Luces y sombras

Esta semana ya se ha empezado a notar en serio que el tiempo ha cambiado, las temperaturas han bajado y hay bastante menos horas de luz. Y a partir de hoy, con el cambio de hora, empieza la mitad del año que más me cuesta desde que vivo en Irlanda: la que los días más cortos, la más oscura.

(Dibujo de Halloween cortesía de Eva, ¡Gracias!)

Como ya os he contado otras veces, las celebraciones típicas de esta época del año, como Halloween, Diwali y el día de los Muertos, reflejan ese miedo a la oscuridad que nos rodea, con sus fantasmas y sus espíritus, y también la esperanza de que al final triunfe la luz.

Al fin y al cabo, la oscuridad que vemos fuera no hace otra cosa que reflejar la que llevamos dentro: nuestras sombras, las cosas que no nos gustan de nosotros mismos. Y también en nuestro interior luchamos por que nuestra parte más luminosa, la más virtuosa, al final gane la batalla.

Pensando en este tema, me doy cuenta de que, de la misma manera que no me gustan las películas violentas o de miedo y elijo no verlas, mi reacción frente a las cosas desagradables en general es intentar no verlas ni oírlas, a no ser que no tenga más remedio. No quiero sentir la incomodidad de reconocer que las cosas no son como en mi opinión «deberían ser», que la gente no se comporta como «se debería comportar» (incluida yo, por supuesto), y mi estrategia es taparme los oídos (¡casi literalmente!) para no tener que oírlo.

Pero en el fondo sé que esa no es la solución. Porque la realidad es que todos tenemos nuestras sombras, al igual que tenemos nuestras luces. Todos los seres humanos somos complicados y contradictorios por naturaleza.

Y sí, hay aspectos de nosotros de los que no nos sentimos orgullosos, y a veces la intención con la que hacemos las cosas es más bien egoísta (lo cual puede traer consecuencias más o menos graves). Pero eso no significa que seamos «malos»; significa que somos personas humanas, como todos los demás.

A veces es tentador hacer oídos sordos e ignorar nuestra parte más sombría, o reprimirla y castigarla, a ver si así desaparece. Pero esto no funciona así. La solución no es «matar a nuestro ego», sino reconocerlo, aceptarlo y comprenderlo. Y cuesta, claro que  sí, cuesta mucho, porque implica mirar para dentro y enfrentarnos a esa incomodidad de sentirnos malos, rotos o imperfectos. Pero también es muy liberador; nos alivia un montón de sufrimiento y nos permite por fin avanzar sin autoengañarnos.

Porque al fin y al cabo, necesitamos las sombras para poder distinguir la luz. Necesitamos experimentar las consecuencias de nuestras acciones más «sombrías» para poder aprender a tomar mejores decisiones.

Y tú, ¿Cómo te relacionas con tu sombra y tu luz? ¿Cuánta oscuridad estás dispuesto a ver y transformar en tu vida?

Veinte añitos

Hoy, 19 de octubre de 2025 (San Pedro de Alcántara, patrón de mi tierra natal, Extremadura), hace exactamente veinte años que llegué a Irlanda para quedarme, ¡feliz aniversario!

Para celebrarlo, me he ido a dar una vuelta por Harmonstown, la zona por donde vivimos Fredi y yo los primeros tres meses de nuestra aventura irlandesa, antes de mudarnos al centro de Dublín (gracias Rafa y Hernán por acogernos aquella temporada en vuestra casa; con vosotros la adaptación se nos hizo mucho más llevadera y divertida).

Blue and green signpost in a train station in the greater Dublin area, with the stop name in Irish ("Baile Hearmann") and English ("Harmonstown")

(Foto de la estación de DART de Harmonstown. El DART es el tren de cercanías de Dublín y alrededores, y en aquellos tiempos era nuestra forma principal de movernos, junto con el autobús, que si no recuerdo mal, era la línea 42B.)

Ahora me toca decir las cosas típicas de «madre mía, cómo pasa el tiempo», «parece que fue ayer», «quién me iba a decir a mí que acabaría quedándome veinte años», etc., etc., etc. Y sí, son frases típicas, pero no por ello menos ciertas. Por un lado, tengo la sensación de que se ha pasado en un suspiro (como decía Carlos Gardel, «que veinte años no es nada»).

Pero por otro lado, echo la vista atrás y me doy cuenta de todo lo que he avanzado, lo que he madurado, lo que he cambiado. Y la verdad es que estoy orgullosa. Orgullosa de lo que he conseguido hasta ahora en diferentes ámbitos de mi vida, y sobre todo, orgullosa de las tres personitas que por aquel entonces no existían todavía y que ahora son las que más quiero en este mundo.

A veces viene bien pasar un ratito echando la vista atrás, como decíamos en este post sobre el baúl de los recuerdos, para poder apreciar el camino recorrido y seguir caminando con energías renovadas.

Brindo y doy gracias por estos veinte años que llevo en Irlanda, ¡y por los que aún me quedan! Sláinte.

Ma ka hana ka ʻike

Esta semana os traigo un proverbio nada menos que hawaiano (¡gracias Ryan!): Ma ka hana ka ʻike, que podría traducirse como «se aprende haciendo», o dicho de otra manera: el conocimiento de verdad se adquiere con la práctica.

