Patitos en fila

Hoy Google Fotos me ha recordado dónde estaba hace más o menos un año: curioseando la tienda de una gasolinera de una conocida cadena norteamericana, Buc-ee’s (¡gracias, Tasha!)

Había una sección repleta de letreros, plaquitas y tarjetas varias con mensajes muy chulos, y hubo dos que me hicieron especial gracia. Pero antes de enseñaros la primera, tengo que explicar una expresión en inglés que podríamos incluir en la categoría de intraducibles: to have your ducks in a row, que literalmente quiere decir «tener tus patitos en fila».

¿Habéis visto alguna vez a una mamá pato caminar con sus patitos? Da sensación de orden y disciplina, ¿verdad? Pues eso es precisamente lo que transmite esta frase: el tenerlo todo bien preparado y organizado, todo bajo control, sin que se te escape nada. En el trabajo utilizamos mucho esta expresión al hablar de tareas o proyectos, o por ejemplo esta semana, que nos estamos preparando para planificar el próximo trimestre, y queremos asegurarnos de tenerlo todo bien atado.

Bueno, pues una vez entendido esto, aquí va la primera foto, de una tarjeta:

(Traducción libre del texto: «Ni tengo patitos ni tengo fila… Lo que tengo son ardillas, y están por todas partes.»

¿Habéis visto alguna vez, o si no, os imagináis, a una familia de ardillas corriendo y saltando en distintas direcciones? Imprevisible y caótica, todo lo contrario que la familia de patitos, ¿verdad? ¿Quién no ha tenido alguna vez esa sensación de que las cosas se escapan de su control y empiezan a salirse de madre?

Lo cual me lleva a la segunda foto, esta vez de una plaquita muy mona que estuve a puntito de comprar:

(Traducción libre del texto: «Mientras esté todo exactamente como yo quiero, soy súper flexible».)

Esta frase me parece buenísima, y me viene que ni pintada, como buen eneatipo 1 que soy. Refleja en clave de humor una piedrecita con la que me tropiezo mucho más a menudo de lo que me gustaría: el tener expectativas poco realistas y responder con rigidez cada vez que no se cumplen (y hoy me ha vuelto a pasar, lo siento chicas, os ha tocado bronca).

Enlazando esta idea con la anterior, me doy cuenta de que generalmente todo va bien y puedo fluir con la vida y estar tranquila hasta que se me sale un patito de la fila (o unos cuantos a la vez), y entonces vislumbro el caos y empieza el desastre… Esta plaquita para mí es un recordatorio de que es fácil avanzar cuando las cosas nos van bien; lo difícil es no echarlo todo a perder cuando dejan de ir tan bien, que, seamos realistas, va a ser bastante a menudo, porque la vida se parece mucho más a la familia de ardillas que a la de patitos, por mucho que nos cueste aceptarlo.

¿Qué te parecen a ti estas dos frases? ¿Te identificas con alguna? ¿Y de qué manera?

Mens sana in corpore sano

Este sábado pasado, como casi todos los sábados, estuve en clase de pilates. Estoy orgullosa porque llevo ya seis meses manteniendo este hábito semanal, desde que en agosto abrieron un estudio con máquinas reformer al ladito de mi casa, y yo, que siempre había querido probar el pilates con máquinas, me quedé sin excusas para no ir.

Ya sé que una sola clase a la semana suena a bastante poco, pero para mí, que soy alérgica a los gimnasios (principalmente porque me aburren un montón), y que, en general, tengo baja motivación para hacer ejercicio, considero que es todo un logro el haberlo mantenido, y además, con ilusión.

Y es que me encanta la clase, entre otras cosas porque no sólo se hace ejercicio con el cuerpo, sino también con la mente. Los movimientos son casi siempre diferentes de una semana a otra, y muchas veces son nuevos o, al menos, nuevos para mí. Así que no me queda más remedio que concentrarme para enterarme de cómo va la cosa, y poder realizar esos movimientos hasta entonces desconocidos con control y precisión.

