No hay horas suficientes

¿Alguna vez sientes que los días se te quedan cortos, que no te llega para poder hacer todo lo que quieres (o tienes) que hacer?

En esas estaba yo hace unos años cuando me topé con un programa de RTÉ, la televisión nacional irlandesa, que se llamaba precisamente así: «Not enough hours» (no hay horas suficientes).

Recuerdo que en aquella época yo estaba bastante agobiada en general, de hecho el subtítulo de mi blog de entonces (la anterior encarnación de BinaryWords), era «en lucha contra el caos». Porque así era como me sentía: había mucho caos en mi vida, y yo tenía que luchar contra él, y todo se me hacía cuesta arriba… Básicamente lo que estaba pasando era que tenía un trabajo a jornada completa, una niña pequeñita más otra en camino, y unas expectativas de mí misma que no era capaz de cumplir.

Así que ese programa de la tele me vino que ni pintado, por muchas razones. La primera es que me tranquilizó ver que lo que me pasaba a mí le pasaba también a mucha otra gente, de maneras diferentes. La segunda es que aprendí varias cosas que me parecieron tanto interesantes como útiles, os comparto un par de ellas más abajo.

La tercera es que así fue como conocí a Owen Fitzpatrick, el psicólogo y experto en gestión del tiempo que presentaba el programa. En cada episodio acompañaba a una persona distinta, para ayudarla en su problema concreto. Me encantaba su forma de explicar los conceptos de gestión del tiempo, y cómo los aplicaba para conseguir una solución que de verdad funcionara para cada participante… Luego, charlando con un compañero de trabajo (¡gracias Tim!), me enteré de que Owen era experto en muchas otras áreas también, y así fue como acabé haciendo mi primer curso de PNL, en Dublín, allá por 2013, con Owen Fitzpatrick y Brian Colbert 🙂

Estos son los dos aprendizajes que me llevé de ese programa, que yo recuerde:

  • Cómo el perfeccionismo nos hace más mal que bien, y la frase «perfecta» para que no nos agobie ni nos bloquee a la hora de hacer algo:

No tiene que estar hecho a la perfección, sólo tiene que estar hecho.

(Owen Fitzpatrick, y muchos otros con palabras similares)

Curiosamente, aún a día de hoy, cuando me doy cuenta de que me he quedado enganchada intentando hacer una tarea de forma perfecta, lo que oigo en mi cabeza es la voz de Owen diciendo esta frase, y eso me ayuda un montón (además de confirmar que uno de mis sistemas representacionales principales es el auditivo, cosa que aprendí en su curso de PNL).

  • Cómo el concepto del tiempo es algo abstracto que las personas representan internamente de maneras distintas. Por ejemplo, al imaginar una linea temporal, unas personas la visualizan de izquierda a derecha, situando el pasado a un lado y el futuro al otro, y otros la representan perpendicularmente, situando el pasado detrás y el futuro delante. Dependiendo de tu manera concreta de representar internamente el tiempo, puede que te cueste más organizarte con una agenda de formato tradicional, y si es así, puede que haya otras estrategias que te funcionen mejor para completar las tareas.

¿Qué te parecen estas dos ideas? ¿Qué te ayudaría a sacarle más provecho a tu tiempo?

Aprendiendo de los artistas

Ayer, aprovechando que tenía un día libre en Madrid (y huyendo un poco del calor, todo hay que decirlo), me di una vuelta por el Museo del Prado.

La visita me encantó, os la recomiendo totalmente. Lo que no os recomiendo es que os pateéis el museo entero en un solo día, como hice yo, que al final ya hasta me dolían los pies… Para las personas razonables como vosotros, hay una audioguía muy buena con recomendaciones de qué obras ver en función de si quieres que la visita dure una hora, o dos, o tres. Yo simplemente me dejé llevar, caminando sala por sala, curioseando. No me preguntéis cuánto tiempo me llevó.

