Expresiones intraducibles: to pack light

Hacía tiempo que no le dedicaba yo un artículo del blog a alguna frase o expresión de las que yo llamo intraducibles, que no es que sean exactamente imposibles de traducir, sino que pierden bastante la gracia (o, digamos, su elegancia) al traducirlas del inglés al español o viceversa.

La expresión de hoy es to pack light, y aquí el problema no es con la palabra light, que se traduce directamente como «ligero/a», sino con el verbo to pack, que en este contexto tiene una traducción mucho más larga y más torpe, al menos en el español de España: «hacer las maletas» (en otras versiones del español existe la palabra empacar, que sí que es más corta, pero a mí me resulta súper rara).

Para mí, la traducción que mejor transmite la idea detrás de to pack light es «ir ligero de equipaje», y en ambos idiomas, el significado va más allá del mero hecho de hacer las maletas: se refiere a una manera de viajar, y si me apuras, hasta a una filosofía de vida.

(Foto que le saqué con prisas una vez a una persona que vi por la calle, o más bien, a su bolsa. Me encantó ese dibujito de la línea que es de todo menos recta, metáfora del viaje de la vida; me recordó mucho a la imagen que utilicé hace unos años en este artículo.)

Yo reconozco que nunca he sido una persona de las que viajan ligeras de equipaje, y admiro muchísimo a los que son capaces de hacerlo. Aunque me gustaría pensar que he mejorado al menos un poquito con los años, en el fondo sigo siendo la reina de los «por-si-acasos»… Y a la hora de hacer las maletas, inevitablemente me asaltan las dudas y me paso de precavida, por lo que casi siempre me acabo llevando mucho más de lo que necesito, con la carga añadida (física y mental) que eso conlleva.

Todo esto me ha venido a la cabeza porque este fin de semana estamos de viaje las niñas y yo, haciendo una última escapadita antes de la vuelta al cole, y para variar, mientras yo he llenado la maleta casi hasta arriba, ¡a ellas les ha sobrado sitio! Podrían hasta haber compartido maleta. Tengo muuuucho que aprender de ellas.

Pero también hay otra manera en la que podemos pensar en el concepto de «ir ligeros de equipaje», y es en relación a nuestro equipaje emocional: todo ese peso con el que cargamos, consciente o inconscientemente (juicios, culpa, resentimiento…), y del que nos vendría muy bien liberarnos. Ese peso no va a desaparecer por arte de magia, por mucho que miremos para otro lado o intentemos taparlo. Pero sí que se puede aligerar, y mucho, a través de un trabajo profundo de toma de conciencia y desarrollo personal.

¿Y tú? ¿Ya viajas ligero de equipaje? ¿O sigues cargando con mucho más de lo que necesitas?

Expresiones intraducibles: the elephant in the room

Hoy quiero hablaros de elefantes y de metáforas, aunque no del mismo elefante ni de la misma metáfora a los que me refería en este otro artículo (que, por cierto, os recomiendo encarecidamente que leáis, si no lo habéis hecho todavía).

En inglés se utiliza mucho la expresión the elephant in the room (literalmente, «el elefante en la sala») para referirse a un tema difícil y problemático, algo de lo que nadie quiere hablar, pero que al mismo tiempo resulta imposible de ignorar.

Uno de esos temas es la salud mental, de la que por suerte ya se va hablando más abiertamente, aunque todavía nos queda mucho camino por recorrer. Desde hace unos años existe aquí en Irlanda un movimiento llamado precisamente así, Elephant in the Room, que promueve las conversaciones sobre salud mental en los entornos laborales, con el fin de normalizarlas. Y la manera en la que le dan visibilidad a este problema es literalmente poniendo un elefante en la sala: ya llevan casi doscientas esculturas artísticas de bebé elefante repartidas por todo tipo de empresas, instituciones y centros educativos, dentro y fuera de Irlanda. Aquí tenéis fotos de dos de ellos:

Esculturas de elefante vistas hace ya tiempo en el centro comercial de Blanchardstown (a la izquierda) y la Universidad de Maynooth (a la derecha).

