No me lo puedo creer, ¡hoy ha sido el día de la marmota, y yo ni me he acordado! Normalmente lo tengo muy presente, pero este año se me ha pasado por completo.
Será porque últimamente mi vida es de todo menos monótona, lo cual es muy buena señal (si no te queda muy claro de qué estoy hablando, échale un vistazo a este artículo).
Ayer, por ejemplo, siguiendo con el tema de la semana pasada, decidí invertir mi tiempo en algo importante que no fuera urgente, y allá que me fui a un mini-retiro que incluía meditación, «journaling», reiki y baño de sonido en un estudio de yoga superchulo, perdido poco menos que en mitad del campo.. La verdad es que lo disfruté un montón, y me sirvió mucho para recargar pilas (¡gracias Esther e Isa por organizarlo!)
Lo que más me atraía era el baño de sonido, que por supuesto me encantó; ya lo había vivido un par de veces en otros sitios y es una experiencia que le recomiendo a todo el mundo. El sonido y la vibración de los cuencos tibetanos y demás instrumentos nos aportan muchísimos beneficios, unos más visibles e inmediatos que otros.

Todo esto me ha recordado que yo también tengo un cuenco tibetano en casa, aunque lo uso muy poquito, a ver si empiezo a utilizarlo más a menudo (aquí tenéis una foto, es pequeñito pero suena muy bien).
Y además, por suerte, en internet hay un montón de melodías y sonidos que nos pueden ayudar a relajarnos, a meditar, a concentrarnos, y a muchísimas cosas más. Hace muchos años recuerdo haberle oído a mi profesor de yoga decir que escuchar cantos gregorianos era muy beneficioso; en su momento me sorprendió, pero ahora le encuentro el sentido: es una frecuencia de vibración muy parecida a la de los mantras, las dos son formas de canto meditativo.
Los sonidos de la naturaleza, como las olas del mar, la lluvia o el canto de los pájaros también son buenos ejemplos de sonidos que nos calman y nos ayudan a sintonizar con nuestro propio ritmo biológico. De hecho, en algunas empresas e instituciones públicas se utilizan técnicas de «soundscaping» (paisajes de sonido) para diseñar ambientes que promuevan el bienestar de sus ocupantes, incorporando ciertas melodías y sonidos de la naaturaleza.
Lo cual me lleva a otro punto que quería comentar, y es el de elegir conscientemente lo que escuchamos (y lo que decimos y cantamos) cada día. Todos hemos notado alguna vez cómo al oír una determinada canción nos cambia el estado de ánimo, ¿verdad? Pues el impacto de los sonidos que percibimos en realidad es mucho más profundo, aunque pocas veces nos enteremos. Tal vez si lo supiéramos empezaríamos a ser un poquito más selectivos, y a rodearnos más a menudo de «buenas vibraciones», sin olvidarnos de estar de vez en cuando un ratito en silencio, que nuestra mente también lo necesita.
¿Y tú, qué opinas? ¿Cuál es tu sonido favorito? ¿Y cómo notas que te afectan a ti los sonidos?