Y fue precisamente durante la clase cuando me acordé de esta frase tan típica: mens sana in corpore sano, que en latín significa «mente sana en un cuerpo sano». Es un buen recordatorio de que nuestra salud física está íntimamente relacionada con nuestra salud mental, y de que es necesario cuidar de ambas, porque así invertimos en calidad de vida a corto, medio y largo plazo.

Ya los antiguos griegos combinaban en su gymnasium el entrenamiento físico con la filosofía y otras actividades intelectuales. Pero curiosamente, esta frase no nos viene de los griegos, como yo pensaba: según la Wikipedia, esta cita aparece por primera vez en las Sátiras del poeta romano Juvenal, durante la época del imperio romano. Es parte de un poema más largo, y su sentido original, por cierto, no tiene nada que ver con la forma en la que lo interpretamos ahora: habla de la necesidad de rezar para tener un espíritu equilibrado en un cuerpo equilibrado.

Sea como fuere, hoy en día ya sabemos que eso del espíritu equilibrado y el cuerpo equilibrado (o bien, la mente sana y el cuerpo sano) no son cosas que sucedan por casualidad ni de un día para otro, y mucho menos por arte de magia, sino que hay que irlas construyendo poco a poco, hábito a hábito.

Así que volvemos a lo que seguramente ya he mencionado varias veces en este blog: buscar maneras de ejercitar el cuerpo y la mente que de verdad vayan con nuestro estilo de vida y nos funcionen bien, porque si no, no las vamos a mantener. Habrá a quien le motiven los deportes de equipo, las artes marciales o el salir a correr; en mi caso, son más bien los paseos, el yoga y el pilates. Podría ser más, pero también podría ser menos, y ahora que ya va llegando el buen tiempo (¡o eso espero!). y los días van siendo más largos, el salir «a hacer la fotosíntesis», como diría mi amigo Juanjo, sé que también me va a ayudar mucho a mantenerme animada y con energía.

(Foto que hice ayer mientras me daba un paseo; es el mismo árbol que aparece en este otro post.)

¿Cuál es tu manera favorita de ejercitar el cuerpo? ¿Y la mente?

Expresiones intraducibles: to carve out time

Hoy añadimos otra expresión a nuestra lista particular de intraducibles. Esta vez, el original está en inglés: to carve out time, y aunque tenemos una expresión de significado equivalente en español, sacar tiempo, me parece que la versión en inglés es mucho más gráfica, y por eso resulta una metáfora mucho más potente.

Literalmente, «to carve out» significa tallar, es decir, ponerse con un cincel y un martillo a retirar trozos de un bloque sólido de madera o piedra, para formar una figura. Como os podéis imaginar, es una tarea que requiere intención, atención y mucha habilidad; tienes que tener muy claro lo que pretendes hacer y cómo hacerlo.

Trasladando esa idea a cómo gestionamos nuestro tiempo, a menudo nos encontramos en la situación de tener la agenda completamente llena, entre nuestras responsabilidades de trabajo, familia, etc., y otra larga lista de tareas y compromisos que nos autoimponemos (¡y todavía no nos parece suficiente!). Nuestra sociedad actual valora y premia el estar siempre muy ocupados, así que hemos normalizado esta manera de vivir, así como el estrés que inevitablemente la acompaña. «No me da la vida» es otra expresión súper frecuente en español que también es síntoma de este gran problema.

Por eso nos resulta tan difícil establecer nuevos hábitos que nos ayuden a mejorar nuestra salud y bienestar, porque ya estamos agotados y sentimos que no tenemos tiempo para nada. Y por eso me parece tan acertada esta metáfora del martillo y el cincel: porque no es cuestión de simplemente sacar tiempo y ya está; se trata de utilizarlo de manera estratégica, de construir algo con él, algo que nos vaya a reportar un beneficio mayor que seguir haciéndolo todo igual que antes. Y eso requiere intención, atención y mucha habilidad, además de constancia después para mantener el hábito.

