Frases intraducibles: getting out of your own way

Hoy toca hablar de otra de esas expresiones que me encantan en inglés y que creo que pierden la gracia al traducirlas al español.

Se trata de «getting out of your own way», que básicamente quiere decir dejar de estorbarte a ti mismo, en el sentido de dejar de ser un obstáculo en tu propio camino. Yo cuando lo oigo, me imagino un camino delante de mí, con un pedrusco enorme en todo el medio, bloqueándolo… Y me doy cuenta de que muchas veces ese pedrusco lo pongo yo.

Vaaale, no siempre es un pedrusco tan grande, a veces son piedras más pequeñas… Pero el caso es que me pasa, me saboteo a mí misma, y es algo que nos sucede muy habitualmente a las personas.

Hoy mi hija Eva, que se está leyendo los libros de Harry Potter, ha mencionado a Dobby, el elfo doméstico. Si os acordáis, Dobby, cuando se daba cuenta de que había hecho algo que iba contra las normas, aunque fuera con la mejor intención, se decía «¡Dobby malo!» y se hacía daño a sí mismo, pegándose de cabezazos contra la pared y cosas así.

Pues bien, a mí me da la sensación de que las personas a veces hacemos algo parecido, por supuesto inconscientemente. Nuestra parte racional se marca un objetivo y quiere avanzar en esa dirección, pero se ve frenada (y a veces, saboteada) por otra parte más profunda de nosotros mismos, que de alguna manera cree que llegar hasta ese objetivo va a ir en contra de lo que debería ser.

Por eso, cuando vemos que nos cuesta avanzar hacia la meta, que damos un paso para adelante y dos para atrás, es hora de empezar a escarbar para ver qué se esconde por debajo de ese autosabotaje: puede que haya creencias, valores, o incluso aspectos de nuestra propia identidad que estén entrando en conflicto con eso que aparentemente queremos conseguir. Ahí es donde un proceso de coaching puede ayudar un montón, para sacar a la luz esas «fuerzas ocultas» que nos hacen interponernos a nuestro propio éxito.

¿Y tú? ¿De qué manera te pones piedras en tu propio camino? ¿Y qué te haría falta para poder retirarlas?

Frases intraducibles: me da pereza

Hoy os traigo otra de esas frases intraducibles que me gusta coleccionar, solo que esta va al contrario que las anteriores: es una expresión en español para la que no encuentro buena traducción en inglés.

Situación de ejemplo: es viernes por la tarde, y la fiesta de Navidad de la empresa empieza en un par de horas. Ya se ha hecho de noche y hace mucho frío en la calle; la nieve de la noche anterior se ha empezado a convertir en hielo. En casa se está calentito, muy a gusto, y cuando empiezo a pensar en arreglarme y salir para ir hasta el centro de Dublín, a la fiesta…

Me da pereza.

Grey cat lying on its side a wooden shelf, looking at the camera

Eso es lo que diría yo en español, «me da pereza», que viene a ser algo así como que «me sobreviene un sentimiento de vagancia al pensar en hacer X». Es como que me canso sólo de pensarlo. Es una poderosa sensación que se me viene encima… y que me empuja hacia el sofá 😀

Buscando por ahí, he encontrado dos posibles traducciones: «I don´t feel like it», que significa «no me apetece», y «I can´t/couldn´t) be bothered», que básicamente quiere decir que no lo voy a hacer, bien porque no lo considero necesario, o porque no me interesa, o porque soy demasiado vago como para hacer el esfuerzo.

Supongo que, de las dos, la que más se acerca es el «I don´t feel like it», porque transmite la sensación de que en general creo que hacer X es una buena idea, pero que ahora mismo no me apetece o no tengo energía para hacerlo. El «couldn´t be bothered» no me acaba de encajar, no me parece que le dé valor ninguno a X (por pasotismo, indiferencia, o a saber qué), y además ya presupone que, sea lo que sea X, no lo voy a hacer.

Y esa es, en mi opinión, la gracia del «me da pereza», o del «no me apetece»: que impone pero no impide, es una barrera que se puede superar. Nuestro cerebro muchas veces se quiere ir a lo fácil, a lo cómodo, a lo que nos ahorre más energía, y por muy buenas razones (véase instinto de conservación). Pero nosotros no tenemos por qué hacerle siempre caso, porque él no siempre sabe lo que más nos conviene…

Con esto no quiero decir que no escuchemos a nuestro cuerpo cuando de verdad necesite descansar, por supuesto que sí. Pero más allá de eso, viene bien que nos planteemos qué es de verdad lo que nos está frenando, y por qué. ¿Qué hay detrás de esa pereza? ¿Qué es lo que estamos intentando evitar en realidad? ¿Y qué recompensa nos podemos encontrar si aun así seguimos adelante? Así sabremos si merece la pena hacer ese esfuerzo inicial.