Una cosa que me llamó enseguida la atención fue ver cuadros que eran copias de otros cuadros, o de parte de ellos, muchas veces puestos uno al lado del otro. Y digo copias, no falsificaciones; la intención no era hacer pasar un cuadro por el otro. Muchas veces eran pintores que, como parte de su formación o a modo de homenaje, copiaban las obras de los grandes maestros de su época (o de una época anterior), con resultados también de mucha calidad.

Otras veces, un mismo pintor hacía varias copias con ligeras variaciones sobre un mismo tema, sobre todo si sus obras estaban muy demandadas, y les vendía distintas copias a distintas personas (por aquel entonces no era tan fácil como copiar y pegar 🙂 )

Y otra cosa que aprendí fue cómo para ciertos encargos de importancia, algunos pintores hacían uno o varios bocetos en un formato más pequeño, antes de ponerse a pintar el lienzo grande. Así podían ir ensayando y probando la estructura y los elementos del cuadro, y además enseñarle a su mecenas una «vista previa» del resultado, para conseguir la aprobación del encargo final. Resulta muy curioso ver cómo evoluciona la obra desde el primer boceto al lienzo definitivo, parecido a como se hace hoy en día con los cómics, las películas, etc.

Pero volviendo al tema de los cuadros copiados: un buen ejemplo es el de Rubens, que durante su estancia en Italia copió varios cuadros de Tiziano, entre ellos «El rapto de Europa«.

Original de Tiziano (expuesto en un museo de Boston):

Copia de Rubens, expuesta en el Prado:

Pero la cosa no acaba aquí. Luego ya, para rizar el rizo, llega Velázquez, y en uno de sus cuadros incluye también un homenaje a esta obra. Fijaos en el tapiz al fondo de la escena representada en «Las hilanderas» (también llamada «La fábula de Aracne«), expuesta en la misma sala del museo del Prado:

Me pareció una idea muy chula, pintar un cuadro dentro de otro cuadro 🙂

Una idea de la que luego me fui encontrando más ejemplos por el museo, como este cuadro de Jan Brueghel y Rubens, dedicado a «La vista» como parte de una serie sobre los cinco sentidos:

Y ya el que me pareció una pasada fue este otro, de David Teniers el Joven, «El archiduque Leopoldo Guillermo en su galería de pinturas en Bruselas«:

Madre mía, el talento que hace falta para poder pintar todo eso…

En fin, que me encantó la visita al Museo del Prado, más que por ver los cuadros típicos y famosos como «Las Meninas» (que también), sobre todo por ver cómo los artistas iban aprendiendo unos de otros, apoyándose en el conocimiento y las técnicas que ya existían para innovar y crear otras nuevas, y así hacer su propia contribución al mundo del arte, para que otros pudieran disfrutar y aprender a su vez.

Me hizo pensar en cómo también nosotros, en cualquier cosa que queramos aprender, tenemos seguro un montón de maestros a quienes modelar y de quienes aprender (y más en estos tiempos de Wikipedia y Youtube), y así no tener que «reinventar la rueda», como se suele decir en inglés. Y también se suele decir que la mejor manera de aprender es enseñar, es compartir lo que ya sabemos, por supuesto dando crédito a aquellos de quienes lo aprendimos.

Compartiendo el conocimiento, aprendiendo juntos, avanzamos todos.

Mi lugar feliz

¿Cuál es ese lugar tan especial para ti, ese que te trae tan buenos recuerdos que sólo con imaginarte estar allí ya empiezas a sentirte bien inmediatamente?

Si lo tienes (que espero que sí), ése es «tu lugar feliz» (o como dicen en inglés, aunque suene un poco peliculero: «your happy place»).

close up photo of clear water in a swimming pool

A lo mejor no tienes sólo un lugar feliz, sino varios, mejor que mejor. Yo hoy he tenido la suerte de visitar uno de los míos, un lugar donde he pasado muuuuuchos días de verano a lo largo de mi vida, y disfrutado muuuuuchas horas de piscina y de juegos con mi familia 🙂

Algunas cosas han ido cambiando con los años, lógicamente (todo está, y todos estamos, en constante cambio), pero siempre me hace mucha ilusión volver… Y qué suerte que tengo de poder volver.

