Dar y recibir

Hoy escribo estas líneas desde Madrid, mi segunda casa, adonde tengo la inmensa suerte de poder venir de vez en cuando. Me estoy permitiendo el lujo de disfrutar estos días haciendo cosas importantes, que no urgentes.

Una de esas cosas, por ejemplo, ha sido quedar a comer hoy con varias compañeras del máster de coaching que terminamos hace cuatro años. Y ha salido un tema de conversación superinteresante: la importancia de encontrar el equilibrio entre dar y recibir,

Porque a menudo nos centramos mucho en dar, y damos de corazón, con la mejor intención del mundo, pero… ¿Qué tal se nos da recibir? ¿Hasta qué punto nos lo permitimos?

(Pintura vista por las calles de Dublín hace unos meses, titulada Heart FM, «radio corazón». Lo más curioso es que estaba justo por detrás del dibujo de la semana pasada, Brain FM, «radio cerebro».)

Por aquí os dejo unas cuantas citas (traducidas por mí) para reflexionar sobre el tema:

Aceptar algo amablemente es un arte — un arte que casi nunca nos molestamos en cultivar.
Creemos que tenemos que aprender a dar, pero nos olvidamos de recibir,
que puede ser mucho más difícil que dar…
Aceptar el regalo de otra persona es permitirle expresar lo que siente por ti.

Alexander McCall Smith

Mientras no podamos recibir desde el corazón, tampoco podremos realmente dar desde el corazón.
Cuando añadimos juicios al acto de recibir ayuda, lo sepamos o no, estamos añadiendo juicios al acto de ayudar.

Brené Brown

Cuando damos con alegría y aceptamos con agradecimiento,
todos somos bendecidos.

Maya Angelou

Mil gracias Laura, Miriam, Lara y Alicia por el ratito de hoy; me ha encantado veros. Me habéis recordado una vez más que el trabajo de crecimiento personal no se acaba nunca, y que necesariamente implica no sólo aportar todo lo que podamos, sino también aceptar, agradecer y disfrutar todo lo bueno que la vida nos trae, y lo que aún está por llegar.

¿Y tú? ¿Qué es lo que no te estás permitiendo recibir?

Descansando

Después de tres semanas bastante intensas de vuelta al curso escolar, este fin de semana ha tocado descansar un poquito, para recuperar fuerzas y que el cuerpo no acabe pasando factura.

Eso sí, el viernes no pude evitar pasarme un ratito por la Culture Night (el equivalente a «la noche en blanco» de Madrid y otras ciudades), que es una de mis tardes-noches favoritas del año en Irlanda. Aunque esta vez, en lugar de ir al centro de Dublín, me acerqué al pueblo de aquí al lado, Lucan, donde también tenían programados varios eventos, entre ellos una exposición de arte donde vi este cuadro tan chulo:

(Cuadro de Stephen Dowling, @stephendowlingart en Instagram.)

Como ya comenté anteriormente en el blog, a mí en general me cuesta mucho pararme a descansar, aunque ya voy aprendiendo a gestionarlo mejor, por mi propio bien y el de mi familia. Y es que a veces no nos acordamos de que estando continuamente agotados no podemos convertirnos en nuestra mejor versión… No rendimos igual, ni nos relacionamos igual, ni nos queda energía para hacer nada más allá de seguir sobreviviendo.

Hay una frase que me gusta mucho y que creo que ilustra muy bien esta idea; según Google, se le atribuye tanto al general estadounidense George S. Patton como al entrenador de fútbol americano Vince Lombardi:

La fatiga nos vuelve cobardes a todos.

¿Qué pasa por tu cabeza cuando lees esta frase? Seguramente tú también lo has experimentado de alguna manera: el encontrar que no tienes fuerzas para emprender algún proyecto o hacer algún cambio grande en tu vida, por muchas ganas que tengas en teoría. Lo que a lo mejor no se te ha ocurrido es relacionarlo directamente con tu estado habitual de cansancio, o a lo mejor has pensado que tu cansancio es pasajero, y que, milagrosamente, mañana, o el mes que viene, tendrás más fuerzas (o más tiempo, que es otro aspecto del mismo problema) y podrás ponerte a ello.

