Ritmo sostenible

¿Alguna vez te ha pasado que, tras una temporada de trabajo o estudio muy intenso, una vez que terminas ese proyecto o ese examen tan importante, o a lo mejor cuando llegan las vacaciones, tu cuerpo dice «hasta aquí», y caes agotado o enfermo?

Es la manera que tiene la vida de avisarnos cuando el ritmo que llevamos no es sostenible.

Esto es algo que a mí me ha pasado varias veces, por suerte de manera cada vez más suave, porque ya voy aprendiendo a escuchar las señales. Señales como por ejemplo un catarro o un dolor de garganta que aparecen curiosamente el viernes por la tarde, cuando la semana laboral ya ha terminado y mi cuerpo sabe que se lo puede permitir…

Gray newtons cradle (perpetual motion device) in close up photogaphy

En el mundo del desarrollo de software, y cada vez más en otros ámbitos laborales, muchas empresas trabajan con metodologías Agile, que se basan en avanzar y conseguir resultados rápidos mediante un proceso iterativo de trabajo, adaptándose continuamente a los cambios. Y un factor clave para el éxito de estas metodologías es que ese «avanzar» suceda a un ritmo que se pueda mantener a largo plazo, que sea sostenible, en teoría indefinidamente. Porque se sabe a ciencia cierta que mantener un ritmo de trabajo demasiado fuerte durante demasiado tiempo acaba siendo perjudicial para el equipo.

Este ritmo sostenible que las empresas buscan para sus equipos se aplica también individualmente a cada persona, y es responsabilidad de cada uno de nosotros el conseguirlo. Al fin y al cabo, tanto en el trabajo como en la vida, la lista de cosas por hacer es infinita, nunca se acaba… En realidad es una carrera de fondo, mucho más parecida a una maratón que a una carrera de cien metros, así que la mejor estrategia es ir dosificando las fuerzas, y si alguna vez tenemos que correr más rápido durante un rato, después habrá que ir más despacio otro ratito, o incluso parar, para poder recuperarnos.

Pero esto que parece tan fácil de entender, a menudo se nos olvida. ¿Por qué? Quizá porque no nos damos cuenta de que es una carrera de fondo, y sólo vemos los cien metros que tenemos por delante. O quizá porque estamos tan enfrascados en la carrera que se nos olvida parar un momento a escucharnos, estar atentos a cómo nos sentimos, y a qué nos está diciendo nuestro cuerpo.

Me gusta mucho esa frase que dice que la vida primero te susurra, si no la escuchas, te habla, y si sigues sin escucharla, te grita. Dedicarnos un ratito al día a nosotros mismos, sin distracciones, sin interrupciones, y realmente escucharnos, nos ayudará a identificar esos susurros antes de que se conviertan en gritos.

Y tú, ¿de qué manera te aseguras de mantener un ritmo sostenible?

¿Película o videojuego?

¿Te gustan los videojuegos?

Yo, a día de hoy y en general, te diría que más bien no. Pero sí que hubo una época en mis años mozos el la que jugaba a algunos videojuegos.

Al Tetris, mayormente. Me encantaaaaaaaaaaaaaaaba el Tetris.

Jugaba en la Nintendo Game Boy, que en mi época era lo más de lo más en videojuegos de bolsillo. Se podía cambiar el cartucho del juego, y yo además del Tetris tenía algunos otros, incluido el Super Mario Land, al que también jugaba bastante.

Esos juegos me gustaban (y se me daban más o menos bien) porque tenían unas instrucciones muy claras: encajar piezas para ir completando líneas, o correr de izquierda a derecha dando brincos y cogiendo todas las moneditas que pudiera. Pero luego más adelante, cuando llegaron los juegos de ordenador y de consola más sofisticados, como las aventuras gráficas y demás, ya se me pasó la afición.

Hands holding a videogame remote control

Porque en esos juegos ya las instrucciones no estaban tan claras: había mucha más libertad de movimiento, y con ello, mucha más necesidad de tomar decisiones rápidas, de aventurarse, de explorar… Y yo me veía como perdida, no sabía que hacer ni hacia dónde ir, y todo eso me agobiaba. Así que llegué a un punto en el que prefería no jugar.

Prefería, por ejemplo, sentarme a ver una película, que era mucho más fácil y más cómodo.

¿Y por qué os estoy contando todo esto? Porque me gustaría plantearos hoy una reflexión sobre dos formas de ver la vida: como una película o como un videojuego.