Estos elefantes nos recuerdan que, tras una fachada de aparente normalidad, cualquier persona puede estar sufriendo. Y que, si nos quedamos en el «hola, ¿qué tal?» y en la conversación superficial antes de pasar corriendo a otra cosa, nunca nos vamos a dar cuenta de quién está deseando poder desahogarse. De nosotros depende el dedicar tiempo y esfuerzo a conectar con otras personas y escucharlas de verdad, para así formar parte de una red de apoyo en la que nos sostengamos los unos a los otros.

Porque, en estos tiempos, ¿a quién no le vendría bien un poco más de apoyo y comprensión? Estamos viviendo una época histórica en la que estamos a la vez más conectados y más desconectados que nunca. Y seguramente también más desconcertados que nunca, con el ritmo vertiginoso al que se mueve todo…

Se me ocurre un elefante más del que podemos hablar, uno que yo personalmente evito todo lo que puedo, aunque cada vez puedo evitarlo menos, porque ya es poco menos que omnipresente. Una tecnología tan disruptiva y radical que nadie sabe adónde nos va a llevar. ¿Adivinas cuál puede ser?

Por supuesto, me estoy refiriendo a la prodigiosa y aterradora inteligencia artificial: un ente (o más bien, la suma de millones de entes) con la capacidad tanto de producir los más maravillosos avances para la Humanidad como de causar más estropicios que un elefante en una cristalería (otra metáfora muy gráfica con el elefante como protagonista, al menos en español; en inglés la expresión es parecida pero con un toro en una tienda de cerámica).

Me he estado resistiendo a hablar aquí sobre la inteligencia artificial, y la verdad, sigo sin tener ganas de escribir sobre ella. Por el momento, baste decir que me está generando mucha incertidumbre, como estoy segura de que se la está generando a mucha otra gente, y siempre que hay incertidumbre, también hay inquietud y malestar. Curiosamente, lo que noto que me está ayudando a mí personalmente es hablar del tema con otras personas; no del tema de la inteligencia artificial en sí, sino de mis reticencias y preocupaciones, de mi incertidumbre, de mis miedos. Creo que es porque abre la puerta a que otros también puedan sincerarse y hablar un poco más abiertamente de lo que les preocupa.

Lo cual me devuelve a la idea de los elefantes y la salud mental: a veces no nos damos cuenta cuando la tensión y las preocupaciones se van acumulando, y de repente un día nos encontramos con que cargamos con un peso enorme que no sabemos ni de dónde ha salido. Una conversación abierta y sincera con alguien en quien confiemos nos puede hacer mucho bien, así como dedicar tiempo a cuidarnos de la manera que necesitemos, sin culpabilidad, para asegurarnos de estar bien y tener energía física, mental y emocional para seguir adelante.

¿Y tú, has visto alguno de los elefantes? ¿Cuál es tu favorito? ¿Y cuál es tu «elefante en la sala» en estos momentos?

Patitos en fila

Hoy Google Fotos me ha recordado dónde estaba hace más o menos un año: curioseando la tienda de una gasolinera de una conocida cadena norteamericana, Buc-ee’s (¡gracias, Tasha!)

Había una sección repleta de letreros, plaquitas y tarjetas varias con mensajes muy chulos, y hubo dos que me hicieron especial gracia. Pero antes de enseñaros la primera, tengo que explicar una expresión en inglés que podríamos incluir en la categoría de intraducibles: to have your ducks in a row, que literalmente quiere decir «tener tus patitos en fila».

¿Habéis visto alguna vez a una mamá pato caminar con sus patitos? Da sensación de orden y disciplina, ¿verdad? Pues eso es precisamente lo que transmite esta frase: el tenerlo todo bien preparado y organizado, todo bajo control, sin que se te escape nada. En el trabajo utilizamos mucho esta expresión al hablar de tareas o proyectos, o por ejemplo esta semana, que nos estamos preparando para planificar el próximo trimestre, y queremos asegurarnos de tenerlo todo bien atado.

