Buenas vibraciones

Si lleváis un tiempo leyendo este blog, ya sabréis que los artículos los escribo siempre en español y luego los traduzco al inglés, todo ello desde cero y sin ayuda de la casi omnipresente inteligencia artificial (llamadme antigua si queréis, pero es una de las formas en las que mantengo mi mente activa y doy rienda suelta a mi creatividad, dos cosas que considero sumamente importantes).

El caso es que, como ya habréis visto, a veces me cuesta encontrar maneras igualmente precisas o elegantes de expresar la misma idea en ambos idiomas. Pero hoy no tengo ese problema; esta vez, el título del post es muy fácil de traducir, ya que es una expresión que se utiliza tanto en inglés como en español: buenas vibraciones.

Decimos que algo nos da buenas vibraciones cuando nos causa una buena impresión, nos hace sentir bien, resonamos con ello de forma positiva. ¿Y por qué lo decimos así? Porque así es como ocurre, y aunque intelectualmente no lleguemos del todo a entender el cómo ni el porqué, sí que lo experimentamos en nuestro día a día, y por eso nuestro lenguaje lo refleja.

Llegados a este punto, pido disculpas por no ser capaz de daros una explicación científica detallada sobre este tema de las vibraciones, que ya me gustaría. Sólo puedo hablar de lo que yo misma he experimentado, sobre todo con la forma de vibración más fácil de percibir por los humanos: el sonido.

A finales de diciembre tuve la suerte de participar en un retiro de yoga en el centro de Madrid, en un estudio llamado Yoga Retiro. Y una de las actividades principales a las que nos dedicamos en esos tres días, junto con el yoga y la meditación, fue precisamente el canto de mantras.

(Foto del simbolito de OM que me regalaron en Yoga Retiro. ¡Gracias, Swami Krishnananda y Durga Devi!)

Tengo que decir que me encantó lo del canto de mantras, y también que me costó un poquito al principio, al no estar acostumbrada ni a las melodías ni a las letras (la mayoría en sánscrito). Pero poco a poco me fui acostumbrando, y me fui sintiendo más cómoda. Me vinieron un montón de recuerdos de mi época juvenil, cuando practicaba otro tipo de cantos meditativos: las oraciones franciscanas, El Palancar, Taizé. La sensación de paz, recogimiento y comunión era la misma.

Unos días después, en el concierto de primero de año en Viena, el director de orquesta reiteró el mensaje de que la música tiene el poder de unir a las personas. Y es que la buena música no se queda solamente en nuestros oídos, sino que nos toca mucho más profundamente, va a la raíz de lo que todos los seres humanos tenemos en común. Hay incluso quien se atreve a afirmar que sin música no hay vida

Y es que todo vuelve a lo mismo. Dicen los expertos que todo es vibración, incluidos nosotros. Y la ciencia está empezando ahora a descubrir lo que los sabios ya nos venían enseñando desde hace milenios.

Hay muchos caminos de crecimiento espiritual (no necesariamente religioso, aunque también), y cada persona encuentra el suyo, pero hay elementos fundamentales que tienden a repetirse, y la música y el canto están presentes en todas o casi todas las tradiciones. Yo tengo que reconocer que a mí es de lo que más me llena, desde siempre, y por eso sigo investigando y aprendiendo. Baños de sonido, música clásica y hasta cantos gregorianos. Sonido, ritmo y vibración para unirnos a algo más grande que cada uno de nosotros, para entrar en sintonía con el Universo.

OM.

Baño de sonido

No me lo puedo creer, ¡hoy ha sido el día de la marmota, y yo ni me he acordado! Normalmente lo tengo muy presente, pero este año se me ha pasado por completo.

Será porque últimamente mi vida es de todo menos monótona, lo cual es muy buena señal (si no te queda muy claro de qué estoy hablando, échale un vistazo a este artículo).

Ayer, por ejemplo, siguiendo con el tema de la semana pasada, decidí invertir mi tiempo en algo importante que no fuera urgente, y allá que me fui a un mini-retiro que incluía meditación, «journaling», reiki y baño de sonido en un estudio de yoga superchulo, perdido poco menos que en mitad del campo.. La verdad es que lo disfruté un montón, y me sirvió mucho para recargar pilas (¡gracias Esther e Isa por organizarlo!)

