Poniéndome al día (o al menos intentándolo)

Estos últimos días he tenido mucho lío en el trabajo, y también en casa. Por suerte, la mayoría ha sido lío «del bueno»: proyectos que me ilusionan, conversaciones interesantes, encuentros con amigos y actividades en familia.

Pero no deja de ser mucho lío, para mí que soy más bien tranquila (o que institntivamente busco tranquilidad). Y no han sido solamente unos días, han sido más bien semanas, o meses… Y no tiene pinta de que vaya a aflojar pronto.

¿Te suena? ¿Te sientes identificad@?

Photo of a wall clock

Yo, por un lado, me alegro, porque me resulta mucho más fácil mantenerme activa cuando «hay cosas que hacer». Por otro lado, me da la sensación de llevar meses esperando una tranquilidad que no acaba de llegar, y me gustaría bajar un poco el ritmo para que pueda seguir siendo sostenible.

Esta mañana, pensando en esto, me he acordado de una frase con la que me identificaba mucho hace años, y que hoy elijo interpretar de una manera completamente distinta. Resulta que ya había escrito un artículo sobre esta cita, pero me da igual, la voy a poner otra vez:

Dios me puso en este mundo para conseguir un cierto número de cosas – ahora mismo voy con tanto retraso que no me voy a morir nunca.

Bill Watterson

(Por cierto, nunca se me había ocurrido investigar al autor, resulta que Bill Watterson es el creador de Calvin y Hobbes, una tira cómica que llevo años queriendo leer, a ver cuándo me decido de una vez y les pido prestados los libros a Fredi y a las niñas).

¿Qué te parece la frase? A mí me encanta, me parece de un humor muy sutil y muy inteligente. Y en tiempos, reflejaba perfectamente mi sensación constante de no llegar, de pasarme el día corriendo de un lado para otro haciendo cosas y aun así no conseguir nunca estar al día. Sólo pensar en todo lo que «tenía que hacer» me resultaba agotador…

Hoy, quince años después y con unas cuantas herramientas más en mi mochila, decido plantearme este tema de una manera que me dé energía en lugar de quitármela:

  • Sí, hago muchas cosas todos los días, pero las hago porque yo elijo hacerlas (¿que no hemos hablado todavía de la diferencia entre «tener que» y «elegir»? Pues ya tenemos tema para la semana que viene).
  • Ya no intento hacerlo siempre todo, porque me he dado cuenta de que es materialmente imposible. He aprendido a ser más flexible y a ir adaptando los planes según las necesidades del día y mis prioridades (más sobre prioridades aquí)
  • El cuidarme yo y mantener la batería bien cargada es parte obligatoria de mi lista de prioridades (como esto no se cumpla, vamos de mal en peor).
  • Muchas de las cosas que hago me hacen ilusión, y para las que no me entusiasman, el recordar para qué las hago y por qué son importantes me ayuda a motivarme.

¿Soy ahora más productiva gracias a todo esto? Pues sinceramente, no lo sé, no sé si estoy consiguiendo más o menos de lo que conseguía hace quince años, mi vida ha cambiado mucho desde entonces. Pero lo que sí sé es que sufro mucho menos y que estoy disfrutando mucho más del camino, aunque a veces también esté cansada.

¿Y lo de ir con retraso? Eso siempre es relativo: ¿con qué o con quién me estoy comparando? El 99% de las veces, con una versión imaginaria y perfecta de mí misma que nunca voy a poder alcanzar… Seguramente nunca pueda llegar a desactivar del todo esa vocecita interna de la autocrítica, pero lo que sí puedo es darme cuenta de lo poco realista que es a veces, y de que no siempre se merece que le haga mucho caso.

Con retraso o sin él, lo que a mí me transmite esta frase a día de hoy son ganas de vivir: hay muchas cosas que quiero hacer, muchos proyectos que quiero emprender, muchas metas que quiero conseguir, muchos encuentros que quiero disfrutar. Y eso me va a dar energía vital (si Dios / el Universo quiere) para vivir muchos, muchos años.

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