Sesgos Instintivos: Transmitir

Completamos hoy el recorrido por los tres sesgos instintivos de Awareness to Action (Conciencia en Acción) que empezamos hace dos semanas y continuamos la semana pasada (si no sabes de lo que hablo, te aconsejo que empieces esta serie de artículos por el principio, leyendo aquí, aquí y aquí).

El tercer sesgo instintivo es el dedicado a transmitir, y lo representamos con un llamativo y colorido pavo real (aunque este icono en concreto esté en blanco y negro). ¿Qué te viene a la cabeza cuando te imaginas a un pavo real desplegando su cola y mostrándose en todo su esplendor?

Black and white icon of a peacock

Igual se te ha ocurrido pensar que le gusta llamar la atención, y sí, efectivamente, por ahí van los tiros. La idea central del dominio transmisor es la de atraer y vincularse, es decir, hacerse notar y captar la atención de los demás para poder transmitirles algo, ya sean sus genes (de hecho, en el eneagrama tradicional, a las personas con este sesgo se las denomina «de instinto sexual») o sus ideas, creencias, valores, su punto de vista o algo que hayan creado. Son personas naturalmente carismáticas, que sin buscarlo conscientemente llaman la atención; puede ser por su forma de vestir, de hablar, de comportarse, etc.

Desde el punto de vista evolutivo, nuestros ancestros desarrollaron determinados comportamientos para aumentar las probabilidades de atraer a una pareja y poder reproducirse, que es, al fin y al cabo, lo que también hace el pavo real macho al abrir su cola y pasearse delante de la hembra. Pero en los humanos, el concepto de transmitir va mucho más allá: no todas las personas con sesgo transmisor buscan reproducirse y tener hijos; lo que sí tienen en común es una tendencia a mostrar al mundo lo que llevan dentro y a querer dejar su huella, cada uno a su manera.

Las personas con el sesgo instintivo transmisor sin darse cuenta prestan mucha atención y le dan mucha importancia a temas relacionados con:

  • Asertividad
    • Suelen ser personas ambiciosas y seguras de sí mismas, que van a por lo que quieren.
    • Tienen un nivel de inhibición bajo: les da menos reparo decir o hacer lo que haga falta para conseguir su objetivo.
    • Su nivel de intensidad es más alto que el de los preservadores y navegadores, y tienden a ser bastante competitivos.
  • Difusión masiva y selectiva
    • A través de su carisma, su encanto, su apariencia y su forma de actuar, envían señales al grupo para convertirse en el centro de atención, transmitiendo al público en general (difusión masiva).
    • Una vez que han conseguido la atención de una persona, o si les interesa esa persona en concreto, tienden a centrarse en ella exclusivamente (difusión selectiva).
    • En sus relaciones y conversaciones de uno a uno establecen un vínculo muy intenso, aunque sea breve.
  • Dejar huella
    • Son personas que buscan impactar, causar una determinada impresión en los demás.
    • Tienen mucho poder de influencia y habilidad para convencer a otros, tanto individualmente como en grupo.
    • Suelen querer dejar su huella en este mundo, su legado, que una parte de ellos se transmita a las generaciones siguientes.

En el trabajo, a los transmisores (es decir, a las personas con sesgo instintivo transmisor) se les suele dar muy bien presentar y promocionar sus proyectos o productos, así como darse a conocer ellos. Suelen ser grandes vendedores y líderes carismáticos, que saben convencer, inspirar y pintar una visión de futuro que guíe al equipo y le dé energía para avanzar.

Recordemos una vez más que los sesgos instintivos son esencialmente sistemas de valores que nos indican lo que consideramos más importante en la vida, y que, en consecuencia, nos empujan a priorizar ciertas cosas por encima de otras. Pero esto no significa que los transmisores estén todo el rato transmitiendo sin parar, ni los navegadores navegando, ni los preservadores preservando. Estos patrones son útiles porque nos muestran tendencias generales observables a lo largo del tiempo, independientemente de momentos puntuales, porque todos hacemos de todo en distintos momentos, y nadie hace lo mismo todo el rato.