Lo que más me atraía era el baño de sonido, que por supuesto me encantó; ya lo había vivido un par de veces en otros sitios y es una experiencia que le recomiendo a todo el mundo. El sonido y la vibración de los cuencos tibetanos y demás instrumentos nos aportan muchísimos beneficios, unos más visibles e inmediatos que otros.

Todo esto me ha recordado que yo también tengo un cuenco tibetano en casa, aunque lo uso muy poquito, a ver si empiezo a utilizarlo más a menudo (aquí tenéis una foto, es pequeñito pero suena muy bien).

Y además, por suerte, en internet hay un montón de melodías y sonidos que nos pueden ayudar a relajarnos, a meditar, a concentrarnos, y a muchísimas cosas más. Hace muchos años recuerdo haberle oído a mi profesor de yoga decir que escuchar cantos gregorianos era muy beneficioso; en su momento me sorprendió, pero ahora le encuentro el sentido: es una frecuencia de vibración muy parecida a la de los mantras, las dos son formas de canto meditativo.

Los sonidos de la naturaleza, como las olas del mar, la lluvia o el canto de los pájaros también son buenos ejemplos de sonidos que nos calman y nos ayudan a sintonizar con nuestro propio ritmo biológico. De hecho, en algunas empresas e instituciones públicas se utilizan técnicas de «soundscaping» (paisajes de sonido) para diseñar ambientes que promuevan el bienestar de sus ocupantes, incorporando ciertas melodías y sonidos de la naaturaleza.

Lo cual me lleva a otro punto que quería comentar, y es el de elegir conscientemente lo que escuchamos (y lo que decimos y cantamos) cada día. Todos hemos notado alguna vez cómo al oír una determinada canción nos cambia el estado de ánimo, ¿verdad? Pues el impacto de los sonidos que percibimos en realidad es mucho más profundo, aunque pocas veces nos enteremos. Tal vez si lo supiéramos empezaríamos a ser un poquito más selectivos, y a rodearnos más a menudo de «buenas vibraciones», sin olvidarnos de estar de vez en cuando un ratito en silencio, que nuestra mente también lo necesita.

¿Y tú, qué opinas? ¿Cuál es tu sonido favorito? ¿Y cómo notas que te afectan a ti los sonidos?

Tienes que ser…

Esta semana hemos tenido actuación con el coro del trabajo, como hacemos a veces cuando se organiza algún evento en la oficina. Estuvo muy bien, lo disfruté un montón, como de costumbre.

Entre otras, cantamos una canción con la que tengo sentimientos encontrados: por un lado, me gusta mucho, me parece muy bonita, y he pensado varias veces ponerla aquí como una de las «canciones conscientes» de las que hablo de vez en cuando (ejemplos aquí, aquí y aquí). Peeero, por otro lado, hay algunas partes de la letra que no me acaban de cuadrar, empezando por el título: You gotta be (tienes que ser).

Hand pointing its index finger towards the spectator (the person is blurred in the background, wearing a suit and tie)

Os pongo aquí el vídeo con la letra en inglés y en español, y luego os cuento un par de reflexiones sobre lo que más me gusta (y lo que menos) de esta canción, compuesta e interpretada por Des´ree.

Por cierto, nota de traducción: la línea donde dice «stay together» la han traducido como «permanecer juntos», y no pega con el resto de la canción; yo creo que se refiere más a la idea de «keep it together», que se traduciría como «mantener la compostura».

¿Qué os parece? Es una canción que nos anima a ser valientes, y al mismo tiempo, a abrazar y hasta a mostrar nuestra vulnerabilidad (para los que entendéis de eneagrama, me parece una canción «muy ochesca» :-)).

Me gusta mucho que nos anime a aprender de nuestros padres, pero que también recalque la importancia de tener nuestro propio criterio a la hora de enfrentarnos a los retos de la vida, y de que nos tomemos el tiempo necesario para poder entender sus misterios.

Hasta ahí, todo bien. Lo que no me acaba de cuadrar es el estribillo, y creo que lo que me chirría es cómo está escrito, no como una sugerencia, sino como una orden: tienes que ser duro, fuerte, atrevido…

Como si fuera obligatorio.

Como si fuera la única manera válda de estar en este mundo.

Un mundo, por cierto, en el que hay que moverse rápido, porque si no, en cuanto te descuidas, te dejan atrás.

