Expresiones intraducibles: the elephant in the room

Hoy quiero hablaros de elefantes y de metáforas, aunque no del mismo elefante ni de la misma metáfora a los que me refería en este otro artículo (que, por cierto, os recomiendo encarecidamente que leáis, si no lo habéis hecho todavía).

En inglés se utiliza mucho la expresión the elephant in the room (literalmente, «el elefante en la sala») para referirse a un tema difícil y problemático, algo de lo que nadie quiere hablar, pero que al mismo tiempo resulta imposible de ignorar.

Uno de esos temas es la salud mental, de la que por suerte ya se va hablando más abiertamente, aunque todavía nos queda mucho camino por recorrer. Desde hace unos años existe aquí en Irlanda un movimiento llamado precisamente así, Elephant in the Room, que promueve las conversaciones sobre salud mental en los entornos laborales, con el fin de normalizarlas. Y la manera en la que le dan visibilidad a este problema es literalmente poniendo un elefante en la sala: ya llevan casi doscientas esculturas artísticas de bebé elefante repartidas por todo tipo de empresas, instituciones y centros educativos, dentro y fuera de Irlanda. Aquí tenéis fotos de dos de ellos:

Esculturas de elefante vistas hace ya tiempo en el centro comercial de Blanchardstown (a la izquierda) y la Universidad de Maynooth (a la derecha).

Estos elefantes nos recuerdan que, tras una fachada de aparente normalidad, cualquier persona puede estar sufriendo. Y que, si nos quedamos en el «hola, ¿qué tal?» y en la conversación superficial antes de pasar corriendo a otra cosa, nunca nos vamos a dar cuenta de quién está deseando poder desahogarse. De nosotros depende el dedicar tiempo y esfuerzo a conectar con otras personas y escucharlas de verdad, para así formar parte de una red de apoyo en la que nos sostengamos los unos a los otros.

Porque, en estos tiempos, ¿a quién no le vendría bien un poco más de apoyo y comprensión? Estamos viviendo una época histórica en la que estamos a la vez más conectados y más desconectados que nunca. Y seguramente también más desconcertados que nunca, con el ritmo vertiginoso al que se mueve todo…

Se me ocurre un elefante más del que podemos hablar, uno que yo personalmente evito todo lo que puedo, aunque cada vez puedo evitarlo menos, porque ya es poco menos que omnipresente. Una tecnología tan disruptiva y radical que nadie sabe adónde nos va a llevar. ¿Adivinas cuál puede ser?

Por supuesto, me estoy refiriendo a la prodigiosa y aterradora inteligencia artificial: un ente (o más bien, la suma de millones de entes) con la capacidad tanto de producir los más maravillosos avances para la Humanidad como de causar más estropicios que un elefante en una cristalería (otra metáfora muy gráfica con el elefante como protagonista, al menos en español; en inglés la expresión es parecida pero con un toro en una tienda de cerámica).

Me he estado resistiendo a hablar aquí sobre la inteligencia artificial, y la verdad, sigo sin tener ganas de escribir sobre ella. Por el momento, baste decir que me está generando mucha incertidumbre, como estoy segura de que se la está generando a mucha otra gente, y siempre que hay incertidumbre, también hay inquietud y malestar. Curiosamente, lo que noto que me está ayudando a mí personalmente es hablar del tema con otras personas; no del tema de la inteligencia artificial en sí, sino de mis reticencias y preocupaciones, de mi incertidumbre, de mis miedos. Creo que es porque abre la puerta a que otros también puedan sincerarse y hablar un poco más abiertamente de lo que les preocupa.

Lo cual me devuelve a la idea de los elefantes y la salud mental: a veces no nos damos cuenta cuando la tensión y las preocupaciones se van acumulando, y de repente un día nos encontramos con que cargamos con un peso enorme que no sabemos ni de dónde ha salido. Una conversación abierta y sincera con alguien en quien confiemos nos puede hacer mucho bien, así como dedicar tiempo a cuidarnos de la manera que necesitemos, sin culpabilidad, para asegurarnos de estar bien y tener energía física, mental y emocional para seguir adelante.