Todo esto viene a que llevo ya un tiempo queriendo retomar el hábito de la lectura, que últimamente lo tengo bastante abandonado. Y lo quiero retomar, entre otras cosas, porque creo que es a la vez más difícil que nunca y más importante que nunca mantener ese hábito. Ahora mismo no me da tiempo a listar todos los beneficios que tiene la lectura (te animo a buscarlos, son impresionantes), pero lo que sí puedo hacer es dejarte una cita del doctor Seuss que me encontré en una conocida librería de Dublín, y que viene muy a cuento:

«Cuanto más leas, más cosas sabrás, cuanto más aprendas, a más sitios irás» - Dr. Seuss

Y tú, ¿para qué quieres sacar tiempo? ¿Y qué es lo que te impide hacerlo?

Buenas vibraciones

Si lleváis un tiempo leyendo este blog, ya sabréis que los artículos los escribo siempre en español y luego los traduzco al inglés, todo ello desde cero y sin ayuda de la casi omnipresente inteligencia artificial (llamadme antigua si queréis, pero es una de las formas en las que mantengo mi mente activa y doy rienda suelta a mi creatividad, dos cosas que considero sumamente importantes).

El caso es que, como ya habréis visto, a veces me cuesta encontrar maneras igualmente precisas o elegantes de expresar la misma idea en ambos idiomas. Pero hoy no tengo ese problema; esta vez, el título del post es muy fácil de traducir, ya que es una expresión que se utiliza tanto en inglés como en español: buenas vibraciones.

Decimos que algo nos da buenas vibraciones cuando nos causa una buena impresión, nos hace sentir bien, resonamos con ello de forma positiva. ¿Y por qué lo decimos así? Porque así es como ocurre, y aunque intelectualmente no lleguemos del todo a entender el cómo ni el porqué, sí que lo experimentamos en nuestro día a día, y por eso nuestro lenguaje lo refleja.

Llegados a este punto, pido disculpas por no ser capaz de daros una explicación científica detallada sobre este tema de las vibraciones, que ya me gustaría. Sólo puedo hablar de lo que yo misma he experimentado, sobre todo con la forma de vibración más fácil de percibir por los humanos: el sonido.

A finales de diciembre tuve la suerte de participar en un retiro de yoga en el centro de Madrid, en un estudio llamado Yoga Retiro. Y una de las actividades principales a las que nos dedicamos en esos tres días, junto con el yoga y la meditación, fue precisamente el canto de mantras.

(Foto del simbolito de OM que me regalaron en Yoga Retiro. ¡Gracias, Swami Krishnananda y Durga Devi!)

Tengo que decir que me encantó lo del canto de mantras, y también que me costó un poquito al principio, al no estar acostumbrada ni a las melodías ni a las letras (la mayoría en sánscrito). Pero poco a poco me fui acostumbrando, y me fui sintiendo más cómoda. Me vinieron un montón de recuerdos de mi época juvenil, cuando practicaba otro tipo de cantos meditativos: las oraciones franciscanas, El Palancar, Taizé. La sensación de paz, recogimiento y comunión era la misma.

Unos días después, en el concierto de primero de año en Viena, el director de orquesta reiteró el mensaje de que la música tiene el poder de unir a las personas. Y es que la buena música no se queda solamente en nuestros oídos, sino que nos toca mucho más profundamente, va a la raíz de lo que todos los seres humanos tenemos en común. Hay incluso quien se atreve a afirmar que sin música no hay vida

Y es que todo vuelve a lo mismo. Dicen los expertos que todo es vibración, incluidos nosotros. Y la ciencia está empezando ahora a descubrir lo que los sabios ya nos venían enseñando desde hace milenios.

Hay muchos caminos de crecimiento espiritual (no necesariamente religioso, aunque también), y cada persona encuentra el suyo, pero hay elementos fundamentales que tienden a repetirse, y la música y el canto están presentes en todas o casi todas las tradiciones. Yo tengo que reconocer que a mí es de lo que más me llena, desde siempre, y por eso sigo investigando y aprendiendo. Baños de sonido, música clásica y hasta cantos gregorianos. Sonido, ritmo y vibración para unirnos a algo más grande que cada uno de nosotros, para entrar en sintonía con el Universo.