Porque lo otro que también pasa es que el cansancio crónico está totalmente normalizado en nuestra sociedad, como lo es el llenar todas las horas del día de actividades, ya sean de trabajo, de aprendizaje o de ocio. Si te encuentras a alguien por la calle y le preguntas qué tal está, lo más habitual es que te conteste que muy liad@, y a ti te parecerá lo más normal del mundo. Pero así en el fondo no nos estamos haciendo ningún favor, porque, aunque estando constantemente ocupados nos parezca que estamos siendo «productivos», en realidad puede que no estemos más que dando vueltas y más vueltas a la rueda del hámster, sin avanzar ni llegar nunca a ningún sitio nuevo.

Así que hoy te invito a reflexionar un poco sobre este tema: ¿qué proyecto o cambio en tu vida estás posponiendo porque no te ves con fuerzas? Prueba a incorporar más DESCANSO en tu día a día (¡y conste que ver la tele o las redes sociales no cuenta como descanso!), y te aseguro que notarás la diferencia.

Generaciones

Escribo estas líneas desde el aeropuerto de Barajas, preparándome para volver a Dublín después de dos semanas de vacaciones en España.

Vuelvo cansada, pero también muy contenta: estos días me han cundido muchísimo. Han sido unas vacaciones ligeramente caóticas, con un par de cambios de planes sobre la marcha, pero al final ha resultado todo muy bien.

Y lo mejor, sin duda, ha sido poder conocer en persona a Mar, la primera bebé de la siguiente generación en nuestra familia, en un lugar donde el recuerdo de sus bisabuelos Ángel y Mari Carmen está siempre muy presente.

Otra generación más… Me parece muy curiosa la sensación que tengo a menudo, al juntarme con amigos, o incluso con mis hermanos, de que parece que no ha pasado el tiempo y que estamos como siempre… Hasta que miramos a nuestros hijos, a las nuevas generaciones, ¡y entonces sí que nos damos cuenta!

Como no podían faltar, aquí van unas cuantas citas para reflexionar sobre el tema:

Cada generación se imagina
más inteligente que la anterior
y más sabia que la posterior.

George Orwell

Debemos recordar a todas las generaciones
que hay tanto que aprender como que enseñar.

Gloria Steinem

Lo que una generación considera un lujo,
la siguiente lo ve como una necesidad.

Anthony Crosland

Y una que me ha hecho mucha gracia:

Desde la más remota antigüedad, los viejos han hecho creer a los jóvenes que son más sabios que ellos, y para cuando los jóvenes descubrían que eso era una tontería, ya eran viejos también, y les beneficiaba seguir con el engaño. - W. Somerset Maugham

Cerrado por vacaciones (III)

Como ya viene siendo tradición en este blog, escribo mi post vacacional desde mi lugar feliz, al que tengo la suerte de haber podido regresar un verano más (puedes leer artículos de años anteriores aquí y aquí).

(Foto sacada hoy, al atardecer, desde la «roca-casa» en la que tanto jugaba yo de pequeña.)

Un año más, lo nuevo y lo viejo se entremezclan al reencontrarme con ciertos lugares y ciertas personas: los recuerdos conviven con el aquí y ahora, creando una sensación de continuidad. En cierto modo, siempre es lo mismo, pero a la vez, nada es lo mismo.

Heráclito decía aquello de que no puedes bañarte dos veces en el mismo río, porque ni tú ni el río seréis los mismos, al estar todo en constante cambio. Y esta otra cita sigue con la misma idea:

No encontrarás a la misma persona dos veces,
ni siquiera si es la misma persona.

Mahmud Darwish

Me parece un buen recordatorio de que todos cambiamos con el tiempo (lo queramos o no), y de que debemos darnos permiso (y dárselo a los demás) para crecer, aprender y evolucionar como personas, cada uno a su manera y a su propio ritmo, aunque eso conlleve dejar de cumplir ciertas expectativas (ya os hablaré de la «culpa de crecimiento» en otro post más adelante).

