Conciencia en Acción: Estrategias Eneagrámicas

Hoy seguimos con los conceptos básicos del modelo Conciencia en Acción (en inglés, Awareness to Action, o ATA) de Mario Sikora, una metodología que se apoya en el eneagrama de la personalidad para ofrecer herramientas de desarrollo personal y profesional tan potentes como prácticas.

El otro día vimos una de las dimensiones del modelo, los tres sesgos institntivos, y hoy nos vamos a centrar en la otra, las nueve estrategias. Cada dimensión describe un aspecto diferente de nuestra forma de ser, y al combinarlas, obtenemos 27 perfiles de personalidad que, si bien no lo explican todo sobre las personas (¡ni muchísimo menos!), sí que nos dan mucha información sobre los patrones de pensamiento, emoción y comportamiento que son habituales y característicos de cada perfil.

Y todo esto, ¿para qué sirve? Pues más allá de la curiosidad por conocer mejor a las personas (empezando por nosotros mismos), nos sirve para darnos cuenta de cuándo esos patrones no conscientes (nuestro famoso piloto automático, bajo el fuerte influjo del elefante) nos están causando problemas en lugar de ayudarnos, y así poder tomar el control y elegir otra opción más adaptativa según las circunstancias, consiguiendo mejores resultados y con menos sufrimiento por el camino.

En otras palabras, ¿has oído alguna vez lo de que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra? Pues el trabajo con el eneagrama nos ayuda a descubrir cuáles son esas piedras con las que nos seguimos tropezando una y otra vez, y qué podemos hacer para reconciliarnos con ellas.

(Símbolo del eneagrama: nueve puntos situados alrededor de un círculo, representados con números del 1 al 9, y con líneas uniendo cada punto con los otros dos con los que se relaciona.)

Dicho esto, vamos ya con las estrategias. Ante todo, quiero aclarar que cuando decimos «estrategia» en este contexto, no nos referimos a algo consciente y premeditado desde el pensamiento racional, como cuando se habla de una estrategia de mercado o de una estrategia militar. Aquí nos referimos, una vez más, a patrones no conscientes; en este caso, al modo particular en que nuestro cerebro ha aprendido a enfrentarse a los problemas y situaciones del día a día.

El otro día hablábamos de cómo los sesgos instintivos nos muestran las necesidades que cada uno consideramos más importantes (las relacionadas con preservar, navegar o transmitir, según el caso). Pues bien, las nueve estrategias nos muestran de qué maneras tendemos a intentar satisfacer esas necesidades. Cada uno utilizamos una de las nueve estrategias más que las otras ocho, y eso es lo que determina nuestro eneatipo.

Las definiciones de cada eneatipo varían ligeramente según el enfoque del eneagrama que se utilice, y ni que decir tiene que son sólo la punta del iceberg; hay muchísima profundidad que explorar por debajo. En ATA, cada estrategia se define como un esfuerzo que hacemos por sentirnos de una determinada manera, y esa manera en la que nos queremos sentir se convierte en nuestra motivación más profunda, así como en el filtro a través del que percibimos la vida e interactuamos con ella.

  • El eneatipo 1 se esfuerza por sentirse perfecto.
  • El eneatipo 2 se esfuerza por sentirse conectado.
  • El eneatipo 3 se esfuerza por sentir que destaca.
  • El eneatipo 4 se esfuerza por sentirse único.
  • El eneatipo 5 se esfuerza por sentirse desapegado.
  • El eneatipo 6 se esfuerza por sentirse seguro.
  • El eneatipo 7 se esfuerza por sentirse estimulado.
  • El eneatipo 8 se esfuerza por sentirse poderoso.
  • El eneatipo 9 se esfuerza por sentirse en paz.

Estas «maneras de sentir» determinan el «modo por defecto» en el que operamos la mayor parte del tiempo, y, como podéis ver, van mucho más allá del comportamiento: en realidad, son nueve formas totalmente distintas de entender el mundo.

Como muy bien explica Alberto Peña Chavarino, es como si cada uno lleváramos puestas unas gafas con los cristales de un color determinado, tal vez rosa, o verde, o azul, y por lo tanto vemos la vida teñida de ese color, mientras que otras personas la ven de otro color porque los cristales de sus gafas son diferentes. Y yo me atrevería a decir que gran parte de los problemas, frustraciones y malentendidos que tenemos en la vida se deben a no darnos cuenta, primero, de que llevamos puestas esas gafas, y segundo, de que los otros llevan otras que no son como las nuestras.

