101100

Estos son los años que he cumplido esta semana: 101100.

En formato binario, por supuesto, haciendo honor a mi formación en informática y al título de este blog 🙂

Pero como las personas somos mucho, muchísimo más que una sola identidad, y además porque nunca me ha gustado esa división entre ser «de ciencias» o «de letras» (que al menos en España hace unos años se llevaba mucho), os lo cuento también con letras:

Estos son los años que he cumplido esta semana: XLIV, en números romanos.

Y ya si nos ponemos muy «frikis» (que es un término con el que sí que me identifico, porque, si lo piensas, en el fondo todos somos «frikis» de algo), lo podemos poner en hexadecimal también: 0x2C.

La única pena es que no lo he podido poner en un código de escritura que me hubiera hecho mucha ilusión, pero que por desgracia sólo tiene símbolos para las letras, y no para los números… Igual un día llevo mi frikismo al extremo y me invento los números en Dada Urka 🙂

No te detengas

Hoy os traigo una poesía de Walt Whitman, para los días en que apetece decir aquello de «que paren el mundo, que yo me bajo»…

close up of open book on a table, against dark background
No dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento. No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte, que es casi un deber.

No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.

No dejes de creer que las palabras y las poesías sí pueden cambiar el mundo.

Pase lo que pase, nuestra esencia está intacta. Somos seres llenos de pasión. 

La vida es desierto y oasis. Nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa: tú puedes aportar una estrofa.

No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre.

No caigas en el peor de los errores: el silencio.

La mayoría vive en un silencio espantoso. No te resignes. 

Huye. «Lanzo mis gritos por los tejados de este mundo», dice el poeta.

Valora la belleza de las cosas simples. Se puede hacer bella poesía sobre las cosas pequeñas, pero no podemos remar en contra de nosotros mismos. Eso transforma la vida en un infierno.

Disfruta del pánico que te provoca la vida que tienes por delante.

Vívela intensamente, sin mediocridad.

Piensa que en ti está el futuro, y encara la tarea con orgullo y sin miedo.

Aprende de quienes puedan enseñarte. Las experiencias de quienes nos precedieron, de nuestros «poetas muertos», te ayudan a caminar por la vida.

La sociedad de hoy somos nosotros: los «poetas vivos».

No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas.

Yo conocía sólo el principio de este poema, hasta hoy no lo había leído entero, y la verdad es que me ha encantado, se le puede sacar tanto jugo a cada una de las líneas…

Por cierto, gracias a esto ya sabemos de dónde salió el nombre de la película «El club de los poetas muertos» 🙂 (Si no la habéis visto, os la recomiendo, y si la habéis visto, también, que es de las que merece la pena repetir después de todos estos años)

Página en blanco

Hoy me senté a escribir en el blog… Y no se me ocurría nada.

Nada de nada.

Qué sensación más rara.

Normalmente, para cuando me siento a escribir ya suelo tener un tema en mente, y si aún no lo tengo, surge en ese momento como por arte de magia. Pero hoy, quién sabe por qué, pasaban los minutos y la página seguía, en blanco. Por mucho que pensara, por mucha inspiración que buscara.

Da un poco de vértigo, ¿verdad? Una página vacía. Ideas, palabras, respuestas que no han llegado todavía.

Me da la sensación de que, en general, a las personas se nos da regular lo de lidiar con el espacio vacío. Como cuando estamos en una conversación y de pronto se hace un silencio, y por incomodidad intentamos rellenarlo cuanto antes, hablando de cualquier cosa. O como cuando estamos haciendo cola en algún sitio, o esperando que nos sirvan en un restaurante, y recurrimos al móvil para no tener que lidiar con el no saber qué hacer mientras llega nuestro turno.

Mucho se habla de que en estos tiempos nuestra sociedad se ha acostumbrado a la gratificación instantánea. Y curiosamente, cuando pensamos en los niños, sabemos que es bueno para ellos aburrirse de vez en cuando, porque de ahí es de donde surgen la imaginación y la creatividad… Pero, sinceramente, ¿hasta qué punto nos aplicamos el cuento también los adultos?

Tal vez cuando aprendamos por fin a reconciliarnos con ese espacio vacío, con esa página en blanco, y descubramos que no nos hace falta tener todas las respuestas (ni mucho menos tenerlas de inmediato), nos permitiremos que fluyan la imaginación y la creatividad. Y nos daremos cuenta de que hay infinitas maneras de rellenar esa página, y de que podemos disfrutar un montón experimentando y encontrando nuestrro propio estilo.