Si leo esta canción con detenimiento, me da la sensación de que está escrita (con muy buenas intenciones, eso sí) por una persona que concibe la vida como una lucha. Y claro, si la vida es una lucha, por supuesto que hay que ser duro, fuerte y atrevido para salir adelante; el ser débil no es una opción.

Pero recordemos que hay infinidad de maneras de concebir la vida y de estar en este mundo, y ésta es tan sólo una de ellas.

Yo personalmente no resueno con ese concepto de la vida como una lucha, por lo que en mi mundo no tiene tanta importancia el tema de ser fuerte. Sí tiene mucha importancia, por ejemplo, el tema de hacer las cosas bien, y por eso me resuena mucho más la parte de aprender de los mayores (y en principio, seguir sus normas) para luego desarrollar nuestro propio criterio y dejarnos guiar por él.

En todo caso, You gotta be me parece una canción muy chula, que nos anima y nos empodera, y que desde luego nos da que pensar, Y sobre todo, me quedo con la última frase, que les gana a todas las demás:

All I know, all I know, love will save the day (todo lo que sé es que el amor lo va a solucionar).

Y tú, ¿Qué opinas? ¿Qué te resuena (o no) de esta canción?

¿Por qué soy así?

¿Alguna vez os pasa que os acordáis de una canción y entráis en bucle repitiendo una o dos frases, ya sea mentalmente o en voz alta?

A mí me pasa mucho. Por ejemplo, con una canción de Orla Gartland que descubrí en la banda sonora de Heartstopper, y que me encanta: se titula Why am I like this? (Por qué soy así?), que es precisamente la frase que se repite hasta el infinito durante el estribillo 🙂

Hand holding a post-it note with the word WHY? written on it

¿Alguna vez os habéis hecho esa pregunta? Me da la impresión de que es algo que muchos nos preguntamos, y por desgracia a menudo en sentido negativo: «¿Qué es lo que me pasa? ¿Por qué soy tan raro? ¿Por qué no puedo ser más normal?»

Ahí está la trampa, en creer se existe eso de «ser normal».

Cada uno somos como somos, y existen tantas formas de estar en este mundo como habitantes tiene el planeta Tierra. Cuando tenemos esto en cuenta, la pregunta se vuelve mucho más interesante: «¿Por qué soy así? ¿Qué es lo que hace que yo sea exactamente de la manera que soy?»

Y es tan interesante precisamente porque nadie lo sabe con total seguridad. Si le preguntáramos a un antropólogo, a un neurocientífico, a un sacerdote y a un astrólogo el porqué de un comportamiento en concreto, seguro que nos darían respuestas totalmente distintas, cada uno basándose en su experiencia y en sus conocimientos. ¿Quién tendría razón? No lo sabemos. Tal vez cada uno sería capaz de ver piezas distintas de ese inmenso puzzle que es nuestra personalidad.

Ya hemos hablado otras veces en el blog de que a nuestro cerebro le encanta simplificar, porque así se hace la vida más fácil y de paso ahorra energía. Una de las formas en las que simplifica es buscando una única explicación para cada cosa, como si todo en la vida siguiera una regla directa de causa y efecto. Pero en el fondo sabemos que no es así: en cada momento existen múltiples causas y efectos influyendo unos en otros, eso es lo que hace que la vida sea tan compleja, tan variada y sobre todo tan imprevisible.

¿Y cómo contestamos entronces la dichosa pregunta?

  • Lo primero, reconociendo que nuestra personalidad es muy compleja, y que en ella influyen muchísimos factores (mi profesor de eneagrama, Alberto, lo explica como que somos como una aleación de varios metales, cada uno en una combinación única).
  • Partiendo de ahí, podemos observar, investigar, buscar patrones… La curiosidad (dejando a un lado el juicio) es lo que más nos va a ayudar a conocernos, y a conocer a los demás. Vamos a empezar a darnos cuenta de cosas.
  • De ahí van a ir surgiendo teorías y explicaciones de por qué somos como somos, y ya que no vamos a poder saber si son totalmente ciertas o no, lo mejor que podemos hacer es ir eligiendo las que más nos ayuden, y poco a poco irlas contrastando y ampliando a medida que vamos averiguando más cosas.

¿Qué os parece esta manera de plantearlo? Reconozco que yo la preguntita de «¿por qué soy así?» me la he hecho muchas veces, siempre me he sentido un poco (bastante) bicho raro. Quizá por eso me gusta tanto la canción que os comentaba.

