Hoy acabo de volver a Dublín después de estar unos días en Cáceres, mi ciudad natal. He tenido la suerte de poder pasar esta semana con mi madre, y también con mis hermanos, cuñados, y algunos de mis sobrinos.
Mis compañeros de trabajo se refieren siempre a estos viajes como «volver a casa, a España». Y en parte tienen razón: es verdad que soy española, nací y crecí en Cáceres; allí vive gran parte de mi familia, y siempre que vuelvo, me siento en casa.

Cuadro original de SpritzArt Studio & Shop en Cáceres (perdón por el reflejo en el cristal, procuraré encontrar una foto mejor)
Pero también es verdad que ahora mi casa está en Dublín, o más concretamente, en Adamstown. Es aquí en Irlanda donde vivo y trabajo desde 2005, donde han nacido y están creciendo mis hijas. Donde está la familia que yo misma he formado, el hogar que he construido para mí y para los míos.
Y ya puestos, existe un tercer lugar donde también me encuentro en casa: en Madrid, de donde es mi madre. Recuerdo ir desde pequeñita a visitar a mis abuelos en Madrid un par de veces al año, y ya de mayor, estuve tres años viviendo y trabajando allí, desde que salí de Cáceres al acabar la carrera hasta que me casé y me trasladé a Dublín.
Pero entonces, ¿cuál es mi casa?
Pues supongo que según cómo se mire.
Mi madre siempre dice que «uno no es de donde nace, sino de donde pace»; por eso ella se considera cacereña, a pesar de haber nacido y crecido en Madrid. A mí me gusta la idea de abrazar el lugar en el que vives e incorporarlo como parte de tu identidad, pero no veo que eso signifique automáticamente desterrar otros lugares que también hayan sido importantes.
Por otro lado, una vez oí o leí en algún sitio que los emigrantes nunca nos encontramos completamente en casa en ningún sitio, porque siempre hay algo que nos falta y que echamos de menos de ese otro lugar en el que no estamos. Esta idea también me parece interesante, y entiendo que pueda ser así… Pero, ¿y si le diéramos la vuelta? ¿Y si eligiéramos encontrarnos en casa en todos esos lugares significativos, en lugar de en ninguno?
¿Y si decidiéramos disfrutar de lo que sí tenemos en cada momento, en vez de lamentarnos por lo que nos falta?
Al menos para mí, la conclusión está clara: Cáceres es casa. Madrid es casa. Dublín (Adamstown) es casa. Tengo familia y amigos en todos ellos. Estoy a gusto en todos ellos. Todos ellos forman parte de mi vida, y se complementan unos a otros.
¿Y tú? ¿Dónde te encuentras más en casa, y por qué?