Cada día que empieza es una página en blanco de tu libro, esperando a ser escrita.

Frases intraducibles (o casi)

Seguramente os habréis dado cuenta de que este blog es bilingüe: se publica en español (o castellano), y también en inglés. Tengo la suerte de hablar los dos idiomas, y además soy traductora aficionada, así que con este blog disfruto por partida doble: primero escribiendo el post de la semana, y después traduciéndolo 🙂

Eso sí, de vez en cuando me encuentro con una palabra o frase que me cuesta un montón traducir, algo que suena genial en un idioma pero que en el otro pierde toda la gracia… Y no me pasa sólo en el blog, también en la vida diaria, y me imagino que no seré la única. En casa la mayor parte del tiempo hablo en español, pero hay ciertas palabras y expresiones que las digo siempre en inglés, porque en español no me encajan. Y en el trabajo me pasa lo contrario: hablo con mis compañeros en inglés, y hay veces que me cuesta Dios y ayuda explicarles un refrán o una expresión que sería súper sencilla si la dijera en español.

Una de esas frases que me suena genial en inglés, y por eso la digo siempre así, la aprendí hace años en una clase de yoga para embarazadas. Me encanta por cómo suena y por lo que transmite; se la repito a menudo a mis tres «bebés», y tambien me la digo a mí misma, porque creo que es algo que a todos nos viene bien oír:

You are lovely, you are lovable, you are loved.

Precioso, ¿verdad? Y en inglés tiene una musicalidad muy especial, casi como una poesía. Pues ahora lo traducimos al español, y queda algo así como «eres adorable, te mereces amor, eres amado/a«. El mensaje sigue siendo muy bonito, pero, ¿en qué idioma te suena mejor?

Como ramas de un árbol

Hoy os enseño otro de los cuadros que decoran las paredes de mi casa:

Drawing of a tree and some text
FAMILIA: como las ramas de un árbol, todos crecemos in distintas direcciones,.. Pero nuestra raíz sigue siendo una sola.

Me encanta este cuadro porque aúna dos ideas que me parecen muy interesantes. Pertenecer a una familia significa compartir raíces: todos sus miembros procedemos de un lugar común, compartimos una historia, la que empezaron nuestros ancestros y que nosotros continuamos.

Pero como las ramas de un árbol, de esa raíz común crecemos cada uno a nuestra manera y a nuestro ritmo. Algunos nos parecemos más a otras ramas del árbol, y otros, menos. Algunos crecemos más juntos, y otros más separados. Y todo está bien. Cada rama va buscando su propio recorrido, siempre nutríéndose, sabiéndolo o sin saberlo, del tronco y las raíces que lo sostienen.

Supongo que, como padres, gran parte de nuestra misión es precisamente esta: ser una base sólida desde donde proporcionar a nuestros hijos todo lo que necesiten, incluyendo por supuesto el sustento físico y emocional, pero también el espacio y la libertad para crecer y evolucionar cada uno en su estilo, y la confianza de saber que encontrarán su propio camino en la vida.

Configuraciones

A veces nos pasa que cuando tenemos un problema que queremos solucionar, sobre todo si somos un poquillo perfeccionistas, es que caemos en la trampa de pensar dos cosas: por un lado, que sólo hay una solución «ideal» o «perfecta» para ese problema en concreto, y por otro, que sólo hay una manera posible de llegar hasta esa solución.

Se nos olvida que cada persona es un mundo, y que así como las situaciones que nos podemos encontrar en la vida son potencialmente infinitas, también lo es nuestra creatividad para encontrar soluciones, siempre y cuando nos demos a nosotros mismos un voto de confianza.

Pero claro, a veces por el camino perdemos esa confianza, como cuando montamos una cara del cubo de Rubik y se nos descuajaringa otra. A veces al hacer un cambio, sin querer removemos otras cosas, porque todo está relacionado.

El secreto quizá sea empezar a tomarnos la vida como un experimento, y en lugar de intentar llegar a ese cubo de Rubik tan perfectamente montado, pero a la vez tan rígido e inamovible (¡y tan aburrido!), con todos los cuadritos de colores en su cara correspondiente, podemos optar por ir encontrando nuestra propia combinación, la que funciona para cada uno de nosotros. Nuestro cubo no tiene por qué ser igual que el de los demás, ni tiene por qué ser el mismo toda la vida.

