La semana pasada se me quedó pendiente hablaros un poco más de esta palabra, que me parece maravillosa en inglés y para la que no encuentro traducción elegante al español: declutter.
En el artículo del otro día lo llamé «hacer limpia», pero hay otra manera de llamarlo que me gusta mucho más, y que me perdonen los académicos y los puristas de la lengua española, porque esta palabra oficialmente no existe: decluterear.

El diccionario online WordReference traduce el verbo declutter como «ordenar» o «poner orden», pero en mi opinión, con esa traducción se pierde gran parte de su significado. Porque sí, es verdad que el resultado final es que un espacio quede más ordenado, pero el quid de la cuestión no está tanto en el qué, sino sobre todo en el cómo.
Para mí, ordenar es clasificar y mover cosas para que queden colocadas de una manera diferente, más estética y más lógica. Pero siguen siendo las mismas cosas que antes. En cambio, decluterear consiste en despejar el espacio a base de quitar cosas, eliminando lo que en inglés se denomina clutter (que es de donde deriva el verbo: de-clutter, quitar clutter), y que a mí me gusta traducir como morralla (en esto parece que el diccionario sí está más o menos conmigo, ya que uno de los significados que le da a morralla es el de «garbage», «trash» o «rubbish»… En definitiva, lo que no sirve, o sea, basura).
Así pues, decluterear es el arte de librarnos de lo que ya no queremos y/o no nos sirve, para dejar espacio a lo que sí que queremos y nos resulta útil. Y esa morralla, o clutter, muchas veces es física pero también puede ser mental o emocional; de hecho, el hacer limpia en nuestro espacio físico tiene un efecto liberador y renovador que va mucho más allá, porque como suele pasar, lo que ocurre a nuestro alrededor es un reflejo de lo que ocurre dentro de nosotros.
Como ya comenté, en casa este año hemos aceptado el reto de hacer limpia, poco a poco, un ratito cada día (o al menos, cada semana). El diccionario define clutter como «desorden», «desastre» o «lío», y una vez más, sí pero no. El desorden, el desastre y el lío son consecuencias de tener demasiadas cosas, demasiados enredos, que no hacen más que generarnos ruido mental y distracciones. L,o cual me recuerda que hay dos frases muy chulas sobre este tema que quiero compartir con vosotros.
La primera es un dicho minimalista (pendiente me queda hablar del minimalismo en otro post). Yo me lo encontré en un artículo de Joshua Becker, el autor de becoming minimalist, pero seguro que no fue el primero en decirlo ni será el último: MENOS COSAS, MENOS ESTRÉS (less stuff, less stress). Me parece una frase genial, es el sumum de la simplicidad, y además una gran verdad.
La segunda se remonta a mis tiempos de «lucha contra el caos», al poco de llegar a Irlanda y tratando de organizarme con la limpieza de la casa y una niña pequeñita… Fue entonces cuando me topé con una página web y lista de correo llamada FlyLady, que me ayudó muchísimo (si tenéis curiosidad, buscadla, la web es tan vieja que parece abandonada, pero la señora que la creó está activa en YouTube, y algo tiene también en Instagram). Su planteamiento va justo a la clave de todo esto, y dice así: LA MORRALLA NO LA PUEDES ORGANIZAR, SÓLO PUEDES LIBRARTE DE ELLA (you can´t organize clutter, you can only get rid of it!).
Y tú, ¿qué opinas? ¿Te pasas la vida «ordenando» cosas, moviéndolas de un sitio a otro y recolocándolas, sin atreverte a tirar nada? Esa fuy yo durante muchos años… Anímate y haz una buena limpia, ya verás qué bien te sienta.
