Como ya viene siendo tradición en este blog, escribo mi post vacacional desde mi lugar feliz, al que tengo la suerte de haber podido regresar un verano más (puedes leer artículos de años anteriores aquí y aquí).

(Foto sacada hoy, al atardecer, desde la «roca-casa» en la que tanto jugaba yo de pequeña.)
Un año más, lo nuevo y lo viejo se entremezclan al reencontrarme con ciertos lugares y ciertas personas: los recuerdos conviven con el aquí y ahora, creando una sensación de continuidad. En cierto modo, siempre es lo mismo, pero a la vez, nada es lo mismo.
Heráclito decía aquello de que no puedes bañarte dos veces en el mismo río, porque ni tú ni el río seréis los mismos, al estar todo en constante cambio. Y esta otra cita sigue con la misma idea:
No encontrarás a la misma persona dos veces,
Mahmud Darwish
ni siquiera si es la misma persona.
Me parece un buen recordatorio de que todos cambiamos con el tiempo (lo queramos o no), y de que debemos darnos permiso (y dárselo a los demás) para crecer, aprender y evolucionar como personas, cada uno a su manera y a su propio ritmo, aunque eso conlleve dejar de cumplir ciertas expectativas (ya os hablaré de la «culpa de crecimiento» en otro post más adelante).
Pero también tengo que decir que, al igual que pasa con algunos lugares, aunque las personas vamos cambiando poco a poco, hay una cierta continuidad que se mantiene a lo largo de los años. Una buena analogía para entenderlo podría ser la de un árbol: un cerezo puede crecer mucho o poco, y ponerse muy frondoso o quedarse raquítico, en función de diferentes factores como el clima, el sol, el agua, los nutrientes del suelo… Pero lo que no va a hacer nunca es convertirse en un pino, una encina o una palmera.
De la misma manera, las personas tenemos una determinada forma de ser, que por supuesto puede madurar y estabilizarse con el tiempo, pero que, salvo casos de trauma grave o similares, a grandes rasgos va a continuar siendo la misma. A nuestro cerebro le cuesta mucho cambiar, y lo hace muy poquito a poco; por eso es tan importante conocer herramientas que nos ayuden a aprovechar esa continuidad (en lugar de luchar contra ella) y convertirnos progresivamente en nuestra mejor versión.
Y tú, ¿qué lugares y qué personas recuerdas que te resultan a la vez familiares y diferentes?