Conociendo al elefante

El otro día fui con mis compañeros de trabajo a comer a un pub muy chulo cerca de la oficina (An Poitin Stil, para quien tenga curiosidad), y a la puerta me encontré con este elefante:

(Foto de la estatua de un elefante gris a la entrada de un pub en Rathcoole, Irlanda.)

Inmediatamente me acordé de una metáfora que me gusta mucho, y que estoy empezando a utilizar bastante al hablar de temas de coaching y crecimiento personal/profesional (junto con la del iceberg, que sigue siendo mi favorita).

Es la teoría del elefante y el jinete, formulada por el psicólogo Jonathan Haidt. Propone la idea de que nuestra mente consciente, es decir, nuestra parte lógica y racional, es como un jinete que va montado a lomos de un elefante, y ese elefante es nuestra mente no consciente, es decir, nuestro lado intuitivo y emocional.

El jinete se cree que él es el que manda, el que lleva las riendas, pero al fin y al cabo, el elefante es mucho más fuerte y siempre acaba ganando. Y todo esto pasa sin que nos demos cuenta… El caso es que la inmensa mayoría de nuestras decisiones no son tan lógicas y racionales como nos gustaría creer: en realidad, son decisiones emocionales, que luego justificamos racionalmente a posteriori.

Asusta un poco, ¿verdad? Y cuesta reconocerlo. Nosotros que nos creíamos tan listos…

Pero también hay un lado muy positivo de esta metáfora, y es que explica muy bien por qué nos cuesta tanto cambiar y adquirir hábitos nuevos: puede que el jinete tenga muy claro adónde quiere ir, pero como no sepa convencer y motivar al elefante, no va a conseguir moverse en esa dirección.

En otras palabras: mientras nuestros objetivos no estén alineados con nuestras motivaciones más profundas (creencias, valores, identidad, etc.), no vamos a conseguir hacer cambios duraderos, nos vamos a estar autosaboteando constantemente.

¿La solución? Hacerte amigo del elefante 🙂 Esforzarte por conocerle lo mejor posible, aprender a entenderle y a trabajar con él, para poder así aunar fuerzas y avanzar juntos de una manera que satisfaga las necesidades de ambos.

Y tú, ¿cómo de bien conoces a tu elefante? ¿Y qué tal te llevas con él?

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