¿Y tú, has visto alguno de los elefantes? ¿Cuál es tu favorito? ¿Y cuál es tu «elefante en la sala» en estos momentos?

Cinco años de BinaryWords

Hoy, 18 de mayo de 2026, hace exactamente cinco años que empecé a escribir este blog.

Cinco años, ¡un lustro! Recuerdo que, cuando yo era pequeñita, no sabía cuánto duraba un lustro, pero sí sabía que era una medida de tiempo, y me parecía que debía de ser como un siglo o algo así, una eternidad…

(Parece ser que la palabra «lustro» no se utiliza mucho en inglés, y me atrevería a decir que ya tampoco en español, pero bueno, me hacía ilusión utilizarla hoy. En inglés es lustrum, tomando prestada directamente la palabra original en latín.)

Esta foto de la playa de Killiney también tiene casi cinco años; es la imagen que puse inicialmente como cabecera del blog:

Muchas cosas han pasado desde mayo de 2021, en el mundo y en cada uno de nosotros. Recuerdo que por aquel entonces yo estaba en plena búsqueda: no tenía muy claro qué hacer con mi vida, pero sabía que quería hacer algo diferente. Así que decidí empezar a caminar, a moverme, confiando en que el camino iría apareciendo. Y lo hice retomando una afición que en tiempos me llenaba, pero que luego había dejado abandonada durante varios años: escribir. O más concretamente, bloguear.

Todavía, si me pongo a pensarlo, me resulta raro: todas las semanas me siento a sintetizar mis pensamientos y aprendizajes en unos cuantos párrafos, y luego los lanzo al mundo, un poco a ciegas, sin saber a quién les llegarán ni si les resonarán. En el fondo tengo la esperanza de que, quien sea que se tropiece con estas líneas, se encuentre con alguna idea que le anime, le ayude o le inspire de alguna manera.

Pero tengo que decir que el mayor beneficio, sin duda, me lo llevo yo. Por un lado, por poder expresar mi vena creativa y aportar algo, aunque sea pequeño, de lo que sentirme orgullosa, y por otro, porque estas reflexiones semanales son las que han abierto la puerta a muchas otras cosas interesantes (y retadoras) en mi vida.

Y es que, efectivamente, el camino fue apareciendo, y sigue apareciendo con cada paso. Poco a poco se va formando mi proyecto, que todavía está en construcción, porque precisamente de eso se trata: de seguir creciendo y de apoyar a otros en su crecimiento, y esas son tareas que duran toda la vida.

El blog tiene ahora más de 250 artículos; los puedes encontrar todos en la sección de archivo. Y si ya te vas cansando de sólo leer y estás preparad@ para pasar a la acción, échale un vistazo a la página de servicios (recién actualizada) y cuéntame qué cambio quieres hacer en tu vida.

Premeditatio malorum

El artículo de hoy empieza con estas palabras en latín: premeditatio malorum, que podríamos traducir como «preestudiar el mal futuro».

Y aunque parezca de broma, como las frases en latín falso que leíamos en los cómics de Astérix, resulta que sí que es una expresión auténtica de hace siglos. Se trata de una técnica de los antiguos filósofos estoicos que aprendí en el curso de estoicismo de Autognosis (¡gracias, Luis!)

(Flores dibujadas por Eva, la artista de la familia, en la pizarra de la cocina.)

Esta semana han pasado unas cuantas cosas a mi alrededor que me han descolocado bastante, cosas que me han hecho plantearme situaciones que hasta hace poco ni se me habrían ocurrido. Y dándole vueltas, sin darme cuenta, me he puesto en lo peor. Que es precisamente en lo que consiste este ejercicio: en permitirnos durante un tiempo determinado ponernos en esa situación que nos da miedo que ocurra.