Otra cosa que también hay que tener en cuenta es que hay etapas de la vida que están estrechamente relacionadas con uno de los dominios instintivos, lo que hace que temporalmente nos centremos más en ese dominio, aunque no sea el que nos resulta más natural. Por ejemplo:

  • Los años de la adolescencia son eminentemente navegadores: el punto de referencia dejan de ser nuestros padres para pasar a ser los amigos y compañeros, y pasamos (o queremos pasar) mucho más tiempo con ellos que con la familia.
  • Algo después, cuando llega el momento de emprender una carrera profesional y buscar pareja, entramos en una etapa mucho más transmisora, y salimos al mundo a ofrecer lo que tenemos.
  • Y más adelante, los años de la crianza de los hijos tienen un alto componente preservador: es momento de atender el nido para que nuestras crías estén bien cuidadas y no les falte de nada mientras crecen.

Como veis, este tema de los sesgos instintivos, que puede parecer muy sencillo, y en cierto modo, lo es, también tiene muchos matices que ir explorando y observando poco a poco. Lo bueno es que también tiene muchas aplicaciones prácticas. En un artículo futuro hablaremos un poco más de cómo los tres dominios se sitúan en orden de prioridades según el sesgo dominante, y de cómo se manifiesta todo esto en nuestro día a día, en casa y en el trabajo.

Pero de momento, ¿qué te parece esta descripción del sesgo transmisor? ¿Te sientes identificad@? Una vez más, te propongo observarte durante la semana para ver cuánto tiempo y atención le dedicas a los comportamientos típicos de este dominio.

Sesgos Instintivos: Navegar

Seguimos con el recorrido por los sesgos instintivos de Awareness to Action (Conciencia en Acción) que empezamos la semana pasada (si no sabes de lo que hablo, te aconsejo que empieces esta serie de artículos por el principio, leyendo aquí, aquí y aquí).

Hoy nos vamos a centrar en el dominio instintivo dedicado a navegar, y el animalito que lo representa en este caso es un mono, tal vez un chimpancé:

Black and white icon of a monkey

¿Y por qué un chimpancé? Igual te doy una pista si te digo que en el eneagrama tradicional, a las personas con este sesgo se las denomina «de instinto social». Y es que la idea central del dominio navegador es la orientación al grupo: fijarse en las personas y en las dinámicas que se establecen entre ellas, y buscar estar con gente, pertenecer al grupo y posicionarse dentro de él. Los monos y chimpancés son animales altamente sociales: dedican mucho tiempo a interactuar entre ellos, y sus grupos tienen normas sociales bastante complejas, por lo que son una muy buena metáfora para representar este dominio instintivo.

Nosotros, los humanos, al fin y al cabo, no estamos tan lejos del resto de los primates, y vivir en sociedad también es una necesidad psicobiológica básica para nosotros. Nuestros ancestros se agrupaban en tribus o clanes para poder protegerse unos a otros, cazar juntos, defenderse de los depredadores o de tribus enemigas… Para ellos, la pertenencia al grupo era fundamental, ya que quedarse fuera podía significar en muchos casos la muerte.

Las personas con el sesgo instintivo navegador sin darse cuenta prestan mucha atención y le dan mucha importancia a temas relacionados con:

  • Confianza y reciprocidad
    • Se centran en el intercambio de información: comparten lo que saben y hacen preguntas para conocer el funcionamiento del grupo, sus costumbres, sus normas…
    • Observan a las personas para averiguar en quién se puede confiar.
    • Buscan cohesión y reciprocidad en el grupo («hoy te ayudo yo a ti, y mañana quizá, tú a mí»).
  • Estatus e identidad
    • Les gusta estar rodeados de gente, y, en general, pertenecer a grupos (aunque a veces también observarlos desde fuera).
    • Buscan entender dónde se sitúa cada persona en el grupo, y, sobre todo, dónde se sitúan ellos, a menudo posicionándose intencionadamente.
    • Están muy atentos a la percepción que tiene el grupo de ellos, y tienden a veces a juzgar también a otros según las normas del grupo.
  • Dinámicas de poder e influencia
    • Se esfuerzan en entender cómo funciona el grupo, quién es el que manda, dónde está cada uno en la jerarquía, quién puede ser útil para conseguir ciertas cosas…
    • Se les suele dar bien relacionarse con la gente, colaborar y forjar alianzas.
    • Son naturalmente sociables, pero a la vez, como les preocupa su reputación, suelen tener cuidado a la hora de compartir cosas sobre sí mismos.