Puede que tus lugares felices ya no sean como tú los conocías; puede que ahora sean distintos, o incluso que hayan desaparecido. Puede que creas que ya no vas a volver a visitarlos. Pero en realidad no importa, porque aún siguen existiendo en tu mente y en tu corazón, donde puedes recordarlos como mejor te parezca.

Te propongo un pequeño juego: cierra los ojos, respira profundamente, trasládate mentalmente por unos minutos al lugar feliz que tú elijas, disfrútalo de verdad (esto es lo más importante), y fíjate en los detalles que más te gusten, los que mejores recuerdos te traigan, para poder volver a ellos y sentirte así de bien cada vez que lo necesites:

  • Una imagen – la puesta de sol junto a la piscina.
  • Un sonido – el canto de las tórtolas (aunque yo creía que eran las abubillas…)
  • Un olor – el de la tierra mojada en una tormenta de verano.
  • Un sabor – el de las «bolluelas» del desayuno.
  • Una sensación – de calma, de alegría, de conexión.

¿Te apetece compartir los tuyos?

Un buen comienzo

Hoy os traigo un proverbio irlandés que me ha llegado escrito en gaélico (y que no tengo ni idea de cómo se pronuncia):

Tús maith leath na hoibre

Que traducido quiere decir…

Un buen comienzo es la mitad del trabajo

Provervio irlandés

Lo más difícil es atreverse a cruzar esa línea de salida…

Muchísimas gracias a todos los que me habéis mostrado vuestro apoyo de distintas maneras esta semana, con mi primer taller online (espero que el primero de muchos).

Siento que ha sido un muy muy buen comienzo, seguiremos informando 🙂

Justo a tiempo

Dicen los expertos que cuando uno se dedica a publicar contenidos en internet o en redes sociales, es importante planificar las publicaciones con una cadencia determinada, para que haya un ritmo previsible; eso parece ser que les gusta mucho a San Google.

Yo cuando me enteré de esto hace unos meses (¡gracias María!), me propuse para este blog el ritmo más sencillo y alcanzable que se me ocurrió: escribir un post a la semana. En principio no tenía en mente ningún día de la semana en concreto, pero para cuando me fui a dar cuenta, ya había surgido un patrón: acabar publicando el domingo, normalmente por la noche (o en la madrugada del lunes, que técnicamente ya es a la semana siguiente…)

Visto así, se podría decir que tengo tendencia a dejar las cosas para el último momento. Y en algunos casos, es cierto. Podría elegir centrarme en eso, y machacarme por dedicarme a procrastinar (que es una palabra que no me gusta nada, por cierto).

Pero también, visto de otra manera, resulta que semana tras semana estoy consiguiendo alcanzar el objetivo de publicar un post, porque por muy a última hora que sea, tanto si me apetece como si no, llegado el momento siempre me pongo a escribir, y no hay excusas que valgan, porque quiero seguir siendo fiel a mi compromiso semanal, conmigo misma y con mis lectores.

Seguramente, de no ser por este plazo autoimpuesto, se habrían quedado sin escribir como la mitad de los artículos que ahora podéis leer y disfrutar… Pero aquí están, gracias a haber encontrado una forma productiva de negociar con mi procrastinación 🙂

Por cierto, ¿Te has preguntado alguna vez por qué procrastinamos? Una teoría que he oído varias veces es la de que inconscientemente nos viene muy bien dejar las cosas para última hora porque así nos quitamos responsabilidad sobre el resultado: si sale mal, tenemos la excusa de que no ha habido tiempo suficiente para hacerlo bien. ¿Y si sale bien? Entonces genial, nos ponemos la medalla por haberlo conseguido en tiempo récord. De una manera o de otra, nuestro ego evita sufrir.