¿Fui al final a la fiesta? Sí. ¿Por qué? Porque sabía que una vez allí, me lo iba a pasar genial, y así fue. ¿Cuál fue mi estrategia? La misma que me ha funcionado ya tantas veces, ir directamente a prepararme sin pensarlo mucho, y sobre todo, ¡no sentarme en el sofá!

Y a ti, ¿qué te da pereza normalmente, y cómo te motivas para superarla?

Coleccionando citas

Esta semana se ha celebrado Acción de Gracias en Estados Unidos, y si os habéis paseado estos días por las redes sociales, seguramente habréis visto (entre anuncio y anuncio de ofertas del Black Friday) un montón de citas inspiradoras sobre el agradecimiento.

(Si os apetece leer un post sobre el agradecimiento, aquí tenéis uno de hace más o menos un año)

Wooden scrabble letters forming the phrase "Say thank you"

Mis lectores habituales habréis notado que me gusta poner citas de vez en cuando en el blog, pero no siempre, porque aunque me encaaaaaaaaaantan las citas (podríamos decir que las colecciono), me da la impresión de que a veces nos bombardean tanto con ellas que al final nos acabamos saturando, y dejan de llamarnos la atención. Por eso prefiero dosificarlas.

Hoy sí me gustaría poner aquí dos citas que vienen a decirnos prácticamente lo mismo, y no son las únicas ni mucho menos. Es un mensaje que se ha dicho mil veces de mil maneras diferentes, precisamente porque sigue siendo igual de cierto y de relevante hoy en día que en época de los antiguos filósofos griegos:

Sabio es el hombre que no se lamenta por las cosas que no tiene, sino que se regocija por las que sí tiene.

Epicteto

Agradece lo que tienes, y acabarás teniendo más. Si te concentras en lo que no tienes, nunca jamás tendrás suficiente.

Oprah Winfrey

Banda sonora

Si tu vida fuera una película, ¿cuál sería la banda sonora?

Vynil record playing in a record player

Hoy me he vuelto a acordar de una escena que vi hace muchos años en una película, y que me dio mucho que pensar en su día. La acción se desarrolla en una universidad, y la cámara va alternativamente tomando el lugar de los dos protagonistas, un chico y una chica, que van caminando por los pasillos, a punto de conocerse. Los dos llevan auriculares puestos con música completamente diferente: la chica está escuchando música clásica, y el chico, heavy metal o algo parecido. Llega el momento en que se encuentran, se miran, y cada uno percibe al otro desde su punto de vista, con su propia banda sonora de fondo.

Me parece una escena con un poder narrativo increíble. Sin necesidad de utilizar palabras, consigue transmitirnos perfectamente cómo de distinto es el mundo para los dos personajes, cómo de distintas son sus experiencias del mismo momento, por mucho que el entorno externo sea el mismo…

Creo que todos hemos experimentado momentos en que una canción o una música en concreto nos ha hecho ver la vida de otra manera: tal vez nos ha alegrado el día, nos ha dado un chute extra de energía o nos ha traído buenos recuerdos. Otras veces, a lo mejor hemos aprovechado una música más triste o melancólica para permitirnos experimentar un ratito esas emociones. Lo mejor de todo es que podemos elegir en cada momento nuestra «banda sonora», y no me refiero solamente a la música que escuchamos (que también, y qué suerte tan inmensa tenemos de que exista Spotify).

Nuestra «banda sonora» también son esos pensamientos que repetimos constantemente en nuestra cabeza sin darnos cuenta, esas historias que nos contamos a nosotros mismos, y que según cómo sean, puede que nos ayuden o que nos perjudiquen, que nos den energía o que nos la quiten. Por supuesto, no podemos controlar del todo los pensamientos que aparecen por nuestra mente, al igual que no podemos controlar qué canción suena en la radio. Pero sí que podemos estar atentos y cambiar de emisora cuando haga falta, saltando a otra cosa que nos guste más y nos resulte más util. Y también viene muy bien de vez en cuando editar nuestras «playlists», y así aprovechar para quitar canciones viejas que ya no resuenan con nosotros, y añadir canciones nuevas que nos apetezca probar.

¿Qué te parece la idea? ¿Cuál es ahora mismo la banda sonora de tu vida? ¿Y te apetece mantenerla, o quizá ya es hora de cambiar?