¿Se entiende la idea? Recordemos que esto es sólo una de las muchas dimensiones de la personalidad humana, y que se puede manifestar de tantas formas como personas hay en el mundo. Por ejemplo, hay personas con sesgo instintivo navegador quen no paran en casa y se apuntan a millones de actividades sociales (por decirlo con una expresión muy española, que se apuntan a un bombardeo), mientras otros quizá prefieran pertenecer a menos grupos, o quedarse un poco al margen y observar a la gente a su alrededor, o quizá ver las noticias, o películas, series, documentales o libros sobre personas interesantes. El punto clave es identificar adónde va nuestra energía y nuestra atención de manera natural, y a qué dedicamos nuestro tiempo libre cuando no hay nada urgente que hacer.

En el trabajo, a los navegadores (es decir, a las personas con sesgo institivo navegador) se les suele dar muy bien lo que en inglés se llama «to read the room», interpretar lo que está pasando en la sala sin que nadie diga nada. Se centran mucho en la comunicación interpersonal, la dinámica del grupo y lo que podríamos denominar la parte política (relaciones profesionales, conseguir apoyos, ganar aliados…)

¿Qué te parece esta descripción del sesgo navegador? ¿Te sientes identificad@? Al igual que la semana pasada, te propongo observarte estos días para ver cuánto tiempo y atención le dedicas normalmente a los asuntos propios de este dominio.

Sesgos Instintivos: Preservar

Este artículo es la continuación de una serie dedicada al modelo Awareness to Action (ATA, Conciencia en Acción), una metodología de apoyo al crecimiento personal y profesional creada por Mario Sikora, y desarrollada por él mismo junto a su colaboradora, Maria José Munita.

Durante las próximas semanas y meses vamos a ir explorando los elementos principales de este modelo, empezando por los tres sesgos instintivos (preservar, navegar y transmitir) y continuando con las nueve estrategias eneagrámicas, que se representan con números del uno al nueve. Si alguna vez en tu vida te has preguntado: ¿por qué soy así? (o por qué los demás son como son, y por qué a veces no nos entendemos), seguro que este tema te interesa, ¡sigue leyendo!

(Eso sí, si no has leído los artículos anteriores de esta serie, te aconsejo que empieces aquí, aquí y aquí.)

Nota: de las dos dimensiones del eneagrama, la de los sesgos instintivos es generalmente la menos conocida, y en distintas escuelas y tradiciones se la conoce por nombres ligeramente distintos, como «variantes instintivas», o simplemente «instintos». Yo aquí voy a seguir siempre la nomenclatura de ATA, aunque procuraré mencionar también otros términos como referencia, y explicar de qué manera los conceptos varían un poco de los de otros enfoques más tradicionales del eneagrama.

De los tres dominios instintivos, el primero que vamos a ver es el de preservar, y la ardilla es una muy buena metáfora para explicar lo que representa. ¿Qué te viene a la cabeza cuando te imaginas a una ardillita, laboriosamente guardando comida para el invierno?

Black and white icon of a squirrel holding an acorn

La idea central del dominio preservador es la de anidar y nutrir: asegurarme de que tanto yo como «los míos» (mi familia, mi entorno cercano) tengamos lo necesario no sólo para sobrevivir, sino para vivir cómodamente y poder prosperar. En otras escuelas se llama a este dominio el «instinto conservación», o incluso «autoconservación», pero en realidad el concepto es más amplio: ese cuidado y esa búsqueda de bienestar no son sólo para mí, sino que se extienden también a las personas con las que comparto «el nido» (mi casa, mi equipo de trabajo, etc.)

Recordemos que estos tres dominios instintivos son áreas de la vida para las que hemos heredado una serie de adaptaciones evolutivas que ayudaron a nuestros antepasados a sobrevivir y reproducirse. Todos le prestamos atención a los tres dominios, pero de manera diferente: hay uno al que de forma no consciente le damos una prioridad desproporcionadamente alta, y ese es el que determina nuestro sesgo instintivo, dando lugar a ciertas formas de pensar, sentir y actuar que siguen los patrones propios de ese sesgo en concreto.

