Proverbio Árabe

Cáceres, como otros muchos pueblos y ciudades de la Península Ibérica, tiene un pasado histórico multicultural: los primeros en asentarse aquí fueron los romanos, y después en la época medieval, árabes, judíos y cristianos convivieron durante varios siglos en relativa armonía.

El otro día las niñas y yo fuimos a visitar una casa tradicional árabe del siglo XII, convertida ahora en museo. Pudimos recorrer las distintas habitaciones y admirar los objetos de uso diario de la época, muchos de ellos encontrados en las excavaciones que se hicieron por la zona. La verdad es que nos pareció muy chula, y la guía nos explicó un montón de curiosidades.

La casa-museo árabe, si alguna vez queréis visitarla, se llama Yusuf Al Borch, Yo no soy mucho de hacer fotos, pero sí que hice una de esta ventana del patio (me encantan los arcos de estilo árabe):

Y también saqué otra de este proverbio, que tenía copiado también por alguna parte hace años:

No digas todo lo que sabes,
No hagas todo lo que puedes,
No creas todo lo que oyes,
No gastes todo lo que ganes.
Porque...
 
El que dice todo lo que sabe,
El que hace todo lo que puede,
El que cree todo lo que oye,
(Y gasta todo lo que tiene)
Muchas veces...
 
Dice lo que no conviene,
Hace lo que no debe,
Juzga lo que no ve,
Y gasta lo que no puede.

Elige tus piedras con amor

El año 2021 ya se nos está acabando, y dentro de poquito estrenaremos el 2022.

Pero aún nos quedan unos días, y antes de lanzarnos de cabeza a celebrar el año nuevo, tenemos tiempo de reflexionar un poco sobre este año pasado. Os propongo hacerlo utilizando un acrónimo, unas siglas que al juntarse forman la palabra AMOR:

  • A de AGRADECIMIENTO: ¿De qué me siento agradecid@? ¿Qué cosas me han pasado en este año por las que doy las gracias?
  • M de MEJORABLE: ¿Qué me había propuesto este año que no llegué a conseguir? ¿Qué haría ahora de manera diferente, y cómo lo haría?
  • O de ORGULLOS@: ¿Qué es lo que sí he conseguido este año, de lo que me siento orgullos@? ¿Qué obstáculos he superado?
  • R de REFLEXIÓN: ¿Qué cosas han salido como me esperaba, y cuáles no? ¿Qué sorpresas me he encontrado por el camino? ¿Y qué es lo que he aprendido?

Una vez que hemos mirado hacia atrás y hecho este pequeño repaso, ya sabiendo de dónde venimos y el camino recorrido para llegar hasta aquí, nos será más fácil mirar hacia adelante y decidir hacia dónde queremos ir ahora, qué metas nos queremos marcar para 2022.

Y ojo, no estoy hablando de hacernos propósitos de año nuevo, de esos que nos duran unos días y luego enseguida se disipan para dejarnos igual que antes, o incluso peor… Hablo de ser sinceros con nosotros mismos y decidir conscientemente nuestras prioridades, las cosas a las que damos valor e importancia en nuestra vida, porque una vez que conectemos con ellas y las tengamos claras, la motivación y el éxito vendrán solos, o al menos con mucho menos esfuerzo que si intentáramos cambiar solo a base de fuerza de voluntad 😉

Y hablando de prioridades en la vida, os dejo aquí una historia que seguramente ya habréis visto o leído, pero que nunca está de más recordar. Ahora es el momento perfecto para, desde el AMOR, colocar nuestras piedras grandes (o según esta versión del relato, las pelotas de golf, aunque tengo que decir que no queda tan poético como lo de las piedras…)

Incertidumbre

Las Navidades ya están a la vuelta de la esquina, y no sé a vosotros, pero a mí este año me está costando meterme en el espíritu navideño. En una época en la que lo que se suele hacer son planes, la incertidumbre pesa todavía más que de costumbre… Y digo que de costumbre porque me atrevería a decir que, de dos años para acá, todos nos hemos adaptado a cierto nivel continuo de no saber qué va a pasar. Y sabemos que en un momento u otro van a seguir apareciendo situaciones inciertas.

snowy pathway surrounded by bare tree

Pero claro, como a nuestro cerebro no le gusta nada la incertidumbre, si lo dejamos en piloto automático gasta mucha energía manteniéndose alerta y poniéndose en lo peor, de modo que acabamos estresándonos inútilmente hasta acabar agotados. Y eso es insostenible a largo plazo.

¿La solución? Aprender a estar cómodo con la incomodidad de no tener certeza absoluta, de no saber cómo van a salir las cosas, de no tenerlo todo controlado.

