Las niñas y yo acabamos de volver de pasar una semanita de vacaciones con la framily (si no sabes lo que es la framily, te lo explico aquí), aprovechando que el último lunes de octubre es fiesta en Irlanda y que los colegios lo alargan a una semana entera sin clase.
Y esta vez el reencuentro ha sido nada más y nada menos que… ¡En California!

(Foto del puente Golden Gate de San Francisco, tomada desde un extremo del propio puente.)
Hemos pasado una semana fantástica (mil gracias Juanjo, Gema, Laia y Joan por acogernos a todos «en boloque»).
Yo tengo que reconocer que soy muy poco aventurera en esto de viajar; como me descuide, acabo siempre yendo a los mismos sitios… Por eso, últimamente estoy haciendo un esfuerzo y me estoy buscando razones (o excusas, según se mire) para ir variando un poco más las vacaciones sin alejarnos demasiado de lo conocido.
Las dos variantes que he visto que me funcionan son: o bien llevar a las niñas a sitios que me hagan mucha ilusión (como cuando fuimos a Nerja esta primavera, porque yo ya había estado allí de pequeña, o como cuando fuimos a París, porque, en fin, quién no quiere conocer París), o bien ir a visitar a amigos o familiares que vivan en sitios chulos (como cuando fuimos a Londres hace un par de años, también con la framily, o a Stuttgart este verano con mis primos).
Este año hemos tenido la gran suerte de poder encajar un tercer viaje en otoño, que además cumple los dos criterios: tenemos unos muy buenos amigos que viven en California, y esa es una zona que yo tenía muchas ganas de conocer, sobre todo la ciudad de San Francisco.
Y la verdad es que ha sido una semana excepcional: además de pasarnos un día pateándonos San Francisco (espectacular el viaje en tranvía por aquellas cuestas), hemos podido turistear por varios sitios muy chulos de San José y alrededores (cada uno en su estilo, como diría Audrey Hepburn), y sobre todo, pasar tiempo juntos como en los viejos tiempos, ponernos al día, ver a los «niños» disfrutar, celebrar Halloween de una manera diferente y reírnos muchísimo durante todo el proceso.

(Lo mejor, como siempre, la compañía. Aquí estamos dando una vuelta por Chinatown.)
Me alegro muchísimo de haber hecho este viaje, de haberle dado prioridad (en tiempo, energía y presupuesto) a esta aventura californiana. La vuelta a la realidad esta semana tal vez sea durilla, entre el jet lag y el cambio de clima y de luz, pero ha merecido la pena al cien por cien.
En estos tiempos en que vivimos, con su postureo en Instagram y su FOMO permanente (algún día tendremos que hablar de la paradoja de la elección, que veo que todavía no lo he escrito sobre eso), a veces cuesta mucho decidir cómo emplear nuestros recursos de maneras que nos aporten y nos llenen, en lugar de dejarnos con un sentimiento de vacío e insatisfacción.
Y no hay una respuesta «talla única» que nos sirva a todos por igual: cada uno tenemos que encontrar la nuestra propia, y sentirnos libres de irla modificando a medida que pase el tiempo y cambiemos tanto nosotros como nuestras circunstancias.
¿Qué es lo que te llena de verdad a ti? ¿Le estás dando la prioridad y la atención que se merece? ¿O estás simplemente haciendo cosas por inercia, por comodidad o porque las hace todo el mundo?
Sólo hacemos este viaje una vez, y deberíamos hacer que cuente de verdad.
Nancy Reagan
Cada uno decidimos qué es lo que hace que nuestro viaje cuente, que nuestra vida cuente. Cada uno a nuestro estilo, como diría Audrey Hepburn, según nuestras prioridades. En nuestra mano está hacer que cada momento cuente.
Gracias a los chavalit@s, los junior y los senior, los que han podido estar en persona y los que nos han acompañado en espíritu. Gracias por hacer de esta semana una de las que cuentan.