Botón de reinicio

Una vez más, el fin de semana se me ha pasado muy rápido, y me he quedado con la sensación de no haber hecho ni la mitad de las cosas que hubiera querido. Lo cual probablemente quiere decir que había planeado como el doble de cosas de las que, siendo realistas, me caben en un fin de semana.

¿Te pasa a ti también esto? Es bastante normal; a las personas se nos da fatal estimar el tiempo que tardamos en realizar una tarea o un proyecto (más sobre este tema aquí).

Para mí, una consecuencia habitual de no ser realista con mi tiempo es que a menudo acabo descansando y durmiendo menos, porque hay cosas que no quiero dejar sin hacer, aunque ya se me acaben las horas del día. Y así, sin darme cuenta, me meto en una rueda de cansancio atrasado que no hace sino traerme más problemas…

Esta semana me he pillado otra vez en esa rueda. Y sólo de mí depende salir de ella.

A veces nos da la sensación de que no hay más remedio que llenarnos el día de tareas y seguir hasta caer de agotamiento. O igual ya estamos agotados, pero no le hacemos caso a nuestro cuerpo. ¿Hasta cuándo? ¿Es que tenemos que esperar a que la vida nos dé un susto para empezar a cuidarnos?

Lo bueno es que la vida (o más bien, nuestro cuerpo) nos va dando avisos, nos va indicando cuándo el ritmo que llevamos ya no es sostenible. El caso es aprender a escuchar, para que, cuando aparezcan las señales, podamos tomar nota y hacer algo al respecto.

Pero claro, para poder escucharnos, primero tenemos que crear un poco de silencio. Y para eso no ayuda el estar rodeados de ruido y distracciones continuas, como lo estamos hoy en día. Hace falta hacer un esfuerzo consciente por «desconectar» un poquito de lo de fuera, para poder conectar con lo de dentro y hacer balance de cómo estamos de verdad.

Esto me recuerda a dos cosas: por un lado, a la primera frase de la Desiderata: «Camina plácidamente entre el ruido y la prisa, y recuerda cuánta paz puede haber en el silencio»… Si esto ya era verdad hace más o menos un siglo, sin lugar a dudas es más cierto ahora que nunca.

Y por otro lado, a esta cita que yo creía que ya os había contado, pero parece ser que no:

Casi todo volverá a funcionar
si lo desconectas durante unos minutos,
incluid@ tú.

Anne Lamot

Y si son unas horas, o unos días, o incluso semanas, mejor que mejor.

(Póster visto en una tienda de Avoca: «estar offline (desconectado de internet) es el nuevo lujo.» Esta frase daría para otro artículo entero, que algún día a lo mejor escribiré.)

Y a ti, ¿te hace falta pulsar el botón de reinicio?

Palabras (casi) intraducibles: workout

Como ya sabéis, de vez en cuando en este blog me gusta hablar de alguna palabra o expresión que me parece especialmente acertada en inglés (o en español) y que creo que pierde fuerza y significado al traducirla al español (o al inglés, según el caso).

Hoy añadimos a nuestra lista de intraducibles una palabra en inglés que se utiliza muchísimo, y yo diría que no sólo entre la gente de habla inglesa: workout. El diccionario la traduce como «ejercicio» (exercise) o «entrenamiento» (training), pero esas dos palabras, en mi opinión, son un poco genéricas, un poco «vagas» (si me permitís el chiste), cuando el workout es algo mucho más tangible: es cada sesión concreta de entrenamiento, cada rato que dedicas a hacer ejercicio. Y eso conlleva un esfuerzo, un trabajo, que va implícito en la propia palabra, al ser un derivado del verbo trabajar (to work).

(Foto de un cartel que hay en mi oficina, animando a la gente a usar las escaleras en lugar del ascensor: «Quema calorías, no electricidad. Usa las escaleras.»)

Efectivamente, hacer ejercicio cuesta trabajo, y no sólo por el esfuerzo físico, que una vez puestos, ya casi es lo de menos. Lo que más cuesta es mantener la constancia, y seguir adelante sin esperar a que te apetezca, porque, seamos realistas, casi nunca te va a apetecer… (Por cierto, por si no lo sabías, esto es completamente normal; a los atletas de élite tampoco les apetece salir a correr todos los días, y aun así, lo hacen, por eso es tan importante crear rutinas que nos lo pongan un poco más fácil y nos ayuden a cumplir nuestros objetivos).