Frases intraducibles: walking down memory lane

Hoy os traigo otra expresión de esas «intraducibles» que me encanta en inglés, porque me parece una metáfora muy chula: walking down memory lane, que en español sería algo así como «darse un paseo por la calle de los recuerdos».

Y eso es precisamente lo que he estado haciendo este fin de semana: acompañar a unas amigas en su paseo por la calle de los recuerdos, volviendo a visitar lugares que no habían pisado desde hacía muchos años. Ha resultado un paseo precioso, tanto en el sentido literal como en el figurado, e inevitablemente, hemos creado nuevos recuerdos (¡gracias chicas!)

Stack of old black and white photos

En español, lo más parecido al memory lane que se me ocurre es el baúl de los recuerdos, de la famosa canción de Karina:

Buscando en el baúl de los recuerdos
Cualquier tiempo pasado nos parece mejor.
Volver la vista atrás es bueno a veces,
Mirar hacia adelante es vivir sin temor.

También me parece una metáfora curiosa. Y también este fin de semana me he encontrado rebuscando en ese baúl, rescatando momentos especiales con una persona muy querida que desde ayer ya no está con nosotros, y de la que me hubiera gustado poder despedirme.

Estoy de acuerdo en que de vez en cuando viene bien mirar un poquito hacia atrás y recordar con cariño las cosas que fueron, ya que al fin y al cabo, como decía my abuela, «aquellos tiempos trajeron éstos». Aunque eso sí, tengamos cuidado de no regodearnos demasiado, que no nos impida aprovechar el presente…

Disfruta de las cosas pequeñas de la vida, porque tal vez un día vuelvas la vista atrás y te des cuenta de que ésas eran las cosas grandes.

Robert Brault

Metáforas

Hoy escribo este post desde el aeropuerto de Dublín, a punto de cruzar el charco para pasar un par de días con mis compañeros de trabajo de Estados Unidos.

Cruzar el charco, curiosa expresión. Es una de las muchas metáforas que utilizamos cada día.

Close up of a red flower floating on the surface of a pond

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, una de las definiciones de metáfora es la «aplicación de una palabra o de una expresión a un objeto o a un concepto, al cual no denota literalmente, con el fin de sugerir una comparación (con otro objeto o concepto) y facilitar su comprensión». Dicho así puede parecer un poco complicado, pero lo cierto es que nos pasamos el día utilizando metáforas, muchas veces sin darnos cuenta de que lo son, por ejemplo…

  • Me encontraba entre la espada y la pared
  • Salió pitando de allí
  • Me muero de hambre

Y tantas otras.

Las metáforas nos ayudan a explicar situaciones de la vida de una manera fácil de entender, y no sólo funcionan hacia afuera, cuando hablamos con los demás, sino también hacia adentro, en nuestro diálogo interno. A veces nos resulta más fácil conectar con una emoción cuando «le damos forma» a través de una metáfora, e incluso podemos hasta dibujarla, si eso ayuda 🙂

Y cuando nos enfrentamos a un problema o una situación difícil, el jugar con las metáforas nos puede ayudar mucho a cambiar la perspectiva y buscar alternativas. Por ejemplo, si una persona siente que cada vez que intenta hacer una cosa determinada se da de bruces contra una pared, puede que incluso visualice mentalmente esa pared cuando piense en eso que quiere intentar, y se quede bloqueada. Siguiendo con la metáfora, podríamos preguntar, ¿dónde está esa pared? ¿De qué está hecha? ¿Cómo es de alta? ¿Y qué hay detrás? ¿De qué manera podrías llegar hasta allí? Y tal vez así, explorando maneras de saltar o rodear la pared, o incluso de romperla, puede que la persona se de cuenta de cosas y encuentre soluciones que de otra manera no se le habrían ocurrido.

También es muy interesante plantearnos metáforas al reflexionar sobre algún aspecto de nuestra vida, o de nuestro trabajo. Esto es algo que se hace a menudo en las metodologías Agile, en las retrospectivas de equipo: «si nuestras dos últimas semanas hubieran sido una película, ¿qué película sería, y por qué?» Una vez que añadimos ese toque de creatividad y humor a la conversación, es soprendente todo lo que puede sair de ahí.

Así que esta semana te propongo dos cosas, si te apetece hacerlas: una es escuchar con especial atención para ver cuántas metáforas encuentras a tu alrededor, y la otra es encontrar tu propia metáfora: si hoy fueras un color, por ejemplo, ¿qué color serías?

