Te queremos, Mamá

Durante la madrugada de ayer sábado falleció mi madre, a los ochenta y tres años de edad. Tras varios años de enfermedad y unos últimos meses con mucho dolor, al fin pudo irse tranquila y pacíficamente, habiendo pasado sus últimos días en casa y rodeada de su familia.

Descanse en paz.

Black and white headshot of a young woman in her wedding outfit

Al escribir estas líneas, no puedo evitar acordarme de cuando nos despedimos de mi padre hace dos años. Los dos construyeron su vida juntos (¡sesenta años de casados!), y entre los dos nos transmitieron a mis hermanos y a mí un ejemplo y unos valores que se quedan con nosotros para siempre, junto a su recuerdo.

Lo que más llamaba la atención de mi madre era su actitud positiva ante la vida, lo cual, junto a su fortaleza y su fe ciega en los médicos, la ayudó a superar todo tipo de dificultades y problemas de salud a lo largo de los años. Amigos y conocidos recordaban ayer con cariño su sonrisa, su alegría y su amabilidad, que complementaban muy bien la seriedad y rectitud de mi padre. Por supuesto, yo como hija también tengo recuerdos de las buenas regañinas que nos echaba de vez en cuando (de pequeños y no tan pequeños), pero también recuerdo todo lo que nos cuidaba y se preocupaba por nosotros.

Ahora que lo pienso, mi madre tenía unas cuandas frases icónicas que nos decía con frecuencia y que a mí me ayudaban mucho, dada mi tendencia al perfeccionismo, a machacarme por cometer errores y a sentirme culpable por cualquier mínima cosa que yo considerara que no había hecho bien. A menudo las decía para animarnos tras alguna crítica de mi padre, que era un poco Don Perfecto, y que nos ponía las expectativas más bien altas (o quizá es que nos las poníamos nosotros solos también).

Una era que Dios no está todo el día con una libretita apuntando cada cosa que hacemos mal – frase que tiene bastante mérito, creo yo, viniendo de una época en la que la doctrina católica no se cuestionaba, al menos en España, y todo estaba basado precisamente en la culpa y en el pecado. Otra era que en este mundo todo tiene solución, menos la muerte, y que si se mete la pata, pues se saca con mucho cuidado, se pide perdón, y listo. Estas dos nos ayudan a echarle perspectiva a cualquier problema que se nos presente.

Pero la frase estrella que siempre nos decía mi madre a mis hermanos y a mí era la de que en este mundo nadie es perfecto, salvo Dios… y no podía evitar añadir: ¡y tu padre!

Perfectos o imperfectos, lo que está claro es que mi madre estaba muy orgullosa de todos nosotros, al igual que lo estaba mi padre: primero, de sus hijos, y más adelante también de sus nietos, todos y cada uno de ellos. Y su mayor ilusión siempre era juntarnos todos para celebrar algo, lo que fuera, daba igual, lo importante era estar juntos.

Ahora somos nosotros los que estamos orgullosos de ella. Por ser nuestra madre, suegra y abuela, y por haber superado como una campeona todo lo que se le puso por delante, hasta el día en que decidió que ya era momento de irse.

Hasta siempre, Mamá, te queremos mucho. Y como tú siempre decías al despedirte por teléfono: muchos, muchos, muchos, muchos besos.

4 pensamientos sobre "Te queremos, Mamá"

  1. Ay Bety!
    Tus palabras me han emocionado profundamente!
    Me uno a la tristeza porque siempre nos hará falta, pero también a la alegría de honrar su vida y la certeza de que el amor es tan poderoso que traspasa las fronteras de la muerte. Lo que siempre guardo en mi corazón es la calidez de su trato y cuanto más le decía yo: “Muchas gracias”, ella me respondía con su gran sonrisa “ muchas veces” . Yo sigo diciéndole así y estoy segura que desde la luz que es ahora me responde tal cual. Un abrazo muy grande!

  2. De aquellos años de universidad solo tengo en mi cabeza un par de imágenes de tu madre, pero si, era sonriendo.
    Un abrazo muy fuerte Bea.

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