Si elegimos ver la vida como una película, en principio es todo más fácil: no tenemos que hacer nada, sólo sentarnos cómodamente en el sofá y ver la vida pasar. Pero claro, si por lo que sea no nos gusta cómo se va desarrollando el argumento, no podemos hacer nada por cambiarlo, ni tampoco por cambiar el desenlace, porque con una película no podemos interactuar. Como mucho podemos quejarnos, o apagar la tele, o levantarnos e irnos. Pero la película sigue siendo la misma.

Por el contrario, si elegimos ver la vida como un videojuego, entonces ya tenemos que mojarnos más: nos toca levantarnos del sofá para coger los mandos, y empezar a movernos, a investigar y a decidir. Y sí, puede que metamos la pata por el camino. Pero a cambio, el videojuego nos da la oportunidad de vivir nuestra propia aventura, influyendo en el transcurso de la partida y en los resultados que vayamos obteniendo. Podemos experimentar, descubrir, sorprendernos, acertar, equivocarnos, aprender, cambiar de rumbo, y volverlo a intentar todas las veces que haga falta (¡mientras nos sigan quedando vidas!). Podemos cambiar el juego, y a medida que el juego cambia, también cambiamos nosotros.

¿Qué te parecen estas dos formas de ver la vida? ¿Y cuál eliges hoy para ti? Yo me he dado cuenta de que ya llevo muchos años viendo películas, y me estoy animando a coger los mandos del videojuego, ¿te animas a jugar tú también?

Finales y principios

Os dejo por aquí una cita que hoy me resuena mucho:

El final nunca es el final, es siempre el principio de algo.

Kate Lord Brown

Este fin de semana hemos presentado mis compañeros y yo nuestros proyectos de fin de máster, culminando así un año entero de aprendizaje y transformación. Me siento orgullosa, muy contenta, algo nostálgica por el ciclo que se cierra, y muy ilusionada con el que se abre ahora.

A todos mis compañeros de «la 15», mil gracias y enhorabuena, ahora es cuando empieza de verdad la aventura 🙂

Estrenando web

Señoras y caballeros, llegó el momento…

BinaryWords ya no es solamente un blog, es toda una web hecha y derecha 🙂

Purple banner with the BinaryWords logo and a number of electronic devices showing different images: colours, landscape, clock and calendar, yoga at sunset, hands making a heart shape, target circles

Aquí empieza para mí una nueva etapa: el proyecto personal con el que arranqué hace algo más de un año se convierte ahora también en aventura profesional, y doy mis primeros pasos en esta nueva andadura con muchísima ilusión (y también con un poquito de vértigo, como debe ser).

A partir de ahora, además de compartir mis reflexiones semanales, que por supuesto continuarán, os ofrezco mis servicios como life coach profesional. Y pronto irán empezando a aparecer en esta web nuevos contenidos, talleres y cursos con los que podréis profundizar en el arte de reprogramar vuestra vida.

De momento, espero que os guste y os resuene lo que veis, sentíos libres de explorar las páginas y artículos ya publicados, y de mandarme vuestro feedback para seguir mejorando y aprendiendo. Y como siempre, mil gracias por leerme, y estad atentos a las novedades…

Rutina (que no monotonía)

Empieza el mes de septiembre, y en el hemisferio norte el verano ya se nos ha acabado, o como mucho está casi en las últimas: es momento de volver a la rutina.

Calendar sheet for the month of September, on a pink pastel surface, surrounded by groups of dried flowers and small ornaments

¿Qué es lo que se te pasa por la mente cuando oyes o lees esa palabra, rutina? Me da la impresión de que muchos de nosotros, al menos los adultos, tenemos una relación de amor-odio con ella…

Por supuesto, para los niños también es momento de volver a la rutina: la vuelta al cole o bien ya ha llegado o está a la vuelta de la esquina, dependiendo del país. Lo curioso con los niños es que, como van creciendo, cada año su rutina va cambiando, nunca es exactamente igual. Cada nuevo curso escolar viene con nuevas actividades, nuevas ilusiones y nuevos retos; es una nueva aventura.