Bueno, pues una vez entendido esto, aquí va la primera foto, de una tarjeta:

(Traducción libre del texto: «Ni tengo patitos ni tengo fila… Lo que tengo son ardillas, y están por todas partes.»

¿Habéis visto alguna vez, o si no, os imagináis, a una familia de ardillas corriendo y saltando en distintas direcciones? Imprevisible y caótica, todo lo contrario que la familia de patitos, ¿verdad? ¿Quién no ha tenido alguna vez esa sensación de que las cosas se escapan de su control y empiezan a salirse de madre?

Lo cual me lleva a la segunda foto, esta vez de una plaquita muy mona que estuve a puntito de comprar:

(Traducción libre del texto: «Mientras esté todo exactamente como yo quiero, soy súper flexible».)

Esta frase me parece buenísima, y me viene que ni pintada, como buen eneatipo 1 que soy. Refleja en clave de humor una piedrecita con la que me tropiezo mucho más a menudo de lo que me gustaría: el tener expectativas poco realistas y responder con rigidez cada vez que no se cumplen (y hoy me ha vuelto a pasar, lo siento chicas, os ha tocado bronca).

Enlazando esta idea con la anterior, me doy cuenta de que generalmente todo va bien y puedo fluir con la vida y estar tranquila hasta que se me sale un patito de la fila (o unos cuantos a la vez), y entonces vislumbro el caos y empieza el desastre… Esta plaquita para mí es un recordatorio de que es fácil avanzar cuando las cosas nos van bien; lo difícil es no echarlo todo a perder cuando dejan de ir tan bien, que, seamos realistas, va a ser bastante a menudo, porque la vida se parece mucho más a la familia de ardillas que a la de patitos, por mucho que nos cueste aceptarlo.

¿Qué te parecen a ti estas dos frases? ¿Te identificas con alguna? ¿Y de qué manera?

Expresiones intraducibles: to carve out time

Hoy añadimos otra expresión a nuestra lista particular de intraducibles. Esta vez, el original está en inglés: to carve out time, y aunque tenemos una expresión de significado equivalente en español, sacar tiempo, me parece que la versión en inglés es mucho más gráfica, y por eso resulta una metáfora mucho más potente.

Literalmente, «to carve out» significa tallar, es decir, ponerse con un cincel y un martillo a retirar trozos de un bloque sólido de madera o piedra, para formar una figura. Como os podéis imaginar, es una tarea que requiere intención, atención y mucha habilidad; tienes que tener muy claro lo que pretendes hacer y cómo hacerlo.

Trasladando esa idea a cómo gestionamos nuestro tiempo, a menudo nos encontramos en la situación de tener la agenda completamente llena, entre nuestras responsabilidades de trabajo, familia, etc., y otra larga lista de tareas y compromisos que nos autoimponemos (¡y todavía no nos parece suficiente!). Nuestra sociedad actual valora y premia el estar siempre muy ocupados, así que hemos normalizado esta manera de vivir, así como el estrés que inevitablemente la acompaña. «No me da la vida» es otra expresión súper frecuente en español que también es síntoma de este gran problema.

Por eso nos resulta tan difícil establecer nuevos hábitos que nos ayuden a mejorar nuestra salud y bienestar, porque ya estamos agotados y sentimos que no tenemos tiempo para nada. Y por eso me parece tan acertada esta metáfora del martillo y el cincel: porque no es cuestión de simplemente sacar tiempo y ya está; se trata de utilizarlo de manera estratégica, de construir algo con él, algo que nos vaya a reportar un beneficio mayor que seguir haciéndolo todo igual que antes. Y eso requiere intención, atención y mucha habilidad, además de constancia después para mantener el hábito.

Todo esto viene a que llevo ya un tiempo queriendo retomar el hábito de la lectura, que últimamente lo tengo bastante abandonado. Y lo quiero retomar, entre otras cosas, porque creo que es a la vez más difícil que nunca y más importante que nunca mantener ese hábito. Ahora mismo no me da tiempo a listar todos los beneficios que tiene la lectura (te animo a buscarlos, son impresionantes), pero lo que sí puedo hacer es dejarte una cita del doctor Seuss que me encontré en una conocida librería de Dublín, y que viene muy a cuento:

«Cuanto más leas, más cosas sabrás, cuanto más aprendas, a más sitios irás» - Dr. Seuss

Y tú, ¿para qué quieres sacar tiempo? ¿Y qué es lo que te impide hacerlo?