Es precisamente esta profundidad la que distingue al eneagrama de otros modelos de personalidad: aquí no nos estamos centrando en los comportamientos, ya que el mismo comportamiento puede tener motivaciones muy distintas. Nos centramos en lo que está detrás, en lo que en última instancia provoca ese comportamiento (o esa forma de pensar o de sentir). Por eso tenemos que tener mucho cuidado con las palabras e ir más allá, a la intención, al porqué.

Por ejemplo, cuando alguien nos dice que es «perfeccionista», podemos caer en la trampa de pensar inmediatamente que es enatipo 1, el que se esfuerza por sentirse perfecto. Pero, ¿qué entendemos exactamente por perfeccionismo, y cuál es la motivación que hay detrás de esos comportamientos? Podría ser efectivamente un eneatipo 1 tratando de ser moralmente correcto y de ceñirse a las normas establecidas, pero también podría ser un eneatipo 3 buscando mostrar excelencia y así destacar, o un eneatipo 6 buscando evitar riesgos que pongan en peligro su puesto de trabajo.

De manera parecida, una misma percepción de «querer que los demás estén bien», o que sean felices, puede venir de varias motivaciones distintas: ¿quiero ayudarte a estar bien para sentirme conectado a ti y que me valores, como haría un 2? ¿Quiero que estés bien para que no me amargues a mí y poder estar yo contento y estimulado, como haría un 7? ¿O quiero minimizar mis necesidades para no estorbarte a ti y que mantengamos la paz, como haría un 9? Como veis, un solo comportamiento no confirma nada, pero sí que es un dato observable que podemos ir hilando con otros datos para ir poco a poco construyendo una hipótesis.

Y una vez que la hipótesis tenga sentido y veamos una coherencia en nuestra forma de desenvolvernos en la vida, podemos empezar a aplicarla a nuestro trabajo de desarrollo personal y profesional.

Recordemos la clave de todo esto NO es identificarnos con un eneatipo y simplemente aceptarlo como lo que somos (o peor todavía, utilizarlo como excusa para justificarnos y no cambiar). La idea es darnos cuenta de lo que hacemos habitualmente (cómo pensamos, cómo nos sentimos, cómo nos comportamos), para poder sacarle el máximo partido y flexibilizarlo cuando nos convenga.

¿Qué te parece todo esto? ¿Te ves reflejado en una de las nueve estrategias? Tal vez te veas en más de una, y eso también es normal; más adelante hablaremos de las conexiones entre estrategias (que son las líneas del símbolo del eneagrama) y de cómo podemos sacarles partido.

Conciencia en Acción: Sesgos Instintivos

Esta semana, en el trabajo, he dado mi primera charla sobre sesgos institivos, una de las dos dimensiones del modelo de Conciencia en Acción del que os hablaba hace un par de meses.

Esta parte del modelo describe tres áreas o dominios de la vida en los que las personas nos enfocamos sin darnos cuenta, porque son básicas para nuestra supervivencia, y en definitiva, para la supervivencia de la especie humana. Pero lo curioso es que no nos damos cuenta de cuánta atención les prestamos (de ahí lo de «institivos», porque son tendencias no conscientes), y más curioso todavía es que esa atención no se reparte equitativamente entre las tres áreas, sino que cada uno priorizamos una de ellas muy por encima de las otras dos (de ahí lo de «sesgos», que no son otra cosa que tendencias a seguir ciertos patrones).

El caso es que estos sesgos instintivos son un factor determinante en muchas de nuestras decisiones y comportamientos diarios, por lo que, volviendo a la analogía del elefante del otro día, viene muy bien conocerlos para poder averiguar de qué manera nos influyen, y trabajar para que nos ayuden en lugar de perjudicarnos.

Pero antes de contaros cuáles son esos tres dominios, me gustaría dejar dos cosas muy claras:

  • La primera, que los seres humanos somos increíblemente complejos (¡y contradictorios!), y que hay muchísimos factores que influyen en nuestra personalidad (recordemos las capas del iceberg, más luego factores familiares, culturales, demográficos, experiencias de vida, etc., etc., etc.). Este modelo no pretende explicarlo todo sobre una persona, ni muchísimo menos; eso sería directamente imposible. Pero sí que puede explicar varias cosas que nos pueden aportar mucho valor. Como dice la famosa frase atribuida a George Box, «todos los modelos son incorrectos, pero algunos son útiles».
  • La segunda, que aquí no se trata de poner etiquetas o de encasillar a la gente. De lo que se trata es de darnos cuenta de que ya estamos encasillados, ya estamos condicionados, y de que siendo conscientes de esos condicionamientos, podemos hacer nuestra «casilla» más flexible, y adaptarnos mejor a las circunstancias de cada momento. Así que no se trata de definir quiénes somos a través de esta clasificación (ni ninguna otra); se trata de observar cómo nos comportamos, y sobre todo, lo que hacemos habitualmente la mayor parte del tiempo, para distinguir en qué momentos nuestro piloto automático tiende a meternos en problemas o malentendidos.