Lo bueno es que todo ese trabajo a lo largo de semanas, meses y años al final tiene su recompensa: cuando entrenamos regularmente, estamos más en forma, nos sentimos mejor y podemos hacer más cosas. En otras palabras, mejora nuestra calidad de vida.

Ahora bien, ¿y si pudiéramos aplicar el mismo razonamiento a otros tipos de ejercicio, aparte del físico?

Todo esto viene a que el otro día escuché una frase que creo que merece la pena compartir. No sé si será original de la persona a quien se la oí, una coach llamada Alexias Anderson; era parte de una charla sobre Inteligencia Adaptativa (un tema clave en estos tiempos tan acelerados y cambiantes, y que va a dar para más posts seguro):

Cada experiencia desconocida es un entrenamiento.

Me gusta mucho el paralelismo que hace aquí esta señora: al igual que hacer ejercicio es incómodo y cansado para el cuerpo, pero a la larga le viene bien, el tener que desenvolverse en un entorno poco conocido es incómodo y cansado para el cerebro, pero a la larga, también le viene bien. Le permite aprender a adaptarse a distintas situaciones, a ser más flexible y a tener más repertorio de estrategias, respuestas y acciones según convenga en cada caso.

Y al igual que pasa con el ejercicio físico, la clave está en hacerlo a menudo, aunque sea en pequeñas dosis. No hace falta hacer nada demasiado radical; la idea es irnos exponiendo poco a poco a experiencias y actividades en las que no nos sirva el piloto automático, y que tengamos que ingeniárnoslas para poder seguir adelante. Puede ser tan sencillo como volver a casa por un camino diferente (¡y sin Google Maps!), empezar un hobby nuevo o aprender una habilidad que tenga poco que ver con lo que se nos da bien normalmente.

Un ejemplo muy tonto que se me ocurre es el de las canciones que cantamos en el coro del trabajo: yo normalmente estoy en el grupo de las sopranos, pero últimamente estamos muy poquitas y para algunas canciones me han cambiado al grupo de altos… Parece mentira, la cantidad de energía extra que me supone aprenderme esa otra versión de las canciones; me cuesta muchísimo.

Pero como decíamos antes, lo bueno es que todo este gasto de energía adicional tiene su recompensa, en mi opinión, por partida doble. Por un lado, a base de ponernos intencionadamente en situaciones un poco incómodas, poco a poco vamos consiguiendo tolerar mejor la incomodidad, y eso nos puede dar mucha libertad y abrirnos opciones en el día a día. Y por otro lado, cuando inevitablemente la vida nos traiga momentos de cambio de esos que tienen la capacidad de sacudirnos y descolocarnos, nos encontrará mucho más preparados, con recursos para capear mejor el temporal y hasta sacar provecho de las circunstancias.

¿Qué te parece esta idea? ¿De qué manera entrenas tú tu cuerpo y tu mente?

Ensanchando la vida

¡Feliz Pascua de Resurrección a todos los que la celebréis!

(Qué poco original soy, todos los años empiezo con la misma frase… Si te apetece leer mis reflexiones sobre la Semana Santa en años anteriores, las tienes aquí, aquí y aquí.)

Esta semana he tenido la inmensa suerte de estar de vacaciones, disfrutando de tiempo en familia y de poder hacer cosas con tranquilidad (o al menos, con menos prisas que normalmente).

(Foto del interior de la catedral de Galway, que fuimos a ver el otro día. Por fuera es bastante sencilla, pero por dentro me parece preciosa, y además nos vino fenomenal para refugiarnos un rato de la lluvia.)

En estos tiempos tan acelerados en los que vivimos, el poder bajar de revoluciones por unos días es un auténtico lujo… Un lujo completamente necesario, me atrevería a decir, aunque no siempre sepamos verlo. Crear espacio para recuperar fuerzas, para volver a centrarnos en lo que de verdad importa, para disfrutar de las cosas pequeñas (y grandes) que nos trae la vida.

Hoy quiero invitarte a reflexionar un poco, a ver qué te parece esta cita:

Muchos estudian la forma de alargar la vida,
¡cuando lo que habría que hacer es ensancharla!

Luciano de Crescenzo

¿Cuáles son esas cosas que «ensanchan» tu vida? ¿Cómo te sientes cuando les dedicas tiempo y atención? ¿Y cuánto tiempo y atención les dedicas?

Expresiones intraducibles: to carve out time

Hoy añadimos otra expresión a nuestra lista particular de intraducibles. Esta vez, el original está en inglés: to carve out time, y aunque tenemos una expresión de significado equivalente en español, sacar tiempo, me parece que la versión en inglés es mucho más gráfica, y por eso resulta una metáfora mucho más potente.