¿Y para los adultos? Pues depende. Como nosotros no siempre «pasamos de curso», nos puede parecer que volvemos exactamente a la misma rutina de siempre, al mismo trabajo, a la misma gente, a las mismas obligaciones… En realidad sí que hay cosas que cambian, pero igual no destacan lo suficiente como para que les prestemos atención. Y si durante las vacaciones hemos conseguido «escaparnos» de un trabajo o de un ambiente que no nos gustaba mucho, ahora el tener que volver puede que no nos haga demasiada gracia.

Pero el caso es que, como a los niños, a los adultos también los viene fenomenal tener una rutina, nos ayuda a todos a estar mucho más centrados. Las personas somos animales de costumbres.

Entonces, ¿por qué nos gusta tan poco esta época del año?

¿No será que confundimos la rutina con la monotonía?

Una rutina le da estructura a nuestro día y a nuestra semana, es como el armazón donde podemos ir colocando las distintas tareas y actividades. Y si bien algunas de esas tareas y actividades vienen impuestas desde fuera, otras muchas seguramente no, con lo que tenemos flexibilidad para adaptarnos, hacer cambios y experimentar, a ver qué pasa.

Ahora que justo estamos empezando el ciclo otra vez, es buen momento para ir introduciendo pequeños cambios en nuestra rutina diaria, empezando por cositas sencillas que nos puedan traer grandes resultados. Por ejemplo, aquí hay unas cuantas sugerencias para empezar la mañana con buen pie:

  • Respirar conscientemente
  • Planificar / visualizar tu día
  • Leer un libro que te inspire
  • Escribir tus pensamientos
  • Repetirte afirmaciones positivas
  • Agradecer lo que ya tienes
  • Meditar unos minutos
  • Hacer yoga o estiramientos
  • Salir a pasear, a correr, a hacer deporte…
  • Prepararte un desayuno especial

Todas ellas son beneficiosas en cualquier momento del día; yo te sugiero dedicarles (dedicarTE) el primer ratito de la mañana, antes de hablar con nadie más y antes de echarle mano al móvil, para así empezar el dia desde la intención, en lugar de solamente reaccionar a lo que te vaya pasando.

¿Qué te parece? ¿Qué nuevas actividades y retos vas a introducir en tu rutina diaria de este año, para no caer en la monotonía?

Conversaciones incómodas

Hace poco leí en algún sitio (perdón pero ya no recuerdo dónde) que para tener relaciones sanas es necesario tener de vez en cuando conversaciones incómodas. Esto se aplica a todo tipo de relaciones.

Tiene sentido, ¿verdad? Los desacuerdos y el conflicto son inherentes al ser humano, y es nuestra forma de gestionarlos lo que marca la diferencia.

Pero, ¿qué pasa cuando te da tanto miedo el conflicto que intentas evitarlo a toda costa?

Hola, me llamo Bea, y soy una conflict avoider.

Two people having a conversation in the street, only their hands and arms are visible, their faces are not shown

Me he pasado muchos años caminando por la vida de puntillas para no molestar a nadie, para no generar conflicto. Muchos años haciendo como si ciertos problemas no existieran, con la esperanza de que se solucionaran solos.

Y te puedes imaginar lo que pasa, ¿verdad? Que NO se solucionan solos, aunque a veces parezca que sí. Para solucionar de verdad un problema hay que sacarlo a la luz, hay que hablarlo, porque si no, el malestar se queda ahí, creciendo bajo la superficie, hasta el día en que irremediablemente vuelve a salir.

¿Y qué podemos hacer entonces? Se me ocurren tres cosas:

  • Aceptar el conflicto como algo natural: cada uno tenemos nuestras necesidades, nuestras opiniones y nuestra manera de hacer las cosas, que en algunos momentos chocan con las de los demás.
  • No tomárnoslo personalmente: una cosas que ayuda mucho es centrarse en el problema en sí, no en lo que interpretamos que «nos está haciendo» la otra persona.
  • Encontrar una buena manera de comunicarnos, para poder transmitir al otro nuestras necesidades y deseos, y escuchar los suyos, de una manera respetuosa y no violenta.

Cuando mis hijas eran pequeñas, a menudo les ponía una canción de Miliki que decía: «hablando se entienden las personas, y todo funcionará mejor…» A día de hoy, todavía de vez en cuando se la canto a ellas, y a mí misma, como recordatorio de que ninguno somos adivinos, y de que las cosas hay que hablarlas.

Y tú, ¿también evitas el conflicto? ¿Qué conversación incómoda has estado intentando evitar?

Sensibilidad

¿Te consideras una persona sensible?