Teniendo en cuenta todo esto, los tres dominios instintivos de Conciencia en Acción se formulan utilizando verbos que representan grupos de comportamientos:

  • Preservar
  • Navegar
  • Transmitir

Todos estos comportamientos son en realidad adaptaciones evolutivas que hemos heredado de nuestros ancestros, y que a ellos les sirvieron para poder sobrevivir al menos el tiempo suficiente como para reproducirse, asegurando así la continuidad de la especie.

Nota: si ya conoces el eneagrama a través de libros o de otras escuelas o tradiciones, que hay varias, puede que conozcas otros nombres para los tres subtipos de cada eneatipo. Y no es sólo el nombre lo que cambia: seguramente estos conceptos sean más amplios que los que hayas aprendido, y a lo mejor te toca «desaprender» un poco para poder entenderlos en toda su amplitud.

(Fotos de una ardilla, unos chimpancés y un pavo real, simbolizando los tres dominios instintivos.)

Ya iremos entrando en más detalles sobre cada dominio instintivo y su sesgo correspondiente en otros artículos; de momento hoy, os cuento una pincelada de cada uno, junto con su simbología, que esperemos que ayude a entenderlos mejor:

El dominio preservador se centra en «anidar y nutrir», es decir, en asegurarse de que las necesidades fundamentales de supervivencia están cubiertas, tanto para uno mismo como para la familia o el círculo más cercano: alimento, abrigo y protección frente a las amenazas, por ejemplo. Se asocia con la imagen de una ardilla, a la que nos podemos imaginar preparándose para el invierno.

El dominio navegador se centra en la «orientación al grupo», es decir, en entender a las personas y sus interacciones sociales y grupales. Construir alianzas, crear confianza y reciprocidad, y entender cómo encajamos en el grupo y cómo encajan también los demás. Se asocia con la imagen de unos monos o chimpancés, puesto que estos animales tienen también sus normas y complejidades sociales.

El dominio transmisor se centra en «atraer y vincularse», es decir, en comportarse de maneras que atraigan atención y dejen huella, para poder traspasar a otros no sólo sus genes (que también), sino otras cosas como sus creencias, valores, intereses y su visión del mundo, y así hacerlos portadores de esa información. Se asocia con la imagen de un pavo real, mostrando sus vistosas y elegantes plumas.

¿Qué te parecen esos tres dominios? Los tres son necesarios, y todos nosotros hacemos cosas para satisfacer necesidades en las tres áreas.

Pero, como dije antes, no les dedicamos la misma atención a los tres: por alguna razón, consideramos que las necesidades relativas a uno de los dominios son más importantes que las de los otros dos, y por lo tanto, priorizamos los comportamientos orientados a satisfacer esas necesidades. De alguna manera, se convierten en una especie de sistema de valores por el que nos movemos sin darnos cuenta. Y en consecuencia, las otras dos áreas acaban con prioridades más bajas, sobre todo una, que acaba siempre la última de la lista… Pero de todo eso ya hablaremos más adelante.

Y tú, ¿te ves predominantemente en uno de estos dominios? ¿O estás dudando un poco entre dos, o incluso entre los tres? A medida que vayamos profundizando un poco más, con suerte se aclarará el misterio… De momento, como siempre, la observación (y sobre todo, la autoobservación) es la mejor herramienta para ir descubriendo cosas interesantes.

Conciencia en Acción

Ya estamos a mediados de diciembre, y toca ir haciendo revisión del año que acaba. Tengo que decir que para mí el 2025 ha sido muy movidito, tanto personal como profesionalmente… Pero también, y seguramente por las mismas razones, ha sido un año muy gratificante, en el que considero que he crecido y madurado en muchos aspectos.

En el aspecto profesional, hay dos cosas que han pasado este año por las que estoy tremendamente agradecida, y por qué no decirlo, también orgullosa. La primera ya os la conté en septiembre: conseguir la certificación de ACC.

La segunda ha sido un viaje de aprendizaje (¡y desaprendizaje!) que comenzó en enero, y que no diré que acaba de terminar, porque estoy segura de que voy a seguir aprendiendo… Acabo de completar la formación del programa de certificación ATAAwareness to Action (Conciencia en Acción), impartido por Mario Sikora y María José Munita, de Awareness to Action International. Y para mí ha supuesto encontrar una pieza fundamental para mi proyecto de coaching con eneagrama.