Juegos de palabras intraducibles

Hoy añadimos otra subcategoría a uno de los temas recurrentes de este blog: los «intraducibles»: palabras, frases y expresiones que me parecen muy torpes de traducir del español al inglés o viceversa.

El otro día estaba curioseando por El Corte Inglés (unos grandes almacenes muy famosos en España) y me topé con esto:

Descripción de la imagen: foto de la portada de un cuaderno / planificador semanal de Mr. Wonderful, con un dibujo de Mafalda (el famoso personaje de Quino) volando con cara de felicidad, y la frase: «¿Y si en vez de planear tanto VOLÁRAMOS un poco más alto?»

Me pareció un juego de palabras muy chulo, aunque el doble sentido sólo funciona en español: en inglés hay dos verbos distintos para planear en el sentido de planificar (to plan) y en el sentido de mantenerse planeando en el aire (to glide).

Pero bueno, espero que se pille la idea en los dos idiomas. Yo lo interpreto como que a menudo nos pasamos la vida haciendo planes en nuestra cabeza pero luego nos quedamos cortos a la hora de «volar», o sea, de entrar en acción.

Y en realidad, el problema no es planificar, que está muy bien, siempre que se haga en su justa medida. El peligro, como de costumbre, es irnos a un extremo, o bien por exceso o por defecto, como cuando nos quedamos atascados añadiendo detalles y mas detalles al plan, eternamente preparándonos y no viendo nunca el momento de empezar.

O como cuando caemos en lo que en inglés se llama «wishful thinking» (otro intraducible): declarar nuestra intención de hacer o conseguir algo y pensar que eso ya es suficiente planificación y que mágicamente va a suceder. En esta categoría entran también muchos de nuestros propósitos de año nuevo, y luego los sorprendemos de que duren tan poco: como no los aterricemos y los convirtamos en un plan que sea a la vez motivador y realista, de nada nos van a servir todas esas buenas intenciones.

Así que mi propuesta para este año nuevo que ya está a la vuelta de la esquina es sentarnos tranquilamente con papel y boli y contestar a estas preguntas:

  • ¿En qué área de mi vida me gustaría «volar» más (o más alto) en 2026?
  • ¿Qué quiero conseguir concretamente en este año?
  • ¿Qué pasos / rutinas / sistemas tengo que poner en marcha para conseguirlo?

Y a partir de ahí, elabora un plan inicial, lo justo para empezar, y lo más importante, ¡empieza! Ponte a ello. Luego ya será solo cuestión de ir ajustando y revisando sobre la marcha, según los resultados que vayas consiguiendo.

¡Feliz 2026! Y a volar…

Expresiones intraducibles: do your best

Hoy os traigo una expresión en inglés que no es que sea exactamente intraducible, pero que al traducirla al español me parece como que pierde un poco de fuerza, y resulta menos impactante:

Do your best.

Tres sílabas. Elegante y directa. Empoderadora.

Hazlo lo mejor que puedas.

Ocho sílabas. La misma idea, pero dicha un poco más torpemente, como dando más rodeos.

No me digáis que no queda mucho mejor en inglés…

(Parte de un mural visto en el aeropuerto de Dublín hace ya varios años.)

En cualquier caso, se entiende la idea, ¿verdad? En cualquier situación de la vida, lo mejor que podemos hacer es hacerlo lo mejor que podamos, y nadie nos puede pedir más.

Y esto que parece tan simple, y que en cierto modo lo es, también a la vez es bastante complicado. Porque no existe una medida objetiva; sólo nosotros podemos saber si de verdad lo estamos haciendo lo mejor que podemos. Y a veces, surge la duda: ¿nos estamos poniendo el listón demasiado alto, machacándonos por no estar consiguiendo todo lo que en teoría podríamos? ¿O tal vez demasiado bajo, estancándonos en una vida complaciente o resignada?