Yo llevo unos días haciéndome esta pregunta… Creo que nunca me lo había planteado hasta ahora.

Close up of a brightly red flower against a blurred dark green background

Dicen que todos los días se aprende algo nuevo, y yo el otro día aprendí, a través de una amiga y compañera de máster (¡gracias Idoia!), que aproximadamente un 20% de la población mundial se calcula que son personas de las denominadas altamente sensibles, o PAS.

Las personas altamente sensibles tienen el sistema nervioso más desarrollado que la media, por lo que su cerebro recibe mucha más cantidad de información sensorial. Esto no es una enfermedad ni un trastorno psicológico, es simplemente un rasgo de la personalidad. Y como cualquier otro aspecto de la personalidad, viene muy bien conocerlo para poder comprendernos mejor, en este caso dándonos cuenta de que algunas personas viven las emociones de manera diferente, y mucho más intensa, que otras.

Según la doctora Elaine Aron, que fue quien acuñó el término PAS (en inglés, highly sensitive persons, o HSP), existen cuatro características básicas que se suelen manifestar en las personas altamente sensibles:

  • Depth of processing (profundidad de pensamiento) – tienen tendencia a procesar la información que reciben de forma muy intensa y muy profunda, lo que les lleva a reflexionan mucho, y a darles muchas vueltas a las cosas.
  • Ovestimulation (sobreestimulación) – al recibir tantos estímulos sensoriales, pueden llegar a experimentar sobreestimulación o saturación sensorial, sobre todo cuando tienen que procesar mucha información en poco tiempo.
  • Emotional reactivity (reactividad emocional) – viven las emociones de manera mucho más intensa, tanto las agradables como las desagradables, y tienen también gran capacidad de empatía, pudiendo contagiarse de las emociones de los demás.
  • Sensing the subtle (sensibilidad a las sutilezas) – su elevada sensibilidad les permite detectar cambios sutiles que a otras personas se les pueden escapar, como pequeños cambios en el entorno, o en el estado emocional de los demás.

Además de estas cuatro características centrales, hay otras complementarias con las que muchas PAS se sienten identificadas, y algunas de ellas son la mar de curiosas. No las voy a listar todas aquí porque se alargaría mucho el post; si este tema te ha despertado la curiosidad (como me pasó a mí), te animo a que sigas investigando.

Pero sí que hay un aspecto que me parece importante destacar aquí, y es que muchas de estas personas a menudo tienen la sensación de no encajar, de ser «un bicho raro», y de no encontrar a otros con las que realmente conectar… A menudo, su dosis extra de sensibilidad viene con una dosis extra de sufrimiento, debido a no comprender lo que les pasa y por qué son diferentes.

Por eso me ha parecido oportuno contribuir a propagar esta información. Por eso, y porque cada vez que leo otro artículo o veo otra charla TED sobre PAS, encuentro más cosas con las que me siento identificada 🙂

Así que, volviendo a la pregunta del principio…

¿Te consideras una persona sensible?

Frases intraducibles: back to basics

Aquí va otra frase en inglés de esas que me gusta llamar «intraducibles» – no es que no se puedan traducir al español, pero en inglés suenan muchísimo mejor, para mi gusto, y la traducción digamos que hay que explicarla para que se entienda bien (otras frases y expresiones aquí, aquí y aquí).

Y la frase de hoy es «back to basics«, que significa más o menos «volver a lo básico».

¿Y qué es lo básico? Pues depende del tema del que estemos hablando. Si estamos hablando de decoración, por ejemplo, o de moda, puede ser apostar por líneas y colores más sencillos, en vez de estilos más rebuscados. Si hablamos de educación primaria, puede ser volver a poner más énfasis en las asignaturas esenciales, como son la lengua y las matemáticas. La idea que a mí me transmite el «back to basics», en general, es que nos hemos vuelto tan sofisticados (en el área que sea) que se nos ha olvidado lo realmente importante, la base de todo, y hay que volver a ella.

Es una frase que se puede aplicar a muchas situaciones, en casa, en clase y en el trabajo. Hoy os quiero proponer usarla como recordatorio para cuidarnos.

woman doing hand heart sign while looking at the sunset

Cuidarnos nosotros primero, para poder después cuidar de los demás, o cuidar de nuestros asuntos. Porque, ¿cuántas veces estamos tan ocupados y llenamos nuestro día con tantas cosas que al final no nos dedicamos tiempo ni atención a nosotros? Y sólo nos damos cuenta cuando ya no nos queda energía, cuando ya estamos agotados.

