Esta semana os traigo un proverbio nada menos que hawaiano (¡gracias Ryan!): Ma ka hana ka ʻike, que podría traducirse como «se aprende haciendo», o dicho de otra manera: el conocimiento de verdad se adquiere con la práctica.

Esta foto es de un boceto que hice hace un par de años con técnicas de dibujo lineal, algo que aprendí de una compañera de trabajo (¡gracias Valerie!) y que disfruté mucho, a pesar de que se me daba fatal.
Ahora bien, ¿por qué se me daba fatal? Pues porque dibujar no es una cosa que yo haya practicado mucho, o más bien nada. En algún momento hacia el final de mi infancia, recuerdo mirar un dibujo mío y llegar a la conclusión de que, como no se me daba nada bien, era mejor dejarlo.
Y ahora, mirando hacia atrás, me doy cuenta de que hice eso mismo con muchas otras actividades: probar una vez, hacerlo mal o regular, e inmediatamente dejarlo por imposible. Los deportes, las manualidades, y, durante muchos años, incluso la cocina, cayeron en esa categoría. Cualquier cosa creativa y/o espontánea que requiriera habilidades que yo no tenía.
Lo que no se me ocurría pensar era que esas habilidades yo no las tenía todavía, pero que las podía cultivar. En aquellos tiempos aún no se hablaba, o al menos yo no había oído hablar, de la mentalidad de crecimiento (en inglés, «growth mindset»).
La buena noticia es que hoy en día sí sabemos que las habilidades se pueden cultivar y mejorar. ¿Pero cuál es la mejor manera de hacerlo?
La pista nos la puede dar uno de los modelos de aprendizaje más utilizados en las empresas: la regla 70/20/10, que procede de un estudio realizado en los años noventa, y que postula que, en un entorno de trabajo, el 90% del aprendizaje que se produce no es aprendizaje formal, sino informal:
- El 70% del aprendizaje es experiencial: proviene de las propias experiencias en el puesto de trabajo, realizando tareas, afrontando nuevas situaciones, tomando decisiones y, sobre todo, viviendo experiencias nuevas y retadoras.
- El 20% es aprendizaje social: se produce debatiendo, compartiendo información con los compañeros, colaborando en parejas o en grupos, trabajando con un mentor o un coach, etc.
- Sólo el 10% es aprendizaje formal, incluyendo cursos de formación, clases magistrales, libros, artículos, vídeos…
Como veis, esta regla le da la razón al proverbio hawaiano: la mejor manera de cultivar habilidades es practicarlas. Lo ideal sería ponerse a practicar después de haber aprendido un poco sobre la habilidad en concreto, y teniendo un grupo que te apoye en ese aprendizaje.
Así que este artículo va dedicado a todos los que, como yo, somos o alguna vez hemos sido «cursillistas profesionales», para que dejemos de serlo: una vez sentadas las bases y encontrada una comunidad que te apoye y te ayude a seguir creciendo, es momento de tirarse a la piscina, y empezar a practicar YA. No «cuando estés preparado», porque nunca lo vas a estar si no te pones a ello.
¿Y tú, qué vas a practicar esta semana?