Todo esto me viene a la cabeza porque esta semana ha sido algo durilla, como ya me imaginaba, y me ha costado (aún más de lo habitual) encontrar el equilibrio entre ponerme al día con lo atrasado en casa y en el trabajo y descansar para poder recuperar un buen ritmo, a ser posible sacando también algún ratito libre para divertirme y disfrutar. ¿A qué debería darle prioridad? A veces, la decisión no es fácil, y requiere estar atentos tanto a lo que pasa fuera como a lo de dentro, para saber lo que necesitamos, y lo que necesita el mundo de nosotros, en cada momento.

Este tema daría para mucho más; de hecho, «haz siempre lo máximo que puedas» es uno de los Cuatro Acuerdos del libro del mismo nombre escrito por Don Miguel Ruiz, del que ya os hablaré con más detalle en otra ocasión. De momento, aquí os dejo un par de citas que me han gustado mucho y que espero que añadan un poco de perspectiva al asunto:

Hazlo lo mejor que puedas hasta que sepas más. Y cuando sepas más, hazlo mejor todavía.

Maya Angelou

Los días que sólo tengas el 40% para dar, y des el 40%, habrás dado el 100%

Jim Kwik

¿Y para ti, qué significa hacerlo lo mejor que puedas? ¿De qué maneras concretas lo estás haciendo, o dejando de hacer?

Expresiones intraducibles: sueño atrasado

Este fin de semana nos lo hemos tomado con calma las niñas y yo, creo que todas necesitábamos descansar. Y nos ha venido súper bien, aunque no sé si habrá sido suficiente para el nivel de cansancio acumulado que llevábamos (y eso que sólo hace un mes que volvimos al cole).

Photo of a dark grey sofa with chaise long, in a well lit living room.

(Foto de nuestro antiguo sofá, del que nos despedimos hace un par de meses. La de siestas que me habré echado yo aquí…)

El otro día por casualidad, o más bien gracias a los algoritmos de Google, encontré un artículo en el que hablaban de que hoy en día vivimos en la sociedad del cansancio. Explicaba que muchos de nosotros vivimos en una situación de cansancio crónico, y lo peor es que ya lo hemos normalizado. Nuestra sociedad valora el estar siempre haciendo cosas, así que eso es lo que hacemos, llenar nuestro calendario hasta arriba para abarcar más, para conseguir más, e intentar así motivarnos y ser más felices. No hace falta que nos explote nadie; ya nos autoexplotamos nosotros. Y en cierto modo nos parece que descansar es perder el tiempo, algo que no nos podemos permitir.

¿El resultado? Estamos agotados, individual y colectivamente.

Pero en realidad, lo que no nos podemos permitir es no descansar. Y si no lo aprendemos por las buenas, lo aprenderemos por las malas.

La «expresión intraducible» de hoy es tener sueño atrasado, que es la manera en la que decimos en español que hemos dormido menos de lo que deberíamos, ya sea refiriéndonos a la noche anterior o a un periodo más largo de tiempo (incluso hay algún gracioso que dice que tiene sueño atrasado desde su primera comunión…)

Me gusta esta manera de expresarlo porque transmite la idea de que hay una cierta deuda, en este caso de tiempo, que hay que «pagar» para ponerse al día, para volver a la normalidad. Y precisamente ese «ponerse al día» es lo que transmite la expresión más cercana que he encontrado en inglés: having to catch up on sleep, tener que recuperar sueño.

La pena es que dicen los expertos que el sueño atrasado no se recupera nunca. No es tan fácil como dormir de más para compensar el día que dormiste de menos.