Literalmente, «to carve out» significa tallar, es decir, ponerse con un cincel y un martillo a retirar trozos de un bloque sólido de madera o piedra, para formar una figura. Como os podéis imaginar, es una tarea que requiere intención, atención y mucha habilidad; tienes que tener muy claro lo que pretendes hacer y cómo hacerlo.

Trasladando esa idea a cómo gestionamos nuestro tiempo, a menudo nos encontramos en la situación de tener la agenda completamente llena, entre nuestras responsabilidades de trabajo, familia, etc., y otra larga lista de tareas y compromisos que nos autoimponemos (¡y todavía no nos parece suficiente!). Nuestra sociedad actual valora y premia el estar siempre muy ocupados, así que hemos normalizado esta manera de vivir, así como el estrés que inevitablemente la acompaña. «No me da la vida» es otra expresión súper frecuente en español que también es síntoma de este gran problema.

Por eso nos resulta tan difícil establecer nuevos hábitos que nos ayuden a mejorar nuestra salud y bienestar, porque ya estamos agotados y sentimos que no tenemos tiempo para nada. Y por eso me parece tan acertada esta metáfora del martillo y el cincel: porque no es cuestión de simplemente sacar tiempo y ya está; se trata de utilizarlo de manera estratégica, de construir algo con él, algo que nos vaya a reportar un beneficio mayor que seguir haciéndolo todo igual que antes. Y eso requiere intención, atención y mucha habilidad, además de constancia después para mantener el hábito.

Todo esto viene a que llevo ya un tiempo queriendo retomar el hábito de la lectura, que últimamente lo tengo bastante abandonado. Y lo quiero retomar, entre otras cosas, porque creo que es a la vez más difícil que nunca y más importante que nunca mantener ese hábito. Ahora mismo no me da tiempo a listar todos los beneficios que tiene la lectura (te animo a buscarlos, son impresionantes), pero lo que sí puedo hacer es dejarte una cita del doctor Seuss que me encontré en una conocida librería de Dublín, y que viene muy a cuento:

«Cuanto más leas, más cosas sabrás, cuanto más aprendas, a más sitios irás» - Dr. Seuss

Y tú, ¿para qué quieres sacar tiempo? ¿Y qué es lo que te impide hacerlo?

La cámara de la vida

Damas y caballeros, hoy llegamos al artículo número 250 de BinaryWords 🙂

250 reflexiones sobre temas muy variados, aunque con un mismo hilo conductor: el del crecimiento personal y profesional, que, en mi opinión, van siempre de la mano.

Recuerdo que durante los primeros meses de escribir este blog, allá por 2021, me inspiraba en los cuadros y pósters que tenía por casa para escribir algunos de los artículos (como por ejemplo aquí, aquí y aquí), además de desempolvar citas que tenía recogidas en tarjetas, imanes de nevera y hasta recortes de periódico o folletos publicitarios. Y es que, sin darme cuenta, llevaba ya muchos años recopilando material inspirador, aunque hasta entonces no se me había ocurrido ponerme a compartirlo.

Y como la inspiración se puede encontrar literalmente en cualquier parte, a partir de ahí he ido desarrollando la costumbre de estar casi siempre con el radar puesto, y sacar fotos a las cosas curiosas e interesantes que me voy encontrando por el mundo. Así como soy un auténtico desastre para hacer fotos de personas (y más desastre todavía, si cabe, para salir yo misma en esas fotos), mi galería está llena de fotos aparentemente aleatorias que a lo mejor algún día me sirven para transmitir alguna idea.

Hoy, rebuscando en esa galería, me ha salido la foto de este cartel que me encontré en una tienda hace ya varios años, comparando la vida con una cámara de fotos. Curiosamente, ahora están de moda otra vez las cámaras de toda la vida, las de flash y botoncito, en lugar de lo de hacer fotos con el móvil… Pero de esto de las modas retro ya hablaremos otro día.

Aquí está el símil; espero que se entienda, aunque los juegos de palabras se pierden al traducir del inglés al español:

La vida es como una cámara.
Apunta hacia lo que es importante.
Captura los buenos tiempos.
Saca lo mejor de los negativos.
Y si no te sale bien, haz otro intento.

Un deseo para el año

Ya llegó el 2026, ¡Feliz Año Nuevo!