Photo of a white sheet of paper with line drawings in black pen - multiple sections with different types of lines and patterns

Esta foto es de un boceto que hice hace un par de años con técnicas de dibujo lineal, algo que aprendí de una compañera de trabajo (¡gracias Valerie!) y que disfruté mucho, a pesar de que se me daba fatal.

Ahora bien, ¿por qué se me daba fatal? Pues porque dibujar no es una cosa que yo haya practicado mucho, o más bien nada. En algún momento hacia el final de mi infancia, recuerdo mirar un dibujo mío y llegar a la conclusión de que, como no se me daba nada bien, era mejor dejarlo.

Y ahora, mirando hacia atrás, me doy cuenta de que hice eso mismo con muchas otras actividades: probar una vez, hacerlo mal o regular, e inmediatamente dejarlo por imposible. Los deportes, las manualidades, y, durante muchos años, incluso la cocina, cayeron en esa categoría. Cualquier cosa creativa y/o espontánea que requiriera habilidades que yo no tenía.

Lo que no se me ocurría pensar era que esas habilidades yo no las tenía todavía, pero que las podía cultivar. En aquellos tiempos aún no se hablaba, o al menos yo no había oído hablar, de la mentalidad de crecimiento (en inglés, «growth mindset»).

La buena noticia es que hoy en día sí sabemos que las habilidades se pueden cultivar y mejorar. ¿Pero cuál es la mejor manera de hacerlo?

La pista nos la puede dar uno de los modelos de aprendizaje más utilizados en las empresas: la regla 70/20/10, que procede de un estudio realizado en los años noventa, y que postula que, en un entorno de trabajo, el 90% del aprendizaje que se produce no es aprendizaje formal, sino informal:

  • El 70% del aprendizaje es experiencial: proviene de las propias experiencias en el puesto de trabajo, realizando tareas, afrontando nuevas situaciones, tomando decisiones y, sobre todo, viviendo experiencias nuevas y retadoras.
  • El 20% es aprendizaje social: se produce debatiendo, compartiendo información con los compañeros, colaborando en parejas o en grupos, trabajando con un mentor o un coach, etc.
  • Sólo el 10% es aprendizaje formal, incluyendo cursos de formación, clases magistrales, libros, artículos, vídeos…

Como veis, esta regla le da la razón al proverbio hawaiano: la mejor manera de cultivar habilidades es practicarlas. Lo ideal sería ponerse a practicar después de haber aprendido un poco sobre la habilidad en concreto, y teniendo un grupo que te apoye en ese aprendizaje.

Así que este artículo va dedicado a todos los que, como yo, somos o alguna vez hemos sido «cursillistas profesionales», para que dejemos de serlo: una vez sentadas las bases y encontrada una comunidad que te apoye y te ayude a seguir creciendo, es momento de tirarse a la piscina, y empezar a practicar YA. No «cuando estés preparado», porque nunca lo vas a estar si no te pones a ello.

¿Y tú, qué vas a practicar esta semana?

Avances

Hace mucho que no pongo una cita aquí en el blog… Hoy justo al abrir una pestaña nueva de Google me ha salido esta, y me ha encantado:

De todas las cosas que pueden mejorar las emociones, la motivación y las percepciones durante una jornada de trabajo, la más importante es sentir que se avanza en la realización de un trabajo significativo.

Teresa Amabile

¿Qué te parece? ¿Estás de acuerdo? Y yo añadiría: no sólo en el ámbito profesional, sino en todos los aspectos de la vida. Sentir que avanzamos, que progresamos en algo que nos importa, aunque sea muy poquito a poco, es fundamental para mantenernos motivados y activamente involucrados en cualquier actividad o proyecto.

Es más, la manera adecuada de avanzar en la mayoría de los casos es precisamente poco a poco, por un lado porque muchas veces el tiempo o las circunstancias no nos permiten más, pero también porque la manera más efectiva de conseguir cambios duraderos (ya sea a nivel personal o de un equipo u organización) es ir incorporando pequeños cambios paulatinamente, en lugar de intentar cambiar demasiadas cosas a la vez.

Dicho esto, a veces sí que es verdad que hay ocasiones en las que parece que se avanza un montón de golpe, como cuando hay un gran descubrimiento científico. Pero como todos sabemos, los grandes descubrimientos científicos no ocurren de la noche a la mañana: hay un montón de trabajo previo por detrás que los que lo vemos desde fuera no podemos ver ni apreciar. Y de la misma manera, a veces ni nosotros nos damos cuenta de todo lo que hemos avanzado hasta que un buen día miramos atrás y nos damos cuenta del camino recorrido.

Page of a colourful book, with a pink and purple striped background. and a bright yellow star-like shape with the message "Tiny bits of progress add up to big results"

(Página del libro Be kind, be cool, be you! de Nikki Miles, una colección de frases inspiradoras acompañadas de coloridas ilustraciones. En este caso, el mensaje es algo así como: «La suma de pequeños avances produce grandes resultados».)

Y a ti, ¿cuál es la actividad o proyecto que más te importa en este momento? ¿Y qué estás haciendo o vas a hacer cada día para asegurarte de seguir avanzando?