Quizá sea porque creamos que hay otras cosas más importantes, que los demás tienen que ir primero… Pero eso en el fondo no es sostenible. Me gusta mucho cómo lo expresa Katie Reed:

«El autocuidado es darle al mundo lo mejor de ti, en lugar de lo que queda de ti.»

Katie Reed

¿Te gustaría tener energía para poder darle al mundo lo mejor de ti? Entonces te propongo volver a centrarte en estos cuatro pilares básicos, si es que en algún momento los has descuidado:

  • Descanso – dormir lo suficiente todas las noches, y que el sueño sea profundo y reparador, además de tomarte pequeños descansos durante el día.
  • Dieta – una alimentación sana, equilibrada y a ser posible natural, bebiendo mucha agua para mantener la hidratación, y respirando conscientemente a menudo para oxigenar todas las células.
  • Ejercicio – dedicar tiempo a moverte, y si es a menudo y al aire libre, aún mejor. Si eliges algo que te guste y te motive, lo harás más a menudo: tu deporte favorito, nadar, correr, bailar, hacer yoga…
  • Conexión – encontrar el equilibrio entre dedicar tiempo a conectar con los demás, pues somos seres sociales, y conectar también con nosotros mismos, para poder mantener «las pilas cargadas».

¿Qué te parecen estos cuatro pilares básicos del autocuidado? ¿Añadirías algún otro? ¿A cuál crees que te vendría bien dedicarle más tiempo y atención en este momento de tu vida?

No hay horas suficientes

¿Alguna vez sientes que los días se te quedan cortos, que no te llega para poder hacer todo lo que quieres (o tienes) que hacer?

En esas estaba yo hace unos años cuando me topé con un programa de RTÉ, la televisión nacional irlandesa, que se llamaba precisamente así: «Not enough hours» (no hay horas suficientes).

Recuerdo que en aquella época yo estaba bastante agobiada en general, de hecho el subtítulo de mi blog de entonces (la anterior encarnación de BinaryWords), era «en lucha contra el caos». Porque así era como me sentía: había mucho caos en mi vida, y yo tenía que luchar contra él, y todo se me hacía cuesta arriba… Básicamente lo que estaba pasando era que tenía un trabajo a jornada completa, una niña pequeñita más otra en camino, y unas expectativas de mí misma que no era capaz de cumplir.

Así que ese programa de la tele me vino que ni pintado, por muchas razones. La primera es que me tranquilizó ver que lo que me pasaba a mí le pasaba también a mucha otra gente, de maneras diferentes. La segunda es que aprendí varias cosas que me parecieron tanto interesantes como útiles, os comparto un par de ellas más abajo.

La tercera es que así fue como conocí a Owen Fitzpatrick, el psicólogo y experto en gestión del tiempo que presentaba el programa. En cada episodio acompañaba a una persona distinta, para ayudarla en su problema concreto. Me encantaba su forma de explicar los conceptos de gestión del tiempo, y cómo los aplicaba para conseguir una solución que de verdad funcionara para cada participante… Luego, charlando con un compañero de trabajo (¡gracias Tim!), me enteré de que Owen era experto en muchas otras áreas también, y así fue como acabé haciendo mi primer curso de PNL, en Dublín, allá por 2013, con Owen Fitzpatrick y Brian Colbert 🙂

Estos son los dos aprendizajes que me llevé de ese programa, que yo recuerde:

  • Cómo el perfeccionismo nos hace más mal que bien, y la frase «perfecta» para que no nos agobie ni nos bloquee a la hora de hacer algo:

No tiene que estar hecho a la perfección, sólo tiene que estar hecho.

(Owen Fitzpatrick, y muchos otros con palabras similares)

Curiosamente, aún a día de hoy, cuando me doy cuenta de que me he quedado enganchada intentando hacer una tarea de forma perfecta, lo que oigo en mi cabeza es la voz de Owen diciendo esta frase, y eso me ayuda un montón (además de confirmar que uno de mis sistemas representacionales principales es el auditivo, cosa que aprendí en su curso de PNL).

