Si os gustan los temas de productividad y desarrollo personal, seguro que habréis visto muchas veces la típica matriz para categorizar tareas teniendo en cuenta su nivel de urgencia y de importancia (y si no, os animo a buscarla, es la llamada matriz de Eisenhower, y es una ayuda estupenda para establecer prioridades).
Pues bien, esta semana he tenido el lujo de poder dedicar mi tiempo a cosas verdaderamente importantes, que no urgentes.
Cosas que importan.
Personas que importan.
Momentos, lugares y recuerdos que importan.

No, no me he dedicado a hacer puzzles estos días; esta foto no es de ahora, es de hace unos meses.
Este puzzle me lo regalaron mis hijas por mi cumpleaños, y tardamos un par de semanas en terminarlo entre todas. Lo pongo aquí como ejemplo de la idea que os quiero transmitir: el dedicar tiempo intencionadamente a las cosas y a las personas que de verdad importan. Porque, como tal vez habréis podido comprobar ya, como no le pongamos intención, lo urgente (sea o no sea importante) se acaba comiendo todo el tiempo disponible.
Pero claro, ¿cómo averiguar qué es lo que de verdad importa? La clave es que la respuesta no es la misma para todos; para cada persona será ligeramente diferente, porque las prioridades y las inquietudes de cada uno son diferentes, por mucho que haya temas más o menos universales con los que todos nos podamos identificar.
Al fin y al cabo, se trata de identificar nuestros valores: los principios fundamentales que consideramos más importantes, y que nos sirven de guía para tomar decisiones diariamente. A cada uno nos toca decidir qué valores encajan mejor con quienes realmente somos y lo que queremos vivir y fomentar en nuestra vida, a menudo sopesando si queremos mantener los que hemos heredado de nuestra familia o de la sociedad, o si queremos poner, quitar o cambiar algunos.
La recompensa por hacer este trabajo de aclarar nuestros valores es que vamos a poder tomar decisiones más conscientes y más coherentes, y también darnos cuenta cuando entramos en conflicto interno, por ejemplo cuando tenemos valores contradictorios (heredados o adquiridos) que nos ponen en una encrucijada, o cuando actuamos de una manera que satisface a los demás, o que en teoría es «lo que hay que hacer», pero que de alguna manera traiciona nuestros valores y nos hace sentir mal. El actuar en concordancia con nuestros valores nos va a permitir estar más en paz con nosotros mismos.
¿Listo para empezar? Aquí tienes un ejercicio muy sencillo pero muy potente:
- Busca un listado de valores (hay un montón en internet) y elige los que más te resuenen, entre cinco y diez.
- Puedes hacerte preguntas como: ¿Qué ha sido para ti lo más importante en tu vida? ¿Qué es lo más importante ahora? ¿Y qué más?
- Escríbelos en forma de lista.
- Esos van a ser tus valores principales.
- Puedes preguntarte: ¿Qué es lo que tiene que pasar para que yo sienta que este valor se está cumpliendo en mi vida? ¿Qué es lo que no tiene que pasar? ¿Me lo estoy poniendo fácil o difícil para cumplir este valor?
- Establece una jerarquía entre ellos, es decir, pónlos en orden de prioridad.
- Este paso es esencial para poder tomar decisiones claras cuando se presente un conflicto entre valores.
- Una forma de hacerlo es ir comparando de dos en dos, y hacer una rayita junto al valor que consideres más importante en cada caso: comparar el primero con el segundo, el primero con el tercero, el primero con el cuarto, etc.; luego el segundo con el tercero, el segundo con el cuarto, etc., hasta haber comparado todos con todos.
- Si te resulta difícil decidir, piensa en ejemplos concretos, o incluso en situaciones extremas. Por ejemplo, si comparas libertad con armonía: ¿prefirirías un mundo donde todo el mundo fuera libre pero no hubiera nada de armonía, o un mundo muy armonioso pero donde nadie fuera libre? ‘
- Reescribe la lista, numerando los valores.
- Pon en primer lugar el valor que tenga más rayitas, luego el siguiente, y así sucesivamente.
- Repasa la lista y comprueba que estás contento con ella.
- ¿Te resuena tal y como está? ¿La sientes como tuya? ¿O necesita algún cambio?
Espero que estos pasos te ayuden a aclarar tus valores, igual hasta te encuentras alguna sorpresa. Y si quieres, escríbeme, y yo te cuento los míos…