Y para eso, ¿qué es lo que ayuda mucho? Confiar.

Confiar en que todo va a salir de la mejor manera posible, de la manera que tiene que salir, aunque no sea la que nosotros queramos ni entendamos ahora mismo el porqué. Cuando nos atrevemos a soltar y a confiar en la vida, la historia cambia. La incertidumbre puede que siga ahí, pero el miedo desaparece.

Os copio unas palabras de Brené Brown sobre este tema, que ella relaciona con la vulnerabilidad:

Me pasé muchos años tratando de ser más rápida y más lista que la vulnerabilidad haciendo que las cosas fueran seguras y definitivas, blancas y negras, buenas y malas. Mi incapacidad para acoger la incomodidad de ser vulnerable limitó la plenitud de esas experiencias tan importantes que se forjan en la incertidumbre: el amor, la pertenencia, la confianza, la alegría y la creatividad, por nombrar unas pocas.

Felices fiestas. Que la incertidumbre no te impida vivirlas plenamente, tal vez este año de una manera nueva y diferente.

Emociones

Preguntita fácil para los fans de Pixar: ¿sabéis nombrar los cinco personajes que aparecen en esta imagen?

Efectivamente, son las cinco emociones que aparecen en la película Inside Out, que en España se tradujo como Del Revés: Miedo, Asco, Tristeza, Alegría e Ira.

Lo que a lo mejor no sabéis es que no es casualidad que esas cinco emociones fueran las seleccionadas para la película. Son las emociones que los expertos califican de universales, es decir, que todos los seres humanos tenemos desde que nacemos, independientemente de nuestro origen y entorno cultural. Hay dos emociones más, la sorpresa y el desprecio, que algunos expertos consideran universales y otros no, pero lo que está claro es que estas cinco sí que lo son.

Qué chulo, ¿verdad? Pues todavía más chulo es que cada una de estas emociones va acompañada de una expresión facial característica que también es universal: todos las podemos reconocer instintivamente, y de hecho lo hacemos constantemente, interpretando cómo se sienten los demás por la expresión de su cara. Fijaos un momento en los personajes de la imagen, y veréis claramente las emoción que representa cada uno.

Todo esto lo sabemos porque Paul Ekman, psicólogo especialista en emociones (y asesor de Pixar para la película Inside Out), viajó en los años sesenta a una de las civilizaciones más remotas y aisladas de la Tierra, en Papúa Nueva Guinea, donde no habían llegado avances como la fotografía ni la televisión, para estudiar cómo hacían sus habitantes para expresar sus propias emociones y reconocer las de otros.

Y es que a veces podremos parecer muy distintos por fuera, pero por dentro, en el fondo, estamos todos hechos de lo mismo, aunque luego por encima hayamos ido añadiendo capas de personalidad, referencias culturales y comportamientos aprendidos que hacen que a veces no lleguemos a entendernos muy bien.

La película a mí personalmente me parece superdivertida, y muy interesante para todas las edades, os la recomiendo si no la habéis visto. Mi escena favorita es un ejemplo superchulo de empatía que nos da Tristeza, una de las protagonistas, pero también hay otros muchos momentos memorables.

Los que ya la habéis visto, ¿tenéis una escena favorita? ¿Qué destacaríais de la película?

Y si queréis aprender más sobre las emociones, echadle un vistazo a este atlas: http://atlasofemotions.org/

El viaje y el destino

Lo hemos oido un montón de veces: es el viaje lo que cuenta, no el destino final.

Pero a veces hace falta marcarse un destino, aunque no tengamos claro si vamos a llegar, porque si no, ni siquiera empezamos el viaje…

man facing road

¿Tiene que ser el destino perfecto? No, lo que tiene que hacer es ilusionarnos, darnos fuerza para ponernos en marcha.

Y a partir de ahí, todo es aventura: ¿qué nos iremos encontrando por el camino? ¿Cómo podremos adaptarnos y aprender de ello? ¿Qué descubriremos que no sabíamos antes de empezar?

A veces durante el viaje puede que nos sintamos un poco perdidos o desmotivados, y en esos momentos ayuda mucho contar con alguien que nos acompañe durante un tramo, animándonos a pasar por encima de ese árbol caído que bloquea el camino y no nos deja ver más allá (a veces literalmente, ¡gracias Rasmi! 🙂 )

Y puede que aun superado ese obstáculo todavía no veamos claro todo el camino, pero tampoco hace falta. En palabras de Martin Luther King:

No tienes por qué ver toda la escalera, basta con que subas el primer peldaño.

