101100

Estos son los años que he cumplido esta semana: 101100.

En formato binario, por supuesto, haciendo honor a mi formación en informática y al título de este blog 🙂

Pero como las personas somos mucho, muchísimo más que una sola identidad, y además porque nunca me ha gustado esa división entre ser «de ciencias» o «de letras» (que al menos en España hace unos años se llevaba mucho), os lo cuento también con letras:

Estos son los años que he cumplido esta semana: XLIV, en números romanos.

Y ya si nos ponemos muy «frikis» (que es un término con el que sí que me identifico, porque, si lo piensas, en el fondo todos somos «frikis» de algo), lo podemos poner en hexadecimal también: 0x2C.

La única pena es que no lo he podido poner en un código de escritura que me hubiera hecho mucha ilusión, pero que por desgracia sólo tiene símbolos para las letras, y no para los números… Igual un día llevo mi frikismo al extremo y me invento los números en Dada Urka 🙂

Compañeros de camino

Escribo estas líneas desde el aeropuerto de Barajas, esperando mi vuelo de vuelta a Dublín.

Durante unos días he tenido la oportunidad de permitirme hacer un alto en el camino, poner entre paréntesis el ritmo (a menudo acelerado) de mi vida cotidiana, y prestar atención a lo verdaderamente importante… Ha sido todo un lujo, y por ello estoy enormemente agradecida.

Entre otras muchas cosas, he disfrutado un montón compartiendo tiempo, cariño y conversaciones con varias personas que en algún momento fueron, o tal vez aún son, mis compañeros de camino.

  • Mi madre y mis hermanos, que fueron los primeros compañeros que tuve en mi vida, y que me acompañan siempre aunque sea en la distancia.
  • Mis cuñados, tan cariñosos como siempre, y mis sobrinos, la siguiente generación, que viene con una fuerza tremenda (sois todos un encanto chicos 😉)
  • Mi primo del alma, al que hacía mil años que no veía 🙂 (no sabes la ilusión que me hizo verte, Borja)
  • Amigos de la familia que son tan cercanos como la familia misma, con los que sabemos que siempre podemos contar.
  • Amigos de esos con los que no importa cuánto tiempo pase sin vernos, la conexión se mantiene y se sigue fortaleciendo (vosotros sabéis quiénes sois)
  • Un reencuentro que nos llevó al baúl de los recuerdos, a paso de baile… (¡mil gracias por todo Cristina!)
  • Y hablando del baúl de los recuerdos, hasta hubo tiempo para unas risas viendo fotos de mi primera comunión 😀

La guinda final del pastel ha sido ya hoy, cuando he tenido la inmensa suerte de conocer en persona a varios colegas en esta nueva aventura de reinvención en la que me he embarcado. Aunque llevemos menos tiempo caminando juntos, ya estáis dejando también vuestra huella, estamos creciendo juntos, y lo que nos queda por compartir…

La verdad es que vuelvo a casa con alegría, atesorando los momentos que he pasado con todos vosotros. Muchísimas gracias, compañeros de camino.

Hasta siempre, Papá

Esta semana falleció mi padre, a los ochenta y ocho años de edad. Descanse en paz.

Dicen que la mejor manera de predicar es con el ejemplo, y así es exactamente como lo hizo él. De manera firme pero a la vez cálida y sencilla, a través de su actitud, sus costumbres y su ética personal y profesional, nos dio un magnífico ejemplo a mis hermanos y a mí, y más adelante también a sus nietos.

Muchos recuerdan su buena memoria, su talante algo serio aunque con buen humor de fondo, y la calidad de su trabajo, siempre impecable. Pero lo que aparece con más frecuencia en las conversaciones al recordarle, lo que más grabado se ha quedado en la memoria de quienes le conocieron, es la manera que tenía de felicitar los cumpleaños.

En esta era en la que muchos parecemos dedicarnos a «coleccionar amigos» en las redes sociales, y nos mandamos mensajes cada vez más superficiales, él dedicaba tiempo todos los días a sentarse a escribir tarjetas a mano, y así felicitar personalmente a los amigos, familiares y conocidos apuntados en su agenda, que eran muchos. Y a la familia más cercana, cuando había confianza, la felicitación nos llegaba en forma de mensaje al móvil justo a medianoche, para que empezáramos a celebrar nuestro cumpleaños desde el primer minuto.

