Página en blanco

Hoy me senté a escribir en el blog… Y no se me ocurría nada.

Nada de nada.

Qué sensación más rara.

Normalmente, para cuando me siento a escribir ya suelo tener un tema en mente, y si aún no lo tengo, surge en ese momento como por arte de magia. Pero hoy, quién sabe por qué, pasaban los minutos y la página seguía, en blanco. Por mucho que pensara, por mucha inspiración que buscara.

Da un poco de vértigo, ¿verdad? Una página vacía. Ideas, palabras, respuestas que no han llegado todavía.

Me da la sensación de que, en general, a las personas se nos da regular lo de lidiar con el espacio vacío. Como cuando estamos en una conversación y de pronto se hace un silencio, y por incomodidad intentamos rellenarlo cuanto antes, hablando de cualquier cosa. O como cuando estamos haciendo cola en algún sitio, o esperando que nos sirvan en un restaurante, y recurrimos al móvil para no tener que lidiar con el no saber qué hacer mientras llega nuestro turno.

Mucho se habla de que en estos tiempos nuestra sociedad se ha acostumbrado a la gratificación instantánea. Y curiosamente, cuando pensamos en los niños, sabemos que es bueno para ellos aburrirse de vez en cuando, porque de ahí es de donde surgen la imaginación y la creatividad… Pero, sinceramente, ¿hasta qué punto nos aplicamos el cuento también los adultos?

Tal vez cuando aprendamos por fin a reconciliarnos con ese espacio vacío, con esa página en blanco, y descubramos que no nos hace falta tener todas las respuestas (ni mucho menos tenerlas de inmediato), nos permitiremos que fluyan la imaginación y la creatividad. Y nos daremos cuenta de que hay infinitas maneras de rellenar esa página, y de que podemos disfrutar un montón experimentando y encontrando nuestrro propio estilo.

Cada día que empieza es una página en blanco de tu libro, esperando a ser escrita.

Frases intraducibles (o casi)

Seguramente os habréis dado cuenta de que este blog es bilingüe: se publica en español (o castellano), y también en inglés. Tengo la suerte de hablar los dos idiomas, y además soy traductora aficionada, así que con este blog disfruto por partida doble: primero escribiendo el post de la semana, y después traduciéndolo 🙂

Eso sí, de vez en cuando me encuentro con una palabra o frase que me cuesta un montón traducir, algo que suena genial en un idioma pero que en el otro pierde toda la gracia… Y no me pasa sólo en el blog, también en la vida diaria, y me imagino que no seré la única. En casa la mayor parte del tiempo hablo en español, pero hay ciertas palabras y expresiones que las digo siempre en inglés, porque en español no me encajan. Y en el trabajo me pasa lo contrario: hablo con mis compañeros en inglés, y hay veces que me cuesta Dios y ayuda explicarles un refrán o una expresión que sería súper sencilla si la dijera en español.

Una de esas frases que me suena genial en inglés, y por eso la digo siempre así, la aprendí hace años en una clase de yoga para embarazadas. Me encanta por cómo suena y por lo que transmite; se la repito a menudo a mis tres «bebés», y tambien me la digo a mí misma, porque creo que es algo que a todos nos viene bien oír:

You are lovely, you are lovable, you are loved.

Precioso, ¿verdad? Y en inglés tiene una musicalidad muy especial, casi como una poesía. Pues ahora lo traducimos al español, y queda algo así como «eres adorable, te mereces amor, eres amado/a«. El mensaje sigue siendo muy bonito, pero, ¿en qué idioma te suena mejor?

Como ramas de un árbol

Hoy os enseño otro de los cuadros que decoran las paredes de mi casa:

Drawing of a tree and some text
FAMILIA: como las ramas de un árbol, todos crecemos in distintas direcciones,.. Pero nuestra raíz sigue siendo una sola.

Me encanta este cuadro porque aúna dos ideas que me parecen muy interesantes. Pertenecer a una familia significa compartir raíces: todos sus miembros procedemos de un lugar común, compartimos una historia, la que empezaron nuestros ancestros y que nosotros continuamos.

Pero como las ramas de un árbol, de esa raíz común crecemos cada uno a nuestra manera y a nuestro ritmo. Algunos nos parecemos más a otras ramas del árbol, y otros, menos. Algunos crecemos más juntos, y otros más separados. Y todo está bien. Cada rama va buscando su propio recorrido, siempre nutríéndose, sabiéndolo o sin saberlo, del tronco y las raíces que lo sostienen.

Supongo que, como padres, gran parte de nuestra misión es precisamente esta: ser una base sólida desde donde proporcionar a nuestros hijos todo lo que necesiten, incluyendo por supuesto el sustento físico y emocional, pero también el espacio y la libertad para crecer y evolucionar cada uno en su estilo, y la confianza de saber que encontrarán su propio camino en la vida.

Configuraciones

A veces nos pasa que cuando tenemos un problema que queremos solucionar, sobre todo si somos un poquillo perfeccionistas, es que caemos en la trampa de pensar dos cosas: por un lado, que sólo hay una solución «ideal» o «perfecta» para ese problema en concreto, y por otro, que sólo hay una manera posible de llegar hasta esa solución.

Se nos olvida que cada persona es un mundo, y que así como las situaciones que nos podemos encontrar en la vida son potencialmente infinitas, también lo es nuestra creatividad para encontrar soluciones, siempre y cuando nos demos a nosotros mismos un voto de confianza.

Pero claro, a veces por el camino perdemos esa confianza, como cuando montamos una cara del cubo de Rubik y se nos descuajaringa otra. A veces al hacer un cambio, sin querer removemos otras cosas, porque todo está relacionado.

El secreto quizá sea empezar a tomarnos la vida como un experimento, y en lugar de intentar llegar a ese cubo de Rubik tan perfectamente montado, pero a la vez tan rígido e inamovible (¡y tan aburrido!), con todos los cuadritos de colores en su cara correspondiente, podemos optar por ir encontrando nuestra propia combinación, la que funciona para cada uno de nosotros. Nuestro cubo no tiene por qué ser igual que el de los demás, ni tiene por qué ser el mismo toda la vida.

Y eso, ¿cómo se consigue? Pues a base de ir probando distintas configuraciones. Yo soy muy amiga de las soluciones intermedias, o sea, de ir haciendo pequeños cambios que nos acerquen poco a poco adonde queremos estar, sabiendo que siempre podemos modificar el experimento y cambiar de rumbo según decidamos, a medida que vayamos obteniendo resultados y haciendo descubrimientos.

Y digo pequeños cambios porque, si son muy grandes, puede que no duren mucho, o que se nos hagan tan cuesta arriba que al final abandonemos, o peor aún, que ni siquiera lo intentemos. Así que poco a poco: ¿qué pasa si muevo esta pieza un poquito hacia este lado? ¿O si cambio este color por este otro?

Por lo visto, un cubo de Rubik se puede configurar de 43 quintillones de maneras distintas… ¿Cómo es tu combinación de hoy?