sabe, tal vez incluso un helado, pero ahora mismo con el frío que hace ahí fuera apetece algo calentito :-D

Y mientras ahí fuera, en el mundo exterior, todo es agitación, nervios y monotema en las noticias (¿quién saldrá al final al rescate de Irlanda? ¿Será Europa, el FMI, el Banco Central, o todos a una?), en estos días yo aprovecho para mirar un poco de puertas para adentro. Finalmente hemos conseguido (al menos por un tiempo) asentarnos en una rutina familiar, que puede no ser perfecta pero nos funciona bien, y eso ya es suficiente para nosotros... El ritmo frenético poco a poco se va frenando, y es ahora en esta época de relativa tranquilidad cuando estoy teniendo la oportunidad de pararme a observar: observar lo que pasa en mi familia, en mi trabajo, en mi entorno, observar cómo reaccionamos cada uno ante las situaciones que se nos presentan. Una vez oí que la observación (sobre todo la auto-observación) es sumamente importante para poder evolucionar como persona, y últimamente estoy teniendo la suerte de poder comprobarlo.

Dicen que el invierno es una época muy dada al recogimiento y la introspección (representado por el yin para los orientales), mientras que en el verano (representado por el yang) somos más extrovertidos. El frío y la oscuridad van creciendo a medida que avanza noviembre, es hora de ir a buscar la mantita y encender la kettle ;-)