Las niñas y yo llegamos anoche de pasar unos días en España, donde todavía están de fiesta hasta después de Reyes. En cambio, aquí, en Irlanda, toca ya volver al cole (o en mi caso, al trabajo), así que estamos en fase de reeducación.

(Foto sacada en Madrid hace unos días, concretamente en el parque del Retiro. Otro día os contaré cosas de mi «doble retiro» de final de año.)

Buscando alguna cita inspiradora para empezar el año con buen pie, me he topado con esta de Neil Gaiman, que siento que me viene como anillo al dedo, espero que a vosotros también os guste:

Espero que en este próximo año cometas errores.

Porque si estás cometiendo errores es porque estás haciendo cosas nuevas, probando cosas nuevas, aprendiendo, viviendo, creciendo, cambiándote, cambiando tu mundo. Estás haciendo cosas que nunca hiciste antes, y lo que es más importante, estás Haciendo Algo.

Así que ese es mi deseo para ti, para todos nosotros, y para mí. Comete nuevos errores. Comete errores gloriosos, increíbles. Comete errores que nadie haya cometido nunca. No te quedes congelado, no te pares, no te preocupes por si no sale perfecto o no es lo bastante bueno, sea lo que sea: en el arte, el amor, el trabajo, la familia o la vida.

Aquello que tengas miedo de hacer, hazlo.

Comete tus errores, el año que viene y siempre.

¿Qué te parece? ¿Te ves practicando esto? Yo precisamente he elegido como hilo conductor para este año la palabra PRACTICAR, así que me encaja perfectamente, sobre todo la parte de no preocuparme por que salga perfecto. Eso sí, sé que va a ser todo un reto, pero estoy segura de que va a merecer la pena.

¿Y tú, te apuntas al reto de cometer errores?

«Crisistunidad»

Hoy Google me ha regalado esta cita del día:

Tu gran oportunidad puede estar justo donde te encuentras ahora.

Napoleon Hill

Y me ha recordado a un post que escribí en Facebook hace años ya, en la época en la que escribía en Facebook en lugar de en un blog (gran error: ahora no soy capaz de acceder a mis propios posts, salvo cuando Facebook decide mostrarme un «recuerdo» al azar y yo le hago un pantallazo, como en este caso).

(Foto de unos farolillos de colores en el barrio chino de San Francisco)

No sé exactamente cuándo lo escribí; sería allá por 2009. Lo titulé «Interesting times» (tiempos interesantes), un encabezado que me parece muy adecuado también para el momento que estamos viviendo, así que aquí os lo dejo:

...Pero no me gusta estar así, no me gusta vivir en el pesimismo, así que prefiero rebuscar en la sabiduría popular para encontrar otra manera de ver las cosas. Y me ha venido a la mente la frase aquella de que los chinos utilizan la misma palabra para crisis que para oportunidad... gracias a San Google he encontrado la representación gráfica de estas dos palabras:

Chino simplificado:
危机 (Crisis)
机会 (Oportunidad)

Chino tradicional:
危機 (Crisis)
機會 (Oportunidad)

El detalle está en que el último ideograma de crisis es el primero para oportunidad, luego no es que sean exactamente lo mismo, más bien es que una da lugar a la otra: en cada crisis podemos encontrar una oportunidad.

Según yo lo veo, la palabra crisis es una palabra pasiva: una crisis es algo que se te viene encima y que tú no puedes controlar. Pero la palabra oportunidad es una llamada a la actividad, a reaccionar a lo que está pasando, a hacer algo al respecto.

Así que, como siempre, la decisión es nuestra: podemos elegir ver estos «tiempos interesantes» como una crisis mundial de la que nosotros somos simples víctimas, o podemos elegir verlos como una oportunidad, un toque de atención, el empujón que necesitamos para replantearnos nuestra vida y empezar a tomar decisiones conscientes y responsables, aprender de nuestros errores y adaptarnos a los nuevos tiempos.

Y tú, ¿qué opinas? ¿Qué ejemplos tienes de tu propia vida en los que una crisis se convirtió en una gran oportunidad? Yo tengo unos cuantos, y seguro que tú también.

Por cierto, la palabreja del título, «crisistunidad», parece ser que la inventó Homer Simpson. en un capítulo en el que Lisa le contaba lo de que los chinos usan la misma palabra para las dos cosas… Y aunque ya sepamos que no es exactamente así, sigue siendo una idea muy interesante, y un buen ejemplo de cómo nuestro lenguaje a menudo determina la manera en la que pensamos.

Inspiración inesperada

¿Te gusta hacer fotos? ¿Qué tipo de fotos haces normalmente?