Guardaba un lugar en sus pensamientos y en su corazón para cada persona que pasó por su vida, ya fuera que los viera a menudo o que hiciera décadas que no los viera. Un ejemplo precioso que me gustaría seguir (aunque sea de otras formas más modernas), no sólo por lo que es sino también por lo que representa: darle importancia a lo importante. Y el trabajo es importante, claro que sí, y es importante hacerlo lo mejor posible. Pero aún más importantes, siempre, son las personas.

Gracias por tu ejemplo Papá, por tantas cosas que he tenido la suerte de aprender de ti. Y hasta siempre.

Incertidumbre

Las Navidades ya están a la vuelta de la esquina, y no sé a vosotros, pero a mí este año me está costando meterme en el espíritu navideño. En una época en la que lo que se suele hacer son planes, la incertidumbre pesa todavía más que de costumbre… Y digo que de costumbre porque me atrevería a decir que, de dos años para acá, todos nos hemos adaptado a cierto nivel continuo de no saber qué va a pasar. Y sabemos que en un momento u otro van a seguir apareciendo situaciones inciertas.

snowy pathway surrounded by bare tree

Pero claro, como a nuestro cerebro no le gusta nada la incertidumbre, si lo dejamos en piloto automático gasta mucha energía manteniéndose alerta y poniéndose en lo peor, de modo que acabamos estresándonos inútilmente hasta acabar agotados. Y eso es insostenible a largo plazo.

¿La solución? Aprender a estar cómodo con la incomodidad de no tener certeza absoluta, de no saber cómo van a salir las cosas, de no tenerlo todo controlado.

Y para eso, ¿qué es lo que ayuda mucho? Confiar.

Confiar en que todo va a salir de la mejor manera posible, de la manera que tiene que salir, aunque no sea la que nosotros queramos ni entendamos ahora mismo el porqué. Cuando nos atrevemos a soltar y a confiar en la vida, la historia cambia. La incertidumbre puede que siga ahí, pero el miedo desaparece.

Os copio unas palabras de Brené Brown sobre este tema, que ella relaciona con la vulnerabilidad:

Me pasé muchos años tratando de ser más rápida y más lista que la vulnerabilidad haciendo que las cosas fueran seguras y definitivas, blancas y negras, buenas y malas. Mi incapacidad para acoger la incomodidad de ser vulnerable limitó la plenitud de esas experiencias tan importantes que se forjan en la incertidumbre: el amor, la pertenencia, la confianza, la alegría y la creatividad, por nombrar unas pocas.

Felices fiestas. Que la incertidumbre no te impida vivirlas plenamente, tal vez este año de una manera nueva y diferente.

Volver a empezar

Dicen que cada día es una oportunidad para empezar de nuevo… Y sí que es cierto, pero también es verdad que hay ciertas épocas del año en las que es más fácil tener esa sensación de borrón y cuenta nueva. Como por ejemplo en los cambios de estación: al cambiar el clima y la longitud de los días aprovechamos no sólo para renovar el vestuario, sino también para adaptar nuestras costumbres a lo que toca según la temporada.

Y uno de los cambios de estación que más nos revoluciona es el inicio del curso escolar, que tanto en Irlanda como en España (donde vivo y de donde soy, respectivamente), ocurre en el mes de septiembre.

"Back to school" written on a black backboard

Es un momento en el que me suelo sentir con muchas ganas de empezar nuevos proyectos, de crear nuevas rutinas, volviendo a la estabilidad después del cambio de aires del verano.

Y este año no es una excepción, al contrario: me hace todavía más ilusión, porque este año tocan cambios a lo grande en mi vida personal y en la profesional (si es que hay manera de separar las dos), y por una vez me estoy animando a aceptar el reto de abrazar la incertidumbre, de caminar hacia ella en lugar de evitarla… La verdad es que no tengo muy claro ni cómo me saldrá ni dónde acabaré, pero lo que sí sé es que va a ser un camino muy interesante, lleno de retos, y que voy a aprender un montón, ¡qué ganas de empezar! 🙂

Amistades

Cuando estaba en la universidad, mi amiga Merche tenía en su cuarto un póster que a mí me gustaba mucho. El dibujo era una caricatura muy colorida de un grupo de animales todos juntos, creo recordar que había una jirafa, un elefante… Y la frase, que estaba en inglés, decía: «Friendship comes in all shapes and sizes» (hay amistades de todos los colores y tamaños).

