Una llamada al amor: sufrimiento y gloria

Continuamos con nuestra serie de meditaciones destacadas de Anthony de Mello en su libro Una llamada al amor: hoy comparto con vosotros la meditación número veintiséis (puedes leer las anteriores aquí, aquí y aquí).

Por cierto, quiero aclarar que aunque estas reflexiones partan de un contexto aparentemente cristiano (empezando siempre con una cita de la Biblia), en realidad su contenido es mucho más espiritual que religioso, así que, sean cuales sean tus creencias, te animo a seguir leyendo y a sacar tus propias conclusiones.

Photo of tree trunks and branches in a wooded area

Vamos allá:

«¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?» (Lc 24, 26)

Piensa en algunos de los acontecimientos dolorosos de tu vida. ¿Cuántos de ellos son hoy para ti motivo de agradecimiento por haberte servido para cambiar y crecer? Hay aquí implícita una verdad elemental de la vida que la mayoría de las personas no llegan nunca a descubrir. Los acontecimientos afortunados hacen la vida más placentera, pero no son causa de autoconocimiento, de crecimiento y de libertad. Éste es un privilegio reservado a aquellas cosas, personas y situaciones que nos ocasionan algún dolor.

Todo acontecimiento doloroso encierra una semilla de crecimiento y de liberación. A la luz de esta verdad, vuelve ahora sobre tu vida y fíjate en tal o cual acontecimiento por el que no te sientas especiamente agradecido, y trata de descubrir el potencial de crecimiento que encierra y del que no has tomado conciencia hasta ahora, por lo que no has podido beneficiarte de él. Piensa también en algún acontecimiento reciente que te haya ocasionado dolor y sentimientos negativos. Cualquiera que haya sido la cosa, persona o situación que te ha producido tales sentimientos, ha sido «maestra» para ti, porque te ha revelado algo (o mucho) acerca de ti que probablemente no sabías y te han invitado y desafiado a descubrirte y conocerte mejor y, consiguientemente, a crecer y acceder a la vida y a la libertad.

Intenta ahora identificar el sentimiento negativo que ese acontecimiento ha despertado en ti. Puede haber sido un sentimiento de inquietud, de inseguridad, de envidia, de ira, de culpa… ¿Qué te dice esa emoción acerca de ti mismo, de tus valores, de tu manera de percibir el mundo y la vida y, sobre todo, de tu «programación» y tus condicionamientos? Si consigues descubrirlo, te librarás de alguna ilusión o espejismo al que hasta ahora te habías aferrado, o dejarás de percibir alguna cosa de manera deformada, o corregirás alguna falsa creencia, o aprenderás a distanciarte de tu sufrimiento… Con tal de que comprendas que todo ello ha sido causado por tu «programación», no por la propia realidad; e inesperadamente comprobarás que te sientes plenamente agradecido por esos sentimientos negativos y por la persona o el acontecimiento que los ha originado.

Intenta ahora dar un paso más. Considera todo cuanto piensas, sientes, dices y haces… Y no te agrada: tus emociones negativas, tus defectos, tus «handicaps», tus errores, tus apegos, tus neurosis, tus dependencias… Y tus pecados, naturalmente. Puedes considerarlo todo ello como una parte necesaria de tu desarrollo; como algo que te ofrece una promesa de crecimiento y de gracia para ti y para otros y que no se daría sin esa cosa concreta que tanto te desagrada. Y si tú mismo has ocasionado dolor y sentimientos negativos a otros, piensa que en ese momento has ejercido con ellos la función de «maestro» y les has dado ocasión de autoconocerse y de crecer. Puedes seguir considerándolo hasta que lo veas todo ello como una «feliz culpa», como un pecado necesario que es ocasión de un inmenso bien para ti y para el mundo.

Si eres capaz de hacerlo, tu corazón se verá inundado de paz, de agradecimiento, de amor y de aceptación de todas y cada una de las realidades. Y habrás descubierto qué es lo que la gente busca en todas partes sin jamás encontrarlo: la fuente de la serenidad y de la alegría que se esconde en cada corazón humano.

¿Qué te parece? ¿Te resuena este tema? Si es así, recuerda que el dolor a veces es obligatorio, pero el sufrimiento es opcional

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