Pero entonces, ¿Qué podemos hacer? Se me ocurren unas cuantas cosas:

  • Despréndete de la carga de querer estar al día en todo. La lista de tareas SIEMPRE va a ser más larga que lo que da tiempo a hacer.
  • Recuerda que en la vida todo se reduce a prioridades: ¿A qué le estás dedicando más tiempo y atención? Pues esas son ahora mismo tus prioridades, las hayas elegido conscientemente o no.
  • Tómate el tiempo de reflexionar sobre tus valores, y ellos te ayudarán a establecer tus prioridades, para asegurarte de que estás invirtiendo el tiempo en cosas que de verdad importan.
  • Una vez claras las prioridades, revisa tu lista de tareas y mira a ver qué puedes ajustar según lo urgente o importante que sea cada cosa.
  • Póntelo fácil con las tareas que queden en la lista, eligiendo hacerlas en vez de obligándote.
  • Mantente alerta a las señales de tu cuerpo; te avisarán cuando el ritmo que lleves no sea sostenible.

¿Qué te parecen estas sugerencias? Y me he guardado la mejor para el final…

Una cosa que me ayuda muchísimo a mí es considerar el descanso y el autocuidado como parte de mi trabajo: si no me cuido y no descanso bien, mis facultades físicas y mentales no son las mismas, y no puedo estar al cien por cien en mi función de madre, de analista o de coach.

Soy consciente de que todo esto lo digo mientras escribo este post a las tantas de la noche, así que, como veis, todavía me queda para cumplir mi propio consejo al cien por cien. Pero también os digo que ahora le dedico mucha más atención al descanso que hace años, y lo que es más importante: ya no me siento culpable por descansar, dormir y «perder el tiempo» de vez en cuando.

Palabras (más o menos) intraducibles: overexplaining

Hoy os traigo un verbo en inglés que no es exactamente intraducible, pero que lo cuento como tal porque el equivalente en español no se suele utilizar: overexplaining, que se podría traducir como «explicar de más», o sea, dar demasiadas explicaciones.

Photo of a comic book cover: Disney´s Phineas and Ferb classic comic collection, 3 in 1

(Portada de un cómic de Phineas y Ferb que tenemos en casa; si te estás preguntando por qué pongo esta foto, sigue leyendo.)

La traducción literal sería sobreexplicar, que según el diccionario, sí que existe, pero yo al menos no la uso, porque creo que voy a perder más tiempo en explicar lo que significa la palabra que en decirlo de otra manera más larga 😀

¿Te pasa a ti también que das demasiadas explicaciones? A mí me lleva pasando toda la vida, mi hermana me lo decía siempre, aunque a base de irme conociendo, y de irlo trabajando poco a poco, he conseguido reducirlo bastante. En gran parte, creo que nos pasa cuando queremos justificar algo que hemos hecho o una decisión que hemos tomado, para conseguir la aprobación de otra persona o evitarnos su juicio.

Aunque también puede ser que el asunto ni siquiera tenga que ver con la otra persona, y estemos en realidad justificándonos nosotros mismos y repitiendo las razones por las que hacemos las cosas, tal vez porque en el fondo no estemos tan seguros, y pensemos que se podrían haber hecho mejor, o porque nos sintamos un poco culpables por alguna razón.

Y una tercera causa que se me ocurre es una tendencia general a ir por la vida de puntillas, como pidiendo permiso, buscando validación por cada cosa que hacemos. A lo mejor por un miedo constante a meter la pata, o por creer que no tenemos suficiente autoridad en ciertos ámbitos, o incluso por no sentirnos con derecho a estar donde estamos en la vida… Eso nos pasa sobre todo a las mujeres, y a otras minorías también. Como ya os podéis imaginar, la falta de autoconfianza tiene mucho que ver con este tema.

¿Y qué podemos hacer al respecto? Lo primero, como siempre, darnos cuenta. Observarnos. Y cuando nos pillemos dando demasiadas explicaciones, ser curiosos e investigar qué hay detrás de ese comportamiento. Así podremos identificar situaciones concretas con las que poder trabajar, para tener más confianza en los ámbitos que más nos importan.

(Por cierto, si observando nos damos cuenta de que es otra persona la que en nuestra opinión da muchas explicaciones, también podemos ejercer la curiosidad para averiguar qué está pasando ahí: ¿Puede ser que esté nerviosa, y la podamos ayudar de alguna manera? ¿O tal vez somos nosotros los que estamos impacientes por hacer que acabe, para poder decir lo nuestro o pasar al siguiente asunto?)

