Hoy seguimos con los conceptos básicos del modelo Conciencia en Acción (en inglés, Awareness to Action, o ATA) de Mario Sikora, una metodología que se apoya en el eneagrama de la personalidad para ofrecer herramientas de desarrollo personal y profesional tan potentes como prácticas.
El otro día vimos una de las dimensiones del modelo, los tres sesgos institntivos, y hoy nos vamos a centrar en la otra, las nueve estrategias. Cada dimensión describe un aspecto diferente de nuestra forma de ser, y al combinarlas, obtenemos 27 perfiles de personalidad que, si bien no lo explican todo sobre las personas (¡ni muchísimo menos!), sí que nos dan mucha información sobre los patrones de pensamiento, emoción y comportamiento que son habituales y característicos de cada perfil.
Y todo esto, ¿para qué sirve? Pues más allá de la curiosidad por conocer mejor a las personas (empezando por nosotros mismos), nos sirve para darnos cuenta de cuándo esos patrones no conscientes (nuestro famoso piloto automático, bajo el fuerte influjo del elefante) nos están causando problemas en lugar de ayudarnos, y así poder tomar el control y elegir otra opción más adaptativa según las circunstancias, consiguiendo mejores resultados y con menos sufrimiento por el camino.
En otras palabras, ¿has oído alguna vez lo de que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra? Pues el trabajo con el eneagrama nos ayuda a descubrir cuáles son esas piedras con las que nos seguimos tropezando una y otra vez, y qué podemos hacer para reconciliarnos con ellas.

(Símbolo del eneagrama: nueve puntos situados alrededor de un círculo, representados con números del 1 al 9, y con líneas uniendo cada punto con los otros dos con los que se relaciona.)
Dicho esto, vamos ya con las estrategias. Ante todo, quiero aclarar que cuando decimos «estrategia» en este contexto, no nos referimos a algo consciente y premeditado desde el pensamiento racional, como cuando se habla de una estrategia de mercado o de una estrategia militar. Aquí nos referimos, una vez más, a patrones no conscientes; en este caso, al modo particular en que nuestro cerebro ha aprendido a enfrentarse a los problemas y situaciones del día a día.
El otro día hablábamos de cómo los sesgos instintivos nos muestran las necesidades que cada uno consideramos más importantes (las relacionadas con preservar, navegar o transmitir, según el caso). Pues bien, las nueve estrategias nos muestran de qué maneras tendemos a intentar satisfacer esas necesidades. Cada uno utilizamos una de las nueve estrategias más que las otras ocho, y eso es lo que determina nuestro eneatipo.
Las definiciones de cada eneatipo varían ligeramente según el enfoque del eneagrama que se utilice, y ni que decir tiene que son sólo la punta del iceberg; hay muchísima profundidad que explorar por debajo. En ATA, cada estrategia se define como un esfuerzo que hacemos por sentirnos de una determinada manera, y esa manera en la que nos queremos sentir se convierte en nuestra motivación más profunda, así como en el filtro a través del que percibimos la vida e interactuamos con ella.
- El eneatipo 1 se esfuerza por sentirse perfecto.
- El eneatipo 2 se esfuerza por sentirse conectado.
- El eneatipo 3 se esfuerza por sentir que destaca.
- El eneatipo 4 se esfuerza por sentirse único.
- El eneatipo 5 se esfuerza por sentirse desapegado.
- El eneatipo 6 se esfuerza por sentirse seguro.
- El eneatipo 7 se esfuerza por sentirse estimulado.
- El eneatipo 8 se esfuerza por sentirse poderoso.
- El eneatipo 9 se esfuerza por sentirse en paz.
Estas «maneras de sentir» determinan el «modo por defecto» en el que operamos la mayor parte del tiempo, y, como podéis ver, van mucho más allá del comportamiento: en realidad, son nueve formas totalmente distintas de entender el mundo.
Como muy bien explica Alberto Peña Chavarino, es como si cada uno lleváramos puestas unas gafas con los cristales de un color determinado, tal vez rosa, o verde, o azul, y por lo tanto vemos la vida teñida de ese color, mientras que otras personas la ven de otro color porque los cristales de sus gafas son diferentes. Y yo me atrevería a decir que gran parte de los problemas, frustraciones y malentendidos que tenemos en la vida se deben a no darnos cuenta, primero, de que llevamos puestas esas gafas, y segundo, de que los otros llevan otras que no son como las nuestras.
Es precisamente esta profundidad la que distingue al eneagrama de otros modelos de personalidad: aquí no nos estamos centrando en los comportamientos, ya que el mismo comportamiento puede tener motivaciones muy distintas. Nos centramos en lo que está detrás, en lo que en última instancia provoca ese comportamiento (o esa forma de pensar o de sentir). Por eso tenemos que tener mucho cuidado con las palabras e ir más allá, a la intención, al porqué.
Por ejemplo, cuando alguien nos dice que es «perfeccionista», podemos caer en la trampa de pensar inmediatamente que es enatipo 1, el que se esfuerza por sentirse perfecto. Pero, ¿qué entendemos exactamente por perfeccionismo, y cuál es la motivación que hay detrás de esos comportamientos? Podría ser efectivamente un eneatipo 1 tratando de ser moralmente correcto y de ceñirse a las normas establecidas, pero también podría ser un eneatipo 3 buscando mostrar excelencia y así destacar, o un eneatipo 6 buscando evitar riesgos que pongan en peligro su puesto de trabajo.
De manera parecida, una misma percepción de «querer que los demás estén bien», o que sean felices, puede venir de varias motivaciones distintas: ¿quiero ayudarte a estar bien para sentirme conectado a ti y que me valores, como haría un 2? ¿Quiero que estés bien para que no me amargues a mí y poder estar yo contento y estimulado, como haría un 7? ¿O quiero minimizar mis necesidades para no estorbarte a ti y que mantengamos la paz, como haría un 9? Como veis, un solo comportamiento no confirma nada, pero sí que es un dato observable que podemos ir hilando con otros datos para ir poco a poco construyendo una hipótesis.
Y una vez que la hipótesis tenga sentido y veamos una coherencia en nuestra forma de desenvolvernos en la vida, podemos empezar a aplicarla a nuestro trabajo de desarrollo personal y profesional.
Recordemos la clave de todo esto NO es identificarnos con un eneatipo y simplemente aceptarlo como lo que somos (o peor todavía, utilizarlo como excusa para justificarnos y no cambiar). La idea es darnos cuenta de lo que hacemos habitualmente (cómo pensamos, cómo nos sentimos, cómo nos comportamos), para poder sacarle el máximo partido y flexibilizarlo cuando nos convenga.
¿Qué te parece todo esto? ¿Te ves reflejado en una de las nueve estrategias? Tal vez te veas en más de una, y eso también es normal; más adelante hablaremos de las conexiones entre estrategias (que son las líneas del símbolo del eneagrama) y de cómo podemos sacarles partido.