Evolutivamente hablando, la idea de preservar está bastante clara: si pensamos en los hombres y mujeres prehistóricos de los que descendemos, es fácil entender que su primera prioridad era sobrevivir, pues vivieron tiempos mucho más sencillos que los de ahora, pero también mucho más inciertos y peligrosos.

Las personas con el sesgo instintivo preservador (entre las que me incluyo) sin darse cuenta prestan mucha atención y le dan mucha importancia a temas relacionados con:

  • Seguridad
    • Prefieren moverse en entornos familiares y conocidos, donde se sienten seguros.
    • Buscan tener una red de apoyo con varias personas de confianza, para poder ayudarse mutuamente.
    • Tienden a evitar exponerse o arriesgarse demasiado.
  • Bienestar y recursos
    • Valoran mucho la comodidad (incluida la comodidad física: no tener frío ni calor, llevar ropa cómoda, etc.)
    • Se aseguran de tener suficientes recursos: alimentos, ropa, un hogar donde vivir, recursos financieros…
    • Se preocupan por su salud, y por la salud de los suyos.
  • Mantenimiento
    • Cuidan «el nido» para que siga siendo cómodo, seguro y acogedor.
    • Notan cuando hace falta arreglar o reparar algo (lo cual no quiere decir que se les dé bien hacerlo…)
    • También suelen querer mantener tradiciones, seguir haciendo las cosas como siempre.

Todo esto, por supuesto, son generalizaciones, que se manifiestan de manera distinta según la persona, y que vienen matizadas por otros muchos aspectos de la personalidad, empezando por las nueve estrategias eneagrámicas. Pero sí que es verdad que hay tendencias generales que se mantienen a lo largo de los años, y eso es lo que hay que observar, en lugar de mirar sólo comportamientos puntuales en un momento dado (porque todos hacemos un poco de todo, y nadie hace lo mismo todo el rato).

En el trabajo, a los preservadores (es decir, a las personas con sesgo instintivo preservador) se les suele dar muy bien desarrollar procesos, crear estructuras, organizar tareas… Suelen ser personas metódicas, que gestionan bien los recursos, identifican posibles riesgos y toman medidas para evitarlos. Les gustan los entornos estables y predecibles, sin grandes cambios.

¿Qué te parece esta descripción del sesgo preservador? ¿Te sientes identificad@? Te propongo esta semana observarte para ver cuánto tiempo y atención le dedicas en tu día a día a las tareas propias de este dominio.

Dar y recibir

Hoy escribo estas líneas desde Madrid, mi segunda casa, adonde tengo la inmensa suerte de poder venir de vez en cuando. Me estoy permitiendo el lujo de disfrutar estos días haciendo cosas importantes, que no urgentes.

Una de esas cosas, por ejemplo, ha sido quedar a comer hoy con varias compañeras del máster de coaching que terminamos hace cuatro años. Y ha salido un tema de conversación superinteresante: la importancia de encontrar el equilibrio entre dar y recibir,

Porque a menudo nos centramos mucho en dar, y damos de corazón, con la mejor intención del mundo, pero… ¿Qué tal se nos da recibir? ¿Hasta qué punto nos lo permitimos?

(Pintura vista por las calles de Dublín hace unos meses, titulada Heart FM, «radio corazón». Lo más curioso es que estaba justo por detrás del dibujo de la semana pasada, Brain FM, «radio cerebro».)

Por aquí os dejo unas cuantas citas (traducidas por mí) para reflexionar sobre el tema:

Aceptar algo amablemente es un arte — un arte que casi nunca nos molestamos en cultivar.
Creemos que tenemos que aprender a dar, pero nos olvidamos de recibir,
que puede ser mucho más difícil que dar…
Aceptar el regalo de otra persona es permitirle expresar lo que siente por ti.

Alexander McCall Smith

Mientras no podamos recibir desde el corazón, tampoco podremos realmente dar desde el corazón.
Cuando añadimos juicios al acto de recibir ayuda, lo sepamos o no, estamos añadiendo juicios al acto de ayudar.