También puede ser que descubramos que, más que una cuestión de confianza al expresarnos, el problema es algo mucho más profundo: que nuestras acciones y decisiones no están del todo alineadas con nuestros valores internos, y eso nos genera incomodidad (una versión de lo que en psicología se denomina disonancia cognitiva). Y por eso recurrimos a repetir como papagayos nuestras explicaciones programadas, ya sean propias o heredadas, para justificarnos y poder quedarnos tranquilos, al menos por un tiempo.

Desde aquí os invito a que observéis durante esta semana cuántas explicaciones dais (o no dais) al cabo del día, y a que reflexionéis un poco sobre lo que hay detrás de cada explicación. Si queréis compartir vuestras observaciones conmigo, estaré encantada de leeros.

Yo, personalmente, estoy muy orgullosa de haber conseguido hace poco dar una respuesta al más puro estilo de Phineas y Ferb, que son los protagonistas de una serie buenísima de animación de Disney Channel, y mis héroes en cuanto a responder a las preguntas de los adultos con total confianza y seguridad, ¡y sin explicaciones de más!

Palabras intraducibles: networking

Hoy vamos a retomar la seccíón de palabras y frases intraducibles de este blog con un término que se utiliza muchísimo en inglés, sobre todo en entornos laborales y de empresa, y que en español yo creo que la mayoría de las veces ya ni siquiera se intenta traducir: networking.

El diccionario Merriam-Webster define el networking como «el intercambio de información o servicios entre personas, grupos o instituciones, específicamente cultivando relaciones productivas para el empleo o los negocios». Este término viene de convertir la palabra «network» (red) en un verbo, y a mí me encanta porque condensa y transmite muy bien su significado: trabajar en tu red de contactos para expandirla y fortalecerla (también se podría leer como net+working, literalmente trabajar en tu red).

En muchos entornos laborales (por no decir todos), así como en la vida en general, el networking es sumamente importante, aunque a veces no lo veamos, o tardemos en darnos cuenta. Recuerdo que a mí misma me costó bastante en su día deshacerme de la creencia de que «charlar con la gente en el trabajo» no era realmente trabajar… Y ahora sí que le veo muchísimo valor, le dedico bastante más atención, y disfruto a lo grande cuando tengo la ocasión de relacionarme en persona, como el viernes pasado, que pude pasar el día en nuestra oficina de Galway y (re)encontrarme con varios compañeros (¡gracias chicos!).

Dicho esto, me parece que muchos tenemos una relación de un poco amor-odio con el networking, así que aquí van unas cuantas frases (traducidas por mí) que espero que ayuden a añadir perspectiva, empezando por el mensaje de esta foto, porque al fin y al cabo, de eso se trata: «Cuando las personas se apoyan unas a otras, pueden pasar cosas maravillosas».

Page of a book, with colourful drawings of a smiley face, a rainbow, a heart, a star, a butterfly and a flower, and the test "When people support each other, amazing things can happen"

(Foto de una página del libro Be kind, be cool, be you! de Nikki Miles).

El networking va más de cultivar que de cazar.
Va de cultivar relaciones.

Ivan Misner

El networking no consiste sólo en conectar personas. Se trata de conectar a las personas
unas con otras, conectarlas con ideas,
conectarlas con oportunidades.

Michele Jennae

Todo el mundo que conozcas
va a saber algo que tú no sabes.

Bill Nye

 Y por último, mi favorita:

El networking hecho con integridad hace que todos los participantes quieran formar parte de un canal humano por el que poder intercambiar energía y recursos. A veces se da más de lo que se recibe, y otras veces, se recibe más de lo que se da. No es cuestión de llevar la cuenta.

Chris London

Y a ti, ¿qué tal se te da el networking? ¿Y qué valor le das en tu día a día?

Palabras intraducibles: feedback

Ayer me topé con una frase muy oportuna para el momento que estoy viviendo ahora mismo, y me encontré que, para variar, no se puede traducir completamente del inglés al español:

Si quieres crecer, obtén feedback

Feedback. Esa gran palabra. Técnicamente sí que tiene traducción, pero creo que no para este contexto en concreto.