Y sobre lo de ser normal o no, aquí os dejo un par de frases. La primera nos invita a dejar de lado nuestros prejuicios y generalizaciones y a acercarnos a las personas para poder conocerlas de verdad:

Visto de cerca, nadie es normal.

Caetano Veloso

Y la segunda me hace mucha gracia, la tengo en un imán de nevera, y me recuerda que en esto estamos todos más o menos igual:

Recordad: por lo que ellos saben, somos una familia normal.

Homer Simpson

En resumen, que en el fondo somos todos bichos raros, cada uno a nuestra manera 🙂

Noche estrellada

No puedo decir que la pintura sea un tema que siempre me haya interesado, ni que le haya dedicado mucho tiempo a lo largo mi vida, pero sí que es verdad que hay ciertas obras de pintura que me parecen especialmente bonitas (o interesantes), y a las que les tengo un cariño especial.

Entre ellas se encuentran varias de Vincent Van Gogh.

Creo que en gran parte se debe a que durante varios años existió en el centro de Madrid una cafetería llamada Van Gogh Café a la que íbamos mucho mi famlia y yo, porque aparte de tener un ambiente súper agradable y una comida buenísima, estaba justo al ladito del piso de mis padres. Tengo muy buenos recuerdos de ir al Van Gogh cuando las niñas eran pequeñitas, sobre todo con mis padres, a comer de menú del día; a veces se apuntaba también alguno de mis hermanos, cuñados o sobrinos, quien estuviera por Madrid en esas fechas. Y un par de veces hicimos también comida de celebración multitudinaria, con toda la familia al completo 🙂

La decoración de la cafetería, por supuesto, era toda de Van Gogh, con copias de sus cuadros más famosos repartidos por las paredes, mantelitos de papel impresos con la colección de sus mútliples autorretratos, y hasta la reconstrucción de una de sus escenas con una mesa y dos sillas de verdad puestas junto a uno de los ventanales. Por desgracia, ese local lo cerraron hace ya unos cuantos años, pero el estilo tan sencillo y los colores tan vivos de los cuadros de Van Gogh se quedaron de recuerdo en mi memoria desde entonces.

Por eso me hizo tanta ilusión ver algunos de sus cuadros recientemente en la Naational Gallery de Londres, entre ellos el de los girasoles (o más bien uno de los de los girasoles, que pintó varios), la silla que tenéis aquí más arriba, y este paisaje con nubes que no me sonaba haber visto, y que también me pareció muy chulo:

Pero el que se lleva la palma en mi opinión es el de la noche estrellada, a la que hasta Lego le ha hecho un homenaje, y que también es uno de los cuadros estrella de la exposición interactiva (o como la llaman oficialmente, «la experiencia inmersiva») que hemos visitado este fin de semana en Dublín:

Me gustó mucho aprender un poco más sobre la vida y obra de este gran pintor, que poseía una sensibilidad muy profunda y un talento extraordinario, aunque por desgracia acompañados de mucho sufrimiento, como pasa a menudo en el mundo de los artistas.

Hubo varias de sus citas que me resultaron muy inspiradoras, como por ejemplo:

«Si oyes una voz dentro de ti que dice que no puedes pintar, entonces adelante, pinta,,y esa voz será silenciada.»

«Las grandes cosas no se consiguen por impulso, sino a base de ir enlazando una serie de pequeñas cosas»

«El corazón del hombre se parece mucho al mar: tiene sus tormentas, tiene sus mareas, y en sus profundidades también hay perlas.»

«¿Qué sería de la vida si no tuvéramos el coraje de intentar nada?

Y también me acordé de que hace años alguien le compuso una canción preciosa, «Vincent», aquí la tenéis con la letra en inglés y en español:

Villancicos

Ayer me pasé la tarde escuchando (¡y cantando!) villancicos, que son las canciones navideñas tradicionales españolas. Encontré en Youtube una recopilación muy parecida a la que yo escuchaba de pequeña, en una cinta de cassette cantada por niños, y me hizo muchísima ilusión recordarlos.