Pero también tengo que decir que, al igual que pasa con algunos lugares, aunque las personas vamos cambiando poco a poco, hay una cierta continuidad que se mantiene a lo largo de los años. Una buena analogía para entenderlo podría ser la de un árbol: un cerezo puede crecer mucho o poco, y ponerse muy frondoso o quedarse raquítico, en función de diferentes factores como el clima, el sol, el agua, los nutrientes del suelo… Pero lo que no va a hacer nunca es convertirse en un pino, una encina o una palmera.

De la misma manera, las personas tenemos una determinada forma de ser, que por supuesto puede madurar y estabilizarse con el tiempo, pero que, salvo casos de trauma grave o similares, a grandes rasgos va a continuar siendo la misma. A nuestro cerebro le cuesta mucho cambiar, y lo hace muy poquito a poco; por eso es tan importante conocer herramientas que nos ayuden a aprovechar esa continuidad (en lugar de luchar contra ella) y convertirnos progresivamente en nuestra mejor versión.

Y tú, ¿qué lugares y qué personas recuerdas que te resultan a la vez familiares y diferentes?

Abuelos

Hoy, 26 de julio, es San Joaquín y Santa Ana, y en muchos países de tradición católica se celebra el día de los abuelos (San Joaquín y Santa Ana eran los padres de la Virgen María, y, por tanto, los abuelos del Niño Jesús).

(Figuritas de Willowtree que en su día les regalamos a mis padres y a mis suegros.)

¡Qué relación tan especial, la de los abuelos con sus nietos! Un puente entre generaciones.

Yo conocí a tres de mis cuatro abuelos; hoy los he tenido muy muy presentes. Y mis hijas, por suerte, han conocido a sus cuatro abuelos y han podido pasar tiempo con ellos muchos veranos y Navidades. Siempre recordaré a mi padre jugando con Irene, mi hija mayor, cuando tenía ella como dos añitos: ¡en el suelo, haciendo torres de megablocks! En la vida había visto yo a mi padre sentarse en el suelo a jugar con nosotros. Pero eso es precisamente lo que dicen, que la alegría que dan los nietos es diferente de la que se tiene con los hijos; a los hijos hay que educarlos, y a los nietos, disfrutarlos.

Ahora es a mi hermano y a mi cuñada a quienes les toca disfrutar de ser abuelos, y la verdad es que nunca los he visto tan felices. Yo también espero algún día convertirme en abuela (pero que quede claro que no hay prisa ninguna, ¿eh, chicas? Repito: NO HAY PRISA), y cuando llegue el momento, poder disfrutar de esa ternura y esa complicidad con mis nietos.

Y tú, ¿qué recuerdas de tus abuelos? ¿Estás de acuerdo con estas frases?

Un bebé se las arregla para convertir
a su padre en un hombre
y a su abuelo en un niño.

Angie Papadakis

Los abuelos son el mejor tipo de adultos.

(Anónimo)

No hay nada como unos nietos en tus brazos
para ponerte una sonrisa en la cara,
un nudo en la garganta y ternura en el corazón.

(Anónimo)

Poder sin excusas (y sin culpa)

La semana pasada, durante una clase de eneagrama, surgió una conversación muy interesante sobre cómo nos relacionamos cada uno con el concepto de poder.

¿Qué se te pasa a ti por la cabeza cuando oyes la palabra «poder»?

A menudo la asociamos con ideas negativas, ¿verdad? Opresión, abuso, obligar a otros a obedecer por la fuerza… Y así, puede que desarrollemos la creencia de que el poder es algo malo, algo que no deberíamos tener o buscar. 

Pero no tiene por qué ser así. 

En realidad, el poder no es otra cosa que la capacidad de producir un resultado (gracias Mario por esta definición), o en otras palabras, de conseguir que las cosas que queremos salgan adelante. 

