Curiosidad

Esta semana he tenido la suerte de hacer un poquito de vida social, saludar a varios conocidos que hacía tiempo que no veía, y hasta conocer gente nueva. ¡Gente nueva! ¡Y en persona, qué alegría! Después de más de dos años trabajando desde casa y saliendo poco por unas razones o por otras, me pareció todo un lujo.

Se me había olvidado ya esa sensación de curiosidad que tengo al presentarme a alguien que no conozco y empezar una conversación. Como todo es nuevo, parto desde cero, sin expectativas, y me voy dejando sorprender por la otra persona, a medida que voy descubriendo poco a poco algunas «piezas» de su puzzle.

white puzzle pieces on blue surface

Porque eso es lo que somos cada uno de nosotros, un puzzle único y especial, compuesto por muchísimas piezas. Lo malo es que a veces, una vez que vemos un par de piezas de una persona, ya tendemos a asumir que sabemos cómo es su puzzle entero: sin querer, rellenamos los huecos basándonos en nuestra propia experiencia, metiendo nuestros prejuicios, creencias, valores… Y es cuando caemos en la trampa de juzgar y criticar.

Pero es que el puzzle de la otra persona no es el mismo que el nuestro, por mucho que, vistos desde fuera, se puedan parecer un poco. Cada persona experimenta el mundo de una forma diferente, tiene una historia y una trayectoria de vida diferente, y las piezas de un puzzle no encajan en el otro.

¿Y esto cómo lo arreglamos? Con una actitud de curiosidad, hacia los demás y también hacia nosotros mismos. Si no presuponemos que ya sabemos, buscaremos comprender, e investigaremos. Y cuanto más descubramos, mejor nos entenderemos nosotros y entenderemos a los demás.

El antídoto para la crítica es la curiosidad.

Sir John Whitmore

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