Hoy vuelvo a uno de los temas recurrentes de este blog: palabras y frases que me parecen difíciles de traducir entre el inglés y el español sin que pierdan la gracia o parte de su significado (puedes leer los artículos anteriores en la categoría de intraducibles).
Y la palabra de hoy es… KIDULT.

Según el diccionario de Cambridge, un kidult es un «adulto al que le gusta hacer o comprar cosas que están pensadas para niños». Es una combinación entre las palabras «kid» (niño) y «adult» (adulto). En el Urban Dictionary van un paso más allá y lo describen como «un adulto que nunca creció» y en la Wikipedia lo relacionan con el síndrome de Peter Pan.
Yo esta palabra se la oí por primera vez a un economista irlandés, David McWilliams, y entendí que se refería a una tendencia muy común en las generaciones recientes: el llegar a la edad adulta y seguir comportándose como niños caprichosos (solo que con mayor poder adquisitivo), retrasando cada vez más la madurez y la toma de responsabilidades.
Y sí, visto así, es un gran problema. Pero el problema no viene porque a un adulto le sigan gustando las películas de Disney o los videojuegos (no ceo que ya nadie se extrañe por eso). Tal como lo veo yo, el problema viene porque vivimos una epidemia de falta de madurez emocional y de responsabilidad personal. Y es que estas dos cualidades no nos llegan automáticamente con la edad; al contrario, hay que trabajarlas, y, es decisión de cada uno el esforzarse por desarrollarlas o elegir el camino fácil del escapismo y las excusas.
Hasta aquí la definición «oficial» (o al menos la más extendida) de kidult, que la verdad es que me parece un poco deprimente… Pero, ¿y si le diéramos la vuelta? Yo hoy quiero reivindicar otra manera de plantearnos esta mezcla de niño y adulto, esta vez eligiendo lo mejor de los dos mundos, en lugar de lo peor.
¿Y si consiguiéramos convertirnos en adultos con alma de niños?
Seríamos personas más conscientes; nos daríamos cuenta de que ser maduro y responsable no significa estar siempre serio ni dejar de divertirse. Sabríamos disfrutar más de las pequeñas cosas del día a día, y conectar con la ilusión, la espontaneidad y la creatividad de nuestro niño o niña interior. Nos atreveríamos a reírnos más de nosotros mismos (y a reír más en general), a jugar, a experimentar y a vivir la vida tal y como nos viene.
A mí esta lección alternativa de «kidultez» me ha costado bastantes años aprenderla, y tengo que decir que aún estoy en ello. Siempre he tenido un sentido de la responsabilidad muy grande, por lo que hasta hace poco mi tendencia ha sido más bien la contraria, a lo que en español podríamos llamar viejoven (y que ya veríamos cómo se podría traducir al inglés: ser joven pero comportarse como un viejo).
Pero bueno, yo creo que sí que me estoy volviendo un poco kidult últimamente, en el buen sentido de la palabra… Hace unos años, si alguien me hubiera sugerido regalarles a las niñas un juego de ping pong para la mesa de la cocina, seguramente no me habría parecido buena idea, y hoy no sólo he dicho inmediatamente que sí (¡gracias Quique!), sino que he disfrutado un montón estrenándolo con Eva 🙂
¿Y tú, te ves como un kidult? ¿O tal vez como un viejoven? ¿Cuál de los dos te gustaría ser?
Muy interesante y útil. Cordiales saludos.
¡Gracias Volfredo! Y muchas gracias por leerme semana tras semana 🙂