Scrabble-like letters forming the word FEEDBACK

Sorprendentemente, la Real Academia de la Lengua incluye la palabra feedback tal cual en su diccionario, con dos significados que reflejan contextos distintos: «retroalimentación», en biología, y «retorno, eco», relativo al sonido (como cuando tienes un altavoz enfrente de un micrófono y se acopla el sonido). El traductor de Google nos ofrece como alternativas «realimentación» (otra manera de decir retroalimentación) y «comentario», que supongo que es aplicable en el contexto de las redes sociales, pero aun así la verdad es que me chirría un poco.

Siendo realistas, lo que ha pasado es que en el contexto laboral, profesional, creativo, etc., los hispanohablantes nos hemos acostumbrado a utilizar la palabra feedback directamente, sin traducirla. Y es que, efectivamente, en inglés hay una tercera definición que no tenemos en la RAE: según el diccionario de Oxford, es «información sobre las reacciones a un producto, al rendimiento de una persona o al desempeño de sus tareas que se utiliza como base para mejorar».

¿Y qué tienen en común estas tres definiciones? Pues como la propia palabra indica (feed-back, alimentar hacia atrás, retro-alimentación), el resultado de un proceso se utiliza como información para regular el propio proceso. En biología (mi favorita, todavía recuerdo cuando de adolescente me hablaron en clase de esto), el producto de las reacciones químicas a nivel molecular, celular, etc. sirve para controlar la propia reacción, a menudo para volver a un equilibrio. En tecnología e ingeniería, la salida de un sistema se puede conectar como entrada a ese mismo sistema, formando un bucle que le permita autorregularse. Y en el entorno laboral, averiguamos lo bien o lo mal que estamos haciendo las cosas (o cuánto gusta o deja de gustar nuestro trabajo) según los comentarios que recibamos al respecto.

Una definición interesante que me he encontrado en la Wikipedia es la que hizo un tal Ramaprasad en los años ochenta: según él, el feedback es «información sobre la diferencia entre el nivel real y el nivel de referencia de un parámetro del sistema, utilizada para alterar de alguna manera esa diferencia». Y es en la segunda parte de la definición donde está la clave: la información por sí misma no se considera feedback; para ser feedback tiene que causar un impacto en el sistema, dar lugar a una acción.

Volviendo al tema profesional, ése es también el sentido que tiene el feedback: ayudarnos a mejorar «el sistema» (en este caso, nuestras capacidades y rendimiento en un determinado ámbito) utilizando la información que nos proporcionan nuestros propios resultados . Qué fácil suena, ¿verdad?

Pero por supuesto, no es tan fácil. ¿Por qué? Porque somos personas, no mecanismos automáticos. Los seres humanos somos mucho más complejos. Por un lado, por mucho que nos engañemos pensando que somos objetivos, no lo somos ni mucho menos, así que la información nos llega distorsionada. Desde dentro nos cuesta ver claramente los resultados que estamos produciendo, y necesitamos que nos los muestre alguien desde fuera. Por otro lado, aquí «el sistema» no es algo ajeno a nosotros, sino que somos nosotros mismos, por lo que tendemos a tomarnos el feedback como algo personal; lo recibimos muchas veces como un juicio a lo que hacemos, y en última instancia, a quiénes somos, en lugar de simplemente información sobre el efecto que producimos con determinadas acciones. Y empiezan a surgir emociones, pensamientos, mecanismos de defensa…

¿Y si pudiéramos volver al origen de la palabra, y recordar que el feedback no es más que información de referencia que podemos utilizar para seguir mejorando? Necesitamos saber cuando nos estamos pasando o nos estamos quedando cortos, y la única manera de averiguarlo es probando, y analizando qué pasa.

Lo cual me lleva otra vez a la frase del principio: Si quieres crecer, obtén feedback. Y yo añadiría: aunque duela un poquito.

Todo esto me ha venido a la cabeza porque estoy en este momento a la espera de feedback, y es súper interesante ver todo lo que remueve…

Y tú, ¿qué tal lo llevas?