En cambio, cuando hacemos la tarea con tiempo, está mucho más claro que somos responsables de cómo salga, y eso nos provoca mucho miedo e inseguridad: ¿Y si me sale mal? ¿Y si no les gusta? ¿Y si me rechazan?

Quizá la clave esté en dejarnos de excusas de una vez por todas, aceptar que el resultado es y será siempre nuestra responsabilidad, y elegir la mejor manera de gestionar nuestro día a día según lo que queramos conseguir en la vida.

Porque, ¿qué pasaría si de verdad le dedicaras tiempo y esfuerzo a eso que dices que es importante pero que siempre se queda atrás?

Un año de BinaryWords

¡BinaryWords 2.0 cumple este mes su primer añito!

Doce meses escribiendo, más de cincuenta posts publicados, siempre con todo mi cariño e ilusión 🙂

Para mí ha sido un año lleno de cambios, unos más visibles que otros: decisiones, nuevos retos, mucho aprendizaje… Empezar a trazar un nuevo camino. Y lo mejor de todo es que esto no es más que el principio.

Estoy ya trabajando en la siguiente versión de esta web, la 3.0. El blog seguirá, por supuesto, pero también habrá otros elementos, entrando más de lleno en el mundo del coaching y el desarrollo personal.

Así que aprovecho esta oportunidad para darte las gracias otra vez, querido/a lector/a, por estar ahí semana tras semana, tú eres la razón por la que escribo este blog. Y también para pedirte que, si te parece bien, como regalo de cumpleaños me envíes tu feedback, que me ayudará un montón con mis próximos pasos.

Aquí tienes unas cuantas preguntas, por favor siéntete libre de añadir o quitar lo que te parezca oportuno:

  • ¿Cómo llegaste a este blog, y qué fue lo que te hizo quedarte?
  • ¿Cuál es tu post favorito hasta la fecha, y por qué?
  • ¿Sobre qué otros temas te gustaría ver contenidos publicados?
  • ¿Cuál es el mayor reto al que te enfrentas en este momento?

Estoy deseando leer tu respuesta, tu regalo. Puedes responder con un comentario aquí mismo en el post, contactar conmigo por las redes sociales, o escribirme un email a binarybea@binarywords.com.

¡Mil gracias!

Y allá vamos, a por el segundo año 😉

Jugando a las damas

Mi hija Eva, de siete años, está aprendiendo a jugar a las damas. Bueno, creo que ya había jugado alguna vez hace tiempo, pero por alguna razón llevábamos mucho sin jugar, y se le habían olvidado las reglas.

Jugar con Eva me trajo muchos recuerdos de cuando yo de pequeña jugaba a las damas con mi hermana Cristina, que fue quien me me enseñó. ¡Y vaya palizas que me daba! No recuerdo haberle ganado nunca… En mi defensa diré que es seis años mayor que yo, y de pequeños, esa diferencia de edad se nota mucho. Ahora parece ella más joven que yo, pero eso ya es tema para otro post 🙂

El caso es que una de las cosas que más recuerdo era la cara de tonta que se me ponía cuando no lo veía venir, y de pronto ella me comía dos o tres piezas de un tirón. Creo que no era exactamente el perder lo que me hundía (perder a los juegos nunca me ha importado demasiado), sino la sensación de impotencia de no saber jugar bien, y de no poder hacer nada para remontar la partida.

Y claro, ahora la que siente esa impotencia, partida tras partida, es Eva. No sabe lo bien que la comprendo.