Afortunadamente, todos tenemos el poder de conseguir cosas en la vida, aunque a veces no sepamos cómo hacerlo, ni por dónde empezar. Tenemos poder para cambiar, y cambiando nosotros, cambiamos nuestras circunstancias e influimos en nuestro entorno.

"Full steam ahead" device seen at an at exhibition steam ship in Belfast,  Northern Ireland.

(Artilugio visto en el barco de vapor S. S. Nomadic, expuesto junto al museo del Titanic en Belfast. Servía para controlar la potencia utilizada para hacer avanzar o girar el barco.

Ahora bien, esto no es algo que suceda por arte de magia, ni de la noche a la mañana: cambiar requiere trabajo y esfuerzo consciente; requiere tiempo, paciencia y perseverancia. Y sobre todo, requiere algo que puede que nos cueste bastante: dejarnos de excusas y tomar ya de una vez las riendas de nuestra vida. 

Hoy me han recordado una frase que dice: «aquello que no estás cambiando, lo estás eligiendo» (¡gracias, Orla! Según Google, la cita es de Laurie Buchanan). Un poco radical, ¿verdad? Pero muy cierto.

Más radical todavía es esta otra idea de Erica Jong, de la que conocía la última frase pero no el párrafo entero:

¡Nadie a quien culpar! Por eso la mayoría de la gente llevaba vidas que detestaban, con gente a la que odiaban. ¡Qué maravilla, tener a alguien a quien culpar! ¡Qué maravilla, vivir con tu archienemigo! Aun siendo desgraciado, sientes que siempre llevas la razón. Aun estando roto, te crees absuelto de toda culpa. Pero si tomas tu vida en tus propias manos, ¿qué sucede? Algo terrible: no hay nadie a quien echarle la culpa.

Ay, qué fácil nos resulta a veces culpar a otros, o a la vida, de nuestras circunstancias, sin reconocer cómo hemos contribuido a crear esa situación. La buena noticia es que, una vez que rompemos el hábito de culpar a los demás, dejamos también de sentirnos a su merced, y recuperamos el poder sobre nuestra propia vida, aunque sobre todo al principio nos resulte incómodo. Esta también es una tarea que requiere esfuerzo e intención consciente, y sobre todo, mucha autocompasión; porque, una vez que nos damos cuenta de cómo hemos llegado hasta donde estamos y dejamos de culpar a los demás, a menudo lo que hacemos es culparnos nosotros. Y eso, lejos de ayudarnos, nos puede hundir y paralizar todavía más.

Pero, como me dijo una vez un buen amigo (gracias, Hernán): no lo mires en términos de culpa, míralo en términos de responsabilidad. Llegaste hasta aquí haciéndolo lo mejor que pudiste con la información y los recursos que tenías en cada momento. Ahora que ya sabes un poco más, de ti depende tomar mejores decisiones y adquirir mejores recursos que te lleven (o al menos, te acerquen) a los resultados que tú quieres.

El momento en el que asumes responsabilidad total por tu vida
es el momento en el que adquieres el poder
para cambiar cualquer cosa en ella.

Hal Elrod

Ahora que ya lo sabes, ¿estás dispuesto a empezar a usar tu poder, sin excusas y dejando a un lado la culpa? Si quieres adquirir recursos que te ayuden a conseguir lo que buscas, échale un vistazo a mi página de servicios.

Ajustando las velas

Hoy, revisando mis notas de Google, me he topado con esta frase que apunté hace tiempo para compartirla un día en el blog:

El pesimista se queja del viento;
el optimista espera a que cambie;
el realista ajusta las velas.

William George Ward

¿Qué te parece? Es un buen recordatorio de las distintas actitudes que podemos adoptar ante los problemas de la vida:

  • Podemos hacernos las víctimas y quejarnos de lo que nos pasa (pero sin hacer nada por cambiarlo)…
  • Podemos resignarnos y esperar ingenuamente a que las cosas mejoren por sí solas…
  • O podemos tomar cartas en el asunto, y procurar sacar lo mejor de la situación.