OM.

«Crisistunidad»

Hoy Google me ha regalado esta cita del día:

Tu gran oportunidad puede estar justo donde te encuentras ahora.

Napoleon Hill

Y me ha recordado a un post que escribí en Facebook hace años ya, en la época en la que escribía en Facebook en lugar de en un blog (gran error: ahora no soy capaz de acceder a mis propios posts, salvo cuando Facebook decide mostrarme un «recuerdo» al azar y yo le hago un pantallazo, como en este caso).

(Foto de unos farolillos de colores en el barrio chino de San Francisco)

No sé exactamente cuándo lo escribí; sería allá por 2009. Lo titulé «Interesting times» (tiempos interesantes), un encabezado que me parece muy adecuado también para el momento que estamos viviendo, así que aquí os lo dejo:

...Pero no me gusta estar así, no me gusta vivir en el pesimismo, así que prefiero rebuscar en la sabiduría popular para encontrar otra manera de ver las cosas. Y me ha venido a la mente la frase aquella de que los chinos utilizan la misma palabra para crisis que para oportunidad... gracias a San Google he encontrado la representación gráfica de estas dos palabras:

Chino simplificado:
危机 (Crisis)
机会 (Oportunidad)

Chino tradicional:
危機 (Crisis)
機會 (Oportunidad)

El detalle está en que el último ideograma de crisis es el primero para oportunidad, luego no es que sean exactamente lo mismo, más bien es que una da lugar a la otra: en cada crisis podemos encontrar una oportunidad.

Según yo lo veo, la palabra crisis es una palabra pasiva: una crisis es algo que se te viene encima y que tú no puedes controlar. Pero la palabra oportunidad es una llamada a la actividad, a reaccionar a lo que está pasando, a hacer algo al respecto.

Así que, como siempre, la decisión es nuestra: podemos elegir ver estos «tiempos interesantes» como una crisis mundial de la que nosotros somos simples víctimas, o podemos elegir verlos como una oportunidad, un toque de atención, el empujón que necesitamos para replantearnos nuestra vida y empezar a tomar decisiones conscientes y responsables, aprender de nuestros errores y adaptarnos a los nuevos tiempos.

Y tú, ¿qué opinas? ¿Qué ejemplos tienes de tu propia vida en los que una crisis se convirtió en una gran oportunidad? Yo tengo unos cuantos, y seguro que tú también.

Por cierto, la palabreja del título, «crisistunidad», parece ser que la inventó Homer Simpson. en un capítulo en el que Lisa le contaba lo de que los chinos usan la misma palabra para las dos cosas… Y aunque ya sepamos que no es exactamente así, sigue siendo una idea muy interesante, y un buen ejemplo de cómo nuestro lenguaje a menudo determina la manera en la que pensamos.

Adamstown, nuestro hogar

De los veinte añitos que llevo ya en Irlanda, diecisiete los he pasado viviendo en el mismo barrio: Adamstown, al oeste del condado de Dublín.

Adamstown es un lugar muy interesante, bastante distinto de los típicos barrios residenciales irlandeses. Se empezó a proyectar a finales de los años noventa como un pueblo completamente nuevo, siguiendo un modelo de planificación urbanística parecido al de otros países de Europa. La construcción de esta «zona estratégica de desarrollo» empezó en 2005, y todo iba muy bien hasta que llegó la crisis del 2008, causando un parón económico que dejó el barrio a medio construir.

Por suerte, para entonces Adamstown ya contaba con su propia estación de tren, una guardería, dos colegios de primaria y la aprobación para un instituto de secundaria. A nosotros nos pareció el lugar ideal para empezar a echar raíces como familia, así que nos mudamos a un dúplex de alquiler al ladito de la guardería, con Irene pequeñita y Alicia a unos meses de nacer.

