Conciencia en Acción: Sesgos Instintivos

Esta semana, en el trabajo, he dado mi primera charla sobre sesgos institivos, una de las dos dimensiones del modelo de Conciencia en Acción del que os hablaba hace un par de meses.

Esta parte del modelo describe tres áreas o dominios de la vida en los que las personas nos enfocamos sin darnos cuenta, porque son básicas para nuestra supervivencia, y en definitiva, para la supervivencia de la especie humana. Pero lo curioso es que no nos damos cuenta de cuánta atención les prestamos (de ahí lo de «institivos», porque son tendencias no conscientes), y más curioso todavía es que esa atención no se reparte equitativamente entre las tres áreas, sino que cada uno priorizamos una de ellas muy por encima de las otras dos (de ahí lo de «sesgos», que no son otra cosa que tendencias a seguir ciertos patrones).

El caso es que estos sesgos instintivos son un factor determinante en muchas de nuestras decisiones y comportamientos diarios, por lo que, volviendo a la analogía del elefante del otro día, viene muy bien conocerlos para poder averiguar de qué manera nos influyen, y trabajar para que nos ayuden en lugar de perjudicarnos.

Pero antes de contaros cuáles son esos tres dominios, me gustaría dejar dos cosas muy claras:

  • La primera, que los seres humanos somos increíblemente complejos (¡y contradictorios!), y que hay muchísimos factores que influyen en nuestra personalidad (recordemos las capas del iceberg, más luego factores familiares, culturales, demográficos, experiencias de vida, etc., etc., etc.). Este modelo no pretende explicarlo todo sobre una persona, ni muchísimo menos; eso sería directamente imposible. Pero sí que puede explicar varias cosas que nos pueden aportar mucho valor. Como dice la famosa frase atribuida a George Box, «todos los modelos son incorrectos, pero algunos son útiles».
  • La segunda, que aquí no se trata de poner etiquetas o de encasillar a la gente. De lo que se trata es de darnos cuenta de que ya estamos encasillados, ya estamos condicionados, y de que siendo conscientes de esos condicionamientos, podemos hacer nuestra «casilla» más flexible, y adaptarnos mejor a las circunstancias de cada momento. Así que no se trata de definir quiénes somos a través de esta clasificación (ni ninguna otra); se trata de observar cómo nos comportamos, y sobre todo, lo que hacemos habitualmente la mayor parte del tiempo, para distinguir en qué momentos nuestro piloto automático tiende a meternos en problemas o malentendidos.

Teniendo en cuenta todo esto, los tres dominios instintivos de Conciencia en Acción se formulan utilizando verbos que representan grupos de comportamientos:

  • Preservar
  • Navegar
  • Transmitir

Todos estos comportamientos son en realidad adaptaciones evolutivas que hemos heredado de nuestros ancestros, y que a ellos les sirvieron para poder sobrevivir al menos el tiempo suficiente como para reproducirse, asegurando así la continuidad de la especie.

Nota: si ya conoces el eneagrama a través de libros o de otras escuelas o tradiciones, que hay varias, puede que conozcas otros nombres para los tres subtipos de cada eneatipo. Y no es sólo el nombre lo que cambia: seguramente estos conceptos sean más amplios que los que hayas aprendido, y a lo mejor te toca «desaprender» un poco para poder entenderlos en toda su amplitud.

(Fotos de una ardilla, unos chimpancés y un pavo real, simbolizando los tres dominios instintivos.)

Ya iremos entrando en más detalles sobre cada dominio instintivo y su sesgo correspondiente en otros artículos; de momento hoy, os cuento una pincelada de cada uno, junto con su simbología, que esperemos que ayude a entenderlos mejor:

El dominio preservador se centra en «anidar y nutrir», es decir, en asegurarse de que las necesidades fundamentales de supervivencia están cubiertas, tanto para uno mismo como para la familia o el círculo más cercano: alimento, abrigo y protección frente a las amenazas, por ejemplo. Se asocia con la imagen de una ardilla, a la que nos podemos imaginar preparándose para el invierno.

El dominio navegador se centra en la «orientación al grupo», es decir, en entender a las personas y sus interacciones sociales y grupales. Construir alianzas, crear confianza y reciprocidad, y entender cómo encajamos en el grupo y cómo encajan también los demás. Se asocia con la imagen de unos monos o chimpancés, puesto que estos animales tienen también sus normas y complejidades sociales.

El dominio transmisor se centra en «atraer y vincularse», es decir, en comportarse de maneras que atraigan atención y dejen huella, para poder traspasar a otros no sólo sus genes (que también), sino otras cosas como sus creencias, valores, intereses y su visión del mundo, y así hacerlos portadores de esa información. Se asocia con la imagen de un pavo real, mostrando sus vistosas y elegantes plumas.

¿Qué te parecen esos tres dominios? Los tres son necesarios, y todos nosotros hacemos cosas para satisfacer necesidades en las tres áreas.

Pero, como dije antes, no les dedicamos la misma atención a los tres: por alguna razón, consideramos que las necesidades relativas a uno de los dominios son más importantes que las de los otros dos, y por lo tanto, priorizamos los comportamientos orientados a satisfacer esas necesidades. De alguna manera, se convierten en una especie de sistema de valores por el que nos movemos sin darnos cuenta. Y en consecuencia, las otras dos áreas acaban con prioridades más bajas, sobre todo una, que acaba siempre la última de la lista… Pero de todo eso ya hablaremos más adelante.

Y tú, ¿te ves predominantemente en uno de estos dominios? ¿O estás dudando un poco entre dos, o incluso entre los tres? A medida que vayamos profundizando un poco más, con suerte se aclarará el misterio… De momento, como siempre, la observación (y sobre todo, la autoobservación) es la mejor herramienta para ir descubriendo cosas interesantes.

Deja un comentario