Día de la marmota… O todo lo contrario

Hoy es 2 de febrero, y esta vez sí que me he acordado de que es el día de la marmota.

El otro día estuve recordándoles a mis compañeros el argumento de la película Groundhog Day, cuyo título se tradujo al español como «Atrapado en el tiempo», precisamente porque de eso trata: el protagonista se queda atascado en el día 2 de febrero, viviendo en bucle el mismo día (el día de la marmota) y sin saber cómo salir de ahí.

(Foto de un banco cualquiera en un parque cualquiera.)

Y después de aquella conversación, me quedé pensando… Hace mucho que no le oigo comentar a nadie lo de que le parece estar viviendo en el día de la marmota, en el sentido de estar metido en una rutina y una monotonía de las que le gustaría salir. Y es que quizá llevamos un tiempo en que la vida no está siendo precisamente rutinaria, y no necesariamente por razones que podríamos considerar «buenas».

Más bien parece (o igual sólo me lo parece a mí) que está todo un poco fuera de control, ya sea por las inclemencias meteorológicas de estas últimas semanas, por el avance cada vez más rápido de las tecnologías (léase IA), o por tantas otras cosas que están ocurriendo en ciertos lugares del mundo, y que llegan a situaciones francamente surrealistas.

Igual lo que preferiríamos ahora mismo sería un mundo un poquito más estable y predecible.

Pero de momento, tenemos lo que tenemos.

¿Y qué podemos hacer?

No puedo evitar acordarme del principio de la pandemia, allá por marzo de 2020 (hace ya ¡casi seis años!). En aquel momento todo era incertidumbre; la situación también era surrealista, sin precedentes, y no teníamos ni idea de lo que nos deparaba el futuro. Pero había que seguir adelante, y eso fue lo que hicimos: seguir adelante como buenamente pudimos, y paso a paso, con mayor o menor sufrimiento, conseguimos transitar ese camino y llegar a una nueva normalidad.

Quizá es eso también lo que nos toca hacer ahora, porque es lo que al ser humano le ha tocado hacer desde el principio de los tiempos: adaptarse a nuevas situaciones, resolver nuevos problemas.

Dicen que en esta vida lo único constante es el cambio, y sabemos que es verdad: las personas vamos cambiando, y a la vez también cambian nuestro entorno y circunstancias. Lo que pasa es que hay temporadas en las que ese cambio es más suave y gradual, y temporadas en las que es mucho más fuerte y rápido, hasta tal punto que puede llegar a sobrepasarnos. Y ahí es cuando se nos escapa la sensación (ilusoria, por otra parte) de tenerlo todo bajo control, y llegan el agobio y la incertidumbre.

A nuestro cerebro no le gusta nada la incertidumbre. Le genera mucho malestar, porque no sabe qué hacer con ella, y al no poder solucionarla con su piloto automático habitual, gasta mucha energía preocupándose e intentando predecir el futuro. Por eso muchas veces preferimos volver a lo «malo conocido», a la rutina (mal entendida) y a la monotonía, antes que aventurarnos hacia lo que está por descubrir, por mucho que pueda ser mejor que lo que tenemos ahora.

Así que, si estás pasando por algún tipo de incertidumbre en este momento, que sepas que no estás solo, ni mucho menos. Y aunque por supuesto hay factores externos que no podemos controlar, sí que podemos utilizar herramientas y estrategias que nos ayuden a sentirnos mejor, y a recuperar cierta sensación de orden y de control. Aquí van algunas sugerencias:

  • Establecer rutinas «de las buenas», que aporten estabilidad, estructura y predictibilidad a nuestros días, pero con cierta flexibilidad también, para que podamos ir adaptándonos a medida que cambien las cosas.
  • Dedicar tiempo intencionadamente a cuidarnos física, mental y emocionalmente, incluyendo en nuestra agenda ratos de ocio, de descanso y de conexión (que, como bien me han recordado recientemente, no son un lujo, son una necesidad). Cualquier cosa se afronta mejor cuando se tienen las pilas cargadas, y todo se hace mucho más cuesta arriba cuando nos pilla cansados o bajos de ánimos.
  • Tener un diario (físico) en el que escribir (a mano) nuestros pensamientos y preocupaciones. El ejercicio de escribir nos ayuda a sacar lo que llevamos dentro, para tomar conciencia y poder procesarlo mejor. Y además, nuestra mente puede descansar más tranquila, sabiendo que está todo por escrito.

¿Qué te parecen estas tres estrategias? ¿Cuáles utilizas tú cuando la vida va a un paso más acelerado del que te gustaría?

2 pensamientos sobre "Día de la marmota… O todo lo contrario"

  1. Yo probé rutinas, pero, no puedes ir contra tu Ser, las probé, porque en mi entorno, se me enseñaron, que era lo que funcionaba. A mí me gustan los cambios, los disfruto mucho, realmente son incertidumbres como estar cerca de un mar, que trae olas inesperadas que en algún u otro momento van a tenerte dentro, curiosamente con lo de las palabras, que leí en una de tus publicaciones, no me encuentro mucho con las palabras ya creadas, por eso me gusta muy mucho, el lanzarme a ver cuál es su raiz eso, me da comodidad, al momento de conversar con otras personas, porque no hay nada que deteste más, que decir mentiras en contacto con otras personas, porque si no es eso lo que pienso, por qué diantres iba a dejarlo pasar, jejejeje

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