Sesgos Instintivos: Preservar

Este artículo es la continuación de una serie dedicada al modelo Awareness to Action (ATA, Conciencia en Acción), una metodología de apoyo al crecimiento personal y profesional creada por Mario Sikora, y desarrollada por él mismo junto a su colaboradora, Maria José Munita.

Durante las próximas semanas y meses vamos a ir explorando los elementos principales de este modelo, empezando por los tres sesgos instintivos (preservar, navegar y transmitir) y continuando con las nueve estrategias eneagrámicas, que se representan con números del uno al nueve. Si alguna vez en tu vida te has preguntado: ¿por qué soy así? (o por qué los demás son como son, y por qué a veces no nos entendemos), seguro que este tema te interesa, ¡sigue leyendo!

(Eso sí, si no has leído los artículos anteriores de esta serie, te aconsejo que empieces aquí, aquí y aquí.)

Nota: de las dos dimensiones del eneagrama, la de los sesgos instintivos es generalmente la menos conocida, y en distintas escuelas y tradiciones se la conoce por nombres ligeramente distintos, como «variantes instintivas», o simplemente «instintos». Yo aquí voy a seguir siempre la nomenclatura de ATA, aunque procuraré mencionar también otros términos como referencia, y explicar de qué manera los conceptos varían un poco de los de otros enfoques más tradicionales del eneagrama.

De los tres dominios instintivos, el primero que vamos a ver es el de preservar, y la ardilla es una muy buena metáfora para explicar lo que representa. ¿Qué te viene a la cabeza cuando te imaginas a una ardillita, laboriosamente guardando comida para el invierno?

Black and white icon of a squirrel holding an acorn

La idea central del dominio preservador es la de anidar y nutrir: asegurarme de que tanto yo como «los míos» (mi familia, mi entorno cercano) tengamos lo necesario no sólo para sobrevivir, sino para vivir cómodamente y poder prosperar. En otras escuelas se llama a este dominio el «instinto conservación», o incluso «autoconservación», pero en realidad el concepto es más amplio: ese cuidado y esa búsqueda de bienestar no son sólo para mí, sino que se extienden también a las personas con las que comparto «el nido» (mi casa, mi equipo de trabajo, etc.)

Recordemos que estos tres dominios instintivos son áreas de la vida para las que hemos heredado una serie de adaptaciones evolutivas que ayudaron a nuestros antepasados a sobrevivir y reproducirse. Todos le prestamos atención a los tres dominios, pero de manera diferente: hay uno al que de forma no consciente le damos una prioridad desproporcionadamente alta, y ese es el que determina nuestro sesgo instintivo, dando lugar a ciertas formas de pensar, sentir y actuar que siguen los patrones propios de ese sesgo en concreto.

Evolutivamente hablando, la idea de preservar está bastante clara: si pensamos en los hombres y mujeres prehistóricos de los que descendemos, es fácil entender que su primera prioridad era sobrevivir, pues vivieron tiempos mucho más sencillos que los de ahora, pero también mucho más inciertos y peligrosos.

Las personas con el sesgo instintivo preservador (entre las que me incluyo) sin darse cuenta prestan mucha atención y le dan mucha importancia a temas relacionados con:

  • Seguridad
    • Prefieren moverse en entornos familiares y conocidos, donde se sienten seguros.
    • Buscan tener una red de apoyo con varias personas de confianza, para poder ayudarse mutuamente.
    • Tienden a evitar exponerse o arriesgarse demasiado.
  • Bienestar y recursos
    • Valoran mucho la comodidad (incluida la comodidad física: no tener frío ni calor, llevar ropa cómoda, etc.)
    • Se aseguran de tener suficientes recursos: alimentos, ropa, un hogar donde vivir, recursos financieros…
    • Se preocupan por su salud, y por la salud de los suyos.
  • Mantenimiento
    • Cuidan «el nido» para que siga siendo cómodo, seguro y acogedor.
    • Notan cuando hace falta arreglar o reparar algo (lo cual no quiere decir que se les dé bien hacerlo…)
    • También suelen querer mantener tradiciones, seguir haciendo las cosas como siempre.

Todo esto, por supuesto, son generalizaciones, que se manifiestan de manera distinta según la persona, y que vienen matizadas por otros muchos aspectos de la personalidad, empezando por las nueve estrategias eneagrámicas. Pero sí que es verdad que hay tendencias generales que se mantienen a lo largo de los años, y eso es lo que hay que observar, en lugar de mirar sólo comportamientos puntuales en un momento dado (porque todos hacemos un poco de todo, y nadie hace lo mismo todo el rato).

En el trabajo, a los preservadores (es decir, a las personas con sesgo instintivo preservador) se les suele dar muy bien desarrollar procesos, crear estructuras, organizar tareas… Suelen ser personas metódicas, que gestionan bien los recursos, identifican posibles riesgos y toman medidas para evitarlos. Les gustan los entornos estables y predecibles, sin grandes cambios.

¿Qué te parece esta descripción del sesgo preservador? ¿Te sientes identificad@? Te propongo esta semana observarte para ver cuánto tiempo y atención le dedicas en tu día a día a las tareas propias de este dominio.

Deja un comentario