Darse cuenta

Hoy os invito a reflexionar sobre esta cita de James Thurber:

No miremos hacia atrás con ira, ni hacia adelante con miedo, sino alrededor dándonos cuenta

Qué gran desafío: dejar de obsesionarnos con lo que ya pasó, o con lo que aún está por venir. Desconectar el piloto automático, pararnos por un momento, y de verdad observar, darnos cuenta, estar presentes en el aquí y ahora.

Ahora mismo, en este preciso momento, ¿qué es lo que está pasando a mi alrededor? ¿Y qué es lo que está pasando dentro de mí? ¿Qué estoy pensando? ¿Qué estoy sintiendo? ¿Cómo lo estoy viviendo? ¿Y qué significa para mí todo esto?

Ése es el primer paso para la transformación: el darse cuenta.

Otra frase en la pared

Siguiendo con el recorrido turístico por mi casa, os enseño aquí otra frase de las que decoran las paredes, en este caso del cuarto de mis hijas, regalo de su prima Isabel:

No te estoy diciendo que será fácil, te estoy diciendo que valdrá la pena / I´m not telling you it will be easy, I´m telling you it will be worth it.

«No te estoy diciendo que será fácil, te estoy diciendo que valdrá la pena.»

Esta frase me encanta por dos razones: por un lado, me parece que es una verdad como un templo para muchas situaciones, y por otro, creo que utiliza las palabras de una forma muy inteligente. Porque aunque en teoría nos está diciendo que lo que sea no va a ser fácil, como a nuestro cerebro le cuesta bastante procesar el «no», en el fondo lo que nos está diciendo es que sí que va a ser fácil… o al menos, no tan difícil.

Y es que las palabras que elegimos a la hora de hablar (y de pensar) importan, y mucho. No es lo mismo decir que algo es difícil que decir que no es fácil; en cierto modo la segunda expresión «pesa menos», y a nuestro cerebro le resulta más fácil digerirla… De hecho, el utilizar la palabra «no» de esta manera es un truquito de la PNL del que os hablaré con más calma en otra ocasión.

Y para ti, ¿qué es eso que puede que no sea fácil, pero que seguro que valdrá la pena? Tú decides 🙂

Agradecida y orgullosa

Hoy quiero proponeros un hábito muy sencillo pero a la vez muy potente, y que seguramente habréis visto recomendado en otros muchos sitios: el dedicar unos momentos cada día al agradecimiento.

purple petaled flower and thank you card

Puede hacerse de muchas maneras: por la mañana o por la noche, por escrito, en voz alta o simplemente pensándolo… pero la idea es siempre la misma: pararnos un momento a apreciar lo que ya tenemos, lo que la vida nos regala cada día, y así sentirnos afortunados y abundantes.

Yo empecé a ponerlo en práctica con mis hijas hace unos años, cuando oí que para los niños era muy beneficioso pensar cada noche en tres cosas por las que dar gracias, y así acabar el día contentos, recordando cosas agradables. Convertimos el «dar gracias» en parte de la rutina de irnos a la cama, y a día de hoy la seguimos manteniendo.

En cierto modo me recuerda a cuando yo de pequeña rezaba antes de irme a dormir. Alguna vez repetía alguna oración de memoria, pero normalmente era más bien un ratito de «hablar con Dios»: le contaba cómo me había ido el día, le daba las gracias por algunas cosas, le pedía otras… Y ahora recordándolo, me doy cuenta de que ese ejercicio de reflexión al final del día me ayudaba mucho y me hacía sentir bien, independientemente de quién estuviera «al otro lado» en esa conversación silenciosa que transcurría dentro de mi cabeza.

Así que ahora soy una gran fan de las rutinas al principio y al final del día, incluyendo por supuesto los agradecimientos. Y desde hace unos meses, incluyendo también un ratito de escribir a mano, que es un proceso muy interesanate y muy distinto del de sólo pensar las palabras, pero eso ya os lo cuento otro día 🙂

Lo que sí quería contaros hoy es que esta semana hemos hecho un experimento las niñas y yo, añadiendo una cosa más a la rutina de la noche: además de tres cosas por las que damos gracias cada una, hemos empezado a mencionar una cosa por la que nos sentimos orgullosas ese día. Puede ser grande o pequeña, eso da igual, lo importante es sentir otra vez por un momento esa alegría, ese subidón de autoestima, y que eso nos anime a seguir enfrentándonos a nuevos retos.

Es verdad que unos días ha costado más que otros el encontrar algo que decir en este apartado, y que todavía no nos sale natural, pero espero que poco a poco se vaya asentando esta nueva costumbre. Y es que, qué mejor manera de acabar el día que apreciando lo que tenemos a nuestro alrededor, y a nosotros mismos.

