Una de las cosas que me encanta de mi trabajo es que me permite de vez en cuando dar una charla o taller sobre algún tema de desarrollo profesional, que luego acaba siendo también de desarrollo personal, porque ambos van inevitablemente de la mano.
Esta semana me ha tocado contribuir por segundo año consecutivo al programa de formación de los «interns» de mi empresa (algo parecido a los becarios en España), con una sesión interactiva sobre uno de mis temas favoritos: la inteligencia emocional.
De forma muy resumida, la inteligencia emocional se puede definir como la capacidad de:
- Reconocer, comprender y gestionar nuestras propias emociones, y
- Reconocer, comprender y relacionarnos con las emociones de los demás.
Igual os parece un poco raro que hablemos de emociones en un entorno profesional, pero es que resulta que nuestro «coeficiente emocional» (o EQ) a menudo es más importante que el coeficiente intelectual (o IQ), sobre todo en el trabajo.
¿Por qué? Porque al fin y al cabo, ante todo somos personas, somos seres humanos, y por mucho que nos parezca que el trabajo tiene que ver con tareas, procesos, sistemas, programas y demás (o lo que sea dependiendo de tu profesión), en el fondo todo tiene que ver con las personas, directa o indirectamente – compañeros, jefes, clientes, proveedores, usuarios, pacientes, o lo que toque según el caso. Siempre estamos tratando con personas, empezando por nosotros mismos.
La buena noticia es que la inteligencia emocional se puede entrenar, y que además nos beneficia por partida doble: en el terreno personal y en el profesional. Tanto en uno como en otro, cuanto mejor te comprendas tú y sepas comprender a los demás, mejor te va a ir en la vida. Así de simple.
En el episodio 7 de Reprograma tu vida ya vimos cómo funcionan en general las emociones, cuáles son las principales (las llamadas emociones universales) y el mensaje específico que nos transmite cada una. Hoy quiero compartir con vosotros una técnica muy útil para gestionarnos en esos momentos en los que aparece la emoción: el acrónimo STOP.

- S de Stop – párate, ¡literalmente! Deja por un segundo lo que estabas haciendo.
- T de Take a breath (o take a step back) – tómate un momento para respirar conscientemente. Inspira y espira.
- O de Observe – observa. ¿Qué estás sintiendo justo aquí y ahora? ¿Cuál es esa emoción (pónle nombre), y qué te viene a decir? ¿Cuál es el mensaje?
- P de Proceed – procede. Una vez recibido el mensaje, ¿qué quieres hacer con él? ¿Cómo quieres responder a esta situación?
Esta técnica nos ayuda a crear un poco de espacio entre la emoción, que es espontánea y no podemos controlar, y las acciones que siguen a esa emoción, que sí que podemos controlar, pero sólo si salimos del piloto automático para poder elegir más conscientemente. Es la gestión adecuada de las emociones lo que nos va a permitir responder a las situaciones en lugar de reaccionar a ellas, y así conseguir mejores resultados, para nosotros y para los demás.
Esta cita de Viktor Frankl lo explica de maravilla:
Entre estímulo y respuesta hay un espacio.
Viktor Frankl
En ese espacio está nuestro poder para elegir nuestra respuesta.
En nuestra respuesta radica nuestro crecimiento y nuestra libertad.