Old looking sheet music surrounded by Christmas tree leaves and small pink and purple baubles

Algunos villancicos en español son versiones de los Christmas carols procedentes de otros idiomas, como Noche de paz o El tamborilero, que tienen melodías tranquilas y muy armoniosas. Y luego están los originales en español, como Los peces en el río o La marimorena, que son mucho más animados, con melodías muy alegres y ritmos de zambomba y pandereta. Ya se sabe que a los españoles nos gusta celebrar las cosas armando jaleo 🙂

La verdad es los villancicos son uno de los recuerdos más entrañables que tengo de las Navidades, Y ahora pensándolo, creo que tiene que ver con que son canciones que se van pasando de generación en generación, y que podemos cantar todos juntos, toda la familia. A mí me encantaba cantarlos de pequeña, y cuando años después les tocó el turno a mis hijas, me hizo mucha ilusión enseñárselos; es como si, por un ratito, yo también volviera a ser niña…

Para mí, los villancicos combinan el poder de la música, que tanto nos anima y nos une, con la ilusión de la Navidad. Y vistos así, son la excusa perfecta para permitirnos volver a ser niños, aparcar las preocupaciones durante un ratito y disfrutar de verdad el momento.

Y a ti, ¿te gustan los villancicos? ¿Cuál es tu favorito? ¿Y qué otras cosas te hacen sentir la ilusión de cuando eras pequeñ@?

Banda sonora

Si tu vida fuera una película, ¿cuál sería la banda sonora?

Vynil record playing in a record player

Hoy me he vuelto a acordar de una escena que vi hace muchos años en una película, y que me dio mucho que pensar en su día. La acción se desarrolla en una universidad, y la cámara va alternativamente tomando el lugar de los dos protagonistas, un chico y una chica, que van caminando por los pasillos, a punto de conocerse. Los dos llevan auriculares puestos con música completamente diferente: la chica está escuchando música clásica, y el chico, heavy metal o algo parecido. Llega el momento en que se encuentran, se miran, y cada uno percibe al otro desde su punto de vista, con su propia banda sonora de fondo.

Me parece una escena con un poder narrativo increíble. Sin necesidad de utilizar palabras, consigue transmitirnos perfectamente cómo de distinto es el mundo para los dos personajes, cómo de distintas son sus experiencias del mismo momento, por mucho que el entorno externo sea el mismo…

Creo que todos hemos experimentado momentos en que una canción o una música en concreto nos ha hecho ver la vida de otra manera: tal vez nos ha alegrado el día, nos ha dado un chute extra de energía o nos ha traído buenos recuerdos. Otras veces, a lo mejor hemos aprovechado una música más triste o melancólica para permitirnos experimentar un ratito esas emociones. Lo mejor de todo es que podemos elegir en cada momento nuestra «banda sonora», y no me refiero solamente a la música que escuchamos (que también, y qué suerte tan inmensa tenemos de que exista Spotify).

Nuestra «banda sonora» también son esos pensamientos que repetimos constantemente en nuestra cabeza sin darnos cuenta, esas historias que nos contamos a nosotros mismos, y que según cómo sean, puede que nos ayuden o que nos perjudiquen, que nos den energía o que nos la quiten. Por supuesto, no podemos controlar del todo los pensamientos que aparecen por nuestra mente, al igual que no podemos controlar qué canción suena en la radio. Pero sí que podemos estar atentos y cambiar de emisora cuando haga falta, saltando a otra cosa que nos guste más y nos resulte más util. Y también viene muy bien de vez en cuando editar nuestras «playlists», y así aprovechar para quitar canciones viejas que ya no resuenan con nosotros, y añadir canciones nuevas que nos apetezca probar.

¿Qué te parece la idea? ¿Cuál es ahora mismo la banda sonora de tu vida? ¿Y te apetece mantenerla, o quizá ya es hora de cambiar?

¡A cantar! (y bailar)

Una frase que me impactó mucho cuando la descubrí hace años (¡gracias Gleb!) fue ésta:

No music, no life.

Que viene a ser más o menos «sin música, no hay vida». Muy radical… Y seguramente muy cierto.

Porque, ¿A quién no le gusta la música? Vale, puede ser que no coincidamos todos en gustos musicales, y es que tampoco tenemos por qué, gracias a eso existe tanta variedad de estilos. Pero no podemos negar que la música tiene el poder de conectarnos, de hacernos vibrar, de emocionarnos. Es un lenguaje universal. Y si además le añadimos movimiento, todavía más.