¿Cansad@?

La primera semana del mes de noviembre aquí en Irlanda podríamos denominarla de «adaptación a la oscuridad», o al menos así es como yo la siento… Irlanda está situada bastante al norte del hemisferio norte, y la diferencia en horas de luz entre los meses de verano y los de invierno, sin llegar a ser tan radical como en los países nórdicos, se nota bastante. Curiosamente, Dublín se encuentra en una latitud muy parecida a la de Moscú, aunque por suerte tiene un clima mucho más suave.

Así que estamos en esa época del año en la que se te pasa la mañana volando, y cuando te quieres dar cuenta, ya se ha ido el sol. Y a las seis de la tarde ya parecen las once de la noche, y entran ganas de meterse en la camita…

full moon

A mí esto me afecta bastante al estado de ánimo: me suelo encontrar más cansada, más perezosa, más desmotivada, y no tengo ganas de salir de casa… pero precisamente porque no salgo de casa, no recargo pilas, y me acabo encontrando más cansada, más perezosa y más desmotivada. Es la pescadilla que se muerde la cola.

Lo bueno es que ya conociéndome y sabiéndolo de otros años, voy encontrando trucos para irlo llevando mejor. Como por ejemplo, buscar (o inventarme) razones para salir de casa al menos una vez al día, a ser posible durante las horas de luz. Es mi manera de moverme un poco, cambiar de aires, y de paso hacer «la fotosíntesis», como diría mi amigo Juanjo 🙂

Pero aunque sea verdad que los niveles de energía tiendan a bajar durante los meses de invierno, y que instintivamente el cuerpo se prepare para hibernar, porque al fin y al cabo todo en la vida es un ciclo, puede que haya más factores que contribuyan a nuestro cansancio diario, sobre todo si se ha convertido en algo habitual. Os dejo con esta reflexión de Alexander Den Heijer con la que me crucé hace unos días:

A menudo te sientes cansado, no porque hayas hecho demasiadas cosas, si no porque has hecho demasiado poco de lo que hace brotar una luz en tu interior.

Noche de Halloween

31 de octubre, víspera de Todos los Santos. Halloween.

jack o lantern

Yo tengo que reconocer que no es una de mis épocas favoritas del año. En parte es porque con el cambio de hora empieza a hacerse de noche muy pronto, además de que ya va empeorando el tiempo y empezando el frío…

Pero sobre todo, es que no me gustan las cosas de miedo. Nada de nada.

Estoy escribiendo estas líneas entre tandas de niños que llaman a la puerta haciendo «trick or treat», y esa parte no me importa, hasta me hace ilusión. Me disfrazo de algo sencillito que no dé nada de miedo (este año ha tocado toga y corbata de Harry Potter, otras veces es vestido y gorro de bruja), y disfruto repartiendo golosinas a los niños del barrio.

Lo que llevo peor son los disfraces que sí que dan miedo, las películas de terror, etc. Por suerte ahora es más fácil elegir, y yo me quedo con la versión infantil de Halloween, para todos los públicos 🙂

Pero la verdad es que si uno piensa en los tiempos de nuestros antepasados, sin electricidad ni calefacción ni otras comodidades a las que ya nos hemos acostumbrado, y en una noche como ésta de oscuridad, frío, viento y lluvia, se entiende que ellos creyeran que había espíritus y fantasmas rondando por este mundo… Y que quisieran combatirlos de la manera que mejor sabían: con luz.

Me imagino que por eso mismo los fuegos artificiales y las hogueras son bastante típicos aquí en Irlanda por estas fechas, y me recuerdan mucho a la noche de San Juan… Rituales antiguos que han ido derivando en otros más modernos, pero que en el fondo mantienen esa fascinación por lo sobrenatural y desconocido.

Mucho más colorida es la fiesta del Dia de los Muertos en México, que me encanta no sólo por su estética, sino también por la manera tan bonita y tan alegre que tienen los mexicanos de recordar y de honrar a sus antepasados, reconociéndolos como parte de la familia. Así de esa manera parece que el mundo de los muertos está un poquito más cerca del de los vivos, y en lugar de verlo como una cuestión de «nosotros contra ellos», nos anima a aceptar la muerte como parte del ciclo de la vida, y a comprenderla en lugar de tenerle miedo.

Aceptar y comprender. Tal vez ahí esté la clave para muchos de nuestros miedos.

Aceptar el reto de mirarlos cara a cara, de escuchar lo que nos quieren decir.

En palabras de Marie Curie:

En la vida no hay nada que temer, sólo hay que comprender. Ahora es el momento de comprender más, para temer menos.