Esto me recuerda también a un libro que leí hace años (y que después doné en una de mis rachas de «decluttering», cosa de la que me arrepiento), titulado ¿Quién se ha llevado mi queso?, de Spencer Johnson.

A través de una historia con ratoncitos y un laberinto, el autor resalta la importancia de no acomodarnos dando por hecho que «el queso» (= lo que sea que queramos en la vida) siempre va a estar ahí. En lugar de eso, nos anima a estar atentos para detectar cuándo se avecina un cambio, sabiendo que es natural que surjan miedos al no saber cómo nos va a afectar, y a procurar adaptarnos rápidamente, pues el estar abiertos al cambio (= creer que el cambio nos va a beneficiar) en lugar de resistirlo (= creer que el cambio nos va a perjudicar) nos puede aportar muchos beneficios y aprendizajes.

Qué fácil es la teoría, ¿verdad? «No tengas miedo y abraza el cambio, que seguro que te va a ir bien». La práctica ya es otra cosa: los miedos no se disuelven como por arte de magia sólo porque sepamos que están ahí. Pero sí que podemos, con las herramientas adecuadas y haciendo el trabajo necesario, llegar a comprenderlos y gestionarlos mucho mejor, y así poder ser más dueños de nuestras propias decisiones.

¿Estás pasando ahora mismo, o crees que vas a pasar pronto, por un momento de cambio? Yo sí; estoy en un momento en el que digamos que se está moviendo mi queso. O mejor dicho: está cambiando el viento, y yo estoy buscando la mejor manera de ajustar mis velas…

(Foto a doble página de uno de los libros de Los Jóvenes Castores que leíamos de pequeñas mis hermanas y yo, donde aparece un estupendo barco pirata. ¿Se nota que no tengo experiencia real con barcos de vela? Tendré que pedirles un cursillo acelerado a mis amigos Seán y Dee.)

Premeditatio malorum

El artículo de hoy empieza con estas palabras en latín: premeditatio malorum, que podríamos traducir como «preestudiar el mal futuro».

Y aunque parezca de broma, como las frases en latín falso que leíamos en los cómics de Astérix, resulta que sí que es una expresión auténtica de hace siglos. Se trata de una técnica de los antiguos filósofos estoicos que aprendí en el curso de estoicismo de Autognosis (¡gracias, Luis!)

(Flores dibujadas por Eva, la artista de la familia, en la pizarra de la cocina.)

Esta semana han pasado unas cuantas cosas a mi alrededor que me han descolocado bastante, cosas que me han hecho plantearme situaciones que hasta hace poco ni se me habrían ocurrido. Y dándole vueltas, sin darme cuenta, me he puesto en lo peor. Que es precisamente en lo que consiste este ejercicio: en permitirnos durante un tiempo determinado ponernos en esa situación que nos da miedo que ocurra.

Pero no de manera masoquista, con la intención de sufrir más, sino, paradójicamente, para sufrir menos. Cuando surgen las preocupaciones por el futuro, ya sabemos que a la mente no le vale con que le digamos que no se preocupe; se va a preocupar igual. Así que lo que propone esta técnica no es huir de ese pensamiento ni intentar taparlo, sino darle la oportunidad de aflorar. Así, visualizando e imaginándonos el peor caso posible como si de verdad estuviera ocurriendo, nos permitimos asimilarlo, procesarlo, y aceptar más tranquilamente la posibilidad (aunque sea remota) de que nos ocurra.

Pero además, esta técnica también nos ayuda a estar mejor preparados para lo que pueda pasar, o incluso a reducir las probabilidades de que ocurra, si hay cosas que podemos hacer para intentar evitarlo. Esto es lo que yo hice también sin darme cuenta: pasé al modo ¿qué haría yo en esta situación? ¿Cómo lo gestionaria? ¿Con qué recursos contaría? Y a partir de ahí, tomé una serie de decisiones hipotéticas que me proporcionaron una imagen más o menos clara de ese futuro imaginario, que ya no parecía tan terrible.

