No, el artículo de hoy no va de William Shakespeare, aunque no descarto escribir sobre él algún día…
El artículo de hoy va de esa pregunta que todos nos hacemos alguna vez en la vida (o deberíamos), y que según cómo nos pille, puede ser muy fácil o muy difícil de contestar:
¿Quién eres?

Ya os he comentado alguna vez que las personas somos como un iceberg; es la metáfora que se utiliza muy a menudo para explicar el modelo de niveles neurológicos de Robert Dilts, que os describo brevemente en este artículo.
Pues bien: en uno de los niveles neurológicos más profundos, al fondo del todo del iceberg, está el concepto de identidad.
Quiénes somos. O quiénes creemos ser, como decía el título de aquel programa de televisión (muy bueno, por cierto) donde cada día un famoso distinto seguía los pasos de sus ancestros: Who do you think you are? (¿Quién te crees que eres?)
La verdad es que es un tema complejo, este de la identidad. O más bien debería decir identidades, en plural, porque no tenemos una sola, tenemos muchas, y algunas van cambiando con el tiempo. Por ejemplo: yo soy Beatriz, soy Galindo y soy García. Soy BinaryBea, mujer, cuarentona, europea, española, extremeña, cacereña, expatriada, Spaniard en Irlanda, residente en Dublín, ingeniera informática, coach, madre, hija, hermana, tía, sobrina, amiga, compañera, vecina, empleada, alumna, propietaria, divorciada, lectora, bloguera… Y suma y sigue.
Como veis, algunas identidades pueden contener a otras, o solaparse, o incluso contradecirse, lo cual puede generar situaciones de conflicto interno, dilemas existenciales y autosabotajes. También puede pasar que, cuando alguna de estas identidades cambie o desaparezca, nos veamos perdidos y desorientados, como por ejemplo al pasar por un divorcio, o un despido: si ya no me puedo definir como espos@ de / emplead@ de / llámalo X, entonces, ¿quién soy? Es como si nuestra silla se hubiera quedado coja al perder una de las patas que la sostenía, y hace falta invertir tiempo y esfuerzo en volver a estabilizarla.
Todo esto viene a que el viernes escuché una poesía que me pareció preciosa, de Erin Hanson, que se titula Not (No):
Tú no eres tu edad, ni la talla de tu ropa,
No eres lo que pesas, ni el color de tu cabello.
Tú no eres tu nombre, ni los hoyuelos de tus mejillas.
Eres todos los libros que lees, y todas las palabras que pronuncias.
Eres tu voz ronca mañanera, y las sonrisas que intentas esconder.
Eres la dulzura de tu risa, y cada una de las lágrima que has llorado.
Eres las canciones que cantas a pleno pulmón cuando sabes que estás solo.
Eres los sitios donde has estado, y ese lugar al que llamas tu casa.
Eres las cosas en las que crees, y las personas a las que amas.
Eres las fotos de tu habitación, y el futuro con el que sueñas.
Estás hecho de tanta belleza… Pero parece que se te olvidó
Cuando decidiste que te definían todas esas cosas que no eres.
Y al día siguiente, el sábado, el Universo me puso esta canción en la radio para seguir con el tema: The Logical Song (la canción lógica), de Supertramp – aquí la tenéis con subtítulos en inglés y en español.
Y tú, ¿sabes ya quién eres, o necesitas que te lo digan?