Yo he notado que en general hago muy pocas fotos «de personas», de las que se hacen en familia o con un grupo de amigos. Es algo de lo que, sinceramente, no suelo estar pendiente, y casi siempre se me olvida (o como mucho, si estamos en algún sitio bonito, me da por hacerme un selfie con las niñas, con resultados a veces mejores y a veces peores). Por suerte, casi siempre hay alguien en todos los grupos o reuniones familiares que sí que se acuerda de inmortalizar el momento, y aprovecho ahora la ocasion para decirles a todos ellos: ¡gracias!

Lo que sí me he dado cuenta de que hago mucho son fotos de lugares o cosas que me llaman la atención, por la razón que sea. A veces son paisajes o edificios que me resultan bonitos, y los fotografío a poder ser sin personas delante (lo que yo llamo «hacer postales». Otras veces son fotos de cosas que tienen valor sentimental para mí, que me traen buenos recuerdos.

Y otras veces, son frases o citas curiosas que me encuentro en los lugares más inesperados, como esta que os traigo hoy:

(Cartel visto en un Chick-fil-A cerca de San José, en California. Chick-fil-A es una cadena estadounidense de restaurantes de comida rápida que nos pareció sorprendentemente deliciosa.)

Resulta que esta frase es precisamente del fundador de la cadena Chick-fil-A, aquí la tenéis en español (traducción mía):

¿Cómo saber si una persona necesita que la alienten? ¡Si respira!

S. Truett Cathy

En otras palabras: a TODOS nos viene bien que nos alienten, que nos den ánimos, porque TODOS estamos pasando por algo, y muchas veces ese algo es bastante más grave de lo que se pueda percibir desde fuera.

Lo cual me recuerda a otra cita que no me puedo creer que no haya puesto todavía en el blog, porque es una de mis favoritas. Eso sí, no me atrevo a confirmar el autor porque parece ser que no está claro, y no quiero que me pase como aquella vez que me acusaron de dar información falsa… Según a quién le preguntes, se le atribuye a Séneca, a Marco Aurelio o a un tal Ian McLaren. Pero en el fondo da igual, lo que importa es el mensaje:

Sé amable, pues todo aquel que conoces está luchando una dura batalla.

Y a ti, ¿qué fotos te han resultado inspiradoras últimamente?

Expresiones intraducibles: do your best

Hoy os traigo una expresión en inglés que no es que sea exactamente intraducible, pero que al traducirla al español me parece como que pierde un poco de fuerza, y resulta menos impactante:

Do your best.

Tres sílabas. Elegante y directa. Empoderadora.

Hazlo lo mejor que puedas.

Ocho sílabas. La misma idea, pero dicha un poco más torpemente, como dando más rodeos.

No me digáis que no queda mucho mejor en inglés…

(Parte de un mural visto en el aeropuerto de Dublín hace ya varios años.)

En cualquier caso, se entiende la idea, ¿verdad? En cualquier situación de la vida, lo mejor que podemos hacer es hacerlo lo mejor que podamos, y nadie nos puede pedir más.

Y esto que parece tan simple, y que en cierto modo lo es, también a la vez es bastante complicado. Porque no existe una medida objetiva; sólo nosotros podemos saber si de verdad lo estamos haciendo lo mejor que podemos. Y a veces, surge la duda: ¿nos estamos poniendo el listón demasiado alto, machacándonos por no estar consiguiendo todo lo que en teoría podríamos? ¿O tal vez demasiado bajo, estancándonos en una vida complaciente o resignada?

Todo esto me viene a la cabeza porque esta semana ha sido algo durilla, como ya me imaginaba, y me ha costado (aún más de lo habitual) encontrar el equilibrio entre ponerme al día con lo atrasado en casa y en el trabajo y descansar para poder recuperar un buen ritmo, a ser posible sacando también algún ratito libre para divertirme y disfrutar. ¿A qué debería darle prioridad? A veces, la decisión no es fácil, y requiere estar atentos tanto a lo que pasa fuera como a lo de dentro, para saber lo que necesitamos, y lo que necesita el mundo de nosotros, en cada momento.

Este tema daría para mucho más; de hecho, «haz siempre lo máximo que puedas» es uno de los Cuatro Acuerdos del libro del mismo nombre escrito por Don Miguel Ruiz, del que ya os hablaré con más detalle en otra ocasión. De momento, aquí os dejo un par de citas que me han gustado mucho y que espero que añadan un poco de perspectiva al asunto:

Hazlo lo mejor que puedas hasta que sepas más. Y cuando sepas más, hazlo mejor todavía.

