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Qué esperar de un proceso de coaching

¡Ahora sí que sí! Empieza septiembre, ¿estás preparad@?

El otro día hablábamos un amigo y yo de que el principio de curso y el principio del año (que tanto en España como en Irlanda coinciden con septiembre y enero, respectivamente) son los dos momentos del año en los que muchos de nosotros nos paramos a planificar y a plantearnos nuevos proyectos, y nos parecía que, de los dos, seguramente septiembre es más productivo que enero.

Por eso me parece un momento ideal para empezar un proceso de coaching… ¿Cómo? ¿Que no sabes lo que es un proceso de coaching? Pues la verdad es que no me extraña; la palabra coaching es un término que se utiliza mucho hoy en día, pero no siempre con un significado claro, lo que puede dar lugar a bastante confusión. A menudo se asocia al coaching con el mentoring (o mentoría) y la terapia, cuando son cosas muy diferentes (te lo explico aquí y aquí).

Así pues, ¿qué es el coaching? Empecemos con la definición oficial de ICF, que es la institución mundial de referencia en lo que a coaching se refiere:

Para la International Coaching Federation, el coaching profesional se fundamenta en una asociación (partnership) entre un coach y su cliente (coachee) para que éste maximice su potencial tanto personal como profesional a través de un proceso de acompañamiento reflexivo, creativo e inspirador.

¿Qué significa todo esto? Que durante un periodo de tiempo (de unas semanas, unos meses…), el coach acompaña al cliente en su proceso particular de crecimiento personal y profesional (que siempre van de la mano), creando el entorno y las condiciones adecuadas para que se pueda producir ese avance.

El punto de partida del proceso de coaching es definir un objetivo concreto que se marca el cliente: puede ser un problema que solucionar, una meta que alcanzar, un reto que superar, una tarea o proyecto que completar… El objetivo es importante porque sirve de punto de referencia: le permite al cliente comparar donde está con donde quiere estar, en el ámbito que sea. Y a partir de ahí, el proceso consiste en ir trazando un plan, un camino para llegar de aquí a allí, y en empezar a recorrer ese camino, comprometiéndose a hacer el trabajo necesario.

Empezar el proceso con buen pie, con un objetivo bien definido, es muy importante en coaching. Pero sin duda lo más interesante no es si el objetivo se acaba consiguiendo o no, sino todo lo que pasa a lo largo del camino. Ahí es donde surge la magia, el crecimiento, la evolución. Pero todo lleva su tiempo, ¡por eso es un proceso, no una única sesión!

Lo que pasa por el camino es que van surgiendo todo tipo de cosas: sorpresas, imprevistos, resultados deseados y no deseados, obstáculos internos y externos… Si lo piensas, es normal, así es como funciona la vida, no la podemos controlar por mucho que queramos, y eso es lo que hace que muchas veces nos desesperemos y tiremos la toalla en lugar de seguir persiguiendo nuestros objetivos. Un buen coach nos puede ayudar no sólo a sobrellevar los imprevistos más o menos bien, sino a sacarles todo el partido posible, aprender de ellos y salir fortalecidos.

Con el acompañamiento experto de un coach, el cliente tiene la oportunidad (siempre que se lo tome en serio) de ir observando, reflexionando y aprendiendo a medida que avanza en su camino, e inevitablemente empieza a darse cuenta de cosas… ¿El resultado? Que poco a poco, al conocerse mejor a sí mismo y ver más claramente su situación, el cliente descubre perspectivas nuevas, y se vuelve capaz de superar sus bloqueos y de crear opciones y oportunidades que antes no existían.

Lo que impide la acción, motiva la acción.
Lo que se interpone en el camino se convierte en el camino.

Marco Aurelio

¿Te animas a empezar un proceso de coaching conmigo, y descubrir los tesoros que se esconden por el camino?

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