Con el paso de los años, el barrio siguió creciendo muy poco a poco, con rachas de construcción moderada alternadas con otras de parón casi absoluto. Pero lejos de convertirse en «un barrio fantasma» (como lo etiquetaban a veces en la prensa), Adamstown se fue afianzando como una nueva comunidad, moderna y sobre todo muy diversa, que se mantenía activa a pesar a las circunstancias. A falta de espacios públicos donde reunirse (el centro comunitario no abriría sus puertas hasta 2018), en aquella época los colegios de primaria se convirtieron en el principal punto de encuentro, cediendo o alquilando sus espacios para distintas actividades. Y como la mayoría de las familias veníamos de fuera, o bien de otros países o de otras regiones de Irlanda, el tener la posibilidad de conocernos y apoyarnos mutuamente nos ayudó inmensamente a establecernos y encontrar nuestro sitio.

Fue durante esa época, hace diez años, cuando surgió un proyecto precioso para darle voz a nuestra comunidad: el libro Adamstown my home, que recopila las historias de 27 mujeres y sus familias, representando la diversidad de culturas y nacionalidades que se entrelazan en este barrio, símbolo de una nueva Irlanda.

Porque lo que de verdad hace interesante a Adamstown no son los edificios, sino las personas. Es una comunidad multicultural e intercultural, con familias procedentes de prácticamente todos los rincones del mundo… Para que os hagáis una idea: en nuestro cole de primaria hay niños de 45 nacionalidades distintas, y la inmensa mayoría de ellos, si no todos, viven en el barrio. En el instituto son todavía más, 52 nacionalidades. La diversidad de culturas, ideas y costumbres con las que están creciendo nuestros hijos de verdad no tiene precio.

Volviendo ahora al presente, estamos en una racha de construcción de vivienda sin precedentes, y el barrio está creciendo a pasos agigantados; yo creo que de esta sí que quedará terminado (y tal vez hasta nos convirtamos en un pueblo de pleno derecho y todo). Seguimos siendo una comunidad muy diversa e internacional, ahora además con el apoyo del centro comunitario, que hace una labor magnífica en todos los sentidos. También contamos con varios parques, instalaciones deportivas, una zona comercial, un centro de salud recién construido y el proyecto de una biblioteca que algún día llegará.

Pero además, veinte años después del nacimiento de Adamstown, tenemos algo mucho más importante: una generación entera que se ha criado en esta nueva Irlanda, formando parte de una diversidad que para ellos es su medio natural, fundiendo múltiples culturas y construyendo una identidad todavía más compleja y rica en matices que la de la generación anterior.

No podíamos dejar pasar la oportunidad de recopilar algunas de esas historias, diez años después del libro original. Y así nació Adamstown our home, un proyecto muy especial creado por dos personas muy queridas y admiradas en nuestra comunidad, y con toda la razón del mundo: el padre John Hassett, también creador y coordinador del libro original, y Gema Pintor, directora del centro comunitario. El resultado son otras veinte historias, varias de ellas de más de una generación, de las familias que llaman a Adamstown su hogar.

(Foto de la portada del libro Adamstown our home.)

Muchísimas gracias, John y Gema, por contar conmigo para este proyecto; he disfrutado mucho siendo una de las entrevistadoras, y he aprendido mucho también. Gracias a los demás entrevistadores, Anisa, Bernie, Ita, Michael, Rose y Sunita, y sobre todo, gracias a David, Aida, Joseph, Vicky y John por el tiempo que pasamos juntos en las entrevistas.

Las grabaciones de las entrevistas pasarán a formar parte del archivo oral de Adamstown, y estarán disponibles en nuestra biblioteca (una vez que se construya). Mientras tanto, el libro ya está a la venta, y todos los beneficios se repartirán entre los tres colegios del barrio (dos de primaria y uno de secundaria) para ayudar a niños con necesidades especiales.