Al fin y al cabo, se trata de «descatastrofizar» esa amenaza futura a base de aterrizarla, darle forma y trazar un plan de acción que tranquilice a nuestra mente, al situarnos en el panel de mando en lugar de dejarnos a merced de los acontecimientos.

Para obtener los mejores resultados, lo ideal es hacer este ejercicio por escrito, reservando un tiempo prudencial (no demasiado largo) para ponerte en la situación, imaginarte los detalles y observar las emociones y los pensamientos que van surgiendo. ¿Qué opciones tienes?

Puedes ir escribiéndolo todo en tres columnas:

  • Situación: tu miedo, el peor caso posible.
  • Prevención: ¿qué está bajo tu control para evitar que ocurra?
  • Gestión: si termina ocurriendo, ¿qué está bajo tu control para solucionar o mitigar el problema?

Así, mirando de frente la amenaza y reflexionando sobre ella, paradójicamente la ansiedad baja, en lugar de subir. Porque pasamos de estar preocupados por el problema a estar ocupados construyendo la solución. Y además, como todo queda por escrito, una vez acabado el ejercicio, la mente ya puede liberarse de ese tema y volver a concentrarse en otras cosas.

Como nota final, valga un recordatorio de que somos más fuertes de lo que nos creemos. Y como decía Marco Aurelio, uno de los grandes filósofos estoicos:

No temas al futuro.
Lo enfrentarás con las mismas armas
con las que enfrentas el presente.

Cita del día

¿Te gustan las citas y frases célebres? Si llevas un tiempo leyendo este blog, sabrás que a mí sí, y que a menudo pongo alguna en mis artículos, aunque intento no pasarme.

Hoy, al encender el ordenador, Google me ha mostrado una cita de Ralph Waldo Emerson que ya conocía (esta es mi propia traducción del original en inglés):

Lo que queda detrás de nosotros
y lo que nos espera delante
no es nada comparado
con lo que llevamos dentro.

Bonita, ¿verdad? Me he puesto a buscar más citas suyas y me han salido un montón; aquí abajo os pongo una selección.

(Foto tomada este fin de semana, turisteando por Irlanda del Norte con Merche, Nacho y Miguel, ¡gracias chicos!)

La gente no parece darse cuenta
de que su opinión del mundo
es también una confesión de su carácter.

Lo que haces habla tan fuerte
que no puedo escuchar lo que dices.

Sin ambición, uno no empieza nada.
Sin trabajo, uno no termina nada.
El premio no va a venir él sólo.
Tienes que ganártelo.

Una vez que tomas una decisión,
el universo conspira para que ocurra.

Y una que me ha sorprendido:

Hazte tu propia Biblia.
Selecciona y recopila todas las palabras y oraciones
que en tus lecturas te hayan resonado
como el estruendo de una trompeta.

Un pie delante de otro

Empezamos una nueva semana, y yo me la imagino como una hoja en blanco que ir rellenando día a día, a ser posible con buena letra.

A veces, hay temporadas en que la vida no da para mucho más que para ir haciendo lo imprescindible cada día. Y eso está bien, es lo que toca.

Pero cuidado con no quedarnos ahí atascados más tiempo del necesario…

Esta cita la he encontrado (en inglés) en un libro que tengo por casa; no decía el autor, y no he sido capaz de localizarlo.

No te pases tanto tiempo concentrado
en poner un pie delante del otro
que te olvides de mirar hacia dónde vas.

(Foto sacada hace aproximadamente un año, bajando desde la Alhambra hacia el centro de Granada.)

En otras palabras: levanta de vez en cuando la mirada del camino, y comprueba si realmente vas en la dirección que quieres.

Marcarte un destino te ayudará a dar pasos más firmes y más acertados. Y pararte de vez en cuando a afilar la sierra te dará la claridad y las herramientas que necesites para seguir avanzando.

Y tú, ¿hacia dónde vas? ¿Y qué pasos vas a dar esta semana para irte acercando?