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Violinists in the subway

Life is full of little details, of those details that go unnoticed when we´re lost in our own thoughts, which is most of the time. More often than not, our auto-pilot is turned on, and we´re worrying about the future or ruminating about the past, thus missing the present.

And of course, ignoring as we are all those details that make each day unique and special, it´s no wonder that we feel like we´re living in groundhog day!

But if we get to slow down a little, and focus on being alert and present as the mindfulness practice teaches us, then we start noticing surprising things, amazing things, wherever we are. Because there´s beauty everywhere, as long as we know how to see it.

Una historia muy chula que escuché hace poco y que tiene que ver con esto (¡gracias Paz!) es un experimento que se hizo hace unos años en Estados Unidos. Un violinista famosísimo, uno de los mejores del mundo, se puso a tocar de incógnito con su violín Stradivarius en una estación de metro de Washington D.C., en plena hora punta. Estuvo casi tres cuartos de hora tocando, y en todo ese tiempo, tan sólo siete personas se pararon a escuchar su música, y sólo una de ellas le reconoció. Los demás pasaron de largo, inmersos en las prisas y el estrés de sus preocupaciones diarias… ¿Es así de verdad como queremos vivir, pasando siempre de largo por la vida, para luego andar quejándonos de la monotonía y la rutina?

Lo bueno es que podemos romper ese ciclo. Cada mañana al despertarnos, podemos elegir entre poner el piloto automático y vivir otro día de la marmota, o cambiar nuestra mirada y dejarnos sorprender por los «violinistas del metro»: una puesta de sol espectacular, la alegría de tus hijos al llegar a casa, charlar con un ser querido…

Today´s “violinist” for me is realizing that this is the fiftieth post in this blog 🙂 What´s yours?

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