Brené Brown

Cuando damos con alegría y aceptamos con agradecimiento,
todos somos bendecidos.

Maya Angelou

Mil gracias Laura, Miriam, Lara y Alicia por el ratito de hoy; me ha encantado veros. Me habéis recordado una vez más que el trabajo de crecimiento personal no se acaba nunca, y que necesariamente implica no sólo aportar todo lo que podamos, sino también aceptar, agradecer y disfrutar todo lo bueno que la vida nos trae, y lo que aún está por llegar.

¿Y tú? ¿Qué es lo que no te estás permitiendo recibir?

Palabras intraducibles: like-minded

Hoy os traigo una palabra compuesta que me gusta mucho en inglés, y que incluyo en la categoría de intraducibles (según mi definición particular) porque la traducción al español me parece bastante torpe comparada con el original.

Se trata del adjetivo like-minded, que casi siempre acompaña a person o people, con el significado de «persona(s) con ideas afines». En otras palabras: gente que, de alguna manera, piensa parecido a ti.

Y si bien es cierto que es muy peligroso rodearse SOLO de personas que piensan como tú (un problema que, por desgracia, está a la orden del día, y que nos hace retroceder como sociedad en lugar de avanzar), sí que es muy beneficioso tener amigos y compañeros que compartan tus aficiones e inquietudes en temas concretos, para aprender juntos, compartir ideas y animaros mutuamente a seguir creciendo.

(Pintura vista por las calles de Dublín hace unos meses, titulada Brain FM, «radio cerebro».)

Este fin de semana he tenido el placer de conocer en persona a un compañero a quien considero de mi «tribu» eneagrámica (o más bien debería decir de mi clan: Awareness to Action). Y juntos hemos asistido a la conferencia anual de Enneagram Alive, una magnífica oportunidad para conocer a otros forofos del eneagrama repartidos por Irlanda, el Reino Unido y algún que otro rincón de Europa. Fue un día para compartir, aprender, intercambiar impresiones y contrastar enfoques, todo ello en un ambiente amigable y distendido. Muchas gracias a los organizadores por este día tan estupendo, y sobre todo, ¡gracias, Pawel, por avisarme del evento y por venirte a Dublín a vivirlo en directo!

Y tú, ¿a qué grupos o comunidades perteneces que te animen a crecer y a compartir ideas?

Descansando

Después de tres semanas bastante intensas de vuelta al curso escolar, este fin de semana ha tocado descansar un poquito, para recuperar fuerzas y que el cuerpo no acabe pasando factura.

Eso sí, el viernes no pude evitar pasarme un ratito por la Culture Night (el equivalente a «la noche en blanco» de Madrid y otras ciudades), que es una de mis tardes-noches favoritas del año en Irlanda. Aunque esta vez, en lugar de ir al centro de Dublín, me acerqué al pueblo de aquí al lado, Lucan, donde también tenían programados varios eventos, entre ellos una exposición de arte donde vi este cuadro tan chulo:

(Cuadro de Stephen Dowling, @stephendowlingart en Instagram.)

Como ya comenté anteriormente en el blog, a mí en general me cuesta mucho pararme a descansar, aunque ya voy aprendiendo a gestionarlo mejor, por mi propio bien y el de mi familia. Y es que a veces no nos acordamos de que estando continuamente agotados no podemos convertirnos en nuestra mejor versión… No rendimos igual, ni nos relacionamos igual, ni nos queda energía para hacer nada más allá de seguir sobreviviendo.

Hay una frase que me gusta mucho y que creo que ilustra muy bien esta idea; según Google, se le atribuye tanto al general estadounidense George S. Patton como al entrenador de fútbol americano Vince Lombardi:

La fatiga nos vuelve cobardes a todos.

¿Qué pasa por tu cabeza cuando lees esta frase? Seguramente tú también lo has experimentado de alguna manera: el encontrar que no tienes fuerzas para emprender algún proyecto o hacer algún cambio grande en tu vida, por muchas ganas que tengas en teoría. Lo que a lo mejor no se te ha ocurrido es relacionarlo directamente con tu estado habitual de cansancio, o a lo mejor has pensado que tu cansancio es pasajero, y que, milagrosamente, mañana, o el mes que viene, tendrás más fuerzas (o más tiempo, que es otro aspecto del mismo problema) y podrás ponerte a ello.

