¿Qué significa para ti «un día productivo»?
Me he dado cuenta de que muchas veces juzgo qué tal me ha ido el día según haya sido productivo o no… O más bien, según yo haya sido productiva o no. ¿Te suena?

La productividad es un tema que siempre me ha interesado, de hecho fue lo que me atrajo al mundo del desarrollo personal. Recuerdo la época en la que me dedicaba a buscar trucos y estrategias para poder llevar al día mi interminable lista de tareas. Y sí que encontré algunas herramientas que me resultaron útiles, pero sólo hasta cierto punto.
Porque en realidad, lo que me pasaba era mucho más complejo de lo que yo creía. Como suele ser el caso.
Por eso en coaching nos gusta «tirar del hilo» y escarbar un poco bajo la superficie, porque muchas veces el «problema» con el que nos viene el cliente no es sino el síntoma de un conflicto o desequilibrio más profundo, del que él mismo no es consciente. Por ejemplo, los problemas de gestión del tiempo suelen ser en el fondo problemas de gestión de prioridades, y la procrastinación puede deberse a prioridades o valores contradictorios.
Un recurso que utilizamos mucho en coaching es formular preguntas como la del principio de este artículo: «¿Qué siginifica X para ti?» Puede parecer una tontería, pero las palabras al fin y al cabo son símbolos que representan cosas, y cuando se trata de términos más o menos abstractos, nuestro pensamiento es mucho más complejo que las palabras con las que lo expresamos. Así, desmenuzando el significado de la palabra y explicándolo en voz alta (o escribiéndolo), nos podemos dar cuenta de cosas muy interesantes.
Por ejemplo, el concepto de productividad está asociado a la acción de «producir», y me he dado cuenta de que yo antes consideraba que una persona sólo era productiva cuando «producía» algo tangible, algo medible.. Al empezar mi carrera profesional, primero como programadora y luego como analista de sistemas, me era fácil saber si estaba siendo productiva o no, porque tenía documentos, diagramas y líneas de código que lo demostraban. Pero al ir avanzando hacia otro tipo de puestos, las reglas del juego cambiaron de repente: había más reuniones y las tareas estaban menos definidas, y yo me encontraba más bien perdida; a menudo llegaba al final del día con la sensación de no haber aportado nada.
Después, poco a poco, fui adaptándome y redefiniendo mi idea de productividad. Me llevó años quitarme de encima la idea de que el tiempo que pasaba «charlando con la gente» (= en reuniones, especialmente reuniones individuales, uno a uno) no contaba como trabajo, porque no estaba produciendo nada. Ahora sé que el hablar con mis compañeros y fomentar las relaciones laborales no sólo no es una pérdida de tiempo, sino que es parte esencial de mi trabajo, y que marca una gran diferencia a la hora de sacar los proyectos adelante. Ahora que ya conozco el poder transformador de una buena convesación, es de lo que más disfruto.
¿Y fuera del trabajo? Pues me he dado cuenta de que en mi vida personal también tiene mucho peso esa necesidad constante de producir, y que todavía me cuesta priorizar el descanso, el ocio y el autocuidado en el mismo nivel de importancia que otras cosas «que hay que hacer». En cuanto me descuido, me lleno las tardes y los fines de semana de tareas que completar, para poder decir al llegar la noche que ha sido un día productivo… Pero lo bueno es que ahora ya soy consciente de ello, y poco a poco lo voy equilibrando, teniendo además cuidado de no caer en la culpa.
Y tú, ¿qué opinas? ¿Es importante para ti la productividad? ¿Y cómo la mides?