Y eso, ¿cómo se consigue? Pues a base de ir probando distintas configuraciones. Yo soy muy amiga de las soluciones intermedias, o sea, de ir haciendo pequeños cambios que nos acerquen poco a poco adonde queremos estar, sabiendo que siempre podemos modificar el experimento y cambiar de rumbo según decidamos, a medida que vayamos obteniendo resultados y haciendo descubrimientos.

Y digo pequeños cambios porque, si son muy grandes, puede que no duren mucho, o que se nos hagan tan cuesta arriba que al final abandonemos, o peor aún, que ni siquiera lo intentemos. Así que poco a poco: ¿qué pasa si muevo esta pieza un poquito hacia este lado? ¿O si cambio este color por este otro?

Por lo visto, un cubo de Rubik se puede configurar de 43 quintillones de maneras distintas… ¿Cómo es tu combinación de hoy?

Compañeros de camino

Escribo estas líneas desde el aeropuerto de Barajas, esperando mi vuelo de vuelta a Dublín.

Durante unos días he tenido la oportunidad de permitirme hacer un alto en el camino, poner entre paréntesis el ritmo (a menudo acelerado) de mi vida cotidiana, y prestar atención a lo verdaderamente importante… Ha sido todo un lujo, y por ello estoy enormemente agradecida.

Entre otras muchas cosas, he disfrutado un montón compartiendo tiempo, cariño y conversaciones con varias personas que en algún momento fueron, o tal vez aún son, mis compañeros de camino.

  • Mi madre y mis hermanos, que fueron los primeros compañeros que tuve en mi vida, y que me acompañan siempre aunque sea en la distancia.
  • Mis cuñados, tan cariñosos como siempre, y mis sobrinos, la siguiente generación, que viene con una fuerza tremenda (sois todos un encanto chicos 😉)
  • Mi primo del alma, al que hacía mil años que no veía 🙂 (no sabes la ilusión que me hizo verte, Borja)
  • Amigos de la familia que son tan cercanos como la familia misma, con los que sabemos que siempre podemos contar.
  • Amigos de esos con los que no importa cuánto tiempo pase sin vernos, la conexión se mantiene y se sigue fortaleciendo (vosotros sabéis quiénes sois)
  • Un reencuentro que nos llevó al baúl de los recuerdos, a paso de baile… (¡mil gracias por todo Cristina!)
  • Y hablando del baúl de los recuerdos, hasta hubo tiempo para unas risas viendo fotos de mi primera comunión 😀

La guinda final del pastel ha sido ya hoy, cuando he tenido la inmensa suerte de conocer en persona a varios colegas en esta nueva aventura de reinvención en la que me he embarcado. Aunque llevemos menos tiempo caminando juntos, ya estáis dejando también vuestra huella, estamos creciendo juntos, y lo que nos queda por compartir…

La verdad es que vuelvo a casa con alegría, atesorando los momentos que he pasado con todos vosotros. Muchísimas gracias, compañeros de camino.

Hasta siempre, Papá

Esta semana falleció mi padre, a los ochenta y ocho años de edad. Descanse en paz.

Dicen que la mejor manera de predicar es con el ejemplo, y así es exactamente como lo hizo él. De manera firme pero a la vez cálida y sencilla, a través de su actitud, sus costumbres y su ética personal y profesional, nos dio un magnífico ejemplo a mis hermanos y a mí, y más adelante también a sus nietos.

Muchos recuerdan su buena memoria, su talante algo serio aunque con buen humor de fondo, y la calidad de su trabajo, siempre impecable. Pero lo que aparece con más frecuencia en las conversaciones al recordarle, lo que más grabado se ha quedado en la memoria de quienes le conocieron, es la manera que tenía de felicitar los cumpleaños.

En esta era en la que muchos parecemos dedicarnos a «coleccionar amigos» en las redes sociales, y nos mandamos mensajes cada vez más superficiales, él dedicaba tiempo todos los días a sentarse a escribir tarjetas a mano, y así felicitar personalmente a los amigos, familiares y conocidos apuntados en su agenda, que eran muchos. Y a la familia más cercana, cuando había confianza, la felicitación nos llegaba en forma de mensaje al móvil justo a medianoche, para que empezáramos a celebrar nuestro cumpleaños desde el primer minuto.