Porque lo otro que también pasa es que el cansancio crónico está totalmente normalizado en nuestra sociedad, como lo es el llenar todas las horas del día de actividades, ya sean de trabajo, de aprendizaje o de ocio. Si te encuentras a alguien por la calle y le preguntas qué tal está, lo más habitual es que te conteste que muy liad@, y a ti te parecerá lo más normal del mundo. Pero así en el fondo no nos estamos haciendo ningún favor, porque, aunque estando constantemente ocupados nos parezca que estamos siendo «productivos», en realidad puede que no estemos más que dando vueltas y más vueltas a la rueda del hámster, sin avanzar ni llegar nunca a ningún sitio nuevo.

Así que hoy te invito a reflexionar un poco sobre este tema: ¿qué proyecto o cambio en tu vida estás posponiendo porque no te ves con fuerzas? Prueba a incorporar más DESCANSO en tu día a día (¡y conste que ver la tele o las redes sociales no cuenta como descanso!), y te aseguro que notarás la diferencia.

Ventanas al mundo

Esta semana oí un comentario en la radio que me pareció curioso: decían algo así como que muchos jóvenes de hoy en día consideran que se puede saber más de cómo es realmente una persona por los libros que posee que por su perfil en redes sociales. ¿Tú qué opinas?

Yo de redes sociales tampoco es que sepa mucho, así que, por ese lado, prefiero no opinar, más allá de repetir lo típico de que sólo nos muestran un cachito minúsculo de la vida de una persona, muchas veces cuidadosamente seleccionado, y que en ningún caso es la historia completa ni muchísimo menos.

De libros igual sí que sé un poco más. Seguramente ya os habré contado que crecí en una familia con muchos, muchísimos libros en casa, y he pasado muuuchas horas leyendo a lo largo de mi vida, costumbre que quiero volver a retomar porque, por desgracia, la he ido perdiendo… Pero bueno, podríamos decir que yo también he heredado esa debilidad por la lectura, y he intentado inculcársela también a mis hijas.

(Cartel visto en un Corte Inglés de Madrid este verano: «Cada libro es una ventana al mundo. Asómate y lee.»)

Este verano estuve haciendo limpia de algunos de los libros de mi padre, y sí que es verdad que reflejaban mucho sus intereses y aficiones: libros de política, de historia, de arte… Pero yo creo que la clave no es que fueran precisamente libros, sino que simplemente eran sus cosas, las que eligió tener en su casa porque le gustaban y las utilizaba. Para mi padre, la lectura era una parte muy importante del día a día; para otras personas, serán otras cosas.

Así que yo quizá cambiaría un poco la frase para decir que se puede saber más de cómo es realmente una persona visitando su casa, o su habitación: el lugar que considera su entorno y que pone a su gusto, reflejando sin darse cuenta su carácter y sus preferencias. En nuestra casa hay muchos libros, sí, pero también hay juegos, y otras muchas cosas que reflejan cómo somos y lo que es importante para nosotras.

Dicen que un libro es una ventana al mundo; quizá la ventana a una persona no sean sus redes sociales, sino el lugar donde vive y se permite ser él mismo.

Reto sobre reto

Bueno, pues ya llevamos una semanita de septiembre; ¿tú qué tal lo llevas?

Yo, si recordáis, la semana pasada me propuse un reto para los 30 días del mes, y os dije que os iba a ir contando mis progresos (lo cual es un truco estupendo para aumentar las probabilidades de éxito).

El caso es que ya bastante reto ha sido la primera semana entera de vuelta a la rutina, con horarios completos de colegio, instituto y oficina incluidos, e invitados en casa el fin de semana (¡gracias, primos!). Con todo y con eso, empecé muy bien (como suele pasar), dedicando cada día un rato a hacer ejercicio de distintas maneras: paseo, yoga, máquina de remo… Y todo iba estupendamente hasta que se me cruzó el jueves, que no paré en todo el día, y no fui capaz de hacerle un huequito al ejercicio.

