Una vez más, el fin de semana se me ha pasado muy rápido, y me he quedado con la sensación de no haber hecho ni la mitad de las cosas que hubiera querido. Lo cual probablemente quiere decir que había planeado como el doble de cosas de las que, siendo realistas, me caben en un fin de semana.
¿Te pasa a ti también esto? Es bastante normal; a las personas se nos da fatal estimar el tiempo que tardamos en realizar una tarea o un proyecto (más sobre este tema aquí).
Para mí, una consecuencia habitual de no ser realista con mi tiempo es que a menudo acabo descansando y durmiendo menos, porque hay cosas que no quiero dejar sin hacer, aunque ya se me acaben las horas del día. Y así, sin darme cuenta, me meto en una rueda de cansancio atrasado que no hace sino traerme más problemas…
Esta semana me he pillado otra vez en esa rueda. Y sólo de mí depende salir de ella.
A veces nos da la sensación de que no hay más remedio que llenarnos el día de tareas y seguir hasta caer de agotamiento. O igual ya estamos agotados, pero no le hacemos caso a nuestro cuerpo. ¿Hasta cuándo? ¿Es que tenemos que esperar a que la vida nos dé un susto para empezar a cuidarnos?
Lo bueno es que la vida (o más bien, nuestro cuerpo) nos va dando avisos, nos va indicando cuándo el ritmo que llevamos ya no es sostenible. El caso es aprender a escuchar, para que, cuando aparezcan las señales, podamos tomar nota y hacer algo al respecto.
Pero claro, para poder escucharnos, primero tenemos que crear un poco de silencio. Y para eso no ayuda el estar rodeados de ruido y distracciones continuas, como lo estamos hoy en día. Hace falta hacer un esfuerzo consciente por «desconectar» un poquito de lo de fuera, para poder conectar con lo de dentro y hacer balance de cómo estamos de verdad.
Esto me recuerda a dos cosas: por un lado, a la primera frase de la Desiderata: «Camina plácidamente entre el ruido y la prisa, y recuerda cuánta paz puede haber en el silencio»… Si esto ya era verdad hace más o menos un siglo, sin lugar a dudas es más cierto ahora que nunca.
Y por otro lado, a esta cita que yo creía que ya os había contado, pero parece ser que no:
Casi todo volverá a funcionar
Anne Lamot
si lo desconectas durante unos minutos,
incluid@ tú.
Y si son unas horas, o unos días, o incluso semanas, mejor que mejor.

(Póster visto en una tienda de Avoca: «estar offline (desconectado de internet) es el nuevo lujo.» Esta frase daría para otro artículo entero, que algún día a lo mejor escribiré.)
Y a ti, ¿te hace falta pulsar el botón de reinicio?