Todos hemos pasado por experiencias parecidas, cuando empezamos a aprender algo nuevo y se nos da fatal, o al menos eso creemos; en realidad es que todavía no sabemos hacerlo, es esa fase del aprendizaje que llamamos de incompetencia consciente. Es algo inevitable. Y puede ser muy, muy frustrante, sobre todo cuando hace mucho que no salimos de nuestra zona de confort, y estamos acostumbrados a que las cosas nos salgan bien. A nadie le gusta sentirse torpe e inútil, como un pez fuera del agua.

Pero se nos olvida que todo aprendizaje necesita su proceso, y eso lógicamente lleva su tiempo. Lo importante es seguir practicando, tener perseverancia, e ir aprovechando los «errores» para mejorar la técnica, la estrategia, o lo que sea que nos haga falta.

A mí los juegos de mesa siempre me han parecido un buen ensayo para la vida, una buena manera de aprender habilidades que luego podemos aplicar a cualquier otra cosa. Pensando en el ejemplo de esta semana con las damas, se me ocurren unas cuantas cosas:

  • Gestionar emociones como la tristeza, el enfado y la frustración.
  • Tener paciencia con uno mismo y con los demás.
  • Centrarse en aprender y mejorar, más que en el hecho de ganar o perder.
  • Permitirse ser imperfecto y cometer errores.
  • Observar para darse más cuenta de lo que está pasando, y poder ver venir las jugadas del contrario.

Y a ti, ¿qué te han enseñado los juegos? ¿Hay alguno que te resultara especialmente frustrante?

Presencia

Hoy os traigo una cita con la que me he topado esta semana, sacada de un libro sobre gestión de equipos que se llama Software for your head («software para tu cabeza»). Tengo que admitir que el libro en sí no me lo he leído, aunque me parece que tiene muy buena pinta, y al menos el título pega mucho con el espíritu de este blog 🙂

Ya sea que los miembros de un equipo estén desperdigados por el mundo o apretados hombro con hombro en filas de cubículos, la distancia siempre es el problema principal que surge entre colaboradores. El remedio para la distancia es la presencia. Claramente, es más fácil distinguir las dificultades generadas por la distancia cuando un equipo está disperso geográficamente, y los problemas se suelen atribuir más a los kilómetros que a las mentes. Sea cual sea su situación geográfica, la tarea principal de cualquier equipo es superar la distancia. Pero lo que debe superarse es la distancia psicológica entre las mentes de las personas, más que el espacio físico que haya entre sus cuerpos.

Jim & Michelle McCarthy – Software for your head

El libro se escribió hace más de veinte años, y si este párrafo ya era cierto seguramente entonces, yo diría que ahora lo es todavía mucho más, tanto dentro como fuera del entorno laboral. Vivimos tan distraídos en nuestra vida en general, tenemos normalmente la atención tan dispersa, que nos cuesta estar de verdad presentes con la persona que tenemos delante en cada momento. A menudo estamos sin estar realmente. O estamos, pero a medias, dedicando sólo un cachito de nuestra atención a la otra persona. Y lo peor de todo es que nos hemos acostumbrado a vivir así, lo consideramos normal, y tenemos todo tipo de excusas para justificarlo.

Pero cuando hacemos el esfuerzo y de verdad estamos presentes, aparcando durante un rato todas las distracciones, se nota la diferencia, y mucho,. La conexión se vuelve más profunda, el momento compartido es más valioso. Y si estamos en un entorno laboral, lo más seguro es que la comunicación sea más eficiente y ayude mucho a sacar adelante el trabajo.

Así que estemos donde estemos, acordémonos de que el mejor regalo que podemos hacer a los demás es nuestra presencia, nuestra atención plena, durante el tiempo que pasemos con ellos. Familiares, amigos., compañeros de trabajo, da igual quien sea. Y la distancia deja de importar.

Violinistas en el metro

La vida está llena de pequeños detalles, de esos que pasan desapercibidos cuando estamos ensimismados pensando en otras cosas, que es la mayoría de las veces. Andamos demasiado a menudo con el piloto automático puesto, agobiándonos por el futuro o dándole vueltas al pasado, y nos perdemos el presente.