(Imagen simbólica de los tres sesgos instintivos que caracterizan la metodología de Awareness to Action: preservadores, navegadores y transmisores. ¡Gracias Óscar por los dibujos!)

Si lleváis un tiempo leyendo este blog, quizá me habréis visto mencionar tímidamente el eneagrama en algunas ocasiones, muy pocas teniendo en cuenta que llevo tres años estudiándolo en detalle… Y no ha sido por falta de interés, ni mucho menos: el eneagrama me parece un tema fascinante ,y una herramienta extraordinaria para el desarrollo personal (y profesional).

Ha sido sobre todo por falta de confianza en poder explicarlo bien, en poder transmitir todo su valor sin caer ni en estereotipos superficiales (que nos encasillan en lugar de liberarnos) ni en explicaciones enrevesadas (que nos confunden más que ayudarnos). Y aún me queda mucho que progresar, estoy segura, pero a día de hoy ya puedo decir que tengo esa confianza.

Llegados a este punto, viene bien aclarar qué queremos decir exactamente con «el eneagrama». En el sentido más literal, el eneagrama es un símbolo cuyo nombre viene del griego: ennea significa «nueve», y grama, «línea», y efectivamente, es un diagrama formado por nueve líneas, conectando nueve puntos situados alrededor de un círculo.

Este símbolo se utiliza como parte de una herramienta de crecimiento personal, el llamado «eneagrama de la personalidad», que describe nueve perfiles de personalidad diferentes y relacionados entre sí conforme a ciertos patrones.

Ahora bien, algo que no mucha gente sabe es que no existe un único «eneagrama» fijo e inamovible, en el sentido de que no es un sistema propietario de tipología de la personalidad como podría ser DISC o MBTI (Myers-Briggs). En el mundo del eneagrama hay varios enfoques y escuelas de pensamiento, unas más antiguas y otras más modernas, que han ido evolucionando y refinándose con el tiempo, al igual que la psicología, la filosofía y otras muchas disciplinas también han ido evolucionando progresivamente y construyendo nuevos enfoques sobre las base de los anteriores.

Si lo comparásemos con un sistema operativo, por ejemplo, no sería como Windows o Mac OS, sería más bien como Linux – código abierto, disponible para que cada uno pueda hacer sus propias versiones, mejoras y aportaciones.

Pues bien, uno de los problemas que hay actualmente con el eneagrama es que mucha gente lo aprende basándose en libros que llevan escritos muchos años, con ciertos conceptos e ideas que ya están obsoletos y para los que hoy en día tenemos mejores explicaciones, surgidas de la aplicación práctica del modelo a lo largo de los años. O peor aún, les llega solamente una versión parcial de esas ideas y conceptos ya de por sí estereotipados, en forma de descripciones ultrarresumidas y chistes superficiales publicados en las redes sociales.

Y la verdad es que es una pena, porque el eneagrama cuando se entiende bien, se explica bien y se aplica bien, tiene al mismo tiempo una profundidad y una sencillez que resultan sorprendentemente poderosas, y tremendamente útiles tanto en el terreno personal como en el profesional.

Por eso estoy tan contenta de haber encontrado un enfoque del eneagrama que no sólo me permite entenderlo en profundidad, sino sobre todo explicarlo con claridad y sencillez, y aplicarlo a situaciones prácticas dentro y fuera del coaching. Así que, a partir de enero, podéis esperar mucho más contenido sobre eneagrama en este blog: os iré explicando en qué consiste la metodología de Awareness to Action, o ATA, sus distintos componentes y las relaciones entre ellos.

Mil gracias otra vez Mario y María José por vuestra generosidad en este último año, compartiendo vuestra sabiduría y el modelo tan práctico que habéis construido a base de mucho trabajo. Gracias también Lee, Micky y Creek por vuestro apoyo, cada uno con vuestro propio estilo y perspectiva, y a todos los compañeros con los que he coincidido en clase. Y cómo no, gracias también a Autognosis, mi anterior escuela y la que asentó las bases de mi entendimiento del eneagrama: Alberto, Laura, Fernando, Rafa, Luis, Benoit, Ana B y Ana M. ¡Gracias!

Cumpleaños

Diez de marzo de 2025, y me toca soplar 47 velitas.

Photo of a "happy birthday" candle

Otros años le he añadido un poco más de misterio al tema, y he puesto la cifra que cumplo en código binario (101111), en hexadecimal (0x2F) o incluso en números romanos (XLVII).