¿Habrá tercera parte en 2035? Quién sabe…

Palabras (más o menos) intraducibles: overexplaining

Hoy os traigo un verbo en inglés que no es exactamente intraducible, pero que lo cuento como tal porque el equivalente en español no se suele utilizar: overexplaining, que se podría traducir como «explicar de más», o sea, dar demasiadas explicaciones.

Photo of a comic book cover: Disney´s Phineas and Ferb classic comic collection, 3 in 1

(Portada de un cómic de Phineas y Ferb que tenemos en casa; si te estás preguntando por qué pongo esta foto, sigue leyendo.)

La traducción literal sería sobreexplicar, que según el diccionario, sí que existe, pero yo al menos no la uso, porque creo que voy a perder más tiempo en explicar lo que significa la palabra que en decirlo de otra manera más larga 😀

¿Te pasa a ti también que das demasiadas explicaciones? A mí me lleva pasando toda la vida, mi hermana me lo decía siempre, aunque a base de irme conociendo, y de irlo trabajando poco a poco, he conseguido reducirlo bastante. En gran parte, creo que nos pasa cuando queremos justificar algo que hemos hecho o una decisión que hemos tomado, para conseguir la aprobación de otra persona o evitarnos su juicio.

Aunque también puede ser que el asunto ni siquiera tenga que ver con la otra persona, y estemos en realidad justificándonos nosotros mismos y repitiendo las razones por las que hacemos las cosas, tal vez porque en el fondo no estemos tan seguros, y pensemos que se podrían haber hecho mejor, o porque nos sintamos un poco culpables por alguna razón.

Y una tercera causa que se me ocurre es una tendencia general a ir por la vida de puntillas, como pidiendo permiso, buscando validación por cada cosa que hacemos. A lo mejor por un miedo constante a meter la pata, o por creer que no tenemos suficiente autoridad en ciertos ámbitos, o incluso por no sentirnos con derecho a estar donde estamos en la vida… Eso nos pasa sobre todo a las mujeres, y a otras minorías también. Como ya os podéis imaginar, la falta de autoconfianza tiene mucho que ver con este tema.

¿Y qué podemos hacer al respecto? Lo primero, como siempre, darnos cuenta. Observarnos. Y cuando nos pillemos dando demasiadas explicaciones, ser curiosos e investigar qué hay detrás de ese comportamiento. Así podremos identificar situaciones concretas con las que poder trabajar, para tener más confianza en los ámbitos que más nos importan.

(Por cierto, si observando nos damos cuenta de que es otra persona la que en nuestra opinión da muchas explicaciones, también podemos ejercer la curiosidad para averiguar qué está pasando ahí: ¿Puede ser que esté nerviosa, y la podamos ayudar de alguna manera? ¿O tal vez somos nosotros los que estamos impacientes por hacer que acabe, para poder decir lo nuestro o pasar al siguiente asunto?)

También puede ser que descubramos que, más que una cuestión de confianza al expresarnos, el problema es algo mucho más profundo: que nuestras acciones y decisiones no están del todo alineadas con nuestros valores internos, y eso nos genera incomodidad (una versión de lo que en psicología se denomina disonancia cognitiva). Y por eso recurrimos a repetir como papagayos nuestras explicaciones programadas, ya sean propias o heredadas, para justificarnos y poder quedarnos tranquilos, al menos por un tiempo.

Desde aquí os invito a que observéis durante esta semana cuántas explicaciones dais (o no dais) al cabo del día, y a que reflexionéis un poco sobre lo que hay detrás de cada explicación. Si queréis compartir vuestras observaciones conmigo, estaré encantada de leeros.

Yo, personalmente, estoy muy orgullosa de haber conseguido hace poco dar una respuesta al más puro estilo de Phineas y Ferb, que son los protagonistas de una serie buenísima de animación de Disney Channel, y mis héroes en cuanto a responder a las preguntas de los adultos con total confianza y seguridad, ¡y sin explicaciones de más!