A lo largo de los años vamos conociendo a muchas personas, creando amistades, compartiendo etapas de nuestra vida con unos y con otros. Y aunque quizá en general tendemos a buscar personas con las que tenemos bastante en común, cuando hacemos amigos que son de alguna manera diferentes (y hay mil maneras de ser diferente), la amistad resulta si cabe mucho más enriquecedora: nos ayuda a crecer, a ensanchar nuestro mundo, a ver otras perspectivas.

Algunas amistades se pierden con el tiempo, otras permanecen, y otras van cambiando con los años. Y es completamente natural: ni tú ni ellos sois los mismos de hace un año, o hace diez, o hace veinte, y a veces los caminos de cada uno van en distintas direcciones. Pero eso no resta valor para nada al cariño y al tiempo que compartisteis.

Y afortunadamente, sin saber muy bien por qué, hay ciertas amistades por las que no pasa el tiempo. No importa desde cuando llevemos sin vernos, o si hemos perdido el contacto durante unos meses, o unos años… Al volver a encontrarnos, vuelve la misma confianza de siempre, la misma alegría, el mismo cariño.

Tengo la inmensa suerte de haber ido encontrando de esos buenos amigos por los que no pasa el tiempo. Y esta semana me he podido reunir con varios de ellos. Mil gracias chicos, vosotros sabéis quiénes sois 😉

Original by Dani&She

Un regalo inesperado

Yo en general no soy mucho de bañarme en la playa; me crié en el interior y tengo poca costumbre, pero una cosa que sí que me encanta es pasear por la orilla y remojarme los pies. 

Ayer por la tarde tuve el placer de hacer precisamente eso, mientras veía una preciosa puesta de sol. Había hecho mucho calor durante el día, pero a esa hora la temperatura se había suavizado y se estaba genial, hasta el agua me pareció menos fría de lo habitual… La mayoría de la gente ya se había vuelto a casa, y ya sólo quedaban unos pocos. Y en aquel momento, todo era paz y tranquilidad.

Qué gozada.

Así que iba yo paseando tranquilamente, en mi propio mundo, disfrutando del paisaje, pensando en mis cosas, alegrándome de haber aparcado mi lista de tareas un ratito para vivir el momento presente (y dándole forma en mi cabeza a un post sobre prioridades, que ya escribiré otro día), cuando otra visitante de la playa sacó esta foto tan chula:

Bea walking along the beach at dusk, her reflection showing in the water

Un regalito inesperado, y un precioso recuerdo, ¡gracias Sharon!

Pilas recargadas

De vez en cuando viene bien cambiar de aires, aunque sea por un par de días, para salirse un poco de la rutina diaria, cambiar de perspectiva y recargar pilas. Este verano, por segundo año consecutivo, me he llevado a las niñas a unas mini-vacaciones por Irlanda, o como está de moda decir, a una staycation (vacaciones sin salir del país).

La verdad es que es una gozada salir a conocer sitios nuevos, o volver sitios conocidos de hace años… Y estos tiempos de confinamiento me han hecho apreciar más que nunca estas oportunidades. Me ha encantado volver al anillo de Kerry, y hemos tenido el privilegio de verlo a nuestro ritmo, sin agobios, y sin el sinfín de autobuses de turistas que normalmente invaden estas tierras en los meses de verano. 

Durante este viaje en familia hemos tenido un poco de todo: sorpresas, cambios de planes, mucha música en la radio (de calidad variable), muchos helados (¡y chocolate!), y sobre todo, muchos paisajes chulísimos. Para muestra esta foto de los acantilados de Kerry:

View of the Kerry cliffs and the sea

Total, que nos llevamos un montón de buenos recuerdos para aguantar hasta la próxima escapada. Y si está genial salir de vacaciones unos días, está genial también volver después a casa 🙂

Después de este descansito (más mental que físico, tengo que decir), retomo mi día a día con energías renovadas, sobre todo el par de proyectos en los que estoy trabajando y que me hacen mucha ilusión, uno de ellos por supuesto este blog. Seguiremos informando.