Si alguna vez habéis hecho un reto de este tipo, o habéis establecido (o intentado establecer) un hábito nuevo, lo más seguro es que os hayáis topado también con este problema: ¿qué pasa si, por lo que sea, te saltas un día? ¿Hay que darlo ya todo por perdido?

Nuestra tendencia natural puede ser a pensar así, en términos absolutos (o, podríamos decir, en términos binarios, haciendo honor al título de este blog): todo o nada, blanco o negro. Si no he conseguido terminarlo entero, entonces es como si no hubiera hecho nada… Nuestro cerebro simplifica de esta manera para ahorrar energía, y también porque no le gusta nada la incertidumbre, así que busca una respuesta categórica (y si no la encuentra, se la inventa). Siguiendo ese razonamiento supersimplificado, saltarse un día equivale a fracasar; ya no hay nada que hacer, la racha de 30 días se ha roto, así que más nos vale tirar ya la toalla.

Pero hay otras formas de pensar en la misma situación que son igualmente válidas y mucho más productivas, que nos animan a seguir avanzando en lugar de hundirnos en la miseria:

  • Por ejemplo, podría elegir quedarme con el hecho de que he conseguido hacer ejercicio de forma intencionada durante seis días de siete, lo cual ya es muchísimo más de lo que habría hecho de no estar siguiendo el reto.
  • También podría darme al menos algo de crédito por mantenerme más activa en general, subiendo y bajando escaleras en la oficina, saliendo a la calle a caminar más a menudo, etc.
  • Incluso podría felicitarme por al menos haber empezado, y por haber retomado la racha después del día que me salté.

¡Si hasta Duolingo te perdona cuando te saltas un día de práctica! Básicamente, porque saben que los seres humanos no somos perfectos, y que estas cosas pasan; mantener la constancia cuesta mucho.

(Cartelito visto el año pasado en el centro comercial de Dundrum, con una frase de Seth Godin: «Lo único peor que empezar algo y fracasar… es no empezar algo.»)

También podríamos ir más allá, y aprovechar la ocasión para mirar hacia adentro e investigar lo que puede haber detrás de ese pequeño «fracaso»: ¿qué es lo que de verdad me ha impedido cumplir con mi compromiso?¿Estoy alineando mis prioridades diarias con lo que considero importante en mi vida? ¿De qué manera me puedo estar autosaboteando?

Y aquí es donde viene muy bien conocer nuestros patrones de personalidad, para dar todavía más en el clavo con las razones por las que hacemos muchas de las cosas que hacemos, y poder explicar esas contradicciones que a veces nos vuelven locos (o vuelven locos a nuestros seres queridos). Y eso es lo que va a marcar la diferencia entre seguir tropezándonos siempre con la misma piedra o por fin conseguir entender el camino y que nos sea más fácil avanzar.

¿Qué, te animas? Échale un vistazo a la página de servicios, contacta conmigo y lo hablamos.

Reto de 30 días

¿Qué opinas de los retos de 30 días? ¿Alguna vez has hecho alguno?

Ahora que está a punto de empezar septiembre, es un muy buen momento para planteárselo (y me acabo de dar cuenta de que hace dos años escribí prácticamente lo mismo, cuando me propuse el reto de 30 citas en 30 días).

(Foto de la página de septiembre del calendario que tengo en la cocina de mi casa.)

Este año, en el trabajo, nos han animado a buscarnos un reto para septiembre que tenga algo que ver con el número 30; así, de paso, conmemoramos que hace 30 años que la empresa abrió su primera oficina en Irlanda. Yo he elegido algo tan sencillo (espero) como hacer un ratito de ejercicio todos los días del mes; a ver qué tal se me da, ya os iré contando.

Por cierto, eso del «ya os iré contando» no es ninguna tontería: ahora que me he comprometido delante de todos vosotros a hacer ejercicio 30 días seguidos, y que os voy a tener que contar cada semana si lo he hecho o no, acabo de aumentar considerablemente mis probabilidades de seguir adelante y completar el reto. El tener que rendir cuentas a otra persona es un truco buenísimo para mantener la motivación.

