Este sábado pasado, como casi todos los sábados, estuve en clase de pilates. Estoy orgullosa porque llevo ya seis meses manteniendo este hábito semanal, desde que en agosto abrieron un estudio con máquinas reformer al ladito de mi casa, y yo, que siempre había querido probar el pilates con máquinas, me quedé sin excusas para no ir.
Ya sé que una sola clase a la semana suena a bastante poco, pero para mí, que soy alérgica a los gimnasios (principalmente porque me aburren un montón), y que, en general, tengo baja motivación para hacer ejercicio, considero que es todo un logro el haberlo mantenido, y además, con ilusión.
Y es que me encanta la clase, entre otras cosas porque no sólo se hace ejercicio con el cuerpo, sino también con la mente. Los movimientos son casi siempre diferentes de una semana a otra, y muchas veces son nuevos o, al menos, nuevos para mí. Así que no me queda más remedio que concentrarme para enterarme de cómo va la cosa, y poder realizar esos movimientos hasta entonces desconocidos con control y precisión.
Y fue precisamente durante la clase cuando me acordé de esta frase tan típica: mens sana in corpore sano, que en latín significa «mente sana en un cuerpo sano». Es un buen recordatorio de que nuestra salud física está íntimamente relacionada con nuestra salud mental, y de que es necesario cuidar de ambas, porque así invertimos en calidad de vida a corto, medio y largo plazo.
Ya los antiguos griegos combinaban en su gymnasium el entrenamiento físico con la filosofía y otras actividades intelectuales. Pero curiosamente, esta frase no nos viene de los griegos, como yo pensaba: según la Wikipedia, esta cita aparece por primera vez en las Sátiras del poeta romano Juvenal, durante la época del imperio romano. Es parte de un poema más largo, y su sentido original, por cierto, no tiene nada que ver con la forma en la que lo interpretamos ahora: habla de la necesidad de rezar para tener un espíritu equilibrado en un cuerpo equilibrado.
Sea como fuere, hoy en día ya sabemos que eso del espíritu equilibrado y el cuerpo equilibrado (o bien, la mente sana y el cuerpo sano) no son cosas que sucedan por casualidad ni de un día para otro, y mucho menos por arte de magia, sino que hay que irlas construyendo poco a poco, hábito a hábito.
Así que volvemos a lo que seguramente ya he mencionado varias veces en este blog: buscar maneras de ejercitar el cuerpo y la mente que de verdad vayan con nuestro estilo de vida y nos funcionen bien, porque si no, no las vamos a mantener. Habrá a quien le motiven los deportes de equipo, las artes marciales o el salir a correr; en mi caso, son más bien los paseos, el yoga y el pilates. Podría ser más, pero también podría ser menos, y ahora que ya va llegando el buen tiempo (¡o eso espero!). y los días van siendo más largos, el salir «a hacer la fotosíntesis», como diría mi amigo Juanjo, sé que también me va a ayudar mucho a mantenerme animada y con energía.

(Foto que hice ayer mientras me daba un paseo; es el mismo árbol que aparece en este otro post.)
¿Cuál es tu manera favorita de ejercitar el cuerpo? ¿Y la mente?