Nihil volitum…

…Nisi praecognitum. Ésta es una de las pocas frases que conozco en latín, y más o menos viene a decir que no se puede desear lo que no se conoce.

Monkey with a mirror in their hands, looking at their reflection

Hoy me ha venido a la memoria junto con esta otra frase que leí en un libro de Laura Chica: Acéptate. Ámate. Supérate. En ese orden.

Muchas veces, en el mundo del desarrollo personal, queremos empezar por el final: nos empeñamos en intentar ser mejores, en superar nuestros defectos, y en «solucionar» las partes de nuestra vida que creemos que no funcionan bien. Intentamos cambiar nuestros «malos hábitos» a base de fuerza de voluntad, con el tremendo esfuerzo que ello supone, a menudo para conseguir resultados escasos y poco sostenibles. Es como como si estuviéramos nadando a contracorriente.

Es muy positivo querer cambiar, querer evolucionar, querer mejorar. Pero si lo hacemos desdel el juicio y la autocrítica, lo que conseguimos es machacarnos. Amarnos y aceptarnos tal y como somos es el paso previo necesario para cualquier cambio duradero y exitoso en nuestra vida.

Pero claro, eso es mucho más fácil de decir que de hacer, ¿cómo podemos conseguir aceptarnos y amarnos? La respuesta nos llega también de los sabios antiguos, esta vez en griego, a través de la famosa inscripción que adornaba la fachada del templo de Apolo en Delfos: γνωθι σεαυτόν. Conócete a ti mismo.

Tiene lógica, ¿verdad? ¿Cómo nos vamos a amar si ni siquiera nos conocemos? Cuanto mejor nos conozcamos, más nos comprenderemos, es así de simple. A medida que profundicemos en la aventura del autoconocimiento, nos iremos dando cuenta de lo que nos motiva y lo que nos asusta, de lo que en el fondo más deseamos, de por qué (y para qué) hacemos lo que hacemos, y nos será más fácil perdonarnos, aceptarnos, y finalmente amarnos. Y una vez que nos amamos, el cambio surge desde dentro hacia afuera, sin tener que forzarlo.

Así que, en lugar de empezar por el final como tantas otras veces, te invito a animarte a empezar por el principio, mirándote en el espejo y zarpando en tu viaje hacia adentro:

Conócete, acéptate, ámate, supérate. En ese orden.

Frases intraducibles: back to basics

Aquí va otra frase en inglés de esas que me gusta llamar «intraducibles» – no es que no se puedan traducir al español, pero en inglés suenan muchísimo mejor, para mi gusto, y la traducción digamos que hay que explicarla para que se entienda bien (otras frases y expresiones aquí, aquí y aquí).

Y la frase de hoy es «back to basics«, que significa más o menos «volver a lo básico».

¿Y qué es lo básico? Pues depende del tema del que estemos hablando. Si estamos hablando de decoración, por ejemplo, o de moda, puede ser apostar por líneas y colores más sencillos, en vez de estilos más rebuscados. Si hablamos de educación primaria, puede ser volver a poner más énfasis en las asignaturas esenciales, como son la lengua y las matemáticas. La idea que a mí me transmite el «back to basics», en general, es que nos hemos vuelto tan sofisticados (en el área que sea) que se nos ha olvidado lo realmente importante, la base de todo, y hay que volver a ella.

Es una frase que se puede aplicar a muchas situaciones, en casa, en clase y en el trabajo. Hoy os quiero proponer usarla como recordatorio para cuidarnos.

woman doing hand heart sign while looking at the sunset

Cuidarnos nosotros primero, para poder después cuidar de los demás, o cuidar de nuestros asuntos. Porque, ¿cuántas veces estamos tan ocupados y llenamos nuestro día con tantas cosas que al final no nos dedicamos tiempo ni atención a nosotros? Y sólo nos damos cuenta cuando ya no nos queda energía, cuando ya estamos agotados.

Quizá sea porque creamos que hay otras cosas más importantes, que los demás tienen que ir primero… Pero eso en el fondo no es sostenible. Me gusta mucho cómo lo expresa Katie Reed:

«El autocuidado es darle al mundo lo mejor de ti, en lugar de lo que queda de ti.»