Cualquier cosa para no decirlo directamente, y no porque me importe mucho el número de años que cumpla, eso me da igual (o al menos eso es lo que digo ahora; el día que cumpla 50 ya veremos…)

En realidad lo que pasa es que tengo sentimientos encontrados con el tema de mi cumpleaños. Por un lado está mi aversión a ser el centro de atención, lo que me lleva a no recordárselo a nadie cuando se va acercando la fecha; pero por otro, siempre tengo la esperanza de que la gente se acuerde de felicitarme, y quizá en el fondo, la convicción de que «deberían acordarse». Para el que entienda de eneagrama: todo parecido con un eneatipo 1 conservación es pura coincidencia 😉

Pero bueno, este año tengo poca escapatoria, porque ya se ha enterado poco menos que todo el mundo. Así que, de todo corazón, muchas gracias por las felicitaciones, y a por otro año más. Un abrazo.

Sabiduría estoica

Dicen los expertos que una de las cosas que más nos ayudan a mantenernos sanos mental y emocionalmente es el seguir aprendiendo toda la vida; el aprender cosas nuevas que nos interesen y que disfrutemos no sólo nos da conocimientos nuevos, sino también motivación, flexibilidad y apertura de mente.

Yo no sabría deciros cuándo empecé a interesarme por temas de crecimiento personal. En parte creo que fue a raíz de mudarme de España a Irlanda, ya que en muchos sentidos estaba empezando una vida nueva. Luego en estos últimos años, concretamente a partir de la pandemia, se han multiplicado exponencialmente tanto mi interés en estos temas como el número de temas como la cantidad de tiempo y atención que les dedico; pero en el fondo creo que la inquietud empezó mucho, muchísimo antes.

Recuerdo por ejemplo que me gustaba mucho la asignatura de filosofía cuando la dábamos en el colegio (en 3º de BUP, para los de mi época), y que incluso me leí una novela sobre historia de la filosofía que nos recomendó el profesor: El mundo de Sofía, y también me encantó.

Ruins of an ancient Greek temple against a blue sky with clouds

Muchos años después, me he vuelto a tropezar con el mundo de la filosofía, esta vez a través de un curso de estoicismo y eneagrama (súper recomendable, como todos los de Autognosis) que acabo de terminar esta semana.

La verdad es que lo he disfrutado un montón, y lo mejor es que se trata de una filosofía muy práctica: una serie de principios que podemos aplicar a nuestro día a día para conseguir ser más felices y sufrir menos. Ahora quizá nos parezca que la filosofía es algo teórico y rebuscado sobre lo que hablar (¡filosofar!) hasta el infinito, tan alejado de la realidad cotidiana que no sirve para que cambie nada. Pero los antiguos griegos y romanos lo veían de otra manera: la filosofía era algo mucho más tangible, era su forma de guiarse por la vida. Los filósofos eran los terapeutas y coaches de aquella época.

A las enseñanzas y reflexiones del estoicismo se les puede sacar mucho jugo, ya os iré contando cosillas a medida que vayan surgiendo. De momento, hoy os quiero dejar con un texto que quizá reconozcáis, y que es relativamente reciente, pero que tiene mucho que ver con uno de los principios del estoicismo, y que a mí me resuena especialmente: la dicotomía del control.

La dicotomía del control nos advierte de lo inútil que es gastar energías en intentar dominar lo que está fuera de nuestro control, y nos anima a centrarnos en lo que sí podemos controlar, para así frustrarnos menos y además conseguir mejores resultados. Y partiendo de esa base, la oración de la serenidad nos viene que ni pintada:

Señor, concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar,
valor para cambiar las cosas que sí puedo,
y sabiduría para reconocer la diferencia.

Reinhold Niebuhr

Por cierto, me acabo de acordar de que en esa misma asignatura de filosofía del colegio fue donde me explicaron por primera vez lo que era la mayéutica de Sócrates, uno de los fundamentos del coaching moderno 🙂

El valor del autoconocimiento

Este fin de semana me ha invitado una antigua compañera (¡gracias Eli!) a participar en un directo de Facebook sobre la importancia del autoconocimiento. Aquí tenéis el contenido que preparé para la sesión, espero que os resulte interesante; algunas cosas ya me las habréis oído decir en otras ocasiones.

Surface view of an iceberg and its reflection on the water, against a blue sky

Hoy quiero hablaros de la importancia del autoconocimiento, para la vida en general y para un proceso de coaching en particular. ¿Por qué? Porque el autoconocimiento nos ayuda a encontrar mejores soluciones a nuestros problemas.