Guardaba un lugar en sus pensamientos y en su corazón para cada persona que pasó por su vida, ya fuera que los viera a menudo o que hiciera décadas que no los viera. Un ejemplo precioso que me gustaría seguir (aunque sea de otras formas más modernas), no sólo por lo que es sino también por lo que representa: darle importancia a lo importante. Y el trabajo es importante, claro que sí, y es importante hacerlo lo mejor posible. Pero aún más importantes, siempre, son las personas.

Gracias por tu ejemplo Papá, por tantas cosas que he tenido la suerte de aprender de ti. Y hasta siempre.

Energía

A veces hay determinados momentos del día, de la semana, o incluso del año, en que nos encontramos bajitos de energía… Como por ejemplo, un domingo por la noche en el mes de enero.

Prueba de ello es que estoy publicando este post en lunes, después de haberme quedado dormida a medio escribirlo el domingo 😀

red and black car speedometer at neutral

Más allá las soluciones básicas de dormir y descansar, que son maneras estupendas y muy necesarias de recargar pilas (además de alimentarnos bien, hidratarnos, etc.), viene muy bien averiguar lo que a cada uno de nosotros nos da energía, no sólo físicamente sino también emocionalmente. Identificar esas cosas del día a día que nos levantan el ánimo y nos motivan, para que cuando estemos en esos momentos de más baja energía tengamos recursos a mano que nos ayuden.

Aquí van unas cuantas sugerencias que a mí me dan energía cuando la necesito, me encantaría oír las vuestras:

  • Escuchar música, cantar y bailar.
  • Hacer yoga o estiramientos.
  • Unas buenas risas con mis hijas, o con amigos.
  • Acabar la ducha con agua fría (¡esto seguro que da conversación para otro post!)
  • Pasear, en sus múltiples versiones: sola o acompañada, por la calle o en la naturaleza, a la orilla del mar, en la montaña, en un parque, explorando rincones de un pueblo o ciudad…

Y mira qué casualidad (o no), que hoy a Google le ha dado por mostrarme una cita que viene que ni pintada para el tema de hoy, es de Howard Thurman, espero que os guste:

No te preguntes qué necesita el mundo. Pregúntate qué te hace cobrar vida, y ve a hacerlo. Porque lo que el mundo necesita son personas que hayan cobrado vida.

Atrévete a brillar

Hoy he recibido mi regalo del «amigo invisible» de la familia (¡gracias Mercedes!), y me ha hecho mucha ilusión, aquí lo tenéis:

Es lo típico que yo nunca me hubiera comprado, pero que me ha encantado que me regalaran… ¡Es mi letra! ¡Con luces que brillan! Y me parece que queda super chula en la estantería de mi cuarto 🙂

¿Pero por qué sé que no me la hubiera comprado? Porque normalmente no me gusta ser el centro de atención, prefiero no destacar… Que yo recuerde, ese ha sido siempre mi estilo en casi todo: pasar desapercibida en la medida de lo posible. Aunque eso sí, haciendo muy bien mi trabajo, con la esperanza de que los demás se dieran cuenta (lo cual, por supuesto, a veces pasaba, pero otras veces no).

Reflexionando ahora sobre todo esto, me doy cuenta de que me he pasado muchos años caminando de puntillas por la vida, para no molestar. Y ahora que ya soy consciente de mi manera de estar en este mundo, tengo la opción de mantenerla o de cambiarla, según me parezca oportuno.

Por eso me parece una buena metáfora la de encender «mi luz», para empezar a brillar. Y me he acordado de esta cita, que muchos atribuyen a Nelson Mandela, pero que es en realidad de Marianne Williamson:

Nuestro mayor temor no consiste en no ser adecuados. Nuestro temor consiste en que somos poderosos más allá de toda medida. Es nuestra luz y no nuestra oscuridad lo que nos atemoriza. Nos preguntamos: “¿Quién soy yo para ser brillante, espléndido, talentoso, fabuloso?” Pero, en realidad, ¿quién eres tú para no serlo? Eres hijo de Dios. Tus pequeños juegos no sirven al mundo. Disminuirte a ti mismo para que los demás no se sientan inseguros a tu lado no tiene nada que ver con la iluminación. Todos estamos hechos para brillar, como brillan los niños. Nacemos para manifestar esta gloria que está dentro de nosotros. Y no es que esté solo en algunos, está en todos nosotros. En la medida en que dejamos que brille nuestra propia luz, damos a otros permiso para hacer lo mismo. En la medida en que nos liberamos de nuestro miedo, nuestra presencia libera automáticamente a otros.

Y tú, ¿te atreves a encender tu luz? 😉