Katie Reed

¿Te gustaría tener energía para poder darle al mundo lo mejor de ti? Entonces te propongo volver a centrarte en estos cuatro pilares básicos, si es que en algún momento los has descuidado:

  • Descanso – dormir lo suficiente todas las noches, y que el sueño sea profundo y reparador, además de tomarte pequeños descansos durante el día.
  • Dieta – una alimentación sana, equilibrada y a ser posible natural, bebiendo mucha agua para mantener la hidratación, y respirando conscientemente a menudo para oxigenar todas las células.
  • Ejercicio – dedicar tiempo a moverte, y si es a menudo y al aire libre, aún mejor. Si eliges algo que te guste y te motive, lo harás más a menudo: tu deporte favorito, nadar, correr, bailar, hacer yoga…
  • Conexión – encontrar el equilibrio entre dedicar tiempo a conectar con los demás, pues somos seres sociales, y conectar también con nosotros mismos, para poder mantener «las pilas cargadas».

¿Qué te parecen estos cuatro pilares básicos del autocuidado? ¿Añadirías algún otro? ¿A cuál crees que te vendría bien dedicarle más tiempo y atención en este momento de tu vida?

Frases intraducibles: food for thought

Como ya he dicho un par de veces en este mismo blog, hay algunas frases en inglés que me encantan y para las que no encuentro una buena traducción al español, y viceversa.

La frase que me ha venido hoy a la cabeza es «food for thought», que básicamente viene a ser algo que te hace pensar cuando lo lees o lo oyes. Literalmente sería algo así como «comida para pensar», o «comida para tu mente».

Que es un poco lo que busco proporcionaros cada semana con estos artículos: ideas o citas que puedan despertar la reflexión… y con suerte, también hasta un poco de acción.

Aquí va la de hoy:

Los pasos que no te atreves a dar también dejan huella.

Grela Bravo

¿Hacia dónde quieres que te lleven tus pasos? ¿Y qué te impide dar ese paso que no has intentado aún?

Capítulos

Desde siempre me ha gustado mucho leer. Y supongo que no es de extrañar, habiéndome criado en una casa llena de libros, y teniendo como ejemplo a mi padre, que era un lector empedernido, y a mi hermana Cristina, que también, y además compartíamos habitación… Digamos que tenía a quién parecerme 🙂

Por suerte (y también un poco por cabezonería mía y de Fredi), el gusto por la lectura ha conseguido pasar a la siguiente generación, y a nuestras tres hijas también les gusta leer, de lo cual estamos muy orgullosos. Porque aunque ellas también se estén criando rodeadas de libros, y nos gustaría pensar que les damos buen ejemplo, como ya sabéis, hoy en día no es tan sencillo, habiendo tantas pantallas que demandan atención con un sinfín de videojuegos, películas, series, redes sociales…

Y es que nos hemos convertido en una sociedad acelerada, a la que le cuesta mucho bajar el ritmo. Pero precisamente un buen libro nos puede ayudar a contrarrestar esa tendencia: nos permite hacer un paréntesis en el ajetreo de nuestra vida, y regalarnos un ratito de tranquilidad. Nos proporciona tiempo de calidad con nosotros mismos, y además estimula nuestro cerebro de una forma muy beneficiosa, ya sea por aprender algo nuevo, o por dejar volar la imaginación al sumergirnos en una historia.

Hoy mismo me contaba mi amiga Inés lo enganchadísima que está con el libro que está leyendo… ¿Hay algo más emocionante que esa sensación de querer leer otro capítulo más? ¿O la de quedarse leyendo en vacaciones hasta las tantas de la noche, sabiendo que al día siguiente no hay que madrugar? Eso era lo mejor del mundo cuando era pequeña, cómo lo echo de menos.

Citas sobre la lectura hay muchísimas; hoy quiero compartir dos de ellas con vosotros, y la segunda en realidad, ¡ni siquiera va de libros! Ya lo veréis.

Una vez que has leído un libro que te importa, hay cierta parte que se queda contigo para siempre.

Louis L’Amour

La primera está clara, ¿Verdad? Cuando un libro nos impacta, siempre hay algo nuevo, una nueva perspectiva, un nuevo aprendizaje, que amplía nuestra visión del mundo, y que de alguna manera nos cambia un poquito. Y no sólo pasa con los libros, pasa con cada experiencia que tenemos en la vida, como si nuestra vida misma fuera un libro, y fuéramos avanzando con cada capítulo.

Pero cuidado, que el libro de la vida esconde un peligro…

  No puedes empezar el siguiente capítulo de tu vida si sigues releyendo el anterior.

Michael McMillian

… Y es el peligro de quedarnos atascados en un «capítulo» determinado, en una historia que nos seguimos contando a nosotros mismos, una y otra vez, y que no nos deja avanzar. Un bucle infinito… Hasta que decidamos romperlo y seguir adelante.

Y tú, ¿qué historia te estás contando? ¿Vas avanzando capítulos? ¿O te has quedado atascado?