¿Has tenido alguna vez un problema (con la familia, la pareja, los amigos, el trabajo…) y no has sabido inicialmente cómo solucionarlo? A lo mejor te han entrado ganas de quejarte y echarle la culpa a los demás, pero, ¿eso ha solucionado el problema? Probablemente no.

Quizá hayas recurrido a pedir consejo, a preguntarle a otros lo que deberías hacer. ¿Y eso ha solucionado el problema? Puede que sí, puede que no. Porque la solución que le funciona a otra persona no necesariamente le funciona a otra, y aunque te den un consejo con las mejores intenciones, puede que no sea lo más adecuado para tu situación.

Hoy vamos a ver una propuesta alternativa, una estrategia diferente frente a nuestros problemas, para facilitar que la solución surja desde dentro, en vez de venir desde fuera. Y esa propuesta es el autoconocimiento.

Conócete a ti mismo. Esta famosa frase estaba inscrita a la entrada del templo de Apolo en Delfos, en la antigua Grecia. Antes de plantear cualquier consulta a los dioses, se invitaba al viajero a investigar su propia esencia, a comprenderse a sí mismo como punto de partida para comprender mejor el mundo, y así poder tomar decisiones más acertadas.

Hoy en día tenemos versiones modernas del oráculo de los dioses: tenemos terapeutas, coaches, libros de autoayuda, y todo tipo de fuentes de información. La ventaja de un proceso de coaching frente a un libro de autoayuda es que el proceso de coaching es mucho más personalizado: se centra en la persona y en su objetivo concreto, que puede ser resolver un problema, superar un reto o alcanzar una meta determinada. En definitiva, hacer un cambio en su vida.

Pero hacer cambios que realmente nos funcionen y sean duraderos no siempre es fácil, de hecho nos cuesta bastante. ¿Por qué? Porque las personas somos como un iceberg.

Lo que vemos de una persona es sólo una mínima parte, menos del 10%. Vemos el entorno en el que se mueve, y vemos su comportamiento ante determinadas situaciones, pero no tenemos ni idea de las razones que hay detrás, de sus motivaciones, sus miedos, y tantas otras cosas que conforman su realidad.

Y lo mismo es cierto de nosotros mismos, aunque nos cueste creerlo: gran parte del tiempo funcionamos en piloto automático, tomando decisiones inconscientes, y si queremos que las cosas cambien, tenemos que profundizar en ese iceberg y hacer conscientes esas partes de nosotros que no conocemos realmente. De eso es de lo que trata el autoconocimiento.

Este iceberg metafórico lo describió Robert Dilts a través de lo que el llamó niveles neurológicos. Los dos primeros niveles (entorno y comportamiento) son conscientes, y todos los demás son inconscientes a no ser que los trabajemos. Podemos empezar a explorarnos desde el comportamiento, que entra dentro de lo consciente; y poco a poco ir buceando para descubrir cada nivel:

  • Comportamiento: ¿Cómo reacciono ante determinadas situaciones? ¿Qué me hace saltar? ¿Qué patrones encuentro?
  • Capacidades: ¿Qué se me da bien, y qué no? ¿Qué habilidades tengo que trabajar?
  • Creencias: ¿Qué historias me estoy contando sobre mí mismo y sobre el mundo? Y esas historias, ¿me ayudan o me perjudican?
  • Valores: ¿Qué es lo que considero más importante en mi vida? ¿Estoy honrando esos valores en mi día a día?
  • Identidad: ¿Quién soy? ¿Quién quiero ser? ¿En quién me quiero convertir?
  • Transpersonal: ¿Qué sentido quiero dar a mi vida? ¿Qué legado quiero dejar?

A medida que vamos profundizando en los niveles del iceberg, nos vamos comprendiendo mucho mejor, y vamos encontrando explicaciones a lo que nos pasa. Y cuanto más profundo sea el nivel al que iniciamos un cambio en nuestra vida, más efectivo, estable y duradero será, y más sencillo nos resultará.

Por ejemplo: si yo trato de dejar de fumar a base de fuerza de voluntad, me va a costar mucho, y si todavía me veo como fumador, en cualquier momento puedo recaer. En cambio, si consigo verme como no fumador, como una persona libre de tabaco, esa nueva identidad me lo va a poner mucho más fácil, ya no tengo que luchar conmigo mismo para sostener ese cambio.

Estupendo, hasta aquí todo muy bien (espero), ya nos sabemos la teoría 🙂 Pero en la práctica, ¿por dónde empezamos? ¿Cómo hacemos para conocernos mejor?

