Como ya sabéis, de vez en cuando en este blog me gusta hablar de alguna palabra o expresión que me parece especialmente acertada en inglés (o en español) y que creo que pierde fuerza y significado al traducirla al español (o al inglés, según el caso).
Hoy añadimos a nuestra lista de intraducibles una palabra en inglés que se utiliza muchísimo, y yo diría que no sólo entre la gente de habla inglesa: workout. El diccionario la traduce como «ejercicio» (exercise) o «entrenamiento» (training), pero esas dos palabras, en mi opinión, son un poco genéricas, un poco «vagas» (si me permitís el chiste), cuando el workout es algo mucho más tangible: es cada sesión concreta de entrenamiento, cada rato que dedicas a hacer ejercicio. Y eso conlleva un esfuerzo, un trabajo, que va implícito en la propia palabra, al ser un derivado del verbo trabajar (to work).

(Foto de un cartel que hay en mi oficina, animando a la gente a usar las escaleras en lugar del ascensor: «Quema calorías, no electricidad. Usa las escaleras.»)
Efectivamente, hacer ejercicio cuesta trabajo, y no sólo por el esfuerzo físico, que una vez puestos, ya casi es lo de menos. Lo que más cuesta es mantener la constancia, y seguir adelante sin esperar a que te apetezca, porque, seamos realistas, casi nunca te va a apetecer… (Por cierto, por si no lo sabías, esto es completamente normal; a los atletas de élite tampoco les apetece salir a correr todos los días, y aun así, lo hacen, por eso es tan importante crear rutinas que nos lo pongan un poco más fácil y nos ayuden a cumplir nuestros objetivos).
Lo bueno es que todo ese trabajo a lo largo de semanas, meses y años al final tiene su recompensa: cuando entrenamos regularmente, estamos más en forma, nos sentimos mejor y podemos hacer más cosas. En otras palabras, mejora nuestra calidad de vida.
Ahora bien, ¿y si pudiéramos aplicar el mismo razonamiento a otros tipos de ejercicio, aparte del físico?
Todo esto viene a que el otro día escuché una frase que creo que merece la pena compartir. No sé si será original de la persona a quien se la oí, una coach llamada Alexias Anderson; era parte de una charla sobre Inteligencia Adaptativa (un tema clave en estos tiempos tan acelerados y cambiantes, y que va a dar para más posts seguro):
Cada experiencia desconocida es un entrenamiento.
Me gusta mucho el paralelismo que hace aquí esta señora: al igual que hacer ejercicio es incómodo y cansado para el cuerpo, pero a la larga le viene bien, el tener que desenvolverse en un entorno poco conocido es incómodo y cansado para el cerebro, pero a la larga, también le viene bien. Le permite aprender a adaptarse a distintas situaciones, a ser más flexible y a tener más repertorio de estrategias, respuestas y acciones según convenga en cada caso.
Y al igual que pasa con el ejercicio físico, la clave está en hacerlo a menudo, aunque sea en pequeñas dosis. No hace falta hacer nada demasiado radical; la idea es irnos exponiendo poco a poco a experiencias y actividades en las que no nos sirva el piloto automático, y que tengamos que ingeniárnoslas para poder seguir adelante. Puede ser tan sencillo como volver a casa por un camino diferente (¡y sin Google Maps!), empezar un hobby nuevo o aprender una habilidad que tenga poco que ver con lo que se nos da bien normalmente.
Un ejemplo muy tonto que se me ocurre es el de las canciones que cantamos en el coro del trabajo: yo normalmente estoy en el grupo de las sopranos, pero últimamente estamos muy poquitas y para algunas canciones me han cambiado al grupo de altos… Parece mentira, la cantidad de energía extra que me supone aprenderme esa otra versión de las canciones; me cuesta muchísimo.
Pero como decíamos antes, lo bueno es que todo este gasto de energía adicional tiene su recompensa, en mi opinión, por partida doble. Por un lado, a base de ponernos intencionadamente en situaciones un poco incómodas, poco a poco vamos consiguiendo tolerar mejor la incomodidad, y eso nos puede dar mucha libertad y abrirnos opciones en el día a día. Y por otro lado, cuando inevitablemente la vida nos traiga momentos de cambio de esos que tienen la capacidad de sacudirnos y descolocarnos, nos encontrará mucho más preparados, con recursos para capear mejor el temporal y hasta sacar provecho de las circunstancias.
¿Qué te parece esta idea? ¿De qué manera entrenas tú tu cuerpo y tu mente?