Impostores

Hoy te quiero hablar del famoso síndrome del impostor (gracias Carlota por sacar el tema el otro día).

Black and white photo of a person in disguise, with fake glasses, nose, eyebrows and moustache, smoking a cigar

Me imagino que ya sabrás lo que es, y seguramente lo hayas vivido alguna vez en primera persona: es esa sensación de que en el fondo no nos merecemos estar donde estamos (laboralmente, por ejemplo), porque consideramos que no somos tan competentes como nos ven los demás, y tememos que en cualquier momento se den cuenta del «engaño» y nos vayan a «desenmascarar».

Yo misma lo he sentido muchas veces, y lo sigo sintiendo con bastante frecuencia, aunque ya me agobia un poco menos, gracias a lo que he ido aprendiendo en estos últimos cinco o seis años y que comparto por aquí, por si te sirve:

  • El síndrome del impostor existe; es una sensación real, no nos lo estamos inventando. Pero tal vez es un poco excesivo el llamarlo síndrome; la palabra «síndrome» transmite la idea de que es una enfermedad o un trastorno grave, cuando esto en realidad no es más que un mecanismo natural de nuestra mente ante una situación determinada.
  • Hay quien dice que nos afecta sobre todo a las mujeres, pero yo no lo tengo tan claro; me parece que es mucho más universal de lo que nos creemos (aunque quizá a las mujeres se nos note un poco más la falta de confianza).
  • Un factor que contribuye a esta sensación de ser un impostor es la tendencia a no ver claramente ni reconocer nuestros propios méritos, y atribuir nuestro éxito en cierta medida a la suerte o la casualidad (al tiempo que, paradójicamente, sí que nos atribuimos los fracasos como fallos propios, y nos machacamos por ello). Es como si sintíeramos que «no nos hemos ganado» el derecho a estar donde estamos.
  • Y la sensación se intensifica cuando se nos presenta el reto de seguir avanzando: por ejemplo, una tarea o un puesto que nos requiera esfuerzo extra (lo que en inglés se llamaría un «stretch goal») y que nos saque todavía más de la zona de confort. Aquí es donde surgen las dudas con más fuerza que nunca: ¿Cómo voy a poder yo hacer esto, si ni siquiera debería estar aquí?
  • La buena noticia es que esas dudas y esa sensación de no estar a la altura te están dando una información muy valiosa: te están mostrando que lo que haces te importa de verdad; te están recordando que tienes altos estándares de calidad, y que para ti es muy importante cumplirlos.

¿Qué opinas de este último punto? ¿Te ayuda a planteártelo de otra manera? A mí me parece un reencuadre muy útil, por un lado porque le da una intención positiva a esa sensación incómoda o desagradable que estamos sintiendo, y por otro lado, porque nos permite pasar a la acción en lugar de seguir dándole vueltas a la cabeza.

Podemos, por ejemplo, ponernos a escribir objetivamente las razones por las que somos la persona adecuada para esa tarea o ese puesto (si hace falta, incluso preguntando a quienes nos eligieron para estar ahí). Podemos identificar nuestras fortalezas y talentos, y también posibles áreas de mejora o carencias específicas, para poder trabajar en ellas (la matriz DAFO viene muy bien para estas cosas, me la apunto para explicarla en otro artículo).

Y tú, ¿qué opinas? ¿En qué área de tu vida o tu trabajo te sientes un poquito impostor en este momento? ¿Cómo te está afectando? ¿Y qué puedes hacer para gestionarlo mejor?

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