La clave está en la auto-observación, estar atentos para darnos cuenta de lo que pasa cuando funcionamos en piloto automático: qué pensamientos nos suelen venir a la cabeza, en qué situaciones nos encontramos a gusto y en cuáles no, cómo reaccionamos cuando nos pasan ciertas cosas, etc.

A partir de ahí, aparcamos el juicio, y con curiosidad, vamos tirando del hilo para averiguar qué hay detrás: ¿Qué me está motivando para actuar así? ¿Qué miedo o necesidad estoy sintiendo? ¿Me ha pasado otras veces algo parecido?

Así vamos descubriendo patrones que nos muestran cómo nos relacionamos con nosotros mismos, con los demás y con el mundo, y nos dan mucha información sobre nuestra forma de entender la vida y las estrategias que utilizamos (con o sin éxito) para resolver problemas.

También podemos utilizar ciertas herramientas que nos ayuden a identificar patrones propios de nuestra personalidad. Pero no para etiquetarnos y justificarlo todo con esa etiqueta, sino porque esa información nos va a dar más libertad, nos va a permitir adaptarnos a nuestra propia naturaleza en lugar de luchar contra ella.

Quiero que quede muy claro que cada persona es un mundo, y hay muchísimos factores que influyen en la personalidad. Las herramientas de autoconocimiento son sólo eso, herramientas, aproximaciones, no una clasificación rígida ni la verdad absoluta. Son pinceladas de conocimiento que nos pueden ayudar a comprendernos mejor, si las utilizamos adecuadamente.

Os menciono aquí mis herramientas favoritas, son todas fascinantes, ya iremos hablando de ellas con más detenimiento:

  • Desde la PNL, además de los niveles neurológicos de Robert Dilts, nos llegan los sistemas representacionales, que son las tendencias que tenemos a apoyarnos en unos sentidos más que en otros a la hora de relacionarnos con el mundo (visual, kinestésico, auditivo y digital).
  • La morfopsicología estudia la relación entre los rasgos faciales y la personalidad, concretamente en cuanto al temperamento (nuestras capacidades innatas). El rostro es la única parte del cuerpo humano que está conectada directamente con el cerebro, y por eso la configuración de nuestra cara refleja en cierto modo el funcionamiento de nuestra mente.
  • El eneagrama es un estudio de la personalidad desde el punto de vista cognitivo: explica nueve maneras de entender la vida (los llamados eneatipos, que se representan con números del 1 al 9), el deseo básico en el que se centra cada eneatipo, y el conjunto de estrategias que desarrolla cada eneatipo para conseguir satisfacer su deseo básico.
  • La teoría de los instintos complementa al eneagrama. Nos habla de cómo los instintos naturales que hemos heredado de los animales se pueden agrupar en tres categorías, y de que cada uno de nosotros le damos más importancia a uno de esos tres sesgos instintivos (conservación, social y sexual/transmisor).

En resumen: el autoconocimiento es un viaje hacia nuestro interior que nos permite descubrir cómo funcionamos realmente y cómo interactuamos con el mundo, para así poder encontrar soluciones que de verdad se adapten a nosotros y nos funcionen.

A través de la observación, la curiosidad y el uso de herramientas, vamos descubriendo patrones que explican por qué nos pasa lo que nos pasa. Y cuanto mejor nos conocemos, más nos comprendemos, y menos nos juzgamos. Ya no nos machacamos por volver a tropezar con la misma piedra, porque entendemos cómo nos ocurre, y podemos adquirir herramientas para gestionarlo.

Cada persona es un mundo, y el autoconocimiento nos ayuda a muchos niveles, desde los problemas concretos del día a día hasta el llevar una vida más libre y más feliz, más acorde con nuestra naturaleza, y con mucho menos sufrimiento.

¿Y ahora qué? Ahora, la decisión es tuya: ¿quieres seguir buscando soluciones genéricas a tus problemas, echándoles la culpa a los demás cuando no funcionen, o quieres encontrar lo que realmente va contigo?

Aviso: el camino del autoconocimiento no siempre es fácil, hay que ser valiente para atreverse a mirar hacia adentro. Algunas de las cosas que te vas a ir encontrando van a doler un poquito, van a escocer, y además ¡ya no vas a poder recurrir a las excusas! Incluso en algunos momentos puede que sientas que tu mundo se tambalea un poco: esa es la señal de que estás creciendo y evolucionando, se están recolocando las capas más profundas de tu iceberg.