Pero no de manera masoquista, con la intención de sufrir más, sino, paradójicamente, para sufrir menos. Cuando surgen las preocupaciones por el futuro, ya sabemos que a la mente no le vale con que le digamos que no se preocupe; se va a preocupar igual. Así que lo que propone esta técnica no es huir de ese pensamiento ni intentar taparlo, sino darle la oportunidad de aflorar. Así, visualizando e imaginándonos el peor caso posible como si de verdad estuviera ocurriendo, nos permitimos asimilarlo, procesarlo, y aceptar más tranquilamente la posibilidad (aunque sea remota) de que nos ocurra.

Pero además, esta técnica también nos ayuda a estar mejor preparados para lo que pueda pasar, o incluso a reducir las probabilidades de que ocurra, si hay cosas que podemos hacer para intentar evitarlo. Esto es lo que yo hice también sin darme cuenta: pasé al modo ¿qué haría yo en esta situación? ¿Cómo lo gestionaria? ¿Con qué recursos contaría? Y a partir de ahí, tomé una serie de decisiones hipotéticas que me proporcionaron una imagen más o menos clara de ese futuro imaginario, que ya no parecía tan terrible.

Al fin y al cabo, se trata de «descatastrofizar» esa amenaza futura a base de aterrizarla, darle forma y trazar un plan de acción que tranquilice a nuestra mente, al situarnos en el panel de mando en lugar de dejarnos a merced de los acontecimientos.

Para obtener los mejores resultados, lo ideal es hacer este ejercicio por escrito, reservando un tiempo prudencial (no demasiado largo) para ponerte en la situación, imaginarte los detalles y observar las emociones y los pensamientos que van surgiendo. ¿Qué opciones tienes?

Puedes ir escribiéndolo todo en tres columnas:

  • Situación: tu miedo, el peor caso posible.
  • Prevención: ¿qué está bajo tu control para evitar que ocurra?
  • Gestión: si termina ocurriendo, ¿qué está bajo tu control para solucionar o mitigar el problema?

Así, mirando de frente la amenaza y reflexionando sobre ella, paradójicamente la ansiedad baja, en lugar de subir. Porque pasamos de estar preocupados por el problema a estar ocupados construyendo la solución. Y además, como todo queda por escrito, una vez acabado el ejercicio, la mente ya puede liberarse de ese tema y volver a concentrarse en otras cosas.

Como nota final, valga un recordatorio de que somos más fuertes de lo que nos creemos. Y como decía Marco Aurelio, uno de los grandes filósofos estoicos:

No temas al futuro.
Lo enfrentarás con las mismas armas
con las que enfrentas el presente.

Cita del día

¿Te gustan las citas y frases célebres? Si llevas un tiempo leyendo este blog, sabrás que a mí sí, y que a menudo pongo alguna en mis artículos, aunque intento no pasarme.

Hoy, al encender el ordenador, Google me ha mostrado una cita de Ralph Waldo Emerson que ya conocía (esta es mi propia traducción del original en inglés):

Lo que queda detrás de nosotros
y lo que nos espera delante
no es nada comparado
con lo que llevamos dentro.

Bonita, ¿verdad? Me he puesto a buscar más citas suyas y me han salido un montón; aquí abajo os pongo una selección.

(Foto tomada este fin de semana, turisteando por Irlanda del Norte con Merche, Nacho y Miguel, ¡gracias chicos!)

La gente no parece darse cuenta
de que su opinión del mundo
es también una confesión de su carácter.

Lo que haces habla tan fuerte
que no puedo escuchar lo que dices.

Sin ambición, uno no empieza nada.
Sin trabajo, uno no termina nada.
El premio no va a venir él sólo.
Tienes que ganártelo.

Una vez que tomas una decisión,
el universo conspira para que ocurra.

Y una que me ha sorprendido:

Hazte tu propia Biblia.
Selecciona y recopila todas las palabras y oraciones
que en tus lecturas te hayan resonado
como el estruendo de una trompeta.