Maya Angelou

Los días que sólo tengas el 40% para dar, y des el 40%, habrás dado el 100%

Jim Kwik

¿Y para ti, qué significa hacerlo lo mejor que puedas? ¿De qué maneras concretas lo estás haciendo, o dejando de hacer?

Haz que cuente

Las niñas y yo acabamos de volver de pasar una semanita de vacaciones con la framily (si no sabes lo que es la framily, te lo explico aquí), aprovechando que el último lunes de octubre es fiesta en Irlanda y que los colegios lo alargan a una semana entera sin clase.

Y esta vez el reencuentro ha sido nada más y nada menos que… ¡En California!

Photo of San Francisco´s Golden Gate bridge, taken from an end of the bridge itself

(Foto del puente Golden Gate de San Francisco, tomada desde un extremo del propio puente.)

Hemos pasado una semana fantástica (mil gracias Juanjo, Gema, Laia y Joan por acogernos a todos «en boloque»).

Yo tengo que reconocer que soy muy poco aventurera en esto de viajar; como me descuide, acabo siempre yendo a los mismos sitios… Por eso, últimamente estoy haciendo un esfuerzo y me estoy buscando razones (o excusas, según se mire) para ir variando un poco más las vacaciones sin alejarnos demasiado de lo conocido.

Las dos variantes que he visto que me funcionan son: o bien llevar a las niñas a sitios que me hagan mucha ilusión (como cuando fuimos a Nerja esta primavera, porque yo ya había estado allí de pequeña, o como cuando fuimos a París, porque, en fin, quién no quiere conocer París), o bien ir a visitar a amigos o familiares que vivan en sitios chulos (como cuando fuimos a Londres hace un par de años, también con la framily, o a Stuttgart este verano con mis primos).

Este año hemos tenido la gran suerte de poder encajar un tercer viaje en otoño, que además cumple los dos criterios: tenemos unos muy buenos amigos que viven en California, y esa es una zona que yo tenía muchas ganas de conocer, sobre todo la ciudad de San Francisco.

Y la verdad es que ha sido una semana excepcional: además de pasarnos un día pateándonos San Francisco (espectacular el viaje en tranvía por aquellas cuestas), hemos podido turistear por varios sitios muy chulos de San José y alrededores (cada uno en su estilo, como diría Audrey Hepburn), y sobre todo, pasar tiempo juntos como en los viejos tiempos, ponernos al día, ver a los «niños» disfrutar, celebrar Halloween de una manera diferente y reírnos muchísimo durante todo el proceso.

Photo of a street of San Francisco´s Chinatown, with a group of people walking on the sidewalk at the left of the image (we can only see their backs)

(Lo mejor, como siempre, la compañía. Aquí estamos dando una vuelta por Chinatown.)

Me alegro muchísimo de haber hecho este viaje, de haberle dado prioridad (en tiempo, energía y presupuesto) a esta aventura californiana. La vuelta a la realidad esta semana tal vez sea durilla, entre el jet lag y el cambio de clima y de luz, pero ha merecido la pena al cien por cien.

En estos tiempos en que vivimos, con su postureo en Instagram y su FOMO permanente (algún día tendremos que hablar de la paradoja de la elección, que veo que todavía no lo he escrito sobre eso), a veces cuesta mucho decidir cómo emplear nuestros recursos de maneras que nos aporten y nos llenen, en lugar de dejarnos con un sentimiento de vacío e insatisfacción.

Y no hay una respuesta «talla única» que nos sirva a todos por igual: cada uno tenemos que encontrar la nuestra propia, y sentirnos libres de irla modificando a medida que pase el tiempo y cambiemos tanto nosotros como nuestras circunstancias.

¿Qué es lo que te llena de verdad a ti? ¿Le estás dando la prioridad y la atención que se merece? ¿O estás simplemente haciendo cosas por inercia, por comodidad o porque las hace todo el mundo?

Sólo hacemos este viaje una vez, y deberíamos hacer que cuente de verdad.

Nancy Reagan

Cada uno decidimos qué es lo que hace que nuestro viaje cuente, que nuestra vida cuente. Cada uno a nuestro estilo, como diría Audrey Hepburn, según nuestras prioridades. En nuestra mano está hacer que cada momento cuente.

Gracias a los chavalit@s, los junior y los senior, los que han podido estar en persona y los que nos han acompañado en espíritu. Gracias por hacer de esta semana una de las que cuentan.