Lo que sí te puedo asegurar es que es un viaje interesantísimo, y que dura toda la vida, no se acaba nunca. Es como un videojuego: cada vez que aprendes algo nuevo y superas una pantalla, la vida te pone por delante el siguiente nivel, para que sigas ganando puntos en sabiduría y en libertad 🙂

Y hasta aquí el artículo de hoy, gracias por llegar hasta el final. ¿Te ha picado la curiosidad? ¿Te animas a emprender este viaje fascinante hacia las profundidades de tu iceberg?

Frases intraducibles: echao p’alante

Hoy traemos a nuestra sección de frases intraducibles una expresión coloquial muy típica española: ser muy echao p’alante.

El Collins Dictionary da tres ejemplos de traducción de es muy echado p’alante, espero que tengan sentido para los que me leéis en inglés:

  • He’s very pushy
  • He’s very forward
  • He’s not backward in coming forward (informal)

Para mí, ser echao p’alante significa ser valiente, en el sentido de atreverse, tomar la iniciativa y entrar en acción en determinadas situaciones, sin miedo a hacer el ridículo (o a lo mejor con un poco de miedo, pero sin dejar que eso les condicione).

Little girl riding on a horse with her hands in the air, seen from behind

Me viene a la memoria mi amiga Bárbara, que durante años fue la presidenta de la Asociación de Padres de nuestro cole de primaria. Ella un día me explicaba que, cada vez que se pedían voluntarios para organizar alguna cosa en el cole, siempre había cierta gente que se echaba para alante, y cierta gente que se echaba para atrás.

Yo era de las que me apuntaba para ayudar en todo lo que pudiera, pero principalmente para ayudar, no para liderar. No era yo quien tomaba la iniciativa, prefería seguir la iniciativa de otros. Y este patrón se ha ido repitiendo año tras año en muchas facetas de mi vida.

Vamos, que yo no soy ni nunca he sido lo que se dice muy echá p’alante… Lo bueno es que ahora ya sé que eso es parte de mi personalidad, más concretamente de mis tendencias instintivas, no una debilidad de mi carácter que tenga que superar.

Según la teoría de los instintos promulgada por Mario Sikora y que se enseña en conjunción con el eneagrama, nuestros instintos naturales como personas se pueden agrupar en tres áreas principales: instintos relacionados con la conservación (buscar la supervivencia, cuidar nuestras necesidades básicas, cuidar de los nuestros), instintos relacionados con lo social (sertirnos parte de un grupo, relacionarnos con nuestros semejantes) e instintos relacionados con la transmisión (reproducirnos, propagar nuestro mensaje, dejar un legado en este mundo).

Cada persona tiende a tener una de esas tres áreas instintivas mucho más desarrollada que las otras dos, con otra área secundaria, y una tercera mucho menos desarrollada. Y a grandes rasgos, podríamos decir que las personas con más instinto transmisor tienden a ser más echadas para alante, por su necesidad instintiva de transmitir, de convencer, de avanzar. En cambio, las personas que tenemos más instinto de conservación tendemos a echarnos más para atrás, a protegernos y a querer pasar desapercibidos,. Las personas con un instinto predominantemente social tienden a buscar un equilibrio entre lo que dan y lo que reciben, esperando reciprocidad.

Un punto importante que quiero destacar es que ninguna tendencia instintiva es mejor ni peor que las otras; las necesitamos todas, porque cada una implica unas habilidades y fortalezas características, y entre todas se equilibran dentro del grupo. Necesitamos conservadores, sociales y transmisores en nuestra tribu.

A mí personalmente, el aprender cómo funcionan los instintos me está ayudando un montón a comprender tanto mis propias reacciones y comportamientos como los de los demás. Pero eso no significa que podamos ponerlo como excusa para seguir haciendo las cosas siempre igual, todo contrario. La idea es ver que en lugar de forzarnos a hacer cosas radicalmente opuestas a nuestro instinto, podemos trabajar con ello y sacarle el mejor partido posible, diseñando estrategias que nos consigan los resultados que queremos de una manera más natural y más adaptativa.

Yo en mi caso, siendo más bien de instinto conservación, sé que tengo que ponerle especial atención al tema de tomar la iniciativa y entrar en acción, porque es algo que no me suele salir natural. Me busco trucos para motivarme, y así ir avanzando poco a poco sin agotarme ni sentirme sobrepasada. ¿Y qué es lo que más me ayuda? Frases como éstas:

Si no vas a por lo que quieres, nunca lo tendrás.
Si no preguntas, la respuesta siempre es no.
Si no das un paso adelante, estás siempre en el mismo sitio.

Nora Roberts

Y tú, ¿eres de los que se echa para alante, o de los que se echa para atrás? ¿Cuál sería una motivación lo suficientemente fuerte como para echarte hacia adelante?