Historial de versiones

Las circunstancias excepcionales que hemos vivido este último año han hecho que muchos de nosotros nos planteemos reinventarnos, ya sea por necesidad, a raíz de cambios en nuestra vida y en nuestro entorno, o simplemente por haber tenido más tiempo para reflexionar, echar un vistazo sincero a nuestra vida y cuestionarnos la posibilidad de cambiar de rumbo.

La palabra «reinvención» a mí me sonaba un poco radical, y la verdad es que me daba bastante respeto (por no decir miedo). Hasta que recordé lo que me dijo una vez mi buena amiga Bea: que a lo largo de nuestra historia vamos viviendo en realidad muchas vidas; cada vez que pasamos página, es una vida nueva.

Y me di cuenta de que yo ya me había reinventado, y más de una vez.

Life cycles of man and woman.

Habiendo estudiado informática, lo que me vino a la mente fue comparar cada una de esas reinvenciones con un «cambio de versión» en mi vida. Cada cambio significativo ha sido un avance, un aprendizaje, que he podido incorporar a esa versión siguiente de mí misma. Algunos de esos acontecimientos los he elegido yo, y otros no. Unos han sido más grandes que otros, al igual que un sistema operativo o aplicación a veces se actualiza a una versión «mayor» o «menor» (si esto te suena a chino, aquí hay más información sobre el versionado de software).

Así que me puse manos a la obra, y me construí mi propio historial de versiones:

  • V0 (versión cero) – Llego a este mundo (concretamente a Cáceres, España) el 10 de marzo de 1978.
  • V1.0 Decido estudiar Ingeniería Informática – la primera decisión «de verdad» de mi vida.
    • V1.1 – Me echo novio.
    • V1.2 – Acabo la universidad y me mudo a Madrid a buscar trabajo.
    • V1.3 – Consigo mi primer trabajo, en una consultora.
    • V1.4 – Cambio de trabajo, mi proyecto asignado no sale adelante y me despiden.
    • V1.5 – Encuentro otro trabajo, en otra consultora.
    • V1.6 – Me intereso por la traducción, y hago un curso de experto universitario en traducción español-inglés.
  • V2.0 – Me caso y me voy a vivir a Dublín, Irlanda.
    • V2.1 – Consigo mi primer trabajo en Irlanda, de analista-programadora, en una empresa estupenda (nada de consultoras).
    • V2.2 – Nace mi hija Irene – me convierto en madre.
    • V2.3 – Pierdo mi segundo embarazo en un aborto espontáneo.
    • V2.4 – Nace mi hija Alicia.
    • V2.5 – Hago un curso de Programación Neurolingüística (PNL).
  • V3.0 Decido hacer una pausa en mi carrera laboral, y pasar más tiempo con mis hijas.
    • V3.1 – Hago un curso de profesora de español como segunda lengua.
    • V3.2 – Nace mi hija Eva.
  • V4.0 Me separo de mi marido (más adelante me divorcio).
    • V4.1 – Empiezo a trabajar en otra empresa estupenda, como analista de sistemas.
    • V4.2 – Me compro mi propia casa para vivir con mis hijas.
    • V4.3 – Me paso de informática a un puesto de business, dentro de la misma empresa.
    • V4.4 – Me adapto a trabajar desde casa y modificar la rutina de custodia compartida.

Así que ya lo veis: al menos tres reinvenciones, tres grandes cambios, con sus pequeños cambios graduales entre medias… Curiosamente, el primer cálculo me salió de tal manera que acababa en la versión 4.3, a mis 43 años 🙂

Espero que este ejemplo os anime a pensar en vuestra propia experiencia, en cómo ya habéis avanzado de versión un montón de veces, enfrentándoos a retos grandes y pequeños, y en cómo los habéis superado y habéis ido aprendiendo de todos ellos… eso os dará confianza para enfrentaros a lo que sea que venga después, y seguir evolucionando.

Mientras tanto yo, como no podía ser de otra manera, estoy ya trabajando en mi cuarta reinvención, preparando la versión 5.0.