Yo no sé tocar ningún instrumento (a no ser que cuenten lo poco de flauta que aprendí en el cole y las cuatro melodías que tocaba con mi teclado Casio PT-1), pero lo que sí me gusta mucho es cantar. En el trabajo tenemos la suerte de tener un coro, y este mes hemos empezado a cantar juntos otra vez en persona, ¡qué ilusión! 🙂

El primer día de ensayo presencial, después de dos años cantando por Zoom a micro cerrado y sin poder escucharnos unos a otros, nos llevamos la agradable sorpresa de que no sonábamos tan mal. Y el segundo día, la sorpresa fue tener que aprendernos una mini coreografía para nuestra canción… Toma ya, doble reto para el cerebro: cantar sin mirar la letra, ¡y hacer los pasos de baile al mismo tiempo! Nos hubiera venido muy bien tener un poco más de espacio (estábamos algo apretujados ensayando) y un espejo grande como en las clases de ballet, pero bueno, yo diría que nos apañamos bastante bien.

Fue una sensación estupenda la de volver a conectar y disfrutar juntos de la música, cantando y moviéndonos al compás. No estamos todavía para poder actuar ni mucho menos, pero esa no es la cuestión (aunque todo llegará, espero). La recompensa que nos llevamos de cada ensayo es un subidón enorme de energía y buen rollo, y empezar la tarde de trabajo mucho más relajados y sonrientes.

Así que, si quieres, te propongo un experimento. La próxima vez que te sientas abatido, atascado en un problema, o de alguna manera bajo de energía, ponte un poco de música, empieza a moverte, y mira a ver qué pasa 🙂

Violinistas en el metro

La vida está llena de pequeños detalles, de esos que pasan desapercibidos cuando estamos ensimismados pensando en otras cosas, que es la mayoría de las veces. Andamos demasiado a menudo con el piloto automático puesto, agobiándonos por el futuro o dándole vueltas al pasado, y nos perdemos el presente.

Y claro, si se nos pasan por alto todos los detalles que hacen que cada día sea único e irrepetible, ¿cómo no nos va a parecer que vivimos en el día de la marmota?

Pero si conseguimos bajar un poco el ritmo, y nos centramos en estar presentes y atentos como nos enseña la práctica del mindfulness, empezamos a notar cosas maravillosas y sorprendentes, estemos donde estemos. Porque en todas partes hay belleza, si la sabemos ver.

Una historia muy chula que escuché hace poco y que tiene que ver con esto (¡gracias Paz!) es un experimento que se hizo hace unos años en Estados Unidos. Un violinista famosísimo, uno de los mejores del mundo, se puso a tocar de incógnito con su violín Stradivarius en una estación de metro de Washington D.C., en plena hora punta. Estuvo casi tres cuartos de hora tocando, y en todo ese tiempo, tan sólo siete personas se pararon a escuchar su música, y sólo una de ellas le reconoció. Los demás pasaron de largo, inmersos en las prisas y el estrés de sus preocupaciones diarias… ¿Es así de verdad como queremos vivir, pasando siempre de largo por la vida, para luego andar quejándonos de la monotonía y la rutina?

Lo bueno es que podemos romper ese ciclo. Cada mañana al despertarnos, podemos elegir entre poner el piloto automático y vivir otro día de la marmota, o cambiar nuestra mirada y dejarnos sorprender por los «violinistas del metro»: una puesta de sol espectacular, la alegría de tus hijos al llegar a casa, charlar con un ser querido…

Mi «violinista» de hoy es darme cuenta de que éste es el post número cincuenta del blog 🙂 ¿Y el tuyo?

Canciones conscientes: Imagine

Esta mañana he oído en la radio que hoy sería el cumpleaños John Lennon, cumpliría 81 años. Acordémonos del él con esta canción, que me parece tan bonita como profunda: Imagine (Imagina).

Y por favor, aunque la hayamos escuchado mil veces, aunque ya creamos que nos la sabemos de memoria, hoy permitámonos el lujo de prestarle atención de verdad a la letra, de empaparnos de lo que nos transmite, y de cerrar los ojos e imaginar cómo sería vivir en un mundo así…

Y luego, si os apetece ir un paso más allá, os propongo plantearos cuál es la frase que más os impacta, que más os remueve, y reflexionar un poquito sobre ella, porque para conseguir ese mundo que imaginamos, todo empieza dentro de cada uno de nosotros 🙂

Y para terminar, os dejo con esta cita, atribuida a Mahatma Gandhi, que también encaja mucho con el tema:

Sé el cambio que quieres ver en el mundo.