Palabras intraducibles: feedback

Ayer me topé con una frase muy oportuna para el momento que estoy viviendo ahora mismo, y me encontré que, para variar, no se puede traducir completamente del inglés al español:

Si quieres crecer, obtén feedback

Feedback. Esa gran palabra. Técnicamente sí que tiene traducción, pero creo que no para este contexto en concreto.

Scrabble-like letters forming the word FEEDBACK

Sorprendentemente, la Real Academia de la Lengua incluye la palabra feedback tal cual en su diccionario, con dos significados que reflejan contextos distintos: «retroalimentación», en biología, y «retorno, eco», relativo al sonido (como cuando tienes un altavoz enfrente de un micrófono y se acopla el sonido). El traductor de Google nos ofrece como alternativas «realimentación» (otra manera de decir retroalimentación) y «comentario», que supongo que es aplicable en el contexto de las redes sociales, pero aun así la verdad es que me chirría un poco.

Siendo realistas, lo que ha pasado es que en el contexto laboral, profesional, creativo, etc., los hispanohablantes nos hemos acostumbrado a utilizar la palabra feedback directamente, sin traducirla. Y es que, efectivamente, en inglés hay una tercera definición que no tenemos en la RAE: según el diccionario de Oxford, es «información sobre las reacciones a un producto, al rendimiento de una persona o al desempeño de sus tareas que se utiliza como base para mejorar».

¿Y qué tienen en común estas tres definiciones? Pues como la propia palabra indica (feed-back, alimentar hacia atrás, retro-alimentación), el resultado de un proceso se utiliza como información para regular el propio proceso. En biología (mi favorita, todavía recuerdo cuando de adolescente me hablaron en clase de esto), el producto de las reacciones químicas a nivel molecular, celular, etc. sirve para controlar la propia reacción, a menudo para volver a un equilibrio. En tecnología e ingeniería, la salida de un sistema se puede conectar como entrada a ese mismo sistema, formando un bucle que le permita autorregularse. Y en el entorno laboral, averiguamos lo bien o lo mal que estamos haciendo las cosas (o cuánto gusta o deja de gustar nuestro trabajo) según los comentarios que recibamos al respecto.

Una definición interesante que me he encontrado en la Wikipedia es la que hizo un tal Ramaprasad en los años ochenta: según él, el feedback es «información sobre la diferencia entre el nivel real y el nivel de referencia de un parámetro del sistema, utilizada para alterar de alguna manera esa diferencia». Y es en la segunda parte de la definición donde está la clave: la información por sí misma no se considera feedback; para ser feedback tiene que causar un impacto en el sistema, dar lugar a una acción.

Volviendo al tema profesional, ése es también el sentido que tiene el feedback: ayudarnos a mejorar «el sistema» (en este caso, nuestras capacidades y rendimiento en un determinado ámbito) utilizando la información que nos proporcionan nuestros propios resultados . Qué fácil suena, ¿verdad?

Pero por supuesto, no es tan fácil. ¿Por qué? Porque somos personas, no mecanismos automáticos. Los seres humanos somos mucho más complejos. Por un lado, por mucho que nos engañemos pensando que somos objetivos, no lo somos ni mucho menos, así que la información nos llega distorsionada. Desde dentro nos cuesta ver claramente los resultados que estamos produciendo, y necesitamos que nos los muestre alguien desde fuera. Por otro lado, aquí «el sistema» no es algo ajeno a nosotros, sino que somos nosotros mismos, por lo que tendemos a tomarnos el feedback como algo personal; lo recibimos muchas veces como un juicio a lo que hacemos, y en última instancia, a quiénes somos, en lugar de simplemente información sobre el efecto que producimos con determinadas acciones. Y empiezan a surgir emociones, pensamientos, mecanismos de defensa…

¿Y si pudiéramos volver al origen de la palabra, y recordar que el feedback no es más que información de referencia que podemos utilizar para seguir mejorando? Necesitamos saber cuando nos estamos pasando o nos estamos quedando cortos, y la única manera de averiguarlo es probando, y analizando qué pasa.