Y claro, si se nos pasan por alto todos los detalles que hacen que cada día sea único e irrepetible, ¿cómo no nos va a parecer que vivimos en el día de la marmota?

Pero si conseguimos bajar un poco el ritmo, y nos centramos en estar presentes y atentos como nos enseña la práctica del mindfulness, empezamos a notar cosas maravillosas y sorprendentes, estemos donde estemos. Porque en todas partes hay belleza, si la sabemos ver.

Una historia muy chula que escuché hace poco y que tiene que ver con esto (¡gracias Paz!) es un experimento que se hizo hace unos años en Estados Unidos. Un violinista famosísimo, uno de los mejores del mundo, se puso a tocar de incógnito con su violín Stradivarius en una estación de metro de Washington D.C., en plena hora punta. Estuvo casi tres cuartos de hora tocando, y en todo ese tiempo, tan sólo siete personas se pararon a escuchar su música, y sólo una de ellas le reconoció. Los demás pasaron de largo, inmersos en las prisas y el estrés de sus preocupaciones diarias… ¿Es así de verdad como queremos vivir, pasando siempre de largo por la vida, para luego andar quejándonos de la monotonía y la rutina?

Lo bueno es que podemos romper ese ciclo. Cada mañana al despertarnos, podemos elegir entre poner el piloto automático y vivir otro día de la marmota, o cambiar nuestra mirada y dejarnos sorprender por los «violinistas del metro»: una puesta de sol espectacular, la alegría de tus hijos al llegar a casa, charlar con un ser querido…

Mi «violinista» de hoy es darme cuenta de que éste es el post número cincuenta del blog 🙂 ¿Y el tuyo?

Configuraciones

A veces nos pasa que cuando tenemos un problema que queremos solucionar, sobre todo si somos un poquillo perfeccionistas, es que caemos en la trampa de pensar dos cosas: por un lado, que sólo hay una solución «ideal» o «perfecta» para ese problema en concreto, y por otro, que sólo hay una manera posible de llegar hasta esa solución.

Se nos olvida que cada persona es un mundo, y que así como las situaciones que nos podemos encontrar en la vida son potencialmente infinitas, también lo es nuestra creatividad para encontrar soluciones, siempre y cuando nos demos a nosotros mismos un voto de confianza.

Pero claro, a veces por el camino perdemos esa confianza, como cuando montamos una cara del cubo de Rubik y se nos descuajaringa otra. A veces al hacer un cambio, sin querer removemos otras cosas, porque todo está relacionado.

El secreto quizá sea empezar a tomarnos la vida como un experimento, y en lugar de intentar llegar a ese cubo de Rubik tan perfectamente montado, pero a la vez tan rígido e inamovible (¡y tan aburrido!), con todos los cuadritos de colores en su cara correspondiente, podemos optar por ir encontrando nuestra propia combinación, la que funciona para cada uno de nosotros. Nuestro cubo no tiene por qué ser igual que el de los demás, ni tiene por qué ser el mismo toda la vida.

Y eso, ¿cómo se consigue? Pues a base de ir probando distintas configuraciones. Yo soy muy amiga de las soluciones intermedias, o sea, de ir haciendo pequeños cambios que nos acerquen poco a poco adonde queremos estar, sabiendo que siempre podemos modificar el experimento y cambiar de rumbo según decidamos, a medida que vayamos obteniendo resultados y haciendo descubrimientos.

Y digo pequeños cambios porque, si son muy grandes, puede que no duren mucho, o que se nos hagan tan cuesta arriba que al final abandonemos, o peor aún, que ni siquiera lo intentemos. Así que poco a poco: ¿qué pasa si muevo esta pieza un poquito hacia este lado? ¿O si cambio este color por este otro?

Por lo visto, un cubo de Rubik se puede configurar de 43 quintillones de maneras distintas… ¿Cómo es tu combinación de hoy?