Reeducación

Bueno, pues ya se acabaron las vacaciones de Navidad, espero que hayáis tenido unas buenas Fiestas. Ahora toca volver a la rutina del día a día en este mes de enero.

Photo of a calendar showing the month of January, with a pair of glasses on top of the page

¿Qué tal llevas tú la vuelta de vacaciones? Yo tengo que reconocer que se me hace un poco cuesta arriba, sobre todo si, como en esta ocasión, ha habido viaje a España de por medio. Los viajes nos alteran muchísimo el ritmo; eso es algo que se nota enseguida en los niños, y que en los adultos puede que no se note tanto, pero eso no significa que no nos afecte. A la vuelta viene muy bien darse un periodo de adaptación.

Y aquí es donde entra en juego la palabra que da título a este post: reeducación. Me explico.

Mis hijas han nacido las tres en Irlanda, y siendo de familia española por los dos lados, les ha tocado viajar por vacaciones toda su vida, desde que eran bebés, ¡son unas auténticas expertas!. Exceptuando los dos años de la pandemia, todos los veranos menos uno hemos viajado a España varias semanas durante las vacaciones escolares, y muchas Navidades hemos ido también, normalmente repartiéndonos entre Cáceres y León. Ahora que son más mayores ya es todo mucho más fácil (Irene tiene 17 años, Alicia, 14, y Eva, 9), pero sobre todo cuando eran pequeñitas, se descontrolaban mucho de rutinas, horarios, comidas, etc. Y es que no podía ser de otra manera: por un lado, no estaban en su casa, estaban en sitios distinto haciendo cosas distintas, con normas distintas (o con muchas menos normas), y por otro, tenían un montón de atención extra, mimos y regalos por parte de abuelos, tíos, primos… Total, que a medida que avanzaban los días, aumentaba el descontrol, e inevitablemente empezaban a portarse cada vez peor.

Luego, al volver a Dublín, a casa, empezábamos lo que su padre y yo bautizamos como «el periodo de reeducación»: unos días para volver a establecer las normas y que las niñas se adaptaran de nuevo a la rutina, lo que a menudo les costaba unas cuantas rabietas y unos cuantos ratos en «el rincón de pensar».

Como decía, las cosas han mejorado mucho ahora que las niñas son más mayores, y ya no hace falta ni de lejos tanta reeducación como hace años. Pero todavía sigue haciendo falta un periodo de adaptación, y lo malo es que a veces se me olvida y me tropiezo de bruces con él, como me ha pasado este fin de semana… Me he dado cuenta de que no sólo Eva necesitaba un poco de reeducación; la necesitaba yo también.

Reeducación para pasar del ambiente navideño a la sobriedad y disciplina del mes de enero. De la tranquilidad de los ratos en familia, los paseos por la parte antigua y las buenas comidas a mesa puesta al ajetreo diario del trabajo, organizar la casa, preparar comidas, y tratar de sacar tiempo para hacer ejercicio, socializarme un poco y avanzar en mis proyectos. Del modo «vacaciones» al modo «ponerme las pilas».

Sólo de pensarlo me entra ya el agobio, y mucha pereza. Sé por experiencia que no llegaré ni por asomo a todo lo que dice mi cabeza que tengo que hacer. Así que me propongo tener paciencia conmigo misma y priorizar lo más importante, incluyendo cuidarme yo, porque si yo no me cuido, no voy a tener energía para hacer ninguna de las otras cosas.

Y a ti, ¿te hace falta reeducación? ¿Qué te puede ayudar en esta transición? ¿Cómo puedes hacer que te resulte más fácil?

Deja un comentario