Hasta siempre, Papá

Esta semana falleció mi padre, a los ochenta y ocho años de edad. Descanse en paz.

Dicen que la mejor manera de predicar es con el ejemplo, y así es exactamente como lo hizo él. De manera firme pero a la vez cálida y sencilla, a través de su actitud, sus costumbres y su ética personal y profesional, nos dio un magnífico ejemplo a mis hermanos y a mí, y más adelante también a sus nietos.

Muchos recuerdan su buena memoria, su talante algo serio aunque con buen humor de fondo, y la calidad de su trabajo, siempre impecable. Pero lo que aparece con más frecuencia en las conversaciones al recordarle, lo que más grabado se ha quedado en la memoria de quienes le conocieron, es la manera que tenía de felicitar los cumpleaños.

En esta era en la que muchos parecemos dedicarnos a «coleccionar amigos» en las redes sociales, y nos mandamos mensajes cada vez más superficiales, él dedicaba tiempo todos los días a sentarse a escribir tarjetas a mano, y así felicitar personalmente a los amigos, familiares y conocidos apuntados en su agenda, que eran muchos. Y a la familia más cercana, cuando había confianza, la felicitación nos llegaba en forma de mensaje al móvil justo a medianoche, para que empezáramos a celebrar nuestro cumpleaños desde el primer minuto.

Guardaba un lugar en sus pensamientos y en su corazón para cada persona que pasó por su vida, ya fuera que los viera a menudo o que hiciera décadas que no los viera. Un ejemplo precioso que me gustaría seguir (aunque sea de otras formas más modernas), no sólo por lo que es sino también por lo que representa: darle importancia a lo importante. Y el trabajo es importante, claro que sí, y es importante hacerlo lo mejor posible. Pero aún más importantes, siempre, son las personas.

Gracias por tu ejemplo Papá, por tantas cosas que he tenido la suerte de aprender de ti. Y hasta siempre.

Energía

A veces hay determinados momentos del día, de la semana, o incluso del año, en que nos encontramos bajitos de energía… Como por ejemplo, un domingo por la noche en el mes de enero.

Prueba de ello es que estoy publicando este post en lunes, después de haberme quedado dormida a medio escribirlo el domingo 😀

red and black car speedometer at neutral

Más allá las soluciones básicas de dormir y descansar, que son maneras estupendas y muy necesarias de recargar pilas (además de alimentarnos bien, hidratarnos, etc.), viene muy bien averiguar lo que a cada uno de nosotros nos da energía, no sólo físicamente sino también emocionalmente. Identificar esas cosas del día a día que nos levantan el ánimo y nos motivan, para que cuando estemos en esos momentos de más baja energía tengamos recursos a mano que nos ayuden.

Aquí van unas cuantas sugerencias que a mí me dan energía cuando la necesito, me encantaría oír las vuestras:

  • Escuchar música, cantar y bailar.
  • Hacer yoga o estiramientos.
  • Unas buenas risas con mis hijas, o con amigos.
  • Acabar la ducha con agua fría (¡esto seguro que da conversación para otro post!)
  • Pasear, en sus múltiples versiones: sola o acompañada, por la calle o en la naturaleza, a la orilla del mar, en la montaña, en un parque, explorando rincones de un pueblo o ciudad…

Y mira qué casualidad (o no), que hoy a Google le ha dado por mostrarme una cita que viene que ni pintada para el tema de hoy, es de Howard Thurman, espero que os guste:

No te preguntes qué necesita el mundo. Pregúntate qué te hace cobrar vida, y ve a hacerlo. Porque lo que el mundo necesita son personas que hayan cobrado vida.

Atrévete a brillar

Hoy he recibido mi regalo del «amigo invisible» de la familia (¡gracias Mercedes!), y me ha hecho mucha ilusión, aquí lo tenéis:

Es lo típico que yo nunca me hubiera comprado, pero que me ha encantado que me regalaran… ¡Es mi letra! ¡Con luces que brillan! Y me parece que queda super chula en la estantería de mi cuarto 🙂

¿Pero por qué sé que no me la hubiera comprado? Porque normalmente no me gusta ser el centro de atención, prefiero no destacar… Que yo recuerde, ese ha sido siempre mi estilo en casi todo: pasar desapercibida en la medida de lo posible. Aunque eso sí, haciendo muy bien mi trabajo, con la esperanza de que los demás se dieran cuenta (lo cual, por supuesto, a veces pasaba, pero otras veces no).

Reflexionando ahora sobre todo esto, me doy cuenta de que me he pasado muchos años caminando de puntillas por la vida, para no molestar. Y ahora que ya soy consciente de mi manera de estar en este mundo, tengo la opción de mantenerla o de cambiarla, según me parezca oportuno.

Por eso me parece una buena metáfora la de encender «mi luz», para empezar a brillar. Y me he acordado de esta cita, que muchos atribuyen a Nelson Mandela, pero que es en realidad de Marianne Williamson:

Nuestro mayor temor no consiste en no ser adecuados. Nuestro temor consiste en que somos poderosos más allá de toda medida. Es nuestra luz y no nuestra oscuridad lo que nos atemoriza. Nos preguntamos: “¿Quién soy yo para ser brillante, espléndido, talentoso, fabuloso?” Pero, en realidad, ¿quién eres tú para no serlo? Eres hijo de Dios. Tus pequeños juegos no sirven al mundo. Disminuirte a ti mismo para que los demás no se sientan inseguros a tu lado no tiene nada que ver con la iluminación. Todos estamos hechos para brillar, como brillan los niños. Nacemos para manifestar esta gloria que está dentro de nosotros. Y no es que esté solo en algunos, está en todos nosotros. En la medida en que dejamos que brille nuestra propia luz, damos a otros permiso para hacer lo mismo. En la medida en que nos liberamos de nuestro miedo, nuestra presencia libera automáticamente a otros.

Y tú, ¿te atreves a encender tu luz? 😉

Proverbio Árabe

Cáceres, como otros muchos pueblos y ciudades de la Península Ibérica, tiene un pasado histórico multicultural: los primeros en asentarse aquí fueron los romanos, y después en la época medieval, árabes, judíos y cristianos convivieron durante varios siglos en relativa armonía.

El otro día las niñas y yo fuimos a visitar una casa tradicional árabe del siglo XII, convertida ahora en museo. Pudimos recorrer las distintas habitaciones y admirar los objetos de uso diario de la época, muchos de ellos encontrados en las excavaciones que se hicieron por la zona. La verdad es que nos pareció muy chula, y la guía nos explicó un montón de curiosidades.

La casa-museo árabe, si alguna vez queréis visitarla, se llama Yusuf Al Borch, Yo no soy mucho de hacer fotos, pero sí que hice una de esta ventana del patio (me encantan los arcos de estilo árabe):

Y también saqué otra de este proverbio, que tenía copiado también por alguna parte hace años:

No digas todo lo que sabes,
No hagas todo lo que puedes,
No creas todo lo que oyes,
No gastes todo lo que ganes.
Porque...
 
El que dice todo lo que sabe,
El que hace todo lo que puede,
El que cree todo lo que oye,
(Y gasta todo lo que tiene)
Muchas veces...
 
Dice lo que no conviene,
Hace lo que no debe,
Juzga lo que no ve,
Y gasta lo que no puede.