Sesgos Instintivos: Transmitir

Completamos hoy el recorrido por los tres sesgos instintivos de Awareness to Action (Conciencia en Acción) que empezamos hace dos semanas y continuamos la semana pasada (si no sabes de lo que hablo, te aconsejo que empieces esta serie de artículos por el principio, leyendo aquí, aquí y aquí).

El tercer sesgo instintivo es el dedicado a transmitir, y lo representamos con un llamativo y colorido pavo real (aunque este icono en concreto esté en blanco y negro). ¿Qué te viene a la cabeza cuando te imaginas a un pavo real desplegando su cola y mostrándose en todo su esplendor?

Black and white icon of a peacock

Igual se te ha ocurrido pensar que le gusta llamar la atención, y sí, efectivamente, por ahí van los tiros. La idea central del dominio transmisor es la de atraer y vincularse, es decir, hacerse notar y captar la atención de los demás para poder transmitirles algo, ya sean sus genes (de hecho, en el eneagrama tradicional, a las personas con este sesgo se las denomina «de instinto sexual») o sus ideas, creencias, valores, su punto de vista o algo que hayan creado. Son personas naturalmente carismáticas, que sin buscarlo conscientemente llaman la atención; puede ser por su forma de vestir, de hablar, de comportarse, etc.

Desde el punto de vista evolutivo, nuestros ancestros desarrollaron determinados comportamientos para aumentar las probabilidades de atraer a una pareja y poder reproducirse, que es, al fin y al cabo, lo que también hace el pavo real macho al abrir su cola y pasearse delante de la hembra. Pero en los humanos, el concepto de transmitir va mucho más allá: no todas las personas con sesgo transmisor buscan reproducirse y tener hijos; lo que sí tienen en común es una tendencia a mostrar al mundo lo que llevan dentro y a querer dejar su huella, cada uno a su manera.

Las personas con el sesgo instintivo transmisor sin darse cuenta prestan mucha atención y le dan mucha importancia a temas relacionados con:

  • Asertividad
    • Suelen ser personas ambiciosas y seguras de sí mismas, que van a por lo que quieren.
    • Tienen un nivel de inhibición bajo: les da menos reparo decir o hacer lo que haga falta para conseguir su objetivo.
    • Su nivel de intensidad es más alto que el de los preservadores y navegadores, y tienden a ser bastante competitivos.
  • Difusión masiva y selectiva
    • A través de su carisma, su encanto, su apariencia y su forma de actuar, envían señales al grupo para convertirse en el centro de atención, transmitiendo al público en general (difusión masiva).
    • Una vez que han conseguido la atención de una persona, o si les interesa esa persona en concreto, tienden a centrarse en ella exclusivamente (difusión selectiva).
    • En sus relaciones y conversaciones de uno a uno establecen un vínculo muy intenso, aunque sea breve.
  • Dejar huella
    • Son personas que buscan impactar, causar una determinada impresión en los demás.
    • Tienen mucho poder de influencia y habilidad para convencer a otros, tanto individualmente como en grupo.
    • Suelen querer dejar su huella en este mundo, su legado, que una parte de ellos se transmita a las generaciones siguientes.

En el trabajo, a los transmisores (es decir, a las personas con sesgo instintivo transmisor) se les suele dar muy bien presentar y promocionar sus proyectos o productos, así como darse a conocer ellos. Suelen ser grandes vendedores y líderes carismáticos, que saben convencer, inspirar y pintar una visión de futuro que guíe al equipo y le dé energía para avanzar.

Recordemos una vez más que los sesgos instintivos son esencialmente sistemas de valores que nos indican lo que consideramos más importante en la vida, y que, en consecuencia, nos empujan a priorizar ciertas cosas por encima de otras. Pero esto no significa que los transmisores estén todo el rato transmitiendo sin parar, ni los navegadores navegando, ni los preservadores preservando. Estos patrones son útiles porque nos muestran tendencias generales observables a lo largo del tiempo, independientemente de momentos puntuales, porque todos hacemos de todo en distintos momentos, y nadie hace lo mismo todo el rato.

Otra cosa que también hay que tener en cuenta es que hay etapas de la vida que están estrechamente relacionadas con uno de los dominios instintivos, lo que hace que temporalmente nos centremos más en ese dominio, aunque no sea el que nos resulta más natural. Por ejemplo:

  • Los años de la adolescencia son eminentemente navegadores: el punto de referencia dejan de ser nuestros padres para pasar a ser los amigos y compañeros, y pasamos (o queremos pasar) mucho más tiempo con ellos que con la familia.
  • Algo después, cuando llega el momento de emprender una carrera profesional y buscar pareja, entramos en una etapa mucho más transmisora, y salimos al mundo a ofrecer lo que tenemos.
  • Y más adelante, los años de la crianza de los hijos tienen un alto componente preservador: es momento de atender el nido para que nuestras crías estén bien cuidadas y no les falte de nada mientras crecen.

Como veis, este tema de los sesgos instintivos, que puede parecer muy sencillo, y en cierto modo, lo es, también tiene muchos matices que ir explorando y observando poco a poco. Lo bueno es que también tiene muchas aplicaciones prácticas. En un artículo futuro hablaremos un poco más de cómo los tres dominios se sitúan en orden de prioridades según el sesgo dominante, y de cómo se manifiesta todo esto en nuestro día a día, en casa y en el trabajo.

Pero de momento, ¿qué te parece esta descripción del sesgo transmisor? ¿Te sientes identificad@? Una vez más, te propongo observarte durante la semana para ver cuánto tiempo y atención le dedicas a los comportamientos típicos de este dominio.

Deja un comentario