¿Por qué? Porque a nuestro cerebro le cuesta mucho ver los posibles beneficios de un hábito saludable, ya que sólo se notan a largo plazo, y el cerebro está programado para ayudarnos a sobrevivir a corto plazo. Por eso nos apetece mucho más tumbarnos en el sofá, y así conservar energía, que levantarnos e ir al gimnasio…

Ahora bien, si quedándonos en el sofá nos enfrentamos a la vergüenza de tener que admitir ante los demás que no hemos cumplido con nuestra promesa de ir al gimnasio, entonces ya la cosa cambia: la consecuencia, en este caso el castigo, es mucho más inmediato y tangible.

Así que te animo a utilizar este truco a tu favor cuando quieras establecer un hábito: cuéntaselo a todo el mundo, y ya verás cómo sí que lo haces, ¡si no quieres que se te caiga la cara de vergüenza! O si no es a todo el mundo, al menos cuéntaselo a una persona; es lo que en inglés llamamos un accountability partner, un término que no parece tener buena traducción al español (otro para la lista de intraducibles), pero que, básicamente, es un compañero al que rendirle cuentas. Y si el compañero también está trabajando en el mismo reto, pues mejor que mejor, os podéis rendir cuentas el uno al otro, y así los dos salís ganando.

Y tú, ¿qué reto te planteas para este mes de septiembre? ¿Y quién va a ser tu compañero al que rendir cuentas?

Expresiones intraducibles: to pack light

Hacía tiempo que no le dedicaba yo un artículo del blog a alguna frase o expresión de las que yo llamo intraducibles, que no es que sean exactamente imposibles de traducir, sino que pierden bastante la gracia (o, digamos, su elegancia) al traducirlas del inglés al español o viceversa.

La expresión de hoy es to pack light, y aquí el problema no es con la palabra light, que se traduce directamente como «ligero/a», sino con el verbo to pack, que en este contexto tiene una traducción mucho más larga y más torpe, al menos en el español de España: «hacer las maletas» (en otras versiones del español existe la palabra empacar, que sí que es más corta, pero a mí me resulta súper rara).

Para mí, la traducción que mejor transmite la idea detrás de to pack light es «ir ligero de equipaje», y en ambos idiomas, el significado va más allá del mero hecho de hacer las maletas: se refiere a una manera de viajar, y si me apuras, hasta a una filosofía de vida.

(Foto que le saqué con prisas una vez a una persona que vi por la calle, o más bien, a su bolsa. Me encantó ese dibujito de la línea que es de todo menos recta, metáfora del viaje de la vida; me recordó mucho a la imagen que utilicé hace unos años en este artículo.)

Yo reconozco que nunca he sido una persona de las que viajan ligeras de equipaje, y admiro muchísimo a los que son capaces de hacerlo. Aunque me gustaría pensar que he mejorado al menos un poquito con los años, en el fondo sigo siendo la reina de los «por-si-acasos»… Y a la hora de hacer las maletas, inevitablemente me asaltan las dudas y me paso de precavida, por lo que casi siempre me acabo llevando mucho más de lo que necesito, con la carga añadida (física y mental) que eso conlleva.

Todo esto me ha venido a la cabeza porque este fin de semana estamos de viaje las niñas y yo, haciendo una última escapadita antes de la vuelta al cole, y para variar, mientras yo he llenado la maleta casi hasta arriba, ¡a ellas les ha sobrado sitio! Podrían hasta haber compartido maleta. Tengo muuuucho que aprender de ellas.

Pero también hay otra manera en la que podemos pensar en el concepto de «ir ligeros de equipaje», y es en relación a nuestro equipaje emocional: todo ese peso con el que cargamos, consciente o inconscientemente (juicios, culpa, resentimiento…), y del que nos vendría muy bien liberarnos. Ese peso no va a desaparecer por arte de magia, por mucho que miremos para otro lado o intentemos taparlo. Pero sí que se puede aligerar, y mucho, a través de un trabajo profundo de toma de conciencia y desarrollo personal.

¿Y tú? ¿Ya viajas ligero de equipaje? ¿O sigues cargando con mucho más de lo que necesitas?