  • Cómo el concepto del tiempo es algo abstracto que las personas representan internamente de maneras distintas. Por ejemplo, al imaginar una linea temporal, unas personas la visualizan de izquierda a derecha, situando el pasado a un lado y el futuro al otro, y otros la representan perpendicularmente, situando el pasado detrás y el futuro delante. Dependiendo de tu manera concreta de representar internamente el tiempo, puede que te cueste más organizarte con una agenda de formato tradicional, y si es así, puede que haya otras estrategias que te funcionen mejor para completar las tareas.

¿Qué te parecen estas dos ideas? ¿Qué te ayudaría a sacarle más provecho a tu tiempo?

Aprendiendo de los artistas

Ayer, aprovechando que tenía un día libre en Madrid (y huyendo un poco del calor, todo hay que decirlo), me di una vuelta por el Museo del Prado.

La visita me encantó, os la recomiendo totalmente. Lo que no os recomiendo es que os pateéis el museo entero en un solo día, como hice yo, que al final ya hasta me dolían los pies… Para las personas razonables como vosotros, hay una audioguía muy buena con recomendaciones de qué obras ver en función de si quieres que la visita dure una hora, o dos, o tres. Yo simplemente me dejé llevar, caminando sala por sala, curioseando. No me preguntéis cuánto tiempo me llevó.

Una cosa que me llamó enseguida la atención fue ver cuadros que eran copias de otros cuadros, o de parte de ellos, muchas veces puestos uno al lado del otro. Y digo copias, no falsificaciones; la intención no era hacer pasar un cuadro por el otro. Muchas veces eran pintores que, como parte de su formación o a modo de homenaje, copiaban las obras de los grandes maestros de su época (o de una época anterior), con resultados también de mucha calidad.

Otras veces, un mismo pintor hacía varias copias con ligeras variaciones sobre un mismo tema, sobre todo si sus obras estaban muy demandadas, y les vendía distintas copias a distintas personas (por aquel entonces no era tan fácil como copiar y pegar 🙂 )

Y otra cosa que aprendí fue cómo para ciertos encargos de importancia, algunos pintores hacían uno o varios bocetos en un formato más pequeño, antes de ponerse a pintar el lienzo grande. Así podían ir ensayando y probando la estructura y los elementos del cuadro, y además enseñarle a su mecenas una «vista previa» del resultado, para conseguir la aprobación del encargo final. Resulta muy curioso ver cómo evoluciona la obra desde el primer boceto al lienzo definitivo, parecido a como se hace hoy en día con los cómics, las películas, etc.

Pero volviendo al tema de los cuadros copiados: un buen ejemplo es el de Rubens, que durante su estancia en Italia copió varios cuadros de Tiziano, entre ellos «El rapto de Europa«.

Original de Tiziano (expuesto en un museo de Boston):

Copia de Rubens, expuesta en el Prado:

Pero la cosa no acaba aquí. Luego ya, para rizar el rizo, llega Velázquez, y en uno de sus cuadros incluye también un homenaje a esta obra. Fijaos en el tapiz al fondo de la escena representada en «Las hilanderas» (también llamada «La fábula de Aracne«), expuesta en la misma sala del museo del Prado:

Me pareció una idea muy chula, pintar un cuadro dentro de otro cuadro 🙂

Una idea de la que luego me fui encontrando más ejemplos por el museo, como este cuadro de Jan Brueghel y Rubens, dedicado a «La vista» como parte de una serie sobre los cinco sentidos:

Y ya el que me pareció una pasada fue este otro, de David Teniers el Joven, «El archiduque Leopoldo Guillermo en su galería de pinturas en Bruselas«:

Madre mía, el talento que hace falta para poder pintar todo eso…

En fin, que me encantó la visita al Museo del Prado, más que por ver los cuadros típicos y famosos como «Las Meninas» (que también), sobre todo por ver cómo los artistas iban aprendiendo unos de otros, apoyándose en el conocimiento y las técnicas que ya existían para innovar y crear otras nuevas, y así hacer su propia contribución al mundo del arte, para que otros pudieran disfrutar y aprender a su vez.

Me hizo pensar en cómo también nosotros, en cualquier cosa que queramos aprender, tenemos seguro un montón de maestros a quienes modelar y de quienes aprender (y más en estos tiempos de Wikipedia y Youtube), y así no tener que «reinventar la rueda», como se suele decir en inglés. Y también se suele decir que la mejor manera de aprender es enseñar, es compartir lo que ya sabemos, por supuesto dando crédito a aquellos de quienes lo aprendimos.

Compartiendo el conocimiento, aprendiendo juntos, avanzamos todos.