Lo cual me lleva otra vez a la frase del principio: Si quieres crecer, obtén feedback. Y yo añadiría: aunque duela un poquito.

Todo esto me ha venido a la cabeza porque estoy en este momento a la espera de feedback, y es súper interesante ver todo lo que remueve…

Y tú, ¿qué tal lo llevas?

El año de…

¡Empezamos el 2025! ¿Qué tal lo llevas de momento?

Me ha gustado esta imagen del cuaderno en blanco y el lápiz, me parece una buena metáfora para esta época del año:

Photo of a pencil resting on an open blank notebook

¿Qué planes tienes para los próximos doce meses? En este artículo te propongo dos alternativas a los típicos propósitos de año nuevo (que, seamos realistas, suenan muy bonitos pero están condenados a no cumplirse), y hoy añado otra propuesta más, algo que escuché el año pasado y que no había puesto en práctica hasta ahora.

Se trata de elegir una palabra como tema para el año, algo en lo que queramos enfocarnos. Así creamos un hilo conductor para nuestros objetivos, usando la palabra como recordatorio y fuente de motivación.

Yo ya tengo la mía para 2025, ¿quieres saber cuál es?

Tachán tacháaaaan…

2025 para mí es el año de…

LA LIMPIA*

(*Nota aclaratoria para la versión en español: me refiero a hacer limpia en el sentido de organizar y deshacerme de lo que ya no necesito. En inglés hay una palabra maravillosa para eso, decluttering, que yo estaba convencida de que ya había añadido a la lista de intraducibles, pero se ve que no, pendiente queda para otro post.)

Pues sí, esta va a ser la temática de este año en nuestra casa, y no sólo para mí; también he reclutado a las niñas. Durante 2024, por diversos motivos, hemos ido acumulando muchas cosas en casa, y no hemos tenido tiempo de hacer limpia como es debido. Ha llegado el momento de liberar espacio, y que salga lo viejo para que pueda entrar lo nuevo.

¿Y tú, qué palabra eliges? Puede ser cualquier cosa que resuene contigo y a lo que quieras darle prioridad este año. Cuentamelo en un comentario, y me encantará leerte.

Gracias, gracias, gracias

Esta semana se va a celebrar Acción de Gracias en Estados Unidos, así que es una ocasión estupenda para volver a hablar del agradecimiento.

Digo «volver a hablar» porque éste es un tema que ya hemos tratado varias veces en el blog, como no podría ser menos. Y es que el agradecimiento es una herramienta de desarrollo personal tan sencilla como poderosa; por eso la recomiendo como una de las apps esenciales que nos podemos r«instalar» en nuestro disco duro particular.

La gratitud es un músculo que hay que ejercitar, a ser posible, todos los días, y que requiere un esfuerzo consciente de atención hacia lo positivo y lo provechoso de cada situación. Puede que haya momentos sobre todo al principio, en los que nos cueste un poco (o mucho) encontrar cosas por las que dar gracias, pero la clave está en seguir buscando y en recordar que siempre, siempre, SIEMPRE hay algo, por pequeño e insignificante que nos parezca.

O puede ser que el regalo del día venga como una enseñanza disfrazada de reto o de dificultad, y que tardemos un poco en darnos cuenta. Sea como sea, poco a poco, con tiempo, paciencia y mucha práctica, irán apareciendo cada vez más motivos por los que estar agradecidos, y nos iremos sintiendo cada vez más afortunados.

Cuando la vida te sea dulce, da las gracias y celébralo.
Y cuando la vida te sea amarga, da las gracias, y crece.

Shauna Niequist

¿List@ para empezar? No hace falta que sea un ritual muy elaborado, puede ser tan sencillo como preguntarte cada noche antes de dormir, como les pregunto yo a mis hijas: ¿por qué damos gracias hoy?

Y aquí en la foto puedes ver mi respuesta de hoy; yo doy gracias